La incitación femenina en las Guerras Carlistas

La incitación femenina en los conflictos armados ha sido un tema recurrente en esta bitácora y continúa dando de sí. Esta vez mostraremos un ejemplo tomado de las Guerras Carlistas en España.

El texto pertenece a la obra de Antonio Pérez de Olaguer, Estampas carlistas, de 1950, y fue originalmente publicado por Gregorio Luri en El Café de Ocata.

Estaba don Carlos de Borbón y de Austria-Este [Carlos VII para los carlistas] en el campamento de la Plewna, rodeado de generales ruso. Naturalmente los rusos abogaban por el valor personal de sus soldados. Y todo lo más que concedían era la igualdad de méritos entre los rusos y los españoles.

-Y, sin embargo -arguyó don Carlos-, aunque a ustedes les parezca mentira, hay algo que supera a esos soldados […]. He visto en Navarra a las muchachas bailando la jota bajo una verdadera lluvia de balas; a las madres pedir con lágrimas en los ojos, por temor a ser desatendidas, que admitiéramos a sus pequeñuelos en las filas para reemplazar a los grandes, muertos aquel mismo día, y a todas, sin que nadie pudiese impedírselo, acudir a los campos de batalla, en los puntos más peligrosos, para llevar agua, vino, municiones arrebatadas por sus manos al enemigo, y cerrando los puños llamar cobardes a sus hijos, a sus hermanos, a sus esposos, ¡los soldados más bravos del mundo!, increpándoles porque no hacían bastante, y diciéndoles: ‘Si nosotras estuviéramos en vuestro lugar, no quedaba un guiri para contarlo.” Al principio del levantamiento, por miedo a las burlas de las mujeres, pedían un fusil hasta los menos belicosos, prefiriendo arrostrar las granadas enemigas mejor que los alfilerazos femeninos.

Huelga decir, como siempre, que con esto no se intenta denostar a la mujer, sino mostrar una vez más que ningún sexo era moralmente superior. Los hombres eran los ejecutores de la guerra, pero eso no quiere decir que las mujeres fueran espectadoras pasivas que miraran con desaprobación la contienda.

Gracias a Athini Glaucopis por proporcionar el enlace.

Publicado en Desechabilidad masculina, General, Guerra, Historia, Poder femenino, Privilegio, Relaciones de poder, Roles de género, Tradicionalismo | Etiquetado , | Deja un comentario

Formas de poder femenino y el mito de la dominación masculina en las sociedades campesinas (II)

Pueden leer la primera y la tercera parte del artículo pulsando en los enlaces

En esta entrada les presento la segunda parte de la traducción del artículo académico “Formas de poder femenino y el mito de la dominación masculina: un modelo de interacción femenina/masculina en la sociedad campesina” escrito por la antropóloga Susan Carol Rogers y publicado en la revista académica American Ethnologist.

Se trata de un artículo de crucial importancia para entender las formas de poder femeninas. Debido a que se trata de un poder no legislado ni institucionalizado, resulta muy difícil de examinar, pero eso no hace que sea menos real y en algunos casos pueda llegar a imponerse al masculino.

El modelo de Rogers se aplica principalmente a las sociedades campesinas, debido a que las decisiones importantes que afectan a la aldea se toman fuera de la comunidad (por parte del gobierno regional o central, por ejemplo), dejando a los varones con un poder simbólico pero poco real, frente a un poder femenino más informal pero efectivo, ya que el ámbito doméstico es el principal centro de producción y consumo de estas sociedades.

Si bien el modelo de Rogers puede no ser aplicable fuera del campesinado, hemos de recordar que a lo largo de la Historia la mayoría de las sociedades han estados compuestas por campesinos en buena parte del planeta, por lo que su importancia no debe ser desestimada.

En esta segunda entrada se conecta la tesis principal de la primera parte con ejemplos concretos de una aldea campesina francesa. En la tercera y última parte se tratarán las conclusiones.

La traducción del artículo ha sido realizada por Marcos Cueva. Yo me he limitado a revisar la traducción y a realizar algunos retoques estilísticos. Todo el mérito es del traductor, y cualquier falta o error que encuentren son míos.

Dado que se trata de un artículo extenso, he resaltado las partes que considero más importantes para quienes deseen realizar una lectura rápida.

Seguir leyendo

Publicado en Bibliografía, General, Historia, Patriarcado, Poder femenino, Roles de género, Tareas domésticas, Trabajo, Tradicionalismo | Etiquetado , , | 4 comentarios

Carta de una esposa a su marido, prisionero durante la Primera Guerra Mundial

Futitlity Closet

La carta

En Love Letters of the Great War (Cartas de Amor durante la Gran Guerra, 2014), Mandy Kirkby cita esta carta de una esposa a su marido, prisionero de guerra en 1917:

Estimado esposo:

Ésta es la última carta que voy a escribirte, porque el día 24 voy a casarme con otro hombre. Entonces no tendré que trabajar más. Ya he trabajado por tres largos años mientras estabas fuera de casa. Todos los demás hombres vuelven a su hogar los días libres, pero ustedes los prisioneros de guerra nunca vienen. Nadie sabe cuánto tiempo pasará hasta que regreses a casa. Por eso voy a casarme de nuevo. Entregaré a los niños al orfanato. ¡Me da asco llevar una vida como ésta! No hay forma de sobrevivir con estas miserables ayudas. En el trabajo siempre se llenan la boca hablando de las mujeres. Ahora no tengo que ir a trabajar, ahora otro hombre va a trabajar para mí. Todas las esposas cuyos maridos son prisioneros de guerra van a hacer lo mismo y se desharán de los niños. Tres años de trabajo son mucho para las mujeres y 20 marcos de ayuda con 10 marcos por niño no son suficientes. No se puede vivir de eso. Ahora todo es demasiado caro. Una libra de beicon cuesta 8 marcos, una camisa, 9 marcos.

Tu esposa

El autor afirma que no sabemos lo que ocurrió con esta pareja, pero las intenciones de la esposa parecen claras.

Vía: Futility Closet. Gracias a Athini Glaucopis por el enlace.

El comentario

Sería atrevido lanzar afirmaciones sobre la situación de hombres y mujeres en el imperio alemán (o en Silesia Superior) con el contenido de una sola carta. Sin embargo, puede constituir un interesante punto de partida para cuestionar elementos que la narrativa de género tiende a dar por sentado. En este documento encontramos que:

Seguir leyendo

Publicado en Desechabilidad masculina, General, Guerra, Historia, Privilegio, Quién se beneficia de tu hombría, Roles de género, Tradicionalismo | Etiquetado , , , | 24 comentarios

Invirtiendo sexos. Lo que la campaña masiva para la circuncisión en África revela sobre la discriminación masculina

circumcision-propaganda-poster-2-uganda

Cartel del gobierno de Uganda. “¿Quiéres decir que no estás circuncidado?”

En este artículo no voy a realizar una comparación entre las circuncisiones masculina y femenina (quien quiera debatir dicho punto puede hacerlo en esta otra entrada). Lo que voy a pedirles es que imaginen un corte genital que extrajera una cantidad de tejido similar a la mujer, con los mismos “beneficios” y complicaciones, de modo que podamos concluir si la campaña de circuncisión masiva realizada en África por la OMS habría sido tolerable a la inversa.

Invirtiendo sexos

Imaginen por un momento que el corte genital femenino hubiera sido establecido originalmente como un ritual religioso y que numerosos testimonios defendieran su función para controlar la sexualidad femenina. Bueno, para esto no hay que imaginar mucho porque ya ocurre. Sigamos.

Como este corte no se considera ilegal ni inmoral, los interesados invierten millones en estudios para demostrar que es bueno para la salud, y consiguen encontrar algunos beneficios, incluyendo un 60% en la reducción del contagio del VIH por transmisión sexual. Hay más de una docena de investigaciones que no encuentran dicha correlación, pero convenientemente son ignoradas.

La OMS decide que un buen campo de experimentación es el África Subsahariana, debido a la elevada presencia del SIDA. Y aunque otorgando validez al hallazgo sería necesario cortar a 76 mujeres para salvar del contagio a una (mientras que otra quedaría infectada de todas formas) la OMS decide que vale la pena. Hay una protección más barata como el preservativo que reduce el contagio en un 90%, siendo 95 veces más rentable y menos invasiva, pero la OMS determina que aunque eso no le parece mal, continúa siendo necesario cortar el mayor número de mujeres posible. Sin embargo, hay un pequeño inconveniente… que las mujeres no quieren hacerlo y no pueden ser forzadas.

Para solventar este problema, se invierten enormes cantidades de dinero en publicidad, pero no meramente de tipo informativa: se realizan carteles donde los hombres muestran una expresión de rechazo a las mujeres no cortadas “¿Me estás diciendo que no te has circuncidado?”, y anuncios televisivos donde hombres afirman que el corte femenino les beneficia mucho, y que no considerarían una esposa que no estuviera cortada. La intención es que los hombres empujen a las mujeres a realizar el corte.

Como el asunto se percibe con urgencia, también realizan estudios donde valoran entregar comida a mujeres pobres (o un sorteo para obtenerla) a cambio de que realicen el corte genital. Claro que no toda la propaganda es negativa: también hay canciones interpretadas por estrellas de la región que las animan a dar el paso. Lo más dramático, sin embargo, es que quienes realizaban el corte por motivos tradicionales se ven legitimados y comienzan a cortar a otras mujeres por la fuerza.

Al final, después de 12 millones de mujeres cortadas (y contando), la OMS determina que la reducción del contagio en la última década no se ha debido a esta operación, sino a la concentración de recursos en grupos de riesgo. Es decir, no ha servido de mucho, pero se insiste en que continúe haciéndose.

Con esto tendríamos suficiente material para denunciar discriminación femenina en medios, revistas académicas, libros y programas de televisión. Pues bien, todo lo anterior le ha ocurrido y continúa ocurriendo a los hombres africanos sin que los medios hayan protestado lo más mínimo. En esta entrada les presentamos todos los detalles, así como las fuentes que sustentan el relato anterior.

Seguir leyendo

Publicado en Circuncisión, General, Invisibilidad del sufrimiento masculino, Masculinidad, Medios de comunicación, Misandria, Mutilación genital, Quién se beneficia de tu hombría, Roles de género, Tradicionalismo | Etiquetado , , , , , , , , | 8 comentarios

Formas de poder femenino y el mito de la dominación masculina en las sociedades campesinas (I)

peasants1

Pueden leer la segunda y la tercera parte de este artículo pulsando en los enlaces

En esta entrada les presento la traducción del artículo académico “Formas de poder femenino y el mito de la dominación masculina: un modelo de interacción femenina/masculina en la sociedad campesina” escrito por la antropóloga Susan Carol Rogers y publicado en la revista académica American Ethnologist.

Se trata de un artículo de crucial importancia para entender las formas de poder femeninas. Debido a que se trata de un poder no legislado ni institucionalizado, resulta muy difícil de examinar, pero eso no hace que sea menos real y en algunos casos pueda llegar a imponerse al masculino.

El modelo de Rogers se aplica principalmente a las sociedades campesinas, debido a que las decisiones importantes que afectan a la aldea se toman fuera de la comunidad (por parte del gobierno regional o central, por ejemplo), dejando a los varones con un poder simbólico pero poco real, frente a un poder femenino más informal pero efectivo, ya que el ámbito doméstico es el principal centro de producción y consumo de estas sociedades.

Si bien el modelo de Rogers puede no ser aplicable fuera del campesinado, hemos de recordar que a lo largo de la Historia la mayoría de las sociedades han estados compuestas por campesinos en buena parte del planeta, por lo que su importancia no debe ser desestimada.

En esta primera entrada se presenta la tesis principal y una revisión de la literatura. En una segunda entrada se tratará la otra mitad del texto de Rogers, donde encontraremos un ejemplo concreto basado en una aldea campesina francesa.

La traducción del artículo ha sido realizada por Marcos Cueva. Yo me he limitado a revisar la traducción y a realizar algunos retoques estilísticos. Todo el mérito es del traductor, y cualquier falta o error que encuentren son míos.

Dado que se trata de un artículo extenso, he resaltado las partes que considero más importantes para quienes deseen realizar una lectura rápida.

Formas de poder femenino y el mito de la dominación masculina: un modelo de interacción femenina/masculina en la sociedad campesina

SUSAN CAROL ROGERS

Traducido por Marcos Cueva

Toda actitud, emoción y pensamiento, tiene un equilibrio opuesto que no puede verse, pero que permanece allí todo el tiempo. Lleva cualquiera de ellos a su extremo y… te encontrarás con su opuesto (Lessing 1969:601)

Introducción

[En todas las sociedades] el hombre usualmente ejercita el control… las simples realidades fisiológicas de existencia hacen de los roles [femeninos] secundarios a aquellos de los masculinos en el proceso de toma de decisiones en cualquier nivel superior al meramente doméstico… [En las sociedades no primitivas] por buena parte de su vida cualquier mujer puede ser libre de tomar decisiones que tengan algún impacto en el mundo masculino. Es curioso, por lo tanto, que esto no se haya sentido y manifestado en mayor medida. Incluso con sus oportunidades incrementadas, el rol de la mujer continúa aún siendo secundario (Fox 1969:31-32).

Un análisis de 46 estudios sobre comunidades campesinas revela una recurrente estructura social androcéntrica, con el control y la autoridad en las manos de los hombres (Michaelson and Goldschmith 1971:330).

Que las mujeres jueguen un rol subordinado virtualmente en todas partes constituye un supuesto, implícito o explícito, muy recurrente en la literatura antropológica. Si esto se debe al “androcentrismo” de los antropólogos, o al de las sociedades humanas en general, sigue siendo una pregunta abierta. Este trabajo representa un desafío a este tipo de supuestos, preguntándose qué forma toma este “androcentrismo” en las sociedades tradicionales, cuál es la verdadera posición de la mujer, y como ambas cosas se relacionan. Antes de proceder, debería señalarse que la base teórica para las suposiciones de androcentrismo pueden encontrarse, en parte, en la manera en que problemas relacionados con el poder, el control, y la toma de decisiones son abordados convencionalmente en la antropología.

La antropología política es la subdisciplina a la cual le conciernen más directamente estos problemas. Los dos mayores intereses que se pueden encontrar en la literatura de este campo son: el análisis de “la taxonomía, estructura, y funcionamiento de los sistemas políticos,” y, más recientemente, “el estudio de los procesos políticos” (Swartz 1966:1). Swartz, en su introducción al libro de texto Political Antropology, explica que “el estudio de la política es el estudio de los procesos involucrados en la determinación e implementación de objetivos públicos y la diferencial obtención y uso del poder por los miembros del grupo interesados en el logro de esos objetivos” (1966:7). Definiendo el proceso político, él ve como su primera característica que éste es de naturaleza “pública, en vez de privada” (1966:4). Citando a Talcott Parsons, mantiene que el “poder” debe ser entendido como algo que descansa en la legitimidad” (1966:14). Está claro que lo que es de interés para estos académicos es un tipo especial de proceso político. Ellos incluyen por definición sólo aquello que es visible en estructuras de poder formales o institucionalizadas.

Cohen amplía estos conceptos al distinguir entre poder y autoridad (poder legítimo), notando que no todo el poder en un grupo puede ser contenido en estructuras de autoridad (1970:491). Es en gran parte por esta razón, sugiere él, que los antropólogos políticos han trabajado alrededor de una definición del sistema político centrada en los rasgos estructurales del sistema de autoridad, en vez de en la naturaleza del acto político (1970:487). Al mismo tiempo que reconoce la importancia de las estructuras de poder, él sugiere que la relación entre ambos puede verse en el declive o la ruptura de la autoridad, o en el proceso de legitimación del poder (1970:492). Por consiguiente él ve el poder en términos de, y subordinado a, la autoridad.

En la mayoría de las sociedades, los hombres evidentemente tienden a monopolizar las posiciones de autoridad y están más involucrados en instituciones políticas formales de lo que lo están las mujeres (Stephens 1963:289). Si los antropólogos limitan sus intereses al nivel formal de los procesos políticos, asumiendo que éste es el más importante, los hombres obviamente parecerán ser dominantes, y las mujeres, por su parte, relativamente carentes de poder. Este patrón dominación/subordinación gana más credibilidad por el hecho de que en muchas sociedades, ambos hombres y mujeres se comportan como si los hombres fuesen dominantes y como si los procesos formales de toma de decisiones, controlados por hombres, fuesen de hecho los más importantes (Stephens 1963:289:290). Los antropólogos generalmente parecen haber aceptado este comportamiento al pie de la letra, y nosotros nos quedamos presuponiendo una dominación masculina virtualmente universal y una preocupación por los aspectos formales del poder.

Seguir leyendo

Publicado en Bibliografía, General, Historia, Poder femenino, Relaciones de poder, Tradicionalismo | Etiquetado , , , , , , | 30 comentarios