Respuesta a la crítica de mi trabajo en El Universal

En una bitácora del diario El Universal Estefanía Vela Barba publicó un artículo donde se mencionaba mi entrada La discriminación masculina en 41 memes. Cito el contexto:

En meses recientes he visto distintos memes que han adquirido una popularidad inusitada que pretenden «recordarnos» cómo, si lo que se busca es la verdadera igualdad, no hay que olvidarnos de cómo los hombres también sufren y las mujeres también violentan. La compilación más memorable que he visto de estos argumentos es la de «La discriminación masculina en 41 memes».”

No está muy claro si en el resto del artículo la autora habla en general o de mi entrada en particular, pero de lo que no cabe duda es de que utiliza esta última como trampolín para lanzar su crítica. Por tanto, responderé a sus razones en lo que a mi trabajo se refiere.

Para empezar, decir que soy el autor de todos los memes, y no publiqué la recopilación para “buscar la verdadera igualdad”, señalar que “los hombres también sufren” o “las mujeres violentan”. Veamos qué dije en la propia entrada (énfasis mío):

En esta entrada recopilo la serie de memes titulada “…Pero no es un problema de género”, que publiqué en la página de Facebook para denunciar la invisibilidad de la discriminación y el sufrimiento masculino en los medios, la universidad y las instituciones tanto nacionales como internacionales, al menos desde una perspectiva de género.

Decir que el hombre también sufre es algo que sabemos todos, lo que rara vez se dice es que en muchas ocasiones lo hace por razón de género, y es esto último lo que me interesa visibilizar. Como veremos más adelante, podemos encontrar docenas de artículos sobre el sexismo experimentado por las multimillonarias de Hollywood, pero es imposible hallar uno solo que denuncie (desde una perspectiva de género) los reclutamientos forzados para la guerra en Ucrania, la discriminación de los hombres inmigrantes en el plan regulatorio de Marruecos o su exclusión por razón de sexo en numerosos programas microfinancieros destinados a aliviar la pobreza.

Esta interpretación interesada de la autora pretende reducir el objetivo real del trabajo que hice a gastados clichés como “los hombres también sufren”, ignorando lo que yo declaré buscar en el propio artículo. Se intenta cambiar la conversación para denunciar cosas que no he dicho y atribuirme intenciones equivocadas en base a ellas. Lo cual convierte todo su argumento, al menos en lo que a mi trabajo se refiere, en un enorme “hombre de paja”, falacia de la que por cierto seré acusado más adelante.

En la gran mayoría de los contextos en los que se lanzan estos argumentos, me parecen problemáticos. ¿Por qué? Por varias razones. Primera: por su intención. Quienes los lanzan rara vez están interesados en profundizar en la discusión sobre la violencia; buscan, más bien, comprobar cómo «el feminismo» es incoherente y hasta discriminatorio (que cae en lo que dice «criticar»: estereotipar). Y lo hacen no porque genuinamente quieran «sofisticar» el análisis feminista, sino por descalificarlo, sin más. La violencia no les importa; solo les importa lanzarse contra «el feminismo», ese «monstruo» analítico.

Recuerdo que ya declaré mi intención en la propia entrada, aunque al parecer otros deben saberla mejor que yo. Decir que la violencia no me importa y que sólo pretendo “criticar al feminismo” me parece una acusación interesada. Máxime cuando he dicho al menos dos veces (una en mi bitácora y otra en la página de Facebook) que mi espacio no es antifeminista (ni profeminista). También he tratado temas como las batidas militares en Colombia, la lapidación de hombres en los países islámicos o las víctimas civiles de la Guerra de Afganistán, entre otros, sin mencionar una sola vez la palabra “feminismo”.

Esto no quita, sin embargo, que sea crítico con el movimiento. Al fin y al cabo, el feminismo plantea que la protección de la mujer ha de tener prioridad sobre las libertades y derechos del hombre (véase la Ley Integral contra la Violencia de Género en España/LIVG, o el famoso caso de la falsa violación de Málaga en el mismo país), por lo que el conflicto es inevitable. En ese sentido es cierto que no intento sofisticar el análisis feminista.

De hecho en mi espacio he explorado causas de la violencia distintas a los roles de género. En un artículo me referí a este estudio de D.G. Dutton y T. Nichols, quienes entre otros investigadores afirman que hay diversas causas de la violencia en la pareja que son comunes a hombres y mujeres, por ejemplo: psicopatologías, dependencia emocional, incapacidad para controlar la agresividad, alcoholismo, déficit de habilidades sociales, lesiones en la cabeza, correlatos bioquímicos, disposición mental, sensación de impotencia, falta de recursos, estrés, historial familiar (violencia experimentada en la infancia, por ejemplo). Y a todas ellas añadí una más: depresión, que puede desembocar en comportamientos abusivos e incluso violencia, y donde el alcoholismo suele ser un síntoma y no una causa.

Dutton, D.G. & Nicholls, T. (2005) “The gender paradigm in domestic violence research and theory: The conflict of theory and data.” Aggression and Violent Behavior, 10 , (6), 680 – 714.

Contrastemos esto con el decálogo informativo que se impulsa desde el feminismo en la cobertura mediática de la violencia doméstica contra la mujer:

5. Nunca buscaremos justificaciones o “motivos” (alcohol, drogas, discusiones…). La causa de la violencia de género es el control y el dominio que determinados hombres ejercen contra sus compañeras.

Y punto. En resumen, una problemática que puede ser enormemente compleja se reduce a un solo hecho sin explorar causas alternativas. ¿Hay aquí interés en explorar la violencia o en traducir invariablemente toda realidad de la violencia en la pareja a ciertos dogmas inamovibles?

Podemos tener distintas perspectivas sobre las causas de la violencia, y mi trabajo se centra sobretodo en visibilizarla como un problema de género entre los hombres, pero esto no quiere decir que no me importe. Decir lo contrario es faltar a la verdad.

Segunda: estos argumentos tienen el efecto de «desviar» la discusión sobre la violencia en contra de las mujeres. En lugar de ahondar en este fenómeno, las horas y las páginas comienzan a dedicarse a desarticular estas «críticas». Y ni se profundiza en la violencia en contra de las mujeres, ni, tampoco, en la que sufren los hombres (porque este no es su punto).

Una conversación sobre los problemas de los hombres, como la que he planteado con mi recopilatorio de memes, no tiene la finalidad de distraer la atención sobre la violencia y problemas que sufran las mujeres, sino visibilizar el sufrimiento masculino desde una perspectiva de género. No tienen por qué ser incompatibles.

Ahora bien, desde la academia, los medios de comunicación, los partidos políticos, ONGs e instituciones tanto nacionales como internacionales, cuando se habla de problemas de género la mujer es protagonista absoluta e indiscutible. No entiendo por qué tratar los problemas masculinos en espacios con muchísima menos repercusión y autoridad (blogs, foros de internet, secciones de comentarios, etc.) debería verse como una amenaza, salvo que no los quieran ahí tampoco. La solución debe ser que nos callemos.

Tercera: estos argumentos se lanzan en contra de una idea que, si es que alguien la sostiene (que «todos los hombres violentan a las mujeres, que siempre son víctimas»), es marginal en comparación con los análisis mucho más sofisticados de un fenómeno que, al final, como quiera debe preocuparnos a todos (que es el de la violencia que sufren las mujeres). Me parece que discuten con un feminismo «de paja», por lo que los considero deshonestos e irresponsables (considerando, de nuevo, que prefieren enfocarse en ese feminismo de paja en lugar de discutir en serio a la violencia).

No recuerdo haber sostenido que el feminismo afirmara que «todos los hombres violentan a las mujeres, que siempre son víctimas». Si piensa aplicar esta idea a mi trabajo también estará cayendo en el argumento del hombre de paja. Lo que sí es cierto es que el feminismo considera que el hombre como grupo constituye una clase opresora y las mujeres como grupo una clase oprimida, razón por la que consideran que la agresión de un hombre hacia una mujer (particularmente en las relaciones de pareja) es más problemática que la de una mujer hacia un hombre, y de ahí las leyes que otorgan un trato diferente por sexo (como la ya mencionada LIVG).

Se trata de un discurso que culpa colectivamente a los hombres cuando señala que son necesarios cambios en la masculinidad de todos para solucionar la violencia de unos pocos. Además del artículo de El País anteriormente enlazado, en ElDiario.es encontramos un titular que incluye, “Nosotros las matamos”,  haciendo referencia a esa culpabilidad colectiva. Tampoco olvidemos el lema “No nos morimos, nos estáis matando. Alerta Feminista” empleado en una manifestación.

Cuarta: plantean una contraposición que no existe. Hablar sobre la violencia en contra de las mujeres, no implica que no se puede hablar en contra de la violencia de los hombres. Condenar la primera, no implica que no se condena la segunda. Que las mujeres sean víctimas de violencia, en ningún momento implica afirmar que siempre lo sean y que jamás sean agresoras. Lo he sostenido antes: es como si alguien, cada vez que se buscara hablar de los derechos de los niños y niñas replicara que «¿qué de los adultos?» Lo primero no excluye a lo segundo. La analogía sigue: es como si alguien le recordara a quienes hablan de cómo los niños y niñas son violentados por quienes están a su cargo, que hay niños y niñas que también agreden a los adultos. ¿Quién dijo lo contrario?

De nuevo, esto es algo que jamás he sostenido. En cualquier caso, este argumento es problemático porque en su segundo punto la autora ha señalado justamente que hablar sobre el sufrimiento masculino tiene el efecto de desviar la atención sobre los problemas de las mujeres. Podría deducirse, por tanto, que está bien hablar de la violencia contra la mujer porque no excluye al hombre, pero está mal hablar del sufrimiento masculino porque desvía la atención del femenino. Si aplicamos este razonamiento, ¿cuál es el resultado? Que se habla de los problemas de un sexo mientras que los del otro permanecen invisibles, algo que ya se está llevando a la práctica. Nuevamente, que nos callemos.

El sesgo mediático en cuanto a tratar los problemas de uno y otro sexo desde una perspectiva de género es absolutamente dispar. En un seguimiento que hice de cinco diarios digitales españoles, encontré que durante los primeros meses de 2015 hubo 190 noticias que trataban los problemas femeninos desde una perspectiva de género, frente a sólo 4 que trataron los masculinos (y de forma bastante deficiente). De hecho, los artículos que criticaban al sexo masculino fueron muchos más (16). De esto, entre otras cosas, es de lo que nos quejamos, y los “memes” son también la articulación de esta queja.

Pero no tienen por qué creerme a mí, pese a que haya citado los más de 200 artículos referidos. Hagan ustedes la prueba y sigan por dos semanas los mismos medios. El resultado no será muy diferente.

Quinta: estos argumentos no aportan nada que el mismo feminismo no sepa ya. Lo que me lleva al segundo apartado.

En el pasado pedí que se mencionaran artículos feministas sobre todas y cada una de las 41 problemáticas que menciono, y todavía nadie me los ha presentado. Si el feminismo sabe de esto desde luego no lo considera prioritario, y no se puede pretender que los hombres esperen a que alguien dentro del feminismo decida que quiere tratarlos.

Ahora examinemos la segunda parte de su ensayo, donde habla de autores feministas que han explorado el fenómeno de la violencia masculina y otros problemas.

Sigo sin escuchar un argumento por parte de los detractores de «el feminismo» que no haya sido dicho previamente por alguien dentro del feminismo.

Eso es irrelevante. No importa las diferencias que haya dentro del propio feminismo. Lo que importa es cuál constituye la corriente dominante y cuál ejerce influencia sobre los medios de comunicación y las decisiones políticas. Muestro algunos ejemplos:

Cuando en el Reino Unido el parlamentario Philip Davies propuso que el 19 de noviembre (con motivo del Día del Hombre) se hablara sobre problemas específicamente masculinos durante la sesión, la feminista y también parlamentaria Jess Phillips se opuso afirmando que la idea era “de risa”.

Por otra parte, en Estados Unidos, la propuesta de Dr. Warren Farrell de crear el Comité de la Casa Blanca para Hombres y Niños con el fin de estudiar los problemas de los varones fue rechazada bajo el pretexto de que drenaría recursos del ya existente Comité de la Casa Blanca para Mujeres y Niñas (White House Council on Girls and Women). Porque aunque existan innumerables instituciones gubernamentales y privadas tanto a nivel nacional como internacional para ocuparse de los problemas de las mujeres, que pudiera haber una sola para hombres era ya ceder demasiado.

Sobre la Guerra de Afganistán, Marit Nybakk, quien presidía el Comité de Defensa Noruego, declaró en 2002 al diario nacional Dagbladet:

Ésta es una guerra de liberación y también una guerra para liberar a las mujeres de Afganistán. Por tanto el aspecto de los derechos de las mujeres es crucial para mí. Durante muchos años he estado gravemente preocupada por la extrema opresión de las mujeres bajo el gobierno talibán. Aquí en Occidente cerramos nuestros ojos al grotesco tratamiento al que las mujeres son sometidas porque no nos afecta.

Recordemos que en aquel entonces Noruega tenía implantado el servicio militar obligatorio sólo para hombres. Pero no hubo una sola mención (en ningún país) sobre la sangre que tendrían que derramar los hombres para alcanzar dicha liberación, mientras que instituciones como el servicio militar obligatorio masculino vulneraban su propia libertad.

Pero Marit Nybakk no estaba sola. Organizaciones de peso como la estadounidense Feminist Majority Foundation también ofrecieron su apoyo a la guerra de Afganistán. La feminista Hillary Clinton, apoyó igualmente una guerra de liberación femenina que costaría la sangre de miles de hombres.

Finalmente, el gobierno Canadiense aprobó un plan para acoger a los refugiados sirios que excluía a los hombres sin familia por miedo a que fueran terroristas, abandonándolos a su suerte. Todo esto pese a que el 34% de los ataques jihadistas son cometidos por mujeres y también hay parejas jihadistas. Pues bien, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, cuyo gobierno implementó la medida, se declara a sí mismo feminista y “orgulloso de serlo”.

Todo esto sin mencionar lo que ocurre en los medios.

En resumen, si existe una crítica dentro del feminismo a todo esto, no parece haber tenido mucho efecto. Es normal, por tanto, que en lugar de esperar a que alguien dentro del feminismo decida rectificar estas injusticias, alcemos la voz y decidamos criticarlo nosotros mismos. Sin embargo, la autora pide nuevamente que nos callemos porque en el feminismo ya existe la autocrítica.

Ahora veamos cuáles son las características de los artículos citados por la autora, agrupados en categorías:

  • No son trabajos sobre el hombre (como se nos quiere presentar en algunos casos) sino que tratan al hombre de forma periférica: Angela Harris, Janet Halley, Hila Shamir, Karen Engle, Katherine Franke y Elizabeth Bernstein.
  • Tratan la violencia masculina sin explorar factores externos más allá de los roles de género (“los hombres no tienen problemas, los hombres son el problema”): Nacy E. Dowd (aunque tiene algunos destellos de simpatía), José Olavarría y Roberto Garda Salas.

Sólo los trabajos de Clara Diefenbach y Aziza Ahmed se salvan de estas dos categorías, pero este último no es accesible gratuitamente. En cualquier caso, todos los autores mencionados escribieron para un público principalmente académico, no para medios de comunicación masivos que son los que moldean la opinión pública. Es decir, a efectos prácticos son invisibles en el discurso feminista.

Por el momento sigo sin ver artículos que aborden desde una perspectiva de género casos de discriminación y violencia contra los hombres sobre la mayoría de las problemáticas que denuncio en los memes (menos aún que no se centren en factores puramente internos de la masculinidad) por ejemplo: el suicidio masculino, la discriminación del hombre en los microcréditos, la invisibilización de las bajas civiles masculinas en conflictos armados, el fraude paternal, la disparidad de penas de cárcel, la discriminación de los varones en el proceso de regularización de inmigrantes en Marruecos, los encarcelamientos de hombres por insumisión en Corea del Sur, etc.

Lo que sí encuentro es artículo, tras artículo, tras artículo, tras artículo, tras artículo, tras artículo (y más…) sobre el sexismo experimentado por las multimillonarias de Hollywood. Nada, sin embargo, sobre los reclutamientos forzados de hombres para ir a matar y morir en la guerra en Ucrania, por cualquiera de los dos bandos. Y esto al feminismo apenas le provoca un mero sonrojo.

No estamos diciendo que no deba hablarse sobre el sexismo en Hollywood, pero textos como éste dejan algo claro: la autora utiliza su acceso a medios como El Universal y en lugar de denunciar este sesgo informativo, expresa su malestar porque lo hagamos nosotros desde un modesto blog gratuito. En resumen: se pide desde los medios de comunicación masivos que nos callemos quienes hablamos desde los pocos espacios que quedan al alcance del ciudadano, con mucha menos autoridad y difusión. Porque el feminismo tiene sus prioridades, y pedirnos silencio va por delante de prestar atención a nuestros problemas.

Esta entrada fue publicada en Discriminación institucional, Feminismo, General, Invisibilidad del sufrimiento masculino, Legislación, Malos tratos, Masculinidad, Masculinismo, Medios de comunicación, Noticias, Quién se beneficia de tu hombría, Represión emocional, Violencia de género, Violencia doméstica y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

47 respuestas a Respuesta a la crítica de mi trabajo en El Universal

  1. Matihuelo dijo:

    Brillante réplica. Cada vez espero con más impaciencia tu libro.

  2. Isidro dijo:

    Excelente réplica.
    No obstante, he de añadir que, una vez más, resulta problemático apoyar la causa masculinista y declararse no contrario al feminismo. La señora que hace esa crítica demuestra (pero no solo ella, por supuesto) que el feminismo es uno más de los problemas del varón, por la sencilla razón de que el mismo hecho de denunciar los sufrimientos del hombre ofende profundamente a las feministas. Si no pedimos ayuda y atención a nuestros problemas, nos acusan de no sabernos comunicar, de no ser sociales, de cerrarnos en nosotros mismos, de no saber pedir socorro. Pero cuando nos atrevemos a mostrar nuestras heridas, les falta tiempo para reprocharnos que queremos desviar la atención de las verdaderas víctimas, las mujeres.
    Lo siento, pero no puede ser más evidente para mí que ser feminista no equivale a pedir ayuda para las mujeres sin más: no. Ser feminista consiste en pedir ayuda para las mujeres a costa de silenciar el sufrimiento de los hombres, de criminalizarlos y negarles hasta el agua. Y si bien es cierto que, por poner algún ejemplo, las asociaciones que piden ayuda para los pacientes con cáncer, no tienen por qué estar en pugna con las asociaciones que piden ayuda para los enfermos de SIDA, aquí, sin embargo, vemos, una y otra vez, que quienes piden ayuda para las mujeres SÍ están en pugna con quienes pedimos ayuda para los hombres. Habrá excepciones, por supuesto, pero son irrelevantes en el plano legal y político.
    Y todo esto ocurre porque el más férreo de los sexismos domina la mente de las feministas hegemónicas: ocurre porque en vez de ver personas que sufren y precisan atención, ven, siempre, mujeres víctimas y hombres verdugos.
    El feminismo es, definitiva, uno más de los problemas del hombre porque sus integrantes son incapaces de tenerlos en consideración y reconocerlos. Lejos de admitirlos y reconocerlos, el feminismo se limita a decir esto:
    – Los hombres hacen daño a las mujeres y los niños.
    – El masculino es el sexo privilegiado.
    – Los sufrimientos de los hombres se los provocan ellos mismos.

    Por tanto: punto en boca.

    • Isidro dijo:

      Por cierto, una cosa más. Al listado de denuncias (o “memes”, o como se quiera decir) cabe añadir esta:
      “A ninguna institución, gobierno o entidad privada o pública le importan, ni lo más mínimo, el sufrimiento de los hombres… pero no es un problema de “género”.”

      Y otra más, derivada de la anterior:
      “A los hombres no se les conceden ningún tipo de ayudas para paliar o erradicar sus problemas y sufrimientos característicos… pero no es un problema de “género”.”

      Saludos

    • Gracias Isidro. A lo que me refiero con que este espacio no es antifeminista es a que no fue creado con el objetivo de luchar contra el feminismo, sino para denunciar la misandria, la discriminación y violencia contra el hombre, vengan de donde vengan. Porque no siempre viene del feminismo. Ahora bien, esta ideología ocupa sin duda un lugar importante en todo esto y en consecuencia le he dedicado también sus artículos.

      • Sandra dijo:

        “este espacio no es antifeminista (…) no fue creado con el objetivo de luchar contra el feminismo, sino para denunciar la misandria, la discriminación y violencia contra el hombre, vengan de donde vengan.” (Carlos Rodríguez)

        Efectivamente, la misandria y violencia contra el hombre es muy anterior a la existencia del feminismo tal y como lo entendemos hoy, y es verdad por ello que la misandria es propia también de lo que llamamos aquí el “tradicionalismo”. Pero, ¿te has fijado Carlos en la línea ideológica de las personas que periódicamente entran en tu blog para atacarte? ¿Te atacan acaso los miembros de los Testigos de Jehová? ¿Te atacan acaso los mormones? ¿Te atacan acaso los del Opus? Porque todos ellos son tradicionalistas en lo que se supone que deben ser los roles de hombres y mujeres, pero ya ves, nadie de entre ellos viene a tu blog para ningunear o minimizar el sufrimiento masculino que describes. Quien haya seguido este blog podrá comprobar que las que entran a saco aquí son -casualmente- las que sostienen el discurso feminista, y lo que es más significativo, que son gente que se define como “progresista”, y en la medida que en el contexto español el discurso feminista está casi monopolizado -aunque no siempre- por la izquierda (como muestra de ello la siguiente página: http://educacion-enrique.blogspot.com.es/2014/09/una-pareja-feminista.html). ¿Por qué, entonces, el masculinismo, entendido como toma de conciencia de que los varones también sufren, no despierta interés alguno, ni a favor ni en contra, dentro del tradicionalismo, pero genera agresividad visceral en el feminismo?

      • Es una muy buena pregunta y no sé si tengo la respuesta. Creo que por una parte esta diferencia se encuentra en el hecho de que el tradicionalismo es una etiqueta externa que utilizamos para abarcar actitudes que son comunes a muchas ideologías, pero hay pocas personas que se auto-identifiquen como tradicionalistas. No creo que se den por aludidos (sí he visto a algunas personas autodenominarse con esta etiqueta, pero con los dedos contados).

        Claro que aunque no se den por aludidos, todavía podría molestarles que pretenda que los hombres sean más críticos con respecto a las expectativas que tradicionalmente se han tenido de ellos. Si no es así es probablemente porque por el momento somos un problema potencial, pero no un problema real (todavía). Y ahora mismo tienen otros asuntos más importantes con los que lidiar, como la pérdida de religiosidad en las naciones industrializadas, la libertad sexual, el aborto, la homosexualidad, etc. (aunque como el tradicionalismo engloba tantas cosas, no siempre todas sus vertientes se ven amenazadas por los mismos fenómenos).

        Con el feminismo, sin embargo, creo que tocamos temas más centrales para su identidad, porque ponemos en duda conceptos generalmente aceptados como el de privilegio masculino y muchos otros aspectos de las relaciones de género.

        PD: prefiero que no mencionemos el espacio de Enrique porque éste fue expulsado de aquí y no va a poder defenderse.

    • Jeipi dijo:

      No, no creo que nadie deba definirse a sí mismo como antifeminista si no quiere ser mal interpretado.

      Haciendo una alanogía con el nacionalismo, vamos a suponer una nación, a la que llamaremos Equis, en que se ha desarrollado un movimiento nacionalista llamado “equisismo”, cuyos partidarios, como de costumbre, se erigen en portavoces de la nación entera sin importarles el apoyo social que tengan en realidad. Así las coses, cualquiera que se atreva a criticar el equisismo será tildado inmediatamente de antiequisista, y ello (con la valiosa colaboración de la propaganda equisiista, huelga decirlo) no se interpretará como que es contrario a la doctrina del equisismo, sino que directamente se le declarará enemigo de Equis.

      Con el feminismo pasa igual: para la opinión pública influïda por el discurso feminista un antifeminista no es alguien que discrepa total o parcialmente de la doctrina feminista, sino un misógino de la peor especie. Cuidado, pues, con ciertas etiquetas que podrían ser como dispararse al pie.

    • Anónimo dijo:

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  3. Ivan Beisel dijo:

    Felicitaciones Carlos. Admirable tanta paciencia para lidiar con una inquisición ideológica que recurre constantemente al doble discurso para manejar la opinión pública.

  4. Roberto dijo:

    Tío, eres un fenómeno, algo así como el Christopher Hitchens del tema. No me gustaría tenerte de oponente en un debate

  5. Erneto dijo:

    Carlos, con esa capacidad argumentativa que posees es sumamente probable que llegues a ser un gran exponente del masculinismo, muy difícil de pelar. Gracias por darnos esperanzas y cuídate mucho de los que ostentan el poder porque tu nombre cada artículo llega más y más lejos. Un abrazo.

  6. Babel dijo:

    Carlos, el feminismo pretende invisibilizar nuestro sufrimiento, silenciarnos y criminalizarnos.
    Han demostrado sobradamente que son nuestros enemigos. No creo que sea posible luchar por los derechos de los hombres sin ser antifeminista, ya que hay un lavado de cerebro y una ingeniería social constante por parte de esa “secta-religión-ideología” diciendo que no merecemos que se nos escuche y que somos una raza inferior responsable de los males del mundo.
    Hay una palabra que ya sabes cuál es que no quieres que se utilice en tu blog pero que a mí me parece que está muy bien traída precisamente por los parecidos propagandísticos.
    El feminismo ha demostrado de sobra ser enemigo de los hombres, eso es un HECHO y no es opinable.
    Lo opinable es si a nivel estratégico es conveniente decir eso a las claras. Está claro que para ti es contraproducente, puede que tengas razón pero yo tengo mis dudas.
    Con un discurso más agresivo quizás conseguiríamos polarizar a la sociedad para que el asunto salga más a la palestra. De todas maneras es una opinión que ni siquiera yo tengo clara.
    ¿Cómo lo ves?

    • Gracias Babel. Como le dije a Isidro, cuando digo que este blog no es antifeminista me refiero a que no fue creado con el propósito de criticar al feminismo, sino denunciar todas las formas de misandria, discriminación y violencia contra el hombre (vengan del feminismo, del tradicionalismo o de otra parte), lo cual no me impide ser crítico con este movimiento.

      https://quiensebeneficiadetuhombria.wordpress.com/2014/09/21/lo-que-la-falsa-denuncia-de-malaga-nos-revela-sobre-el-pensamiento-feminista/

      Mi idea desde el principio fue crear un espacio para atraer a los moderados, o a aquellas personas que no se han formado todavía una opinión en esto. Si mi estrategia está funcionando, no lo sé. Pero estoy en buenas condiciones para hacer esto porque afortunadamente no he sido víctima del sistema judicial ni otras injusticias que puedan radicalizar el discurso de uno. Quiero aprovecharlo porque creo que voces más polarizadas ya hay bastantes, pero son pocas las moderadas, especialmente ahora que Emilio Prieto ha cerrado su espacio (le escribí un correo electrónico pero todavía no he oído nada de él, espero que esté bien).

      • Enric Carbó dijo:

        Me llevé una sopresa de ver el blog de “personas no género” cerrado cuando fuí después de unas semanas de ausencia. No sé qué pasó. Espero que vuelva, pues su debate era muy enriquecedor

      • El blog siempre ha tenido artículos muy buenos, pero el “el centro y la periferia de los sexos” era una joya. Aunque decida no volver, espero que los ponga a disponibilidad del público.

  7. Babel dijo:

    Espero que la gente moderada vaya razonando mediante tu estrategia.
    Muchas veces pienso que la clave está en que toda esa masa en internet que se opone a lo que está ocurriendo, sea en tu espacio o en otros, hable a las claras y con rotundidad en su vida real.
    Lo que pasa es que vivimos en la sociedad que vivimos y no es fácil hacer eso, te puedes jugar que te hagan la vida imposible en tu trabajo, que tengas problemas en las relaciones sociales o incluso llevarte algún puñetazo de algún exaltado.
    Supongo que aún no hay una masa crítica, pero el día que la haya las cosas tendrán que acabar saliendo a la luz.
    Siendo optimista, creo que en España pasará con el feminismo lo mismo que pasó con el dictador Francisco Franco, que una vez muerto resulta que todos habían sido demócratas toda su vida, no sé si me explico.

    • Imagino que habrá gente a la que sea más fácil llegar con mensajes más rotundos, y otros con un tono más moderado, por eso es bueno que haya de todo. Lo que no debemos perder de vista es que el feminismo (o al menos su vertiente político/mediática) es sólo una parte de los problemas que afectan al hombre.

      • Raúl dijo:

        Más allá del feminismo hay un mundo grande y complejo, siendo lo primero, más bien, un pequeño puñado de paja, en un pajar. Aunque es cierto que ese puñado es la cabeza oficial e ideológica de un problema que potencia e invisibiliza todos aquellos problemas que han dañado y dañan a los varones por razón de sexo. Pero no nos engañemos, este pequeño puñado ha continuado lo que ya existía en la sociedad, lo único que han hecho es estirar el problema hasta un grado destructivo e inhumano, como podemos ver hoy día. Siendo más una continuación ”sofísticada” e ideológica de lo que era; que una innovación, salvo ciertos matices. Carlos dice algo lógico, pero que poca gente quiere ver, basicamente porque no le interesa. Y es que la clave, es estar sensibilizado con los problemas que han padecido y padecen los varones por razón de sexo. Ese movimiento ideológico es la punta de iceberg. Que puede entorpecernos a la hora de quitar bloques de hielo, pero sin este, seguiríamos teniendo prácticamente los mismos obstáculos, y es que hay una estructura social bien formada desde hace milenios, que ha cambiado superficialmente según los sistemas imperantes. Pero los valores e intereses más internos (muchos de ellos negativos) siguen igual o más vivos que nunca. No creamos que las sociedades pasadas estaban peor que la actual. Es un pensamiento muy soberbio e ingenuo. Hoy, nos cuentan los qué quieren del pasado y cómo quieren; en consonancia con el sistema hegemónico. Considero, que la principal lucha debiera ser a favor de la visibilización y sensibilización de los problemas del varón por razón de sexo. Dejando libertad de decisión a aquellos que quieren enfocarlo de otro modo, por supuesto. Pero sin imponerlo, que es lo sucede con el ya mencionado movimiento ideológico.

      • Isidro dijo:

        Coincido con Raúl en que el problema no es de ahora. El feminismo -lo he dicho bastantes veces- es una suerte de continuación de lo que siempre ha habido, aunque, eso sí, con ciertos cambios aberrantes en contra del hombre, como, por ejemplo, la ausencia de reconocimiento en todos los sentidos de la palabra. Pero, en esencia, no hay nada nuevo. Discrepo con Raúl, sin embargo, en que el problema resida en “estructuras sociales bien formadas desde hace milenios”. Mejor dicho, no es que discrepe de esto, pues es cierto, pero no creo que sea la verdadera semilla ni del orden llamado “tradicional” ni del feminismo. Tradicionalismo y feminismo son, en lo esencial, indistinguibles. La semilla para ambos fenómenos es una y la misma: los instintos. El ser humano -nos advierte con acierto Pinker- no tiene menos instintos que los demás animales: tiene más. Pero nos confunde nuestra soberbia de especie superior. Nos confunde el hecho de que seamos la especie más inteligente del planeta. De hecho, infinitamente más inteligente que cualquier otra especie de la Tierra. Creemos estar gobernados únicamente por los dictados de la razón y la lógica. Creemos que si los hombres van a la guerra o arriesgan sus vidas en trabajos peligrosos y las mujeres paren, crían y educan a los niños es porque lo hemos decidido de manera consciente así, que es una construcción social más, como lo puede ser una concreta moda en el vestir. ¿Pero no ha de resultar sospechoso que esto sea así en todos los lugares del mundo y propio de cualquier época? ¿No es sospechosa esta universalidad? La ideología de “género” se basa, precisamente, en la creencia de que los varones han diseñado las sociedades humanas a su antojo, de suerte que los papeles típicos de los hombres y de las mujeres son, en realidad, intercambiables y mutables. Bastará con decidir lo contrario a lo socialmente prescrito hasta la fecha. Bastará con afirmar que esos papeles sociales son producto de una construcción y, al fin, de una tradición. ¿Tradición? ¿Seguro? ¿No será, más bien, naturaleza?

        Ah, pero si fuera cuestión natural (y no, meramente, tradicional), ¿no estaríamos, acaso, condenados a perpetuarla generación tras generación? Mi respuesta es que no lo sé. No creo que nadie lo sepa. El temor al determinismo de lo natural aflora en los detractores de la biología aplicada a la conducta humana. Sin embargo, nuestro temor a que algo sea de una determinada manera y no de otra, no refuta ni prueba absolutamente nada: la realidad es ajena a nuestros deseos, no se ve afectada por ellos. Por otro lado, lo que sí sabemos es que el miedo al determinismo de lo natural es, en gran medida, infundado, pues todos los días y a cada momento demostramos que podemos controlar nuestros impulsos social o moralmente no adecuados. En qué medida pudiéramos oponernos con nuestra razón al instinto de que el varón es el sexo desechable (frente a la vida de las mujeres y los niños), es algo que se me escapa. ¿Seríamos capaces de ordenar un mundo en el que las mujeres fueran tan desechables (tan valiosas, por tanto) como los hombres? Nuestra razón nos indica que la vida de un hombre debe ser tan valiosa como la de una mujer, pero lo cierto es que esto es algo que solo se cumple en el plano teórico; tal vez ni en este. La realidad es que ninguna sociedad ha probado esto en el terreno empírico. En todos los lugares del mundo los hombres mueren antes que las mujeres, y de formas más dramáticas y violentas, sin que nadie lo considere una tragedia “especial”. Lo “especial” en este sentido siempre tiene cara de mujer o niño muerto o interfecto (no digamos si el niño es de sexo femenino). Siempre. Por tanto, insisto, si este orden natural es susceptible de ser modificado por los dictados de la razón, lo ignoramos.

        Ahora bien, en mi opinión, solo estaremos en disposición de hacer frente a estos problemas (organizar sociedades en que la vida de hombres y mujeres valgan lo mismo) si, de una vez por todas, nos atrevemos a mirarlos a la cara, de frente, sin autoengaños o vanas esperanzas. Pues si seguimos creyendo (con las feministas, por cierto) que lo que tenemos es “género” y no sexo, dando a entender que ha sido la razón quien ha decidido que los hombres sean el sexo desechable, nada cambiará. Si realmente estamos ante un instinto muy potente, no nos queda más remedio que reconocerlo como tal, haciéndonos conscientes de que nacemos afectados de un sesgo perceptivo muy potente que nos hace considerar de manera diferente la vida de hombres y mujeres.

        Pinker trató cuestiones análogas en su La Tabla Rasa. Demostró que ningún programa “educativo” o “reeducativo” funciona para reintegrar en la sociedad a los violadores o pederastas. Y no funcionan porque el problema no es, como quieren las feministas, educativo. Han de tomarse otras medidas: medidas biológicas. ¿Qué ocurriría si ya todo el mundo estuviese convencido de que las diferencias sociales entre hombres y mujeres tienen un origen natural y que, por seguir con el ejemplo anterior, vemos NATURAL que el hombre sea el sexo desechable frente a la mujer? ¿Bastaría con tomar conciencia de ello y de tratar de “corregir” el sesgo perceptivo con medidas impuestas por la razón y el cálculo lógico, de manera similar a como corregimos por sistema la dirección del cañón de una escopeta cuando constatamos que desvía el disparo hacia un determinado lado? ¿Bastaría con eso o, más bien, precisaríamos de investigaciones cerebrales cuyos resultados nos permitieran “corregir” ese sesgo perceptivo natural?

        Aquí lo dejo. Huelga decir que todas estas cuestiones plantean problemas de dimensiones formidables, inaccesibles a mi entendimiento. Porque, por otro lado, tampoco sé qué repercusiones podría tener para la humanidad intentar cambiar nuestra propia naturaleza, bien por vía educativa (¿suficiente con ella?), bien por vía cerebral o química. Quizá, si la ciencia (psicológica o biológica) fuera capaz de doblegar ciertos instintos (sesgos perceptivos), también llegásemos a la conclusión de que más nos hubiera valido hacer experimentos con gaseosa.
        No obstante, sí hay algo a lo que no debemos resignarnos ni debemos permitir: los hombres han sido desde siempre carne de cañón (en modo alguno insinúo que las mujeres hayan llevado una vida de rosas), siempre se han sacrificado por sus familias, clan o patria, cierto; y así ha sido siempre, sin que ningún hombre se alzara contra ese débito hacia las mujeres. ¿Cuándo se han alzado algunos hombres contra ese orden? No cuando la vida de los hombres ha sido más desechable que nunca, pues no mueren más hombres hoy en las guerras o en el trabajo que en pasados siglos. No hay hoy más sacrificio masculino que ayer. Entonces, ¿por qué hoy algunos hombres se rebelan? ¿Contra qué se rebelan? En realidad, no se rebelan contra el terrible hecho de que sus vidas sean desechables. No. Su rebelión (nuestra rebelión) es contra la actual ingratitud de algunas mujeres (sean muchas o pocas) y algunos hombres (sean muchos o pocos) y de la pavorosa criminalización que el feminismo hace del hombre; pues una cosa sí tengo clara: si el feminismo no hubiera atacado tan brutalmente al hombre, los hombres seguiríamos sin plantearnos si es justo o no es justo que los varones sean el sexo desechable, el sexo que ha de sufrir sin tener derecho a quejarse. Seguiríamos siendo carne de cañón y de andamio, ciegos por completo a si eso es o no justo. Lo sangrante, la espuela que nos ha despertado es la que nos clava todos los días el feminismo, el cual nos dice que, además de desechables, somos despreciables. Y hasta aquí podíamos llegar.

      • Raúl dijo:

        No considero que los valores que se inculcan en la sociedad a lo largo del tiempo, mediante la estructura perpetua, sea el único origen de nuestro comportamiento. Isidro, si recuerdas intervenciones personales, verás que me decanto por el biologicismo y conductismo, para explicar muchos comportamientos del pasado y el presente. También debo decirte que has hecho bien en discrepar, ya que en ningún momento menciono lo que en verdad compartimos. Pero mi texto iba enfocado a comentar 2 claves, por un lado el feminismo como ente continuador de unos comportamientos sexistas y retrógrados pero con piel cordero, y la realidad del sufrimiento/desventajas de los varones por razón de sexo. Desde una óptica superficial, es decir, sin entrar en detalles, tales como el instinto y la educación en el sentido más extenso de la palabra. De ahí que no lo haya mencionado.

        Y siguiendo con lo que nos has facilitado. Creo que el varón y la mujer son lo que son (en general), por pura necesidad, y eso tiene que ver mucho con el instinto y la educación, esta última, potencia ciertas tendencias naturales para fortalecer la especie, haciéndola más evolucionada y resistente. El problema viene cuando el interés y el egoísmo en el animal, y más complejo en el humano, empieza a actuar. Cuando se prioriza el bien de la tribu, la familia, el poder (de unos pocos) sobre el individuo, más si este carece de incubadora, debido a la importancia de este elemento a lo largo del tiempo. O bien las envidias, malentendidos, avaricia, violencia desmedida, amores…que desembocan en el uso irresponsable y malicioso de esas estructuras instintivas y conductivas. Para terminar, me ha gustado lo último que has comentado, puesto que es algo que defiendo. Acerca del feminismo y la ceguera social con respecto a la situación del varón, por parte del sexo masculino en especial. En este caso se podría decir que, no hay mal que por bien no venga. Hoy, ese abuso está haciendo despertar al varón del letargo y ver la realidad, porque no es que lo realicen por propia convicción, sino que consideran que es un privilegio, que es lo mejor. Y ahí, no están siendo realmente conscientes de la importancia de sus actividades y el sacrificio que realizan. Además hoy, puede ser más fácil (concienciar, denunciar), gracias a la existencia de un ente oficial que contiene ciertos valores antivarón, misándricos, que siempre han existido, pero desde la sombra, de facto, complicando aún más su visibilización.

      • Isidro dijo:

        Hola, Raúl. Te contesto en “Comentarios fuera de tema” para no desviarnos demasiado del artículo de Carlos.
        Saludos.

  8. Babel dijo:

    Por cierto, ya que te citaron en México quiero aprovechar para lanzar un abrazo a los habitantes del país centroamericano. Lo que no quiero para España tampoco lo quiero para otros países.
    Siento que les pase igual que a nosotros y tengan que sufrir la ideología de género.

  9. Ivan Beisel dijo:

    Por cierto, una pequeña pregunta. Qué opinan de warren farrell? No tuve la oportunidad de leer alguno de sus libros. Creen que es un trabajo serio y riguroso, o más bien propagandístico? Escucho propuestas de lectura.

    • Warren Farrell es probablemente el autor que más puedo recomendar. Es una verdadera pena que no haya una traducción al español de su obra.

      • Ivan Beisel dijo:

        Me las arreglaré con el inglés😉

      • Enric Carbó dijo:

        Estoy de acuerdo. Warren Farrell me parece el autor de referencia para todo estudio o debate de género. No sólo por la calidad y profundidad de sus investigaciones sinó también por su historia personal. Estuvo en el consejo de dirección de la organización feminista más importante de EEUU, el primer hombre que entró ahí (no sé si después ha entrado alguno más).
        Después evolucionó y se alejo. Una de las cosas que más me gusta de él es que nunca ha escrito desde el revanchismo, sus esfuerzos siempre son inclusivos y nunca ha renegado de los avances que el feminismo clásico han traído a la humanidad. Tiene una alta capacidad compasiva, y esto se puede ver en algun video cuando debate con alguna de esas periodistas feministas condescendientes y despreciadoras de lo que cuestione el dogma (“resulta que los hombres también sufren ¡Anda ya!”). Me parece que su gran calidad argumentativa lo habrá invisibilizado, pues no sirve para el típico pim-pam-pum que tanto le gusta al feminismo institucional como a la cultura pop feministamente correcta de los mass media

  10. Filósofo dijo:

    ¡Muy buenas! Primero lo primero: quiero felicitarte, Carlos, por tu blog, por tratar de manera extraordinariamente razonada y detallada los problemas de los hombres en nuestra sociedad. Hace tiempo que sigo el blog, aunque no he participado hasta ahora, entre otras cosas porque mis puntos de vista ya habían sido reflejados en otros comentarios. En este caso quisiera manifestar mi apoyo, y aportar mi opinión a la comunidad.

    Personalmente, pienso que el feminismo, dejando aparte la justicia o no de sus planteamientos y fundamentes, está sufriendo ahora de un exceso de éxito: esto es, ya ha cumplido los objetivos que se planteó en un principio, y ahora se encuentra con una base de poder que no quiere perder (por naturaleza humana básica). Por tento, es necesario justificar la necesidad del movimiento, y mantener esa base de poder, de la manera que sea, buscando nuevas justificaciones y objetivos.

    También pienso que no hay nada malo en replantear el contrato social entre los hombres y las mujeres, al haber cambiado las circunstancias, siempre y cuando dicho contrato se renegocie para ambas partes de manera justa.

  11. Hola.

    Va mi respuesta a su crítica:

    1) Releyéndome, cambiaría una palabra: “En meses recientes he visto distintos memes que han adquirido una popularidad inusitada que pretenden «recordarnos» cómo, si lo que se busca es la verdadera igualdad, no hay que olvidarnos de cómo los hombres también sufren y las mujeres también violentan. La compilación más memorable que he visto de estos argumentos es la de «La discriminación masculina en 41 memes».” En lugar de argumentos, pondría memes. Mi punto era referir más a los memes, que a su artículo en sí. Creo que, a diferencia de la gran mayoría de las personas que he leído, usted, en efecto, hace un esfuerzo por argumentar el problema que ve (que es, según entiendo, el tratamiento mediático dispar que observa en torno a los problemas de discriminación por género que viven los hombres en comparación con los que viven las mujeres). Y creo que esto es algo obvio para quien se moleste en leerlo: usted trata de argumentar y quiere “avanzar” la conversación. (Sobre si estoy de acuerdo o no con su análisis, ese ya es otro debate. Lo que es obvio es que usted debate.) (Mandé hacer esta corrección a mi artículo en El Universal. Asumo que para mañana ya va a estar lista.)
    2) Como escribí: “En la gran mayoría de los contextos en los que se lanzan estos argumentos, me parecen problemáticos.” En la gran mayoría de contextos, porque creo que lo hacen con la mera intención de desacreditar un movimiento (que ni acaban de conocer) y el efecto que generan es que se desvíe la conversación (sin, tampoco, ahondar en el “punto” que tanto quieren señalar). Hay excepciones. Respeto a quienes hacen un esfuerzo por llamar la atención sobre la discriminación por género que viven los hombres y a quienes estudian cómo las mismas mujeres reproducen el género (peor aún: con violencia), cuando genuinamente quieren avanzar nuestro entendimiento del fenómeno. De ahí que haya escrito que: “las ideas que plantean [quienes lanzan estos argumentos] no siempre son problemáticas”. Agregaría ahorita: no solo no son problemáticas, sino son necesarias.
    3) Supongo que de los artículos que cité extraemos cosas distintas. Yo en Angela Harris leo una preocupación genuina por cómo la violencia de género afecta no sólo a “mujeres” y “minorías sexuales” sino a los “hombres heterosexuales”; por cómo el sistema carcelario desproporcionalmente afecta a hombres afroamericanos. Que es un punto que también hace Dowd: cuando un espacio está repleto de personas del mismo sexo —como las cárceles— se nos olvida que hay un componente de género importante ahí también. Si bien no cité ningún artículo en referencia a lo militar, siempre me ha parecido problemático que sean los hombres quienes tienen que cargar con el peso de la guerra (en México sigue siendo así legalmente, algo que me parece sumamente cuestionable desde una perspectiva constitucional). Lo mismo para el tema de la guardia y custodia: que se siga presumiendo que la madre siempre es mejor para los niños y niñas menores de cierta edad es más que cuestionable, por muchas razones (y también me parece inconstitucional). En el artículo de Shamir, yo leo una crítica a cómo el feminismo que se ha implementado en el derecho internacional de la trata se ha enfocado tanto en la trata sexual, que ha obviado otros tipos de trata (que afectan más a hombres, por cierto). Las críticas de Bernstein, por ejemplo, tienen que ver con cómo quienes están detrás de la trata tienden a demonizar a los hombres, reduciendo un complejo problema social a una falla individual (o sea, “aguas feministas con reducir al hombre a un perverso”). El de Franke, a mi entender, pretende tratar de dilucidar qué pasa con el acoso, a partir de un caso que sucede entre hombres (que a mí me parece ejemplifica perfectamente cómo los mismos hombres están sometidos a violencia de género, solo que en esta ocasión, es a manos de otros hombres). En fin: yo en artículos como esos leo un interés en ir más allá del “todo el problema son los hombres”, “los hombres nunca sufren” y “las mujeres siempre son buenas” (victimismo que también ha sido criticado).
    4) Sobre su punto de que estos artículos son “académicos”, supongo que aquí es donde nuestros objetivos ya son distintos: mi punto era criticar a quienes con los tres “argumentos” que identifico, buscan simplemente desacreditar al feminismo, sin conocerlo (y dando ejemplos de cómo muchas de las críticas ya han sido incorporadas por el mismo feminismo); su punto es que existe un tratamiento mediático dispar a ciertos problemas de discriminación por género. Aunque, ya que lo pienso, hasta parece que queremos lo mismo: que ciertas ideas que no son tan conocidas, lo sean. (Y, por cierto: también ha sido criticado cómo existe mucha tinta derramada por el sexismo en Hollywood, cuando hay otros problemas más apremiantes que atender, incluso para las mismas mujeres. Ja.)
    5) Sin duda: no tienen que esperar a que alguien dentro del feminismo escriba sobre los problemas que usted y gente como usted identifican. Y por supuesto que tampoco esperaría que cualquier persona que se dedique a estudiar la discriminación por género —como usted— se identifique como feminista. Pueden hacer los estudios cuando quieran, como quieran, enunciándose como más les plazca. Y, al menos yo, cuando vea un esfuerzo así de genuino por entender algo, lo leeré, se llame “feminista” o no.
    6) Por último: yo no pido que se callen. Yo hago una crítica a ciertas reacciones, tratando de decir por qué me parecen problemáticas. ¿De cuándo acá que una crítica es pedir que la gente se calle? Concluyo así: “Valga todo esto para decir: antes de descalificar a todo un movimiento, quizá valga la pena que las personas se pongan a investigar sobre él. En una de esas hasta se encuentran a una aliada feminista de la cual pueden aprender cómo hacer crítica que sea útil para erradicar la violencia. Porque eso es lo que tanto dicen querer, ¿no?” Invito a que investiguen, antes de descalificar al movimiento. Eso no es callar. Si lo que yo he escrito a usted le parece equívoco, criticable, estúpido, etcétera, por supuesto que usted puede decirlo. O no. Ese es su derecho. ¿Que me encantaría que ciertas personas dejen de decir, solo por desacreditar a un movimiento sin tener el más mínimo interés de dialogar y profundizar sobre un problema social dado, que “no todos los hombres son malos”, que “los hombres también sufren” y que “las mujeres también son violentas”? Por supuesto. Pero si ese es mi objetivo, la única manera legítima de lograrlo es argumentando. Si no logro convencer, pues qué mal yo. Pero ese es el juego de la libertad de expresión.

    • Gracias por la considerada respuesta, Estefanía.

      Si he entendido bien y te referías a los tres argumentos del enunciado de tu escrito y no necesariamente a mi artículo, entonces la conversación sería distinta. En todo caso subrayo que mi recopilación tenía el objetivo declarado de dar más visibilidad a los problemas del hombre desde una perspectiva de género porque rara vez se consideran así.

      Entiendo que en el mundo académico puede haber escritos más sofisticados que no criminalicen al hombre y tengan una perspectiva más próxima a la que sostenemos en este espacio. Yo mismo he citado en esta bitácora los escritos de algunas autoras feministas, particularmente Ernestine Friedl, Barbara Voorhies y Kay Martin, para hablar de los orígenes de los roles de género y el dominio masculino en el ámbito público. Su explicaciones (no justificaciones) eran bastante razonables y derivaban de adaptaciones de los grupos humanos a su entorno inmediato.

      El problema es que estos escritos rara vez salen del mundo académico para tener un impacto en los medios y el discurso público. Recuerdo un artículo del diario español El País, publicado en su sección Mujeres que intentaba explorar los orígenes de los roles de género (reduciéndolos a la palabra “machismo”, que ya es un mal punto de partida) e ignoraba por completo los trabajos de estas autoras para citar otros mucho más especulativos, y terminar declarando que el tema era algo así como un misterio, pese a la existencia de teorías más sólidas como las de estas tres autoras (no estoy diciendo que ellas tuvieran necesariamente razón, pero al menos tenían una explicación bastante plausible). Por el momento la pseudo-teoría de Gloria Steinem y derivadas tienen más popularidad que las empleadas por antropólogas feministas como Friedl, Voorhies o Martin. Quizá no en los círculos académicos, pero sí en el imaginario popular, al menos por las interacciones que he tenido sobre este asunto con otras personas tanto en esta bitácora como fuera de ella.

      Hay más temas donde se puede ver un proceso parecido, pero escojo éste como ejemplo. Y me hace llegar a la conclusión de que aunque efectivamente existan artículos y teorías feministas que no culpabilizan al hombre y considero más razonables, por alguna razón no se prefieren ni se les da prioridad dentro del discurso feminista mayoritario. Dar a conocer estos artículos te honra, pero entenderás que muchos no los consideramos representativos por estas razones.

      Aunque no estemos de acuerdo en muchas cosas agradezco que te hayas pasado por aquí para aclarar tu postura. Si hay algo sobre lo que quisieras clarificación, no dudes en escribir.

      Saludos

    • Murphy dijo:

      “porque creo que lo hacen con la mera intención de desacreditar un movimiento”

      “buscan simplemente desacreditar al feminismo, sin conocerlo”

      “me encantaría que ciertas personas dejen de decir, solo por desacreditar a un movimiento”
      ———-
      Demasiados “juicios de intenciones” para mi gusto. Pero admitamos la “considerada respuesta” después de todo.

      Ahora quien necesita clarificación soy yo, Estefanía. Leo tu artículo, con 3 comentarios por respuesta, y tu comentario aquí, y lo contrasto con este: http://www.eldiario.es/zonacritica/miedo-feminismo_6_457814257.html con 168 comentarios actualmente y en el que se dice que “El feminismo concede capacidad y derechos a la mujer, antes reservado sólo a los hombres. “Favorecerla” sólo para contrarrestar el hecho de que es la desfavorecida en estos momentos: favorecerla para que la balanza se equilibre, sin más.” Algo con lo que no se si todas las autoras que citas estarían de acuerdo.

      Y me pregunto:
      ¿En serio no conoces ese “feminismo”? ¿Crees que el “feminismo” que tu expones y ese, que considera (por definición) que todos los hombres están arriba y todas las mujeres están abajo, son compatibles? ¿Alguna feminista de las que citas o de tu entorno ideológico ha dicho o va a decir algo al respecto? Y si no ¿podemos decirlo nosotros?. Si lo hacemos, ejerciendo lo que tú consideras un derecho (no callar) y a renglón seguido nos acusan de neomachistas ¿vas a seguir manteniendo que discutimos con un feminismo “de paja”?

      Siento decirlo, porque me gustaría que no fuese así, pero un comentario como el tuyo en esta bitácora tiene una repercusión ínfima respecto al artículo que he enlazado. Esto no es opinable, es medible: no habría más que ver el número de visitas, comentarios, citas, etc. No es porque sea a lo que nos dedicamos exclusivamente, pero creo que es bastante injusto que digas que “discutimos con un feminismo de paja”. Aquí el peso de la paja lo llevamos nosotros. Tus citas a autoras feministas preocupadas por problemas de los hombres son irrelevantes. Bienvenida a la irrelevancia, Estefanía.

      • En la misma tónica justiciera que usted reclama, le invito a revisar los comentarios del texto de Estefanía Vela y del de Carlos Rodríguez, y a hacer un ejercicio de estadística simple en cuanto a la cantidad de comentarios a favor (algunos sumamente efusivos en su encomio) y en contra (algunos sumamente groseros y denostativos) de cada uno.

        I rest my case. Saludos cordiales.

      • Murphy dijo:

        A Elizabeth Corrales: no entiendo a qué punto quiere llegar con esa revisión y esa estadística. Si lo puede aclarar se lo agradecería.

        Se a dónde quería llegar yo, aunque no se me haya entendido (o no me haya explicado lo suficientemente bien). Intento demostrar lo erróneo de tildar a cierto feminismo como “feminismo de paja”. Ese feminismo tiene bastante peso: es mayoritario. Intentaba demostrar que aquí quienes no tenemos ningún peso en la sociedad somos los que opinamos en esta bitácora y las feministas académicas preocupadas por los problemas de los hombres que cita Estefanía. Espero haberlo aclarado.

    • Isidro dijo:

      Buenas tardes, Sambuca.
      No es usted la primera que nos reprocha criticar el feminismo sin conocerlo. Créame, es la cantinela de siempre. Tal vez alguna de ustedes (las que se identifican como feministas) deseen realmente la igualdad entre hombres y mujeres, pero lo cierto es que no son inquietudes que a los hombres nos reporte algún beneficio REAL. Porque lo que nosotros vemos todos los días y sufrimos todos los días es una permanente campaña de criminalización del varón. Y no solo campañas teóricas, no: también leyes que nos cicatean o roban derechos elementales. Como usted es una persona instruida e inteligente, no creo necesario enumerar aquí ningún listado de afrentas perpetradas contra el hombre a cargo de los gobiernos dominados por el feminismo oficial. Ni creo necesario elaborar otro acerca de las medidas legales aprobadas en muchos países para favorecer y privilegiar a las mujeres. No lo creo necesario porque, como usted puede comprobar, este mismo blog ofrece abundante información sobre estas cuestiones. Pero si usted (o ustedes) se empeña en seguir afirmando que el feminismo sí está interesado en el sufrimiento de los hombres y en paliarlo o erradicarlo, yo le voy a pedir a usted que por favor me diga aquí UNA medida, UNA SOLA medida que los gobiernos que usted conozca hayan tomado en favor de los hombres por el hecho de ser hombres. Una sola medida institucional o política aprobada para paliar el sufrimiento de los hombres en cualquier problema que les afecte.
      Si usted nos aporta alguna prueba en este sentido, estaremos en condiciones de proseguir la discusión. Pero si usted no la aporta, para mí el debate esta cerrado. Muerto antes de nacer.

      Reciba un cordial saludo.

      • Chico Transgenero. dijo:

        Hola Isidro, después de haberme encontrado con la “infame” publicación de los memes, siendo feminista, termino también sintiéndome atraído a este blog y comprendiendo cada vez mas la postura o como lo han llamado algunos en mi feed de facebook “la otra cara de la opresión”, tremendo nombrecito.

        Aquí quiero dejarles una publicación de El Universal, que data del 2007 donde relata sobre el proceso legal de un hombre para recibir pensión por parte de su ex mujer después del divorcio. Es curioso que sea tambien de El Universal.
        http://archivo.eluniversal.com.mx/nacion/147574.html

        Les dejo también uno que data del 2014 de un diario Nicaragüense donde no solo se habla sobre la pensión alimenticia por parte de un ex cónyuge, podría interesarles.
        http://www.elnuevodiario.com.ni/politica/323505-hombres-pueden-demandar-pension-alimenticia/

        Y aquí un enlace a un diario también mexicano sobre una situación a la inversa de lo que se ve comúnmente, en la capital de nuestro país. Agradecería que se tomen un momento para leerlo.
        http://www.milenio.com/df/Dan-pension-alimenticia-mil-mujeres_0_419958008.html

        Cuando este comentario sea moderado quiero hacer saber al administrador que verdaderamente estoy disfrutando de dialogar, leer y entender en su álbum de facebook porque es absurdo defender un pensamiento humanista sin estar abierto al aprendizaje, sobre todo cuando este implica la seguridad e integridad de otros seres humanos. Llegué aquí y con igual pasión estoy disfrutando de los argumentos que sostienen en los comentarios, ya son las 5 de la mañana y yo aquí emocionado leyendo cada replica de usted Isidro, Babel y otros, siento que el cerebro se me inflama de tanto conocimiento. Estoy verdaderamente agradecido.

      • Gracias por los enlaces. Bienvenido.

  12. Lauri dijo:

    Sigo pensando que las mujeres, históricamente, hemos estado en franca desventaja. Económica, social, cultural y políticamente. Apenas a finales del siglo XVIII en Europa podíamos guardar nuestro propio dinero y hasta 1924 en Inglaterra no se nos permitía entrar a solas a una biblioteca. Creo que el feminismo es importante como corriente para criticar esta desigualdad histórica, ha tenido muchos aciertos y, claro, desaciertos. Sin embargo, no se puede negar la inteligencia de su réplica y me digo “este hombre tiene sus puntos”. Agradezco poner en polémica lo que creo, además de que tuve una buena plática con mi esposo, luego de su publicación. Llegamos a muchos puntos de vista en común. Hay temas de la violencia contra los hombres en los que no había pensado hasta que usted los dijo y muy bien dichos. Usted nunca se calle🙂

  13. Filósofo dijo:

    En realidad, creo que no deberíamos entrar en el “pues mi grupo más”. Personalmente pienso que los roles(entendiéndose como sus derechos y sus deberes) de hombres y mujeres han sido dictados por la necesidad ante todo, variando estos deberes y derechos según las condiciones en la zona en la que se viviera, pero siempre de una manera equilibrada.

    Lo de equilibrado, lo sostengo por varios motivos:

    -En la historia de la humanidad, ha habido un gran número de enfoques o aproximaciones a la cuestión de formar una sociedad. Las sociedades que han triunfado presentan una buena capacidad de dividir el trabajo y la responsabilidad, sobre todo.

    -En muchos casos, cuando hablamos de poder, tendemos a resumirlo a poder legal. Y es extraordinariamente incompleto. Creo que hay dos clases de poder: el duro y el blando.

    El duro estaría basado en la ley o la capacidad de ordenar, aunque no limitado a ella. Mientras que el blando estaría más baso en la sugerencia, y en la costumbre, nuevamente no limitado a ella. Suele ser más patente, o quedar más constancia, del poder duro antes que el blando, algo parecido a lo que pasa con los fósiles. Creo que, tradicionalmente, los hombres han tenido más poder duro, y las mujeres más poder blando.

    -Para que una sociedad funcionara, y lo más importante, funcionara mejor que las sociedades adyacentes, era preciso que el equilibrio se mantuviera. Si la balanza de poder se inclinaba demasiado hacia un lado o hacia el otro, el equilibrio se rompía, y se volvía vulnerable frente a esas otras sociedades, siendo debilitada, destruida, absorbida o influida por ellas.

    Dicho de otra manera, las sociedades más eficaces eran las que repartían mejor las áreas de poder y responsabilidad, de una manera u otra. Y son las sociedades más eficaces las que más éxito han tenido, y, salvo otros factores, las que han sobrevivido.

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