La atracción por el hombre violento

violento

Realmente no quería hablar de este tema, pero como varias personas han pedido mi opinión, voy a abordar la polémica generada por la columna de Manuel Molares titulada “Víctimas de su sexismo” y publicada originalmente en la sección Crónicas Bárbaras de El Correo Gallego.

Los hechos

El artículo relata el asesinato de una mujer de cuarenta años y profesora universitaria a manos de un delincuente común de veinte años. Pese a que la mujer lo había denunciado por maltrato y conseguido una orden de alejamiento, volvió a residir con él, provocando el fatal desenlace. El acusado también tenía otra denuncia por maltrato de una pareja anterior y otra fuente indica que apuñaló al portero de una discoteca.

La interpretación del autor fue que la fallecida se encontraba bajo una forma de malsana dependencia sexual, y que en este caso:

Al culpar sólo al asesino, el feminismo más activo facilita la continuidad de esta cadena mortal. Debería advertir también que la mujer tiene que ser autorresponsable evitando machos violentos, por placenteros que sean: el maltratador es más peligroso cuanto mejor amante es.

Ante el torrente de críticas recibidas por culpar a la víctima, El Correo Gallego decidió prescindir de la colaboración del autor.

Aclaraciones

La primera pregunta que muchos se han hecho es si el texto realmente culpa a la víctima, como se ha afirmado. En este apartado yo diría que sí. Cuando el autor escribe “al culpar sólo al asesino, el feminismo más activo facilita…” contiene la implicación de que la culpa no es sólo del asesino, y que la víctima también merece compartirla.

Luego tenemos el veredicto de la dependencia sexual, imposible de probar. Podría ser un caso de dependencia emocional, una atracción por el peligro u otras razones que con la información que tenemos no podemos determinar.

Qué pienso

Empezaré clarificando que en caso de asesinato, la culpa es indudablemente del asesino. Sin embargo, afirmar que no hay nada más que añadir es, como mínimo, ingenuo. Adapto un ejemplo empleado en su momento por Steven Pinker sobre un tema relacionado: imaginen que sin necesidad alguna, aparco mi auto en un barrio peligroso por la noche y lo dejo abierto con las llaves puestas en la puerta, resultando en que alguien lo roba. En otro escenario, tengo el auto cerrado dentro del garaje de casa con las llaves en mi persona. Alguien destruye la puerta del garaje, rompe un cristal, le hace un puente al auto y lo roba.

En ambos casos, la culpa es indudablemente del ladrón y ha de ser castigado. Sin embargo, alguien podría decir que en el primer escenario he actuado de forma irresponsable, elevando significativamente el riesgo de que el incidente ocurra.

Entiendo que el ejemplo no es perfecto, pues en el caso del maltrato puede haber otros factores que compliquen el escenario, pero la idea central es la misma: que la culpa sea de quien comete el delito no nos exime de actuar responsablemente. Cuidar de uno mismo no equivale a asignarse culpabilidad de no hacerlo, sino de minimizar riesgos, especialmente los innecesarios.

El temor feminista

Puedo comprender por qué desde el feminismo ha habido indignación con el artículo de Molares. Centrarse en la responsabilidad de la víctima puede, incluso sin intención de hacerlo, restar gravedad al comportamiento del asesino (quien por supuesto no debería ser excusado) y simpatía por la asesinada.

El mayor problema, sin embargo, se encontraría en el daño que este incidente y otros como él pueden hacer a su narrativa. A lo largo de los años hemos oído casos de mujeres que han vuelto con sus maltratadores y han terminado asesinadas. Generalmente asumimos que regresan por una dependencia económica o por sus hijos, y probablemente así sea en buena parte de los casos. Sin embargo, este ejemplo en particular es imposible de explicar bajo dicha narrativa porque la mujer no tenía hijos en común con el asesino ni dependía económicamente de él. Ello puede hacer que el lector se pregunte cuántos casos similares hay donde se desconocen este tipo de detalles debido a decálogos periodísticos que consideran revelar dichos datos como algo dañino.

El problema, claro está, es que incluso aun estando de acuerdo en que revelar ciertos datos puede ser perjudicial, la intención de ocultarlos tiene una clara intencionalidad política. Como vemos en el quinto punto del decálogo:

5. Nunca buscaremos justificaciones o “motivos” (alcohol, drogas, discusiones…). La causa de la violencia de género es el control y el dominio que determinados hombres ejercen contra sus compañeras.

Cuando independientemente de la multiplicidad de factores sólo se señala una posible causa, se está imponiendo una visión monolítica del problema, que a la larga también puede perjudicar a las víctimas cuya situación no se ajusta a la “realidad oficial.”

En este caso desconocemos los motivos del crimen, pero la opresión estructural que se atribuye comúnmente a la violencia de género es difícil de ver, teniendo en cuenta que el asesino era joven, inmigrante y de clase baja, mientras que su víctima le doblaba la edad, era nativa y profesora universitaria. Su estatus legal, económico, educativo y social era superior al de su asesino.

Considero, por tanto, que las características y circunstancias de los involucrados en el crimen eran tan problemáticas para el feminismo como el propio juicio de Molares, quien llamó la atención sobre ellas.

La atracción por el “malote”

Otro aspecto que ha dado que hablar sobre el caso ha sido la atracción por el “malote”, que Molares definió exclusivamente como sexual pero puede abarcar mucho más. Ésta es una conversación difícil porque revela una realidad incómoda: que muchas mujeres premian a un tipo de hombres que representan todo lo contrario de lo que se nos dice ellas prefieren.

Teniendo en cuenta que convivir con alguien agresivo o violento aumentará, lógicamente, la probabilidad de recibir dicha violencia en algún momento, esta preferencia femenina debe ser tratada por todos aquellos que quieran prevenir la violencia en la pareja.

Buscando información sobre el tema, sólo he encontrado una ocasión en la que el feminismo la ha abordado. Se trata del artículo de Ruth Toledano “Los malotes, los machotes, lo canallas”, donde la autora escribe:

No me refiero a mujeres en una situación de precariedad económica, generacional, educativa o social, que las hace especialmente vulnerables. Me refiero a la precariedad sentimental de muchas mujeres independientes, inteligentes, informadas, que acaban siendo víctimas de la violencia machista. Las conocemos, y son muchas más de lo que nos gustaría reconocer. Pero, como mujeres, debemos hacerlo. Para combatir esta clase de terrorismo, debemos reconocerlo. Debemos preguntarnos por qué nuestras brillantes amigas, nuestras lúcidas hermanas se someten a ciertos comportamientos, se entregan a ciertos hombres.

He confirmado (siempre tan dolorosamente) que muchas de esas lamentables situaciones en las que se ven envueltas nuestras amigas, nuestras hermanas, y de las que acaban siendo víctimas que nos sorprenden (no llegamos a acostumbrarnos nunca a que mujeres fuertes, ejemplares, que destacan, se dejen llevar por tíos así), empiezan con la atracción explícita por un modelo de hombre: “a mí es que me gustan los malotes”, suelen decir. Se dice sin pensar: los malotes.

No tengo que estar de acuerdo con todo lo que dice el artículo para reconocer su valentía. Desgraciadamente, el debate parece considerarse uno interno en el que no se valoran perspectivas ajenas a la teoría feminista. Esto quedó reflejado en el comentario que Beatriz Gimeno hizo a este artículo:

Creo que, en definitiva, de lo que se trata es de abordar no sólo la configuaración material del patriarcado, sino también sus raíces psicologico/culturales. La manera en que el patriarcado construye no sólo la cultura, las leyes, las costumbres, sino nuestras propias identidades, e incluso el deseo mismo. ¿Crees que el hecho de que a tantas mujeres les resulte deseable un tipo con un uniforme es baladí? ¿que resulte más deseable un hombre con poder que sin él? ¿Por qué a tantas mujeres les gustó aquel espanto de 50 sombras de Grey? ¿Crees que si el protagonista fuese un hombre el libro hubiese tenido un éxito semejante? El patriarcado modela también los patrones del deseo y eso es mucho más complicado de combatir.

Lo cierto es que no está claro que la atracción por todo hombre violento haya sido aprobada por el “patriarcado”. Vayamos a la sociedad romana para ver qué se dijo de una mujer entregada a un gladiador. En la Sátira VI de Juvenal encontramos este pasaje (el resaltado es mío):

¿Qué tipo ha abrasado a Epia, qué juventud la ha seducido? ¿Qué habrá visto para que la llamen gladiadora? Pues que Sergio ha comenzado a afeitarse la nuez y a esperar el descanso por el brazo que le cortaron; mostraba la cara llena de defectos, una gran joroba en medio de la nariz maltratada por el casco y un acre humor que le destilaba de un ojo. ¡Ah, pero era un gladiador! Con eso basta para convertirlos en Jacintos y darles preferencia sobre la patria, sobre los hijos, sobre la hermana y sobre el marido (Juvenal. Sátiras, VI, 104-112).

Entiendo que aquí hay otros temas como la fidelidad o la clase social, pero como pueden comprobar, se incluye también una crítica a la atracción de la mujer.

Quizá el texto habría sido distinto de haberse tratado de un legionario. En cualquier caso, la atracción de muchas mujeres por el hombre militar también es conocida. Un estudio realizado por la Universidad de Southampton presentó a 92 mujeres con distintos perfiles masculinos, desde deportistas hasta hombres de negocios, y el preferido por la mayoría fue el héroe de guerra: el soldado condecorado por su participación en combate. Un estudio posterior realizado en Holanda por los mismos investigadores con 159 mujeres ofreció resultados similares. De hecho, el heroísmo en zonas de combate fue más valorado que el heroísmo en zonas de desastres naturales. Y aunque dos estudios con una muestra relativamente pequeña no pueden tomarse como concluyentes, lo cierto es que existe escasa investigación al respecto.

En este segundo caso alguien podría darle la razón a Beatriz Gimeno, pero en el de los “malotes” en cualquier otro escenario, es difícil de contemplar. Ambos casos tienen algo en común: el hombre es violento o, si se trata del soldado, está entrenado para ejercer la violencia. Aquí la biología nos proporciona una explicación más plausible que abarca ambos escenarios.

Vinita Mehta, en su artículo “El atractivo de los hombres agresivos” resume el principal argumento: la capacidad de ejercer la violencia es lo que nos ha hecho sobrevivir como especie durante la Prehistoria (que supone un 99% de la experiencia humana), y muchas mujeres se sienten atraídas, de forma inconsciente en buena parte de los casos, por hombres que en aquel pasado habrían tenido más probabilidades de enfrentarse con éxito a los retos de entonces, y transmitir su carga genética a los hijos.

Claro que no lo explica todo. Algo que me dio que pensar fue una conversación con unas amigas donde salió este tema. Ellas, que no seguían los debates de género, me dieron una respuesta desprovista de tintes ideológicos sobre la preferencia por el hombre agresivo: “es que de los buenos se aprovechan”.

Aunque una opinión informal no puede considerarse veredicto científico, la afirmación tenía sentido: un hombre más agresivo y predispuesto a la violencia tendrá una mayor disposición a defender su familia, su patrimonio y sus intereses que un hombre pacífico que busca el compromiso. Aunque claro, no siempre ha de ser así.

Por supuesto los hombres agresivos también tienen sus problemas, por lo que muchas mujeres siguen otras preferencias. Además, que un hombre no sea “malote” tampoco garantiza que sea una buena persona, e incluso puede tener dos caras: ser amable en público pero un monstruo y maltratador en privado. La existencia de estos individuos, sin embargo, no anula la del “malote”, a quien sería más fácil de evitar si pudiéramos tener una conversación franca al respecto.

Implicaciones para el hombre

La caricaturista Nicole Hollander dijo una vez: “¿Pueden imaginar un mundo sin hombres? No habría crimen y sí un montón de gordas felices”. Dejando a un lado el tema del crimen (ya tratado en la bitácora), lo que venía a decir era que las preferencias masculinas influyen en el comportamiento femenino. No es descabellado pensar que también ocurre a la inversa.

En el artículo de Ruth Toledano un comentarista afirmó:

Os puedo decir que muchos de los ‘tipos duros’ que se ven por esas calles de Dios y que tanto encandilan a algunas mujeres, a la hora de la verdad son unos pamplinas. Trabajo en un hospital y cuando me toca en Urgencias, más de una vez y más de dos he visto niñatos de todas la edades -que acudían al hospital por haberse metido en una pelea- suplicando entre lloriqueos ser anestesiados antes de que el médico les cosiera una herida.

En fin, siempre he pensado que si hay tanto chulito suelto es porque tienen un mercado; a no pocas mujeres les pone esta clase de ‘hombres’ (al margen de que muchos de ellos luego se hagan cacotas en el momento de demostrar lo que valen). Hay mucho teatrillo en esto. Como con casi todo.

Lo interesante es que este mismo argumento ya se hizo al menos en el Siglo XVIII. El escritor ilustrado español José Clavijo y Fajardo escribió en su semanario El Pensador ya en 1762 que:

Los hombres han sido siempre lo que Vms. han querido que sean. Antiguamente se metieron Vms. en la cabeza el ser Dulcineas, y éramos todos Quijotes. Dieron Vms. en prendarse de la valentía, y éramos matones implacables. Quisieron ser rondadas; y hechos postes de las casas, apenas había nieve, agua ni sereno que no cayese sobre nuestros hombros; estimaron los versos; y bueno, o malo, se encontraba un poeta en cada esquina. Gustaron de hombres afeminados, y cambiamos la espada y el broquel por cintas, bucles, tontillo y limpiadientes (Pensamiento XIII, sección 14, p. 402).

Aunque no cabe duda de que esto es una exageración y que los cambios en la masculinidad no sólo fueron originados por las preferencias femeninas, pensar que éstas no tienen influencia alguna en el comportamiento masculino es tan ingenuo como considerar que las preferencias masculinas tampoco tienen influencia en ellas.

Una de las quejas de muchos hombres en cuanto al sexo femenino son los mensajes contradictorios que reciben entre las preferencias declaradas y las reales. Incluso dentro del entorno feminista encontramos textos paradójicos como “Soy feminista pero creo que quiero salir con un tipo más tradicional” o “Soy una feminista que siente atraída por hombres varoniles”.

Por supuesto, las mujeres también se encuentran con este tipo de mensajes contradictorios, como la dicotomía entre “frígida” (si no acepta tener sexo) o “puta” (si lo ofrece fácilmente). Sin embargo estas contradicciones son discutidas, criticadas y el debate en torno a ellas recibe simpatía. Mientras tanto, las que afectan a los hombres rara vez pueden airearse sin recibir acusaciones de machismo.

Conclusión

Como hemos podido ver, el asunto no es tan sencillo como suele plantearse. ¿Trató Molares el tema con el cuidado que éste requería? Mi respuesta es no. Ahora bien, ¿merecía ser cesado del periódico por ello? Tampoco. El artículo, pese a sus faltas, planteaba que para reducir los casos de violencia contra la mujer deberíamos tener una conversación sobre esta preferencia, y podría haber servido para un debate mucho más productivo que una petición de censura.

La atracción por el hombre violento debería tratarse desde múltiples perspectivas, y no sólo bajo el prisma de la teoría del patriarcado. Esto será imposible mientras el discurso dominante valore más la uniformidad ideológica que la pluralidad de opiniones que implica la libertad de expresión, y sólo conllevará a una pobreza intelectual que excluirá soluciones a determinados problemas por no ajustarse a sus propias teorías.

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37 respuestas a La atracción por el hombre violento

  1. Josep Albert dijo:

    Admirablemente bien matizado, Carlos… Desgraciadamente conozco más de un caso así. Situaciones que escapan totalmente a ese arquetipo de mujer dependiente económicamente del hombre. Yo incluso le he puesto un nombre, y es el juego de rol de “La bella y la bestia”. Intuyo,(lo que no hace de ello mas que eso, una intución, nada científico) que todo parte de un sentimiento de exceso de confianza de determinadas mujeres en el poder de su, inteligencia y status y capacidad de seduccion… Domeñar a la bestia es un reto. Por si fuera poco es un reto que recurrentemente, en la cultura popular, la heroina supera airosamente. Hasta en las deleznables cincuenta sombras de Gray, o en casi todas las peliculas que recuerdo, la heroina o bien transforma a la bestia en apuesto principe, o bien, en ficciones mas elaboradas, es la que da el paso para romper con la relación dañina.
    La amarga realidad es que en numerosas ocasiones la bestia devora a la bella.
    Pienso en la serie tan de moda “Juego de tronos”, donde una de las protagonistas indiscutibles es vendida literalmente como esposa de un musculoso barbaro, para poco a poco convertirlo en su tierno enamorado y ganarse el titulo de emperatriz de toda su tribu… No todas las fantasías de poder son estrictamente masculinas. Sorprendentemente encuentro criticas despiadadas a un beso a una chica incosnciente en “La bella durmiente”, pero lo peligroso de ese mito de “La bella y la bestia” da la impresión que ha burlado la mirada atenta de la critica feminista…

    ¿Por que? ¿Será porque aparentemente es un mito que celebra la intrinseca superioridad femenina? Solo aparentemente, creo yo… La realidad es que los personajes moralmente ambiguos, canallescos, y arquetipicamente masculinos llenan la ficción con publico preferentemente femenino… No creo que se trate tanto de imponer un modelo, como de reflejar un gusto preexistente… La ficción es eso, ficción… Pero el exito de la ficción ayuda a desvelar por donde revolotean los pájaros del deseo… Gran articulo, Carlos…

  2. Babel dijo:

    Carlos, muy buen artículo por tu parte pero discrepo con algo:
    Cuando el periodista dice…”al culpar sólo al asesino” yo no entiendo que diga que la víctima tiene parte de culpa. Lo que entiendo es que fuera aparte de culpar al asesino hay que poner énfasis en el hecho de que las mujeres deben ser más precavidas, pero eso no es culpar a la muerta de estar muerta, considero importante matizar ese aspecto.
    Por lo demás, es un secreto a voces que hay mujeres (no voy a afirmar que pocas o muchas pero yo creo que demasiadas) que mojan las bragas por los malotes, y el periodista fue muy perspicaz mencionando ese dato.
    El caso es que se trata de un juego siniestro: Una mujer moja las bragas por un malote, el malote la mata y la culpa es de todos los hombres españoles aunque no tengamos antecedentes penales de ninguna clase.
    Otra cosa que hace muy bien el periodista es PREOCUPARSE DE VERDAD por la violencia que sufren las mujeres, abriendo el debate más allá de lo constreñido que está por la ideología dominante.
    Por cierto, Pablo Iglesias pidió en twitter censura para el artículo.
    Preveo una entrada con muchísimos comentarios y muchos de ellos de femitrolls acusándonos de justificar la violencia contra las mujeres.

    • Gracias Babel. Es posible que así sea, pero cuando alguien con una voz (como quien escribe en un periódico) va a tratar un tema tan controvertido, debería tener cuidado con lo que escribe. ¿Cuál es el artículo que quiso censurar Pablo Iglesias?

  3. Anónima dijo:

    He leído tu artículo en el que hablas de las preferencias femeninas
    por el malote, sé que una experiencia personal es eso y que una mujer
    no puede hablar por todas, cada una tiene su historia y sus
    preferencias , pero como yo tengo mi propia experiencia con los
    malotes en cierto modo , quería hablar de ello.

    De esa mujer que fue asesinada dijeron que era una mujer atractiva
    además de inteligente.

    La mujeres por muy atractivas que sean también tienen carencias
    afectivas y necesidad de ser queridas .

    Desde que era muy joven me acostumbré a ser casi como un imán para ese
    tipo de chicos , los malotes , y nunca llegué a nada con ninguno ,
    pero no me fue tan fácil resistirme, no es tan fácil , cuando ves que
    un chico te presta tanta atención, está atraído por ti, te hace
    sonreír , no es tan fácil rechazarlos, no es divertido hacerlo, es
    doloroso y siempre suelo dudar, pero sé que me acabarían haciendo
    daño, porque he oído historias de otras chicas o en mi propia familia
    .

    ¿Y qué pasa con otro tipo de chicos ? Pues que no puedes ni
    conocerlos, y creo que cuanto más atractiva eres menos posibilidades
    de que atraigas a un hombre que no sea el malote, y quizás no es que
    no se sientan atraídos, pero se sienten muy intimidados , no te ven
    como una persona normal, eres como un unicornio , alguien
    inalcanzable, no puedes conocerlos aunque quieras, se sienten muy
    inseguros ante ti, y a los malotes no les pasa eso .

    No entienden que al final eres una persona como lo son ellos, con tu
    historia con tus problemas y tus necesidades .

    Por eso, que aunque estoy de acuerdo que las mujeres no deberían salir
    con hombres dañinos para ellas y que también es su responsabilidad,
    hay que mirar como se comportan los hombres con las mujeres que son
    atractivas , y en mi experiencia , te tienen miedo , no se esfuerzan
    por ir más allá, luego critican a las mujeres atractivas por sus
    gustos, pero ellos tampoco veo que se esfuercen mucho por atraer a
    esas mujeres.

    Bueno, esa es mi experiencia personal .

  4. Babel dijo:

    Por cierto, se me olvidó comentar una cosa: El execrable crimen de la profesora NO ES “VIOLENCIA DE GÉNERO”, ya que hablamos de un tipo problemático a tope que lo mismo es violento con hombres que con mujeres.
    Se trata de un tiparraco violento que le busca la ruina a cualquiera que se le acerque.
    Me gustaría saber cuantos maltratadores reales tienen alguna denuncia de algún hombre por haberle pegado en la calle o al menos antecedentes de haber agredido al hombre.
    Desde luego lo que pasa es una cosa muy rara: El género que menos violencia sufre es el que sufre “violencia de género”. Si las mujeres sufriesen violencia por el hecho de serlo y los hombres no, lo más lógico sería que las mujeres sufriesen más violencia que los hombres.

  5. Isidro dijo:

    El artículo es excelente. Toca con perspicacia y prudencia las variables relacionadas con la cuestión.
    Yo, como todo el mundo, he conocido a mujeres notables o de “bandera” fatalmente atraídas por hombres desarrapados y de escaso o nulo éxito económico. En ocasiones, pudiera entenderse la elección, por tratarse de hombres físicamente muy atractivos. En otras, ni siquiera eran atractivos. De todos es sabido que los “malotes” del instituto arrancan suspiros en más de una chica, mientras que el empollón de la clase pasa desapercibido en el mejor de los casos. Helen Cronin explicaba en un programa de Redes que los hombres pueden atraer a las mujeres por muy diferentes razones: por su inteligencia, belleza, creatividad, valentía, don de mando, etc. En cambio, lo que suele atraer a los hombres de las mujeres es su físico. Casi ningún hombre (al menos de los que conozco) elegirá a una chica inteligente pero fea antes que a una muy bella pero de pocas luces. Decía un conocido de una chavala: “Está buenísima y además es tonta: es que lo tiene todo”. Esto explica en parte por qué la belleza física no abunda tanto en los hombres como en las mujeres. En cualquier calle de nuestras ciudades observaremos que hay muchas más mozas que destacan por su belleza que muchachos. No obstante, el ideal de hombre suele ser, además de valiente y exitoso, guapo, como lo demuestra el hecho de que la inmensa mayoría de los galanes de cine son hombres de gran atractivo físico.

    La atracción que muchas mujeres sienten por los hombres dominantes ha quedado más que patente a lo largo de la historia. Los más terribles dictadores del orbe siempre han tenido a su alrededor a miles o millones de solícitas mujeres, dispuestas a lo que sea por ganarse su favor. Están perfectamente documentados los casos de Hitler, Moussolini, Stalin y otros caudillos de semejante ralea.

    También sabemos que un porcentaje muy elevado de mujeres (si no recuerdo mal, un 64%) tiene fantasías sexuales con hombres que las violan. Obviamente, no son hombres del montón, sino hombres de gran atractivo, como el protagonista de 50 sombras de Grey. Pero yo soy renuente a creer que las mujeres deseen a hombres que las dominen. Desean hombres dominantes que ellas puedan dominar. ¿Por qué hay tantas mujeres que se excitan pensando que un tipo atractivo las viola? Muy sencillo: porque ese acto demuestra que ellas son sexualmente irresistibles, incluso para los hombres que, por su atractivo natural o sus recursos, lo tienen todo. Lo que emociona a esas mujeres es imaginar que ellas son tan bellas y fascinantes que hasta el más controlado de los varones exitosos pierde la cabeza por ellas. ¿No es esto lo que vemos, justamente, en 50 sombras de Grey? Un tipo que lo tiene todo, que puede poseer a las mujeres más preciosas del mundo, pierde la cabeza por una chica humilde y modesta, bonita, pero casi del montón. De lo que trata la película es, precisamente, del poder de la chica sobre un tipo que tiene el control de todo lo que maneja. Lo controla todo, menos el deseo que siente por ella. Sin duda, él, el tipo duro, silencioso, enigmático y “malote” que no se ríe ni viendo al Gordo y el Flaco, que presume de dominar los negocios y cualquier faceta de su vida, conoce a una becaria a la que le regala cochazos de lujo y trata de sorprenderla con obsequios y experiencias excitantes, como sobrevolar la ciudad a bordo de un helicóptero propio. En realidad, la chica no se deja dominar ni maltratar. Cuando la cosa se pone un poco fea, se larga. Su cometido lo ha conseguido a medias. Ella desea que él, el todopoderoso Grey, se arrodille a sus pies, que confiese que la quiere. De hecho, hay una secuencia que juega con este íntimo deseo de la chica: él le dice: “Te quiero…”, pero remata la frase con “… en la sala de juegos”. Durante unos instantes, la chica, pecho palpitante, siente la esperanza de haber doblegado al tipo, pero no. En realidad, sí lo ha doblegado, pero ella precisa más control sobre él. Su galán tiene que confesarle su amor para que el cuadro del deseo quede completo.
    Las feministas, siempre tan susceptibles, creen ver en Grey a un ogro machista obsesionado por controlar a su “víctima” femenina. Pero no: lo que en realidad se representa ahí es a un hombre obsesionado por dominar todo lo que le rodea y que, sin embargo, pierde la paz cuando conoce a la modesta becaria.

    Obviamente, la película recrea los fundamentos de casi todos los cuentos de princesas. La chica viene a ser la Cenicienta rescatada por el príncipe. Lo mismo ocurre en Pretty Woman, por supuesto. Los cuentos de Disney y muchas películas románticas están hechos para satisfacer los deseos más íntimos de las mujeres. El atractivo de estas narraciones radica en el juego de tensiones que se produce entre el encanto natural de una pobre y modesta chica (una criada (Cenicienta ), una prostituta de la calle (Pretty Woman) o una humilde becaria (50 sombras)) y el encanto de un hombre dominador y poderoso que, al caer enamorado de la chica, le CEDE o CONCEDE su poder.

    Y todo, me temo, estriba ahí: en quién controla y domina a quién. El hombre poderoso domina el mundo (o parte de él) y la mujer domina al hombre poderoso.

    Llegados a este punto, voy a llevar estas conclusiones a un terreno insólito o insospechado. Las feministas, como Beatriz Gimeno, nos dicen que el patriarcado establece los patrones de deseo de las mujeres. Nuevamente, la mujer es retratada como un ser sin inteligencia y voluntad: es una marioneta que el hombre (el patriarcado) maneja a su antojo. Se trata de una visión tan irreal e injusta con las mujeres (y con el hombre) que, de ser cierta, justificaría el (supuesto o real) papel secundario de las mujeres en la historia. Pues, ¿cómo compartir el poder con quienes son menores de edad mental y así se reconocen?

    El punto que deseo desarrollar es éste: hay un ostensible paralelismo entre las cenicientas de los cuentos y las feministas. Y hay un paralelismo claro entre los príncipes de los cuentos y eso que ha dado en llamarse patriarcado. El deseo y cometido de las cenicientas es doblegar el corazón del hombre poderoso para que éste comparta su poder con ellas. Análogamente, el deseo y cometido de las feministas es doblegar al patriarcado (al hombre, en definitiva) para que comparta con ellas su poder.

    Al igual que ocurre en los cuentos románticos, donde una pobre chica es una víctima del mundo o de circunstancias adversas, el feminismo representa a todas las mujeres como víctimas pasivas de un mundo sobre el que ellas no tienen control alguno. El mundo zarandea a la chacha, a la prostituta, a la becaria… Ellas no pueden conseguir poder peleando directamente con el mundo: lo consiguen indirectamente al doblegar a quien sí tiene poder sobre el mundo (el príncipe, el hombre de negocios, el acaudalado…).

    Por tanto, ¿qué es el feminismo sino un cuento de cenicientas que aspiran a ser princesas?
    El paralelismo, no obstante, tiene sus límites, al menos en apariencia. Mientras la Cenicienta del cuento consigue el poder del hombre a través del enamoramiento de éste, el feminismo, lejos de querer seducir al hombre con belleza o zalamerías, lo somete a base de reproches por no acudir a su rescate. Y el patriarcado, de común tan caballerosamente pendiente de las necesidades de las mujeres, se ha casado con el feminismo, como la cenicienta se casa con el príncipe y se hace princesa. El patriarcado hace las veces de ese marido manipulado por una esposa descontenta e irascible que siempre tiene en la punta de la lengua una recriminación, un reproche, una mala palabra.

    ¿Podría ser de otra forma? No, y muchas veces lo he dicho. No hay nada esencialmente nuevo bajo el sol. Nos seguimos moviendo en el terreno de las luchas por el poder (entre hombres) y las luchas por manejar a quien tiene el poder (entre mujeres). Como en los cuentos de princesas, el feminismo juega la baza de la cenicienta sin poder, marioneta de las circunstancias, criatura desvalida ante los tejemanejes del patriarcado todopoderoso. Un patriarcado que –Beatriz Gimeno dixit- establece el deseo de las mujeres sin que éstas puedan hacer nada al respecto ni decir esta boca es mía.

    No podía faltar la ironía en esta historia. El feminismo arremete contra el papel pasivo que los cuentos de princesas atribuyen a las protagonistas; sin embargo, el mismo feminismo reproduce en sus dogmas básicos la pasividad femenina de los cuentos al describir a la mujer como una criatura carente de juicio crítico, voluntad y deseos propios. Y así como la Cenicienta no lucha contra el mundo para conseguir poder, sino que embelesa a quien lo tiene, el feminismo tampoco lucha con el mundo para “empoderar” a la mujer, sino que se las arregla para dominar a quien, luchando contra el mundo, posee el poder.

    • Gracias Isidro. Muy interesante aporte.

    • Magi dijo:

      El retrato que haces de las mujeres me recuerda a Warren Farrell, autor que tiene muchos prejuicios contra las mujeres , especialmente las jóvenes y atractivas . Este tipo de mujeres es incapaz de amar y solo le importa lo deseable que es .

      Como si lo único que hubiese en la mente de estas mujeres fuera una cosa, narcisismo .

      Por supuesto que la mayoría de las mujeres quieren ser queridas y aceptadas ¿y acaso los hombres no ? Quien no tenga la necesidad de ser querido que lo diga , porque sería algo sorprendente .

      Las cenicientas solo desean tener poder sobre el hombre poderoso , para así satisfacer su narcisismo , no es por cosas más normales y pragmáticas, como que están hartas de su minusvalorado trabajo, de ser maltratadas , de los intentos de abuso, de soportar a jefes y a jefas psicópatas, de la injusticia…

      Los dictadores y tiranos tenían muchas seguidores mujeres, si, pero también tenían muchos seguidores hombres, que estaban dispuestos a hacer cualquier cosa por ellos, ser torturados , obedecerles en todo o incluso morir, como si fueran un Dios, y así lo hicieron.

      50 sombras de Grey tuvo mucho éxito entre las mujeres, pero también tiene mucho éxito entre los hombres todo tipo de libros, videojuegos o deportes muy violentos.

      Ese retrato tan antiguo que se ha hecho de la mujer , especialmente de la mujer atractiva, como un ser deseable, bonito y al mismo tiempo odiosa y malvada que lleva a la perdición . tiene su porqué , y es generalmente el dolor que produce el rechazo, el no poder tener a una de estas mujeres, el que la atracción no sea correspondida . Lo entiendo porque el rechazo siempre es doloroso.

      Pero al final solo son seres humanos, ni mejores ni peores que los demás . Y además también pueden saber lo que es el rechazo, porque el rechazo no se da solo en el ámbito sexual, también en el laboral , familiar, las amistades..

      Las personas narcisistas y egocéntricas existen y son de todo tipo, hombres, mujeres, atractivos o sin atractivo alguno, eso da igual en realidad. Es algo que yo he comprobado personalmente.

    • Isidro dijo:

      El sábado pasado mi mujer quiso que fuéramos al cine a ver 50 sombras más oscuras de Gray. Acepté encantado. No por la calidad de la película, que, como la anterior, es un bodrio insufrible, sino porque tenía interés en comprobar si la segunda entrega de tantas sombras y tan pocas luces confirmaría o refutaría lo que ya dije en otro comentario acerca de las íntimas intenciones de su autora. Pronto salí de dudas: como ya dije, no estamos ante una sórdida historia de un maltratador o dominador de mujeres que goza haciéndolas sufrir, sino, simple y llanamente, ante un muchacho podrido de dinero que se rinde ante los irresistibles encantos femeninos de una chica. Ya está, eso es todo. La protagonista no es sometida a nada que merezca llamarse castigo. Del torturado ricachón recibe cuatro palmaditas en el trasero, tan vulgares y corrientes como las que pueda recibir cualquier hija de vecina (o hijo) en un inocente juego de dominador y dominada. A cambio de esas cuatro palmaditas, la chica vive como una princesa: rodeada de increíbles lujos, regalos millonarios, costosísimas fiestas, cenas de postín, fastuosos palacios, yates enormes, helicópteros… No, la señorita en cuestión no ha de soportar un infierno de sometimientos sexuales y sádicos, no precisamente. No hay mujer en el mundo que no aceptara gustosísima la vida que Gray ofrece a Anastasia.

      Las feministas pueden deponer su histeria. Pueden estar tranquilas: el maquiavélico patriarcado no ha conseguido que las mujeres deseen estar sometidas a tipos sin escrúpulos. Qué va. A las mujeres les gusta ver a sus pies a tíos con poder y recursos, y eso es justamente lo que observamos en las dichosas sombras de Gray. Y lo digo literalmente: el impenetrable potentado se arrodilla sumiso ante la bella doncella, implorando que no lo abandone. Estamos ante un dominador sádico de peluche, borracho de Mimosín, rendido a su amada.

      Ni siquiera tendrán las feministas la oportunidad de alegar que Gray gustaba de someter a las mujeres, pues a lo largo del bodrio queda claro que aquél buscaba a mujeres que le recordaran físicamente a su madre biológica para castigarlas, pues ésta, por ser toxicómana, le dio mala vida en su infancia. No había misoginia, sino un trastorno psicológico originado en una terrible relación con su madre.

      Algunos hombres afortunados, como Gray, se hacen con un inmenso poder y con inabarcables recursos. Lógicamente, las mujeres se sienten atraídos por ellos, en especial si, además de poderosos y ricos, son también físicamente atractivos. Nada más natural que sentirse hechizado por la seguridad que aporta la riqueza. Anastasia ha conseguido doblegar al gran hombre de negocios; a un tipo que parecía inaccesible pero que, al fin, se derrumba ante el amor y la paciencia de Anastasia. Ella, pese a casarse con él, quiere seguir trabajando. Éste es el toque feminista a la película. Ella vale para trabajar y no quiere ser una mantenida… ¿O eso es solo la apariencia que nos quiere transmitir la autora del engendro? Al fin y al cabo, Anastasia puede estar tranquila: salta con red. Si trabaja es porque quiere. En este punto se refleja la natural aspiración de tantas mujeres de hoy: juegan a aparentar ser independientes, al tiempo que exigen protección del Estado y un sinfín de recursos que garantice su bienestar y el de sus hijos. En términos generales, podríamos decir que los hombres necesitan poder para conseguir recursos, mientras que las mujeres, más que poder, desean recursos. Anastasia, en efecto, jamás conseguirá el poder que tiene su marido, ni falta que le hace. Ella no va a enfrentarse al mundo. No lo necesita. A ella le basta con enamorar a quien ha conseguido poder y, por ende, recursos. Ansía recursos, no poder. Tú, hombre, lucha por el poder. Yo, mujer, solo deseo los recursos que del poder manan.

  6. Pingback: Re blogeando | andreansky

  7. Jeipi dijo:

    Lo ocurrido con ese periodista no nos descubre nada nuevo. Erin Pizzey, pionera de los refugios para mujeres maltratadas, ya obserbó que buena parte de las que acogía eran adictas a la violencia, así lo dijo y también la lincharon por ello.

    El caso es que muchas mujeres se sienten atraídas por los “malotes”, igual que muchos hombres por las “buenorras”, sin importarles que puedan caer en manos de un maltratador o una vampiresa (que tampoco tiene que suceder necesariamente, como una fatalidad).

    Yo diría que estos casos se engloban en lo que se denominan “relaciones tóxicas”, relaciones que no se circunsbriben al caso de la pareja, porque pueden ser familiares, vecinales, laborales, empresariales e incluso políticas (como se observa en las dictaduras, pero no solo en las dictaduras). En estas relaciones siempre hay por lo menos una “persona tóxica” y otra(s) que se deja(n) intoxicar.

    Lo que no debemos permitir es que el discurso feminista acabe reduciendo las relaciones tóxicas al ámbito de la pareja y atribuya los papeles de intoxicador e intoxicado en función del sexo de cada cual.

  8. Helena dijo:

    Para que un artículo salga publicado en un periódico alguien tendrá que darle su aprobación, habrá un consejo de redacción, un jefe de la sección de opinión, un algo… El artículo no apareció ahí por arte de magia. De modo que primero les pareció bien publicarlo y luego, ante las críticas, despiden al autor. Me parece una actuación cobarde por parte del periódico.

  9. jaime dijo:

    vaya ¿entonces todo tiene que ver con el tipo de hombre que uno elija ,verdad?

    • No. Ya he dicho en el artículo que un tipo con otro perfil puede ser amable de puertas afuera y maltratador de puertas adentro. Eso es difícil de evitar. Lo que si se puede evitar es al hombre que es visiblemente problemático.

      • Magi dijo:

        Es verdad, no es tan fácil de saber en muchos casos . Lo ideal es la no violencia . Pero quienes son violentos no siempre lo son de manera indiscriminada con todo el mundo , a veces si, pero no siempre.

        Está el caso de el boxeador famoso, a quien llaman la bestia del este por su imponente físico , y según su mujer es un padre y marido genial , que hace las tareas domésticas en casa y que tiene intereses intelectuales :

        http://www.dailymail.co.uk/news/article-1226073/The-Beast-East-aged-10—tender-poet-giant-boxer-Nikolay-Valuev.html

        En mi caso lo visiblemente problemático de algunos chicos era algo muy evidente , por ejemplo afición por beber mucho, mucha juerga . Y eso ya es un indicador de que no vas a poder tener una relación saludable con esa persona, sobretodo si ves que eso le gusta y no tiene muchas ganas de cambiar.

        Pero me entristece pensarlo, chicos muy atractivos y simpáticos perdidos por esa cultura de borrachera y juerga que hay entre la gente joven, y acabarán muy mal..

  10. Babel dijo:

    Anónima, si los tíos normales tienen inseguridades y eso no te atrae tienes que entender que si eliges a esos tíos tan seguros de sí mismos que te resultan atractivos la consecuencia es que vas a sufrir y que más te habría valido irte con algún chico inseguro. Básicamente eso es lo que dijo el periodista.
    Eso de que a otros chicos te ha resultado difícil conocerlos suena muy poco creíble, ya que las mujeres atractivas suelen tener sus pagafantas para que las escuchen y sus malotes para abrirse de piernas. Ellas no tienen dificultad ninguna en ligarse a esos chicos más inseguros, otra cosa es que no les mojen tanto las bragas.
    Tu historia no me la creo.
    Carlos, no considero que el periodista no haya tenido cuidado, otra cosa es que haya dicho verdades políticamente incorrectas. Cuando se trata de desafiar a la ideología dominante, da igual como digas las cosas porque no hay ninguna forma de “tener cuidado”.
    El artículo que quiso censurar Pablo Iglesias es el de Manuel Molares. Dijo en twitter que es una verguenza que se publique un artículo así y después se regocijó de su retirada.

  11. Sandra dijo:

    Otro caso que da para pensar:

    “Bruno, el portero que está en la cárcel por encargar el crimen de su amante.
    Probablemente el nombre de Bruno Fernandes no le suene de nada. En Brasil, todos saben que cumple una condena de 22 años por encargar el asesinato de una de sus amantes. El único ‘delito’ que cometió Eliza Samudio fue quedarse embarazada del guardameta del Flamengo en una orgía y no abortar. Su decisión de ser madre le acabaría costando la vida en el verano de 2010. Tenía 25 años.
    Según la Policía del estado de Minas Gerais, Bruno asistió a la ejecución de Eliza y fue quien más frío se mostró en las declaraciones para reconstruir los hechos. Tras varios días de tortura en una finca propiedad del portero, la mujer fue trasladada en una camioneta a la localidad de Vespasiano. Allí, en la casa del ex policía Marcos Aparecido dos Santos, alías ‘Bola’, fue estrangulada por éste hasta la muerte con una corbata antes de ser descuartizada. Sus huesos fueron enterrados en algún lugar y el resto lo devoraron los rotweilers del asesino.
    Participaron como cómplices en el secuestro Luiz Henrique Ferreira ‘Macarrón’, amigo del jugador, y Jorge Luiz Rosa Sales, primo de Bruno y menor de edad cuando se cometiió el crimen. Fue él quien golpeó con la culata de una pistola a Eliza para reducirla en el vehículo de Bruno. Los restos de sangre que quedaron en la tapicería resultaron una prueba irrefutable para esclarecer el crimen.
    También fue procesada Fernanda de Castro, otra de las amantes de Bruno. Su misión consistió en custodiar durante unos días al bebé, arrebatado por la fuerza a Eliza. Le había llamado Bruno, con la esperanza de que algún día su padre reconociese al hijo como suyo. Nada más alejado de la realidad. El guardameta había ofrecido 40.000 reales a quien la convenciese de no dar a luz y fue acusado de inyectarle contra su voluntad una sustancia abortiva que no dio resultado.
    Lo último que se le ocurrió fue darle muerte a manos de un matarife a sueldo. Fue el fin de la carrera deportiva de Bruno, ídolo y capitán del Flamengo. Soñaba con jugar el Mundial de Brasil 2014 con la Canarinha pero acabó entre rejas. El pasado 21 de junio, se casó en la prisión de Santa Luzia con la dentista Ingrid Calheiros, con quien inició su relación durante la investigación sobre el asesinato.”

    http://www.marca.com/futbol/america/2017/01/23/588653cae5fdea8b348b459b.html

  12. Josep Albert dijo:

    Tienes razón, Carlos,,, “La bella y la bestia” tampoco se ha librado de escrutinio… No es que me parezca mal que se haga critica feminista de nada… Siempre y cuando sea una crítica diaklogante, abierta a otros valores de las obras, y respete opiniones diferentes. Cuando se convierte en una inquisición hipersusceptible, a la busqueda de sexismo hasta donde no lo hay, y crea “Indices de libros prohibidos”, pidiendo la retirada de los mismos, pues la cosa cambia… en fin, que en una historia fantástica, donde entre otras cosas tenemos a un hombre encerrado en el cuerpo y los impulsos de una bestia, por efecto de una maldición, luchando a brazo partido por recobrar su humanidad a traves del amor… Pues mucho paralelismo con el mundo real no vamos a poder establecer…
    Nunca me ha parecido que el cuento justifique la violencia o la tiranía de la bestia… Es una historia de amor y redención entre victimas, pero claro, si partimos de la base de que los hombres nunca pueden ser victimas de nada… Que las reacciones violentas de cualquiera las puede ocasionar el dolor, menos las de un hombre… En fin…
    Por el bien de la cultura, que las cosas se queden en reinterpretar y criticar… No en las hogueras de Farenheit…

  13. Neph dijo:

    Sobre el tema del “malote” quería comentar una anécdota muy ilustrativa. Yo soy apuesto y buen conversador, así que las mujeres suelen sentirse cómodas a mi lado (especialmente las “maduritas” con cierta cultura). Pues bien, resulta que entre mis amigas hay una católica, muy conservadora y declarada antifeminista (critica la LIVG pues cree que muchas víctimas de viogen provocan a sus maridos maltratándolos psicológicamente. Esto a pesar de que ella misma fue víctima de malos tratos antes de enviudar). Explico esto para ilustrar que hablamos no de una niñata progre-feminista sino de una señora “tradicionalista”. Hace años tuve una conversación con esta persona que se me quedó GRABADA a fuego en la memoria:

    -Hace un tiempo leí una novela que narraba el paso del matriarcado prehistórico al patriarcado histórico -comenté yo.
    -Hmm, yo creo que siempre ha habido un matriarcado… -repuso ella.
    -Ahora que lo dices… los hombres suelen pensar que dominan a la mujer cuando la penetran, pero dado que la mujer puede fingir un orgasmo y el hombre no, es muy fácil para la mujer manipular al hombre a través del sexo -dije yo-. Además, la mujer se limita a dejarse hacer mientras el hombre tiene que esforzarse en la penetración, y ese esfuerzo solo le es lícito si la mujer se lo consiente, pues en caso contrario es violación. Y para que la mujer consienta, el hombre tiene que cortejarla, gastando esfuerzo, tiempo y dinero en ganar el favor de la mujer a la que desea. Por tanto, en cierto sentido es la mujer la que tiene el control.
    -¡Pues claro! -exclamó ella-. ¡Ellos se creen que nos follan, pero somos nosotras los que los follamos! Y no es solo eso -añadió-. El otro día estaba yo con G, el amigo de tu padre. Pues bien, para coger una cosa tenía que subirme a la escalera y me daba pereza. Fingí que intentaba subirme y me fatigaba e inmediatamente G se levantó, dijo “déjalo mujer, que ya lo hago yo” y me bajó lo que yo necesitaba. Yo le recompensé con la misma sonrisa que le dedicaría a un perrito obediente y él se sintió pletórico, como un verdadero machote.
    -¿Un poco humillante para el hombre, no? -comenté yo, pensativo.
    -¡Bah! ¿Qué es un hombre que no ayuda a una mujer? ¿Un maricón? -dijo ella.
    -Un hombre libre -repliqué yo con frialdad.
    Se hizo un silencio incómodo. Entonces ella me cogió de la mano afectuosamente.
    -Escucha… tú eres diferente, tú eres neutral -dijo ella-. No puedo hablar con otros hombres de las cosas que hablo contigo porque no me entienden. Tú habrías dejado que me subiera a la escalera -añadió-. Eres un poco canalla y además eres muy guapo. Si tuviera cuarenta años menos me gustaría ser tu novia.

    Nótese como, a pesar de tener a varios “machotes” caballerosos como G y mi padre intentando ligar con ella, se sintió atraída, aunque sea platónicamente, por un adolescente al que percibe como “neutral” (andrógino/asexuado) y “un poco canalla” (frío e indiferente). Las mujeres exigen caballerosidad, creen sinceramente que la desean, pero luego desprecian a los caballeros en favor del “chico malo” (el sociópata). A esto la ciencia le llama hipergamia. El artículo de Mehta ofrece la típica explicación darwinista. Como esoterista cristiano planteo esta alternativa:

    Dado que comer del Fruto Prohibido tuvo como consecuencia la mortalidad humana, quizá el Fruto sea una metáfora para el sexo (seres inmortales no necesitan reproducirse. Los primeros cristianos practicaban el “matrimonio casto” como un homenaje al Edén). Quizá Eva puso los cuernos a Adán con Naas (“el Hechicero”, mal traducido del hebreo como “la Serpiente”), engendrando a Caín, el primer asesino (un “malote”). Dado que Adán consintió el adulterio por amor a Eva (por caballerosidad), Dios consideró que era cómplice: por eso se dice que comió del Fruto cuando su mujer se lo dió. Esto explicaría el origen del “tradicionalismo”, del mito de la princesa raptada por un mago/dragón y rescatada por un caballero, que no sería sino la distorsionada perspectiva de Adán de lo ocurrido en el Edén.

  14. Isidro dijo:

    Reflexionando sobre la cuestión, he podido darme cuenta de que bajo la creencia de que a muchas mujeres les gustan los “malotes” subyace otra que debemos estudiar y cuestionar, pues su refutación es enormemente trascendente para los derechos del varón: me refiero a la creencia, bastante extendida, de que hay mujeres buenas que se sienten atraídas por los hombres malos. Y esto, francamente, no tiene ni pies ni cabeza. Claro, al feminismo le conviene dar rienda suelta a cualquier especie que denigre al hombre y exonere a la mujer de cualquier culpa, pero nosotros no tenemos por qué creer nada de una ideología cuyo máximo propósito es criminalizar al varón y santificar a la mujer como sea.

    ¿Sienten atracción las mujeres por los “malotes”? Es indudable que hay muchas mujeres que sí se sienten atraídas por ellos. ¿Por qué? Probablemente porque en un mundo tan difícil y hostil como éste, la maldad se desenvuelve mejor en las esferas del poder que la bondad. Con demasiada facilidad, quien busca poder, hallará también maldad. No todos los grandes líderes políticos son malvados y maquiavélicos, pero para mí tengo por cierto que la bondad, especialmente en el mundo de la política, es rara avis. Como ya dije, fueron millones las mujeres que se sintieron irresistiblemente atraídas por personajes tan siniestros como Hitler, Mussolini, Mao Shet Tung o Stalin. Se dice que Hitler tenía más admiradoras que los Beathles y los Rolling juntos (léase “Dictadoras”, de Rosa Montero y “Las Guardianas Nazis”, de Mónica Alvárez).

    Ciertamente, la maldad y el poder hacen buenas migas, y se diría que son la cara y la cruz de la misma moneda. No es difícil entender por qué tantas mujeres suspiraban por tipos como Stalin: tenían un poder inmenso. Más difícil es explicar por qué los hombres malvados pero sin poder (los que son carne de presidio) también atraen a no pocas féminas. Podría entenderse que, al fin y al cabo, el malvado con poder subyugue a muchas, ¿pero por qué tantos malvados, pero carne de trena, tienen su particular grupo de seguidoras? Una respuesta sencilla es que, pese a los dogmas feministas, hay en el mundo un número de mujeres malvadas similar al de hombres y, que, como reza el dicho, “Dios los cría y ellos se juntan”. Juzgo muy raro que una mujer “malota” se sienta atraída por un tipo bondadoso, incluso aunque sea rico. Del rico le atraerá la riqueza, pero no él. Las “malotas” perciben que la bondad es un signo de debilidad, particularmente en los hombres. Abstenerse de robar, engañar, estafar o, incluso, asesinar no es algo que pueda seducir a una mujer realmente malvada. Si esto que digo es cierto, la atracción que sienten las mujeres (en no sé qué porcentaje) por los hombres “malotes” no es otra cosa que el reflejo de la propia maldad de esas mujeres. Pues ¿no es, acaso, un contrasentido la misma idea de que la bondad se sienta atraída por la maldad? ¡Pues vaya bondad más rara! O veámoslo desde el otro ángulo: ¿tendría sentido decir que las personas malvadas se sienten atraídas por las bondadosas? No. Este tipo de atracciones son contradictorias, son imposibles.

    Las mujeres normales (en bondad y maldad) no desean a hombres que las dominen, sino, como ya expliqué, a hombres dominantes que ellas puedan dominar para acceder a su poder o sus recursos. Pero esas mujeres normales no se sentirán atraídas por hombres malvados, pues sería un contrasentido. Si una mujer es honrada y desea ser honrada, ¿cómo podría sentirse cautivada por el latrocinio de un hombre? Las mujeres no malvadas buscarán a hombres no malvados que ellas puedan dominar y de quienes consigan el poder que ellos han logrado enfrentándose al mundo, y las mujeres malvadas buscarán a hombres malvados que ellas puedan dominar. Y es aquí donde aparece el problema para no pocas de ellas… porque dominar a un hombre realmente malo no es tan fácil como dominar a uno bueno, y siempre puede haber sustos y “previsibles sorpresas”.

    Pero vayamos a las cifras y datos que, aparentemente, apoyan la acusación feminista de que solo los cónyuges masculinos son capaces de perpetrar asesinatos maritales, de que solo ellos ejercen violencia de alta intensidad.

    Si revisamos las cifras de maltrato conyugal, veremos que los índices de violencia de baja y mediana intensidad son equivalentes para ambos sexos. Como muchos estudios internacionales afirman y confirman, los hombres y las mujeres se agreden de manera bidireccional y simétrica. ¿Pero qué ocurre con los índices de agresividad alta o muy alta? ¿Qué pasa con la violencia que causa muertes? Aquí, al parecer, se acaba la simetría y la reciprocidad: los hombres matan más que las mujeres. Las cifras cantan: hay bastantes más víctimas femeninas que masculinas dentro la violencia marital. Esta desigualdad la aprovechan las feministas para colar el mensaje de que la violencia extremosa es cosa exclusiva de los hombres, el patriarcado, la testosterona, etc. Las mujeres, al parecer, son capaces de insultar, pellizcar y dar algún que otro empujón, pero no de matar a nadie.

    Bien, a este punto, que es de la máxima importancia, quisiera que el lector prestara mucha atención. Si empleamos escrupulosamente la lógica, veremos que no tenemos datos suficientes para concluir que los hombres ejerzan la violencia desmedida contra sus respectivas cónyuges en mayor proporción que la que ejercen las mujeres. Pudiera ser que sí, ojo: solo estoy diciendo que no tenemos datos suficientes para afirmarlo categóricamente. ¿Por qué digo esto? Porque cuando ambos miembros de una pareja heterosexual desatan su ira mutuamente, es EVIDENTE que casi siempre será la mujer quien se lleve la peor parte. Si tomamos a 100 parejas que inician una pelea desenfrenada, el resultado será que, seguramente, en 90 o más casos la mujer salga perdiendo y quede contusa o muerta. Esta disparidad en las cifras de violencia conyugal más trágica es interpretada por el feminismo como una prueba de que en el mundo hay más hombres muy violentos que mujeres muy violentas, cuando no es necesariamente así. Para que este punto se entienda bien, supongamos lo siguiente: 50 hombres de 70 kilos y de 1,65 metros se enfrentan a 50 hombres de 100 kilos y 1,95 metros. Ambos grupos están igualados en agresividad (medida por diferentes pruebas psicológicas) y en cualquier otro factor que pueda ser relevante para pelear. ¿Cuál será el resultado previsible? A nadie le extrañaría que casi siempre vencieran los hombres más pesados y grandes. Es posible que ganara la pelea el 90% de los hombres grandes. Si no conociésemos otra cosa que los resultados de los combates, podríamos concluir, erróneamente, que los hombres grandes son más agresivos que los no tan grandes. Empero, lo único que ha ocurrido es que los más grandes han hecho valer su mayor potencia frente a los pequeños.

    También es plausible la siguiente posibilidad: aun siendo igual de agresivos los pequeños y los grandes, los pequeños, tras recibir los primeros golpes de los grandes, se asustan, se arredran y pierden combatividad. Pues bien, esto es lo que podría ocurrir entre hombres y mujeres. La desigualdad en las cifras relativas a las personas fallecidas por su cónyuge, no refleja necesariamente una mayor agresividad masculina, sino, simplemente, una extraordinaria diferencia en potencia física. Si ambos cónyuges se “tiran a matar” con puñetazos y patadas, es evidente que el número de interfectas será muy superior al de interfectos. En tales casos, dar por hecho que los hombres son más agresivos que las mujeres es un error de muy graves consecuencias.

    ALGUNAS ACLARACIONES IMPORTANTES
    1. Hay mujeres buenas que acaban casadas con grandes bestias. También ocurre a la inversa. Las causas pueden ser muchas, pues las circunstancias de la vida son variadas y complejas. Yo he tenido en la familia dos casos de éstos. Dos tías mías se casaron con dos tipos bordes y violentos, pero violentos con todo el mundo. Ambas mujeres son buenísimas. Tuvieron mala suerte.

    2. Si considerásemos todas estas cuestiones sin dejarnos contaminar por sesgos misándricos, es casi seguro que llegaríamos a la conclusión de que, si bien la población masculina alberga a más sujetos muy violentos o psicopáticos, las diferencias con la femenina no son tan grandes como el discurso dominante afirma y pregona. (Ya hablaré más tarde de esos sesgos misándricos). Esa parte de la población masculina muy violenta se solapa, sin duda razonable, con la parte de la población masculina que tiene graves retrasos intelectuales. Ya sabemos que hay bastantes más hombres retrasados que mujeres. El neocórtex, la región cerebral que procesa el pensamiento racional y el autocontrol, tiene mucha menos actividad en los sujetos retrasados, quedando, por tanto, a merced de los impulsos más primitivos procesados en la amígdala del sistema límbico.

    La conflictividad de estos individuos no es necesariamente de corte misógino: son conflictivos en general, con todo el mundo. El tipo sádico que maltrata por igual a hombres, hijos y esposa no es un misógino, sino un psicópata en toda regla. Es evidente que debe de haber un significativo porcentaje de mujeres muertas a manos de maridos psicópatas o de tendencias asesinas, y es un error interesado denominarlos “machistas” o “misóginos”. Tener solo en cuenta a las víctimas femeninas de esa clase de varones es algo que repugna a la razón y a la moral, pues se está ninguneando a las víctimas masculinas, como si fueran seres de menor dignidad y valor que las femeninas.

    3. Por último: para hacer comparaciones adecuadas sobre la agresividad de ambos sexos (en especial en el matrimonio), deberíamos igualar las circunstancias y la situación general de ambos sexos. Así, por ejemplo, podemos preguntarnos qué pasaría si, a partir de mañana, miles o millones de mujeres se quedaran, tras un divorcio traumático, sin piso y sin hijos y con la obligación de pensionar a éstos y al ex marido.

    En un sentido más general, también podríamos interrogarnos sobre qué suerte correrían las mujeres si mañana se vieran obligadas a ir a la guerra, sobre todo la guerra civil: ¿cuántos asesinatos y delitos cometen los hombres enzarzados en una guerra civil al finalizar ésta? ¿Cuántas venganzas se consuman?

    ¿Qué ocurriría si mañana fueran las mujeres las encargadas de satisfacer ofensas de honor? ¿Qué ocurriría si fueran ellas las que, apremiadas por situaciones de hambruna, se vieran instigadas por sus familias a robar el ganado o el pan del vecino? ¿Qué pasaría, en definitiva, si fueran las mujeres las encargadas de proteger y proveer a sus familias? ¿No es, acaso, sensato suponer que, si esto ocurriera, el monto de delitos de la población femenina se dispararía hasta alcanzar o casi alcanzar el monto de delitos de la población masculina?

    Es imposible encontrar un planteamiento tan anti-científico como el que nos encontramos al “estudiar” las diferencias entre hombres y mujeres en materia de crímenes y delitos. Mientras que el feminismo institucional lleva años dando por hecho que si hubiera igualdad de oportunidades sociales entre hombres y mujeres, habría muchas más mujeres en puestos de dirección, casi nadie –y menos las feministas- se plantea cuántas mujeres ingresarían en la trena si fueran ellas las obligadas a proteger y proveer a sus familias.

  15. victorpinag dijo:

    Me sumos, como siempre, a la respuesta evolucionista (no olvidemos el éxito de 50 sombras, ni de la frecuencia de orgasmos en violaciones). Pero creoq ue se resume en la frase de mi abuelo: “¿Qué quieren las mujeres?, Quieren todas las opciones sin tener que renunciar a ninguna.”

    • ¿Pero no podría extenderse eso a los hombres también?

      • victorpinag dijo:

        Pero, en general, cuando enfrentados a la supervivencia (en términos modernos, carrera, trabajo, etc), sabemos que una vez tomada una senda, ya es muy difícil, cuando no imposible, regresar. Usaré el ejemplo del helado: cuando hay cinco o seis sabores de helados disponibles, casi nadie se hace problema, pero si hay quinientos; el cerebro enloquece, pero en general, los hombres dejan de pensar en eso. Creo que el mejor ejemplo para los hombres se hallaría en los “builts” de los MMORPG.

  16. Anónimo dijo:

    Yo te voy a decir lo que realmente pienso sobre el caso que mencionas con una pregunta.

    ¿Al eliminar todo tipo de responsabilidad sobre la mujer que comparte su vida con un potencial maltratador que tipo de escenario …..obtenemos?

    Te voy a poner mas de un autentico caso sobre la mesa.

    Una mujer por las razones que fueren se DIVORCIA.

    Por las razones que todos sabemos se le da la vivienda y custodia de su……hija de 4 años.

    Esa mujer resuelve hacer lo que se estila con una frase muy hecha…..Rehacer su vida.

    A los 3 años del divorcio conoce a …alguien.

    En la nueva convivencia todo va sobre ruedas ……al principio.

    Pero poco a poco el nuevo “padre-” pega y maltrata a la hija.

    Además abusa sexualmente de ella aprovechando que convive en la misma casa y que tiene sobre ella una cierta….autoridad.

    La hija no entiende muy bien que su madre haya expulsado de su vida a su padre y haya introducido a un padrastro que es un …..rufian.

    Supongamos ademas que la mujer se encuentra en una franja de edad en la que considera que ya no tiene muchas oportunidades de volver a REHACER SU VIDA y que ello le induce a tolerar esa situacion.

    Ademas es mas que posible que con ella se muestre a veces …..cariñosa por lo que para ella es dificil ROMPER el actual marco de convivencia.

    Sin disculpar para nada la actuación del PADRASTRO mi pregunta es muy sencilla.

    ¿En lo que refiere al matrato y abusos sexuales de la hija pequeña tiene o no tiene la madre alguna responsabilidad?

    Lo pregunto porque no es ciencia ficción sino un cuadro que se repite muy a menudo.

    Los hijos e hijas de divorciadas tienen siempre mas riesgo de sufrir todo tipo de abusos y maltratos.

  17. nachojuncal dijo:

    Fascinante el blog. Llegué buscando otras cosas y me parecen unos artículos soberbios. Enhorabuena.

    En cuanto al tema… Yo siempre he pensado que realmente lo que acaba atrayendo en éstas “relaciones” es la cantidad de testosterona y/o la capacidad de liderazgo. Y eso, pues como dices, en la prehistoria, tiene su lógica. Pero en la sociedad actual, a mi parecer. sólo indica que alguien que se junta con personas afines a la violencia (Y ya hablo sin géneros) lo que le falta, es autoestima, y una buena dosis de inteligencia (Y no de la académica, precisamente).
    Quizá es muy duro decirlo así, pero una persona “culta, atractiva y sofisticada” tiene que saber que la ley garantiza que pasees a la noche por el extrarradio de una ciudad como derecho, pero también provee legislación para cuando te roban. Pero claro, el hecho de que te han atracado, entretanto, no te lo quita nadie.

    Con esto voy a que gente mala hay en todos lados, pero depende de nosotros mismos alejarnos de ella (De la gente mala). Si no lo hacemos, tanta culpa tiene el/la que lo hace, como el que se ha juntado con él/ella.
    Como punto, me viene a la mente el entorno D/s (Hablando de 50 sombras de Grey viene al pelo) donde debería ser tremendamente fácil que un/a sumi acabase dando con un engendro de Dominante/Dominatriz. Y, sin embargo, suelen tener muy buen ojo para distinguir las relaciones tóxicas y apartarse de ellas. Hablando con much@s, tanto Dom como sumis, algo recurrente es que el Dominante/Dominatriz tiene el poder… Que el sumi le da, dado que todo es consensuado (Lo cual suele generar discusiones sobre quién tiene el poder entonces, pero eso es otro tema).

    Tal y como lo veo, se puede perfectamente ser una persona de carácter fuerte y dominante, sin caer en ningún momento en la violencia ni ser un tirano hacia todo el mundo (Es una de las formas en las que se detecta a alguien violento, y no dominante), y se puede ser una persona sumisa, sin que lo sea para con todo el mundo, o no sepa ver en manos de quien se pone.
    De acuerdo que el entorno D/s no es lo mismo, pero los principios sí los veo extrapolables, y me viene a decir que, lo que falla es la inteligencia de la víctima y obviamente, y no quiero que se malinterprete, culpa del maltratador/a.

    E insisto, sin meterme en géneros. Asesinatos de la pareja se dan sin importar el sexo, y del mismo modo que todos hemos conocido a patanes que mandan callar a su mujer como si fuera un perro, arpías que tienen al marido como un inútil son casos comunes.

    Saludos.

  18. Babel dijo:

    Carlos, no concuerdo contigo en que yo haya bajado el nivel del discurso. Podría haber dicho que les atraen sexualmente en vez de “mojar las bragas” o haber dicho mantener relaciones sexuales en vez de “abrirse de piernas”, pero básicamente estaría diciendo lo mismo con eufemismos. Cuidaré mi lenguaje lo máximo posible.
    Discúlpame, ya me conoces y sabes que soy bastante pasional, por mucho que me guste este espacio soy consciente de que no coincido con tu tono aséptico a la hora de escribir, pero intentaré parecerme un poco.
    Por otro lado, tampoco estoy de acuerdo con lo que le has dicho a Santiavero, ya que si ella usa su vida personal para argumentar, lo lógico es que se le conteste aludiendo a su vida personal.

  19. Daniel dijo:

    Pensamiento contrafactual, causalidad y el borracho del puente
    https://evolucionyneurociencias.blogspot.com.es/2013/03/pensamiento-contrafactual-causalidad-y.html
    A mi entender esta era la intención del periodista, otra cosa es su poca pericia a la hora de exponerlo.
    Añado:
    ¿Tengo una vivienda, tengo todo el derecho a que nadie me robe, la policía lucha contra el crimen con todos los medio que dispone. Y me da consejos para evitar robos.
    https://www.policia.es/consejos/vivienda.html
    ¿Esta la Policía nacional culpando a las futuras victimas de robo?
    Y si me han robado y en el auto me señala en mi ignorancia mi negligencia en seguridad favoreció el robo para que tome las medidas oportunas.
    ¿Me esta la Policía culpando del robo, que soy la victima?

    Cuando los asuntos sociales y ONG planteen que una de las lineas de baja intensidad de prevención de maltrato y homicidios, puede ser asesorar a mujeres victimas de malos tratos dotándolas de herramientas que permitan romper la dependencia emocional de la victima con su maltratador, entonces se bajara el numero de maltrato y de victimas.

    El objetivo gubernamental y de ONG feministas es luchar con eficiencia contra el maltrato, de la mujer (el de los hombres ni se lo plantean ) desde todos los ángulos y todas las variables posibles. Eso no se cumple, y para rematar matamos al mensajero, sea periodista o investigador científico, el que ose criticar “la violencia de genero” perderá su trabajo.

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