Erecto en el tribunal

Existe una abundante literatura sobre las leyes civiles y eclesiásticas que históricamente discriminaron a las mujeres, así como de numerosas sentencias judiciales. Sin embargo, el caso contrario rara vez se ha examina con el mismo detalle.

En el pasado hemos señalado cómo los primeros ataques con vitriol (ácido sulfúrico), en el siglo XIX, fueron cometidos sobretodo por mujeres contra sus parejas o rivales románticos, y buena parte de las veces las agresoras quedaban en libertad porque dichos ataques obedecían a motivos “honorables”, según la justicia de la época (p. 35-37). Éste fue el caso de Marie Couffin cuando arrojó ácido sobre su marido y la amante de éste frente a quinientas personas en 1885.

También hemos tratado las obligaciones legales que el hombre tenía hacia su pareja y otros parientes, cómo las leyes civiles reprimían igualmente la sexualidad masculina, o la exclusividad del varón a la hora de participar en los trabajos forzados durante la mayor parte de la Historia, entre otras.

En esta entrada hablaremos de otro caso singular: los juicios de impotencia en la corte francesa durante los siglos XVI y XVII. A continuación les muestro una traducción del artículo “Erecto en el tribunal“, escrito por Tony Perrottet y traducido por María Gabriela González Granados. El texto está basado en el libro de Pierre Darmon Condenando al inocente: una historia de la persecución del impotente en la Francia prerrevolucionaria.

Erecto en la corte

Tony Perrottet

Traducido por María Gabriela González Granados

En los temidos juicios franceses de impotencia, la ansiedad por funcionar adecuadamente tomó un nuevo significado.

¿Creías que la inquisición española era dura? Igual de intimidatorios para muchos hombres fueron los juicios franceses de impotencia sexual entre los siglos XVI y XVII, donde los maridos acusados de disfunción eréctil eran obligados a probar su virilidad frente a testigos.

La incapacidad de un esposo para llevar a cabo el acto sexual era una de las razones por las que La Iglesia podía permitir la anulación de un matrimonio. Así, las mujeres descontentas que podían cubrir los costos legales, regularmente acusaban a sus esposos por “no consumación perniciosa” ante los tribunales eclesiásticos. Esta tradición jurídica data del siglo XIV, cuando los teólogos acordaron que el verdadero fin del matrimonio era la procreación. Las estadísticas son imprecisas, pero para el siglo XVI, como señala el historiador francés Pierre Darmon en su detallado análisis Condenando al Inocente, los tribunales se enfrentaban con “una ola de acusaciones”. La carga de la prueba era colocada sobre el esposo al tener que demostrar su poder de erección ante un grupo de expertos formado por sacerdotes, cirujanos y parteras. Estos observadores ilustrados examinarían cuidadosamente su “herramienta” para formular una opinión sobre su “tensión elástica” y su “movimiento natural” antes de demandar una “prueba de eyaculación”. Muchos hombres encontraron sus poderes desvanecerse en el primer examen. “Con tan sólo mirarlos me hacen temblar”, se quejó un humillado esposo a sus torturadores.

Cualquier hombre que fallara esta prueba sólo contaba con un recurso para evitar convertirse en un hazmerreír. Podía exigir un Juicio por Congreso, donde llevaría a cabo su deber conyugal ante un equipo de expertos como prueba al 100% de que podía llevar a cabo el acto sexual. Tal como se describe en una serie de relatos de la época, esta asombrosa pieza de pornografía legal tomaba lugar en un territorio neutral acordado por ambas partes. La pareja casada era examinada por la corte para estar seguros que no estuviesen ocultando ningún dispositivo –los hombres eran conocidos por esconder pequeños viales de sangre en la escena, que le haría creer a los observadores que la virtud de la esposa ha sido tomada sin necesidad de penetración–, luego ordenados a entrar en el lecho conyugal. Los cirujanos y los curas optaban por permanecer detrás para disfrutar observando discretamente, mientras que las parteras se posaban cerca de las almohadas observando cada movimiento como halcones. Con los esposos ya distanciados por mucho tiempo, la lucha bajo de las sábanas era lejos de ser amistosa: había riña y malas palabras, con una esposa gritando que su esposo “puso el dedo en su entrada para dilatarla y abrirla sólo con eso”. Un crítico de los juicios notó que tomaría “un hombre extraordinariamente determinado y hasta bestial para no quedarse flácido”. Después de una o dos horas los expertos se aproximaban al campo de batalla con velas para establecer si había habido penetración y “emisiones” adecuadas o no. Un esposo derrotado, un cierto Monsieur De Bray, aunque su miembro fue declarado por los doctores como “grande, firme, rojo y largo… en su lugar y en buen estado”, perdió el caso porque sólo había esparcido una semilla “acuosa” sobre el colchón.

Las mujeres que tenían los fondos económicos para empezar los juicios de impotencia eran casi todas de la aristocracia, así que no es de sorprender que cada nueva acusación provocara un morboso escándalo que era transmitido por todos los panfletistas de Paris –los predecesores de prensa sensacionalista moderna – a una amplia y perpleja audiencia. Para mediados del siglo XVII, una atmósfera carnavalesca era la que acompañaba los juicios, como se muestra en el caso del atractivo joven noble René de Cordouan, el Marqués De Langey, registrado en detalle por el crónico contemporáneo de la vida parisina, Tallemant des Réaux. Acusado de impotencia en 1657 por su esposa, con la que había convivido cuatro años, el Marqués parecía tener un caso fácil cuando el primer examen sugirió que su esposa no era virgen. Pero existían dudas e insinuaciones constantes, así que el Marqués decidió restaurar su manchada reputación a través de un Juicio por Congreso.

En Paris, se hacían apuestas sobre los resultados de los juicios y se componían canciones al respecto. Damas de la alta sociedad coqueteaban con el Marqués, como una cierta Madame d’Olonne, que declaró abiertamente, “como me gustaría ser condenada a Juicio por Congreso”. Cuando la pareja en cuestión hizo su aparición, en unos lujosos baños, los sirvientes tenían que abrirse paso entre una multitud de curiosos. La simpatía de las masas estaba claramente con el apuesto De Langey, quien se pensaba fue falsamente acusado por una vieja bruja. La esposa fue abucheada fuertemente mientras el Marqués se pavoneaba con arrogancia ante sus admiradores (“para todo el mundo como si ya estuviese dentro”). Mientras se deslizaba debajo de las sábanas con su esposa, De Langey, airosamente gritó a los doctores: “tráiganme 2 huevos frescos, que podría dejarle un hijo al primer intento”. Pero el desastre ocurrió. El Marqués fue escuchado por los doctores gruñendo, maldiciendo y finalmente rezando. Después de dos horas, De Langey se rindió, llorando, “estoy arruinado”.

La conmoción se extendió entre la multitud y la admiración femenina por De Langey se tornó en desprecio. Su petición para un nuevo juicio fue denegada, y en Francia su nombre se convirtió en un apodo para la flacidez. El Marqués se retiró a las provincias, donde se volvió a casar y engendró siete hijos. Cuando De Langey alardeó de ello aun antiguo enemigo, el hombre maliciosamente respondió: “Pero señor, nadie ha tenido nunca duda alguna sobre su esposa”.

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11 respuestas a Erecto en el tribunal

  1. Pepe dijo:

    Por curiosidad, ¿había hombres de las clases populares que podían sufrir este tipo de juicios?

  2. Adagio dijo:

    sinceramente carlos, este es uno de tus peores artículos pero no por ser poco detallado sino por lo vacuo del mismo. quiero decir que hay cientos de problemas en los que podrían incidir o reincidir o incluso pasarte a youtube, la plataforma por excelencia en estos tiempos yo me suscribir de inmediato.🙂. de todas formas genial articulo. por cierto ¿conoces a victor zen ?

  3. isidro dijo:

    Me parece un artículo oportunísimo, pertinente, revelador y muy curioso.

  4. Magi dijo:

    Parece una comedia satírica . Resulta increíble que esto ocurriese , que se entrometiesen así en algo tan privado .

    Si se quiere ver algo bueno es que no podían acusar al hombre de impotencia sin pruebas, que para eso ya había unas cuantas personas fijándose en todos los detalles.

    Nadie debería ser sometido a la humillación pública .

  5. Arturo dijo:

    Desde luego Carlos, produces como un equipo. Y este artículo es, como mínimo curioso y muy sorprendente, además de novedoso. Pues en este, como en otros anteriores nos sorprendes tratando temas totalmente desconocidos para la mayoría y siempre con estilo y rigor. No se puede pedir más.

    • Gracias por el apoyo Arturo. En este caso el mérito es para la traductora María Gabriela González Granados. Últimamente y por falta de tiempo he tenido que recurrir a más a traducciones y contribuciones externas, pero espero que pronto pueda sacar un artículo original. Saludos.

  6. Núria dijo:

    Pero, ¿des de cuándo todo esto no es un problema de género??? Si ustedes quieren hacer como que el feminismo no habla de esto, allá ustedes… Pero cuando bajen de su mundo de yupi les invito a leer un poco y van a ver cómo todas estas cuestiones, en especial las que tienen que ver con militarización, están ámpliamente tratadas desde el feminismo. Igual es que ustedes no han entendido el feminismo, y se creen que lo de pagar la cuenta siempre el hombre no es bien machista… Pero por lo que parece, estamos buscando lo mismo.

    • Cito: “Si ustedes quieren hacer como que el feminismo no habla de esto, allá ustedes… Pero cuando bajen de su mundo de yupi les invito a leer un poco y van a ver cómo todas estas cuestiones, en especial las que tienen que ver con militarización, están ámpliamente tratadas desde el feminismo”

      Imagino que este comentario iba en realidad dirigido a la entrada “La discriminación masculina en 51 memes”. Nos acusas de estar en “los mundos de yupi” con un argumento general de “eso el feminismo lo trata” y “lean más”. Bien, te voy a dar la oportunidad de demostrar que somos nosotros, y no tú, quienes estamos en “los mundos de yupi”. Vamos a hechos específicos y señálame escritos feministas que denuncien los siguientes temas de los memes:

      -La ley de Guatemala que sólo pide buscar a los desaparecidos de sexo femenino
      -La prohibición de solicitar pruebas de paternidad sin aprobación del gobierno en algunos países
      -Las leyes discriminatorias hacia los hombres como víctimas de la trata
      -Las leyes de cadena perpetua o pena de muerte exclusivas para hombres en algunos países
      -La discriminación a inmigrantes varones por el gobierno marroquí en las políticas de regularización
      -La aplicación de castigos corporales sólo para hombres en 19 países

      Éstas son 6 desigualdades de las 51 que menciono. Veamos cuántos textos puedes aportar.

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