Los pescadores esclavos del Sudeste Asiático

A continuación les presento la traducción del artículo “Pescador birmano vuelve a casa tras 22 años como esclavo”, escrito por Margie Mason en Associated Press, The Big Story.

Pescador birmano vuelve a casa tras 22 años como esclavo

Margie Mason

Pescador esclavo

En esta foto del 16 de mayo de 2015, el antes pescador esclavo Myint Naing y su madre, Khin Than, lloran al reunirse tras 22 años en su aldea del Estado de Mon, Birmania. Myint, de 40 años, es uno de los cientos de antiguos esclavos que volvieron a Birmania después de una investigación de Associated Press sobre el uso del trabajo forzado en la industria del marisco en el Sudeste Asiático (Foto Associated Press/Gemuni Amarasinghe).

TUAL, Indonesia (Associated Press) —Todo lo que pidió fue regresar a casa.

La última vez que un esclavo birmano hizo la misma petición, fue golpeado hasta quedar al borde de la muerte. Pero después de haber estado fuera ocho años y haber sido forzado a trabajar en un barco en la lejana Indonesia, Myint Naing estaba dispuesto a arriesgarlo todo para ver a su madre de nuevo. Pasaba las noches soñando con ella, y el tiempo comenzaba a borrar lentamente el recuerdo de su rostro.

De modo que se arrojó al suelo y rodeó con sus brazos las piernas del capitán para implorar por su libertad.

El capitán tailandés gritó lo suficientemente fuerte como para que todos oyeran que Myint sería ejecutado por intentar abandonar el barco. Entonces arrojó al pescador a la cubierta y lo encadenó de brazos y piernas.

Myint fue dejado a merced del sol abrasador para que se quemara por tres días y tiritara con la lluvia nocturna, sin comida ni agua. Se preguntaba cómo sería asesinado. ¿Arrojarían su cuerpo por la borda para que el mar lo arrastrara hasta la orilla, como los otros cadáveres que había visto? ¿Le dispararían? ¿O simplemente le abrirían la cabeza de un golpe, como habían hecho antes?

Nunca vería a su madre de nuevo. Simplemente desaparecería, y ella ni siquiera sabría dónde buscar.

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Cada año, miles de trabajadores migrantes como Myint son engañados o vendidos al descarnado submundo de la industria del marisco. Se trata de un comercio brutal que ha funcionado durante décadas como un secreto a voces en las aguas del Sudeste Asiático, donde compañías sin escrúpulos emplean esclavos para suplir de pescado a los supermercados y tiendas más importantes alrededor del mundo.

Como parte de una investigación sobre este negocio multimillonario realizada a lo largo de un año, Associated Press entrevistó a más de 340 antiguos esclavos, en persona o por escrito. Las historias que nos cuentan uno tras otro son sorprendentemente similares.

Myint es delgado, de voz suave y con la fuerza nervuda de un hombre que ha trabajado duro toda su vida. La enfermedad dejó su brazo derecho parcialmente paralizado y su boca tensada en una forzosa media-sonrisa. Pero cuando rompe a reír, puedes ver retazos del chico que era antes, pese a todo lo que padeció en ese tiempo: una odisea de 22 años relatada por Myint y sus parientes.

Viene de una pequeña aldea comunicada sólo por una estrecha y polvorienta carretera en el estado sureño de Mon, Birmania. Es el mayor de cuatro hijos y dos hijas. En 1990 su padre se ahogó mientras pescaba, dejándolo como cabeza de familia con sólo 15 años. Ayudaba a cocinar, lavar la ropa y cuidar a sus hermanos, pero la familia iba descendiendo cada vez más en la pobreza.

De modo que cuando un elocuente intermediario visitó el vecindario tres años atrás con historias de trabajo en Tailandia, Myint quedó fácilmente cautivado. El agente ofrecía 300 dólares por sólo unos meses de trabajo: suficiente para que algunas familias sobrevivan durante un año entero. Él y varios otros hombres jóvenes rápidamente alzaron sus manos para ir.

Su madre, Khin Than, no estaba tan segura. Sólo tenía 18 años, sin formación escolar ni experiencia viajando. Pero él continuó rogando, arguyendo que no se iría por mucho tiempo y que los parientes que ya trabajaban allí podrían cuidarle.

Finalmente cedió.

Ninguno de ellos lo sabía pero, en aquel momento, Myint comenzó un viaje que lo llevaría a miles de millas de distancia de su familia. Se perdería los nacimientos, muertes, matrimonios y la improbable transición de su país de una dictadura a una agitada democracia. Huiría dos veces del implacable trabajo forzado en los barcos pesqueros, sólo para darse cuenta de que nunca escaparía a la sombra del miedo.

Pero el día que dejó atrás su hogar en 1993, lo único que Myint veía era la promesa [de una vida mejor]. El intermediario apresuró a los nuevos reclutas para que agarraran sus bolsas de inmediato, y la hermana de diez años Myint se limpió las lágrimas de las mejillas mientras lo veía alejarse de su aldea por el camino de tierra.

Su madre no estaba en casa. Nunca pudo decirle adiós.

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Tailandia obtiene unos siete mil millones de dólares al año de la industria del marisco, basada en mano de obra procedente de las partes más pobres del país, además de Camboya, Laos y especialmente Myanmar, también conocida como Birmania. Hasta 200.000 inmigrantes, la mayoría de ellos ilegales, trabajan en el mar. Sus capturas viajan alrededor del globo, incluyendo Estados Unidos, Europa y Japón, para acabar en la mesa o en cuencos de comida para gatos.

Mientras la sobrepesca diezma los caladeros cerca de la costa tailandesa, los arrastreros se han visto forzados a aventurarse cada vez más lejos hacia las abundantes aguas extranjeras. El peligroso trabajo mantiene a los hombres en el mar por meses o incluso años, con falsos documentos de identidad tailandeses, atrapados en prisiones flotantes dirigidas impunemente por sus capitanes. Aunque los oficiales tailandeses lo niegan, se les ha acusado durante mucho tiempo de mirar hacia otro lado cuando se trata de estas prácticas.

Tras esquivar fácilmente a la policía en la frontera con Tailandia y permanecer en una pequeña caseta con poca comida por más de un mes, Myint fue trasladado a otro barco. Los hombres estuvieron en el mar por 15 días y finalmente atracaron en la punta más oriental de Indonesia. El capitán gritó que todos los que estaban en la cubierta le pertenecían, utilizando palabras que Mynt nunca olvidaría:

“Ustedes birmanos nunca van a regresar a casa. Fueron vendidos, y nadie vendrá jamás a rescatarlos”

Estaba atemorizado y confundido. Pensaba que estaría pescando en aguas tailandesas durante sólo unos meses. En su lugar los chicos fueron llevados a la isla indonesia de Tual en el mar de Arafura, uno de los caladeros más ricos del mundo, lleno de atún, caballa, calamares, gambas y otras especies lucrativas para la exportación.

Myint pasó semanas enteras en el océano abierto, viviendo sólo de arroz y partes de las presas que nadie comería. Durante los períodos más intensos, los hombres trabajaban hasta 24 horas al día, levantando pesadas redes repletas de peces. Eran forzados a beber agua de mar hervida, de un sabor nauseabundo.

Le pagaban sólo 10 dólares al mes, y a veces nada en absoluto. No había medicina. Si alguien se tomaba un descanso o caía enfermo era golpeado por el capitán tailandés, que una vez arrojó un [gran] pedazo de madera a Myint por no mover el pescado de sitio lo suficientemente rápido.

Casi la mitad de los hombres birmanos entrevistados por Associated Press dijeron que habían sido golpeados, o habían presenciado a otros siendo víctimas de abusos. Les hacían trabajar casi sin descanso por apenas nada de paga, con poca comida y agua sucia. Eran azotados con tóxicas colas de raya, electrocutados con dispositivos similares a pistolas eléctricas y encerrados en jaulas por tomar descansos o intentar escapar. A veces, decían, los cuerpos de quienes morían eran almacenados en el congelador del barco junto con el pescado.

Trabajadores de algunos barcos fueron asesinados por trabajar más despacio o intentar abandonar la embarcación. Los pescadores birmanos dijeron que otros se habían arrojado por la borda porque no veían escapatoria. Myint llegó a ver varios cuerpos hinchados flotando en el agua.

En 1996, después de tres años, había tenido suficiente. Sin dinero y añorando su hogar, esperó hasta que el barco volvió a Tual. Entonces fue a la oficina del puerto y, por primera vez, pidió volver a casa.

Su petición fue respondida con el golpe de un casco en su cráneo. Mientras la sangre supuraba, utilizó las dos manos para tapar la herida. El hombre tailandés que le golpeó repitió las palabras que ya le atormentaban:

“Nunca dejaremos que [ustedes] los pescadores birmanos se vayan. Incluso cuando mueran”

Ésa fue la primera vez que huyó.

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En islas dispersas por la cadena Maluku de Indonesia, también conocidas como Islas de las Especias, miles de pescadores migrantes que han escapado o han sido abandonados por sus capitanes se esconden silenciosamente en la jungla. Algunos forman familias con mujeres locales, parcialmente para protegerse de los cazadores de esclavos. Es arriesgado pero también una de las pocas maneras de encontrar algo parecido a la libertad.

Una familia indonesia se apiadó de Myint y cuidó de él hasta que pudo sanarse. Después le ofrecieron un techo y comida a cambio de trabajar en su granja. Durante cinco años vivió esta vida sencilla e intentó borrar los recuerdos de los horrores en el mar. Aprendió a hablar el idioma indonesio con fluidez y adquirió un gusto por la comida local, aunque fuera mucho más dulce que los salados platos birmanos preparados por su madre.

Pero no podía olvidar a sus parientes en Birmania ni a los amigos que dejó en el barco. ¿Qué les había ocurrido? ¿Seguían vivos?

A veces Myint visitaba precavidamente a otros esclavos birmanos huidos que residían en la isla para llevarles una gran bolsa de verduras que él mismo había cultivado y hablar del hogar.

“[Myint] tenía un poco de miedo a salir” recuerda Naing Oo, otro antiguo esclavo birmano en Tual. “Era muy brutal en los barcos de pesca”.

Mientras tanto, el mundo a su alrededor estaba cambiando. En 1998, el viejo dictador de Indonesia, Suharto, había caído, y el país se estaba moviendo hacia la democracia. Myint se preguntaba si las condiciones mejorarían también en los barcos.

En 2001, escuchó que un capitán se ofrecía a llevar a los pescadores a Birmania si accedían a trabajar para él. Estaba decidido a encontrar un camino de vuelta a casa. Así, ocho años después de que llegara por primera vez a Indonesia, regresó al mar.

Inmediatamente, supo que había caído en la misma trampa otra vez. El trabajo y sus condiciones eran tan espantosas como la primera vez, y seguía sin recibir dinero.

Si acaso, la esclavitud se estaba volviendo cada vez peor. Tailandia se estaba convirtiendo rápidamente en uno de los mayores exportadores de marisco del mundo, y necesitaban más mano de obra barata. Los agentes engañaban, coaccionaban y a veces incluso drogaban y raptaban a trabajadores inmigrantes, incluyendo niños, enfermos y discapacitados.

Tras nueve meses en el mar, el capitán de Myint rompió su promesa y dijo a la tripulación que los iba a abandonar para regresar él solo a Tailandia.

Furioso y desesperado, el esclavo birmano imploró una vez más volver a casa. Fue entonces, dijo, cuando el capitán lo encadenó al barco por tres días.

Myint buscó con todas fuerzas para encontrar algo con lo que abrir la cerradura. Utilizar sus dedos era inútil. Entonces consiguió convertir una pequeña pieza de metal en una ganzúa y pasó horas intentando rápida y silenciosamente desprenderse de sus cadenas para obtener la libertad. Finalmente, hubo un chasquido. Los grilletes se deslizaron. Sabía que no contaba con mucho tiempo, y que si lo descubrían, la muerte llegaría con rapidez.

Después de medianoche, se arrojó al agua negra y nadó hasta la orilla. Entonces corrió sin mirar atrás, con la ropa todavía cargada de agua de mar.

Sabía que debía desaparecer. Esta vez para siempre.

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El negocio de la trata en la industria del marisco del Sudeste Asiático es excepcional por su resistencia. En la última década, terceros han comenzado a darse cuenta de él, y el gobierno de Estados Unidos ha criticado ferozmente a Tailandia en sus informes anuales año tras año por abusos laborales generalizados en el sector pesquero. Sin embargo continúa, y rara vez deja ir a las vidas de aquellos a quienes arruina.

Tras huir por segunda vez, Myint se escondió a solas en una choza de bambú en la jungla. Pero tres años más tarde cayó enfermo con lo que  pudo ser un derrame cerebral. Parecía que sus nervios habían dejado de funcionar como debían, dejándolo fácilmente congelado pese al sofocante calor tropical.

Cuando estuvo demasiado enfermo para trabajar, la misma familia indonesia lo cuidó con una bondad que le hizo recordar a sus parientes en Birmania. Había olvidado el rostro de su madre, y sabía que para entonces su hermanita favorita sería ya toda una mujer. Probablemente pensarían que estaba muerto.

Lo que no sabía es que su madre era como él: nunca perdió la esperanza. Rezó cada día en el pequeño altar budista de la casa en zancos tradicional de su familia, y preguntó a los adivinos años tras año por su hijo. Ellos le aseguraron que estaba vivo, pero en un sitio lejano difícil de abandonar.

En un momento determinado, otro hombre birmano le dijo a la familia que Myint estaba pescando en Indonesia y se había casado. Pero Myint nunca quiso estar atado al país que había destruido su vida.

“No quería una esposa indonesia, sólo quería volver a casa a Birmania”, dijo. “Sentí que había perdido mi juventud. He pensado que todo este tiempo debería haber estado en Birmania casado y con familia”.

Tras ocho meses en la jungla sin reloj ni calendario, el tiempo comenzó hacerse borroso. Ya en la treintena, empezó a creer que el capitán había estado en lo cierto: realmente no había escapatoria”.

No podía acudir a la policía o a las autoridades locales, por temor a que lo devolvieran al capitán a cambio de una suma de dinero. No había forma de llamar a casa. Y temía que si contactaba a la embajada de Birmania sería expuesto como migrante ilegal.

En 2011, la soledad se había vuelto insoportable. Myint se mudó a la isla de Dobo, donde escuchó que había más birmanos. Él y otros dos esclavos fugitivos cultivaron chiles, berenjenas, guisantes y frijoles hasta que la policía arrestó a uno en el mercado y lo puso de nuevo en un barco. El hombre después cayó enfermo en el mar y murió.

Era otro recordatorio para Myint de que si quería sobrevivir, tenía que andarse con cuidado.

Un día de abril, un amigo le trajo noticias: un informe de Associated Press que vinculaba la esclavitud en la industria del marisco con algunas de las tiendas de comestibles más grandes de Estados Unidos y con compañías de comida para mascotas, había incitado al gobierno indonesio a comenzar a rescatar a esclavos y antiguos esclavos en las islas. Hasta la fecha, más de 800 habían sido encontrados y repatriados.

Ésta era su oportunidad. Cuando los oficiales llegaron a Dobo, regresó con ellos a Tual, donde una vez fue esclavo, esta vez para unirse a otros cientos de hombres libres.

Tras 22 años en Indonesia, Myint regresaba finalmente a casa. Pero se preguntaba qué encontraría.

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El vuelo de Indonesia hacia la ciudad más grande de Birmania, Yangon, fue terrorífico al principio para Myint. Salió del aeropuerto con una pequeña maleta negra, una camisa y un sombrero donados: eso era todo lo que tenía después de su larga estancia en el extranjero.

Myint regresaba como un extraño a su propio país. Birmania ya no estaba gobernada por un reservado gobierno militar, y la líder de la oposición, Aung San Suu Kyi, estaba libre tras años de arresto domiciliario y ahora en el Parlamento.

La tasa de cambio era desconcertante. Tuvo dificultades para convertir 15.000 rupias indonesias en 1.000 kyat birmanos: ambos alcanzan el valor de un dólar.

“Me siento como un turista” dijo, mientras el sudor goteaba de su cara y su pecho. “Me siento indonesio”.

La comida era diferente, y también lo eran los saludos. Myint continuó dando la mano y tocando su corazón al modo indonesio, en lugar de inclinarse con sus manos en posición de rezo como un birmano.

Incluso las palabras parecían extrañas. Mientras esperaba el autobús con otros antiguos esclavos hacia el Estado de Mon, hablaban no en su idioma nativo birmano, sino en el bahasa de Indonesia.

“No quiero hablar esa lengua más porque he sufrido tanto allí” dijo. “Odio esa lengua ahora”. Pero continuaba alternando entre ambos idiomas.

Además, igual que el país había cambiado, también lo había hecho él. Se había ido cuando era un chico, pero volvía como un hombre de 40 años que había sido esclavizado o había estado escondiéndose por más de la mitad de su vida. Y fue el único de su aldea en regresar.

Cuando alcanzó su Estado natal, las emociones de Myint comenzaron a crisparse. Estaba demasiado ansioso como para comer. Se movía nerviosamente, pasando sus manos por el cabello y frotando constantemente el colgante en forma de concha de mar que llevaba en el cuello. Terminó siendo demasiado para él, y comenzó a sollozar.

“Mi vida ha sido tan mala que me duele mucho pensar en ello” tosió . “Echo de menos a mi mamá”.

Se preguntó si incluso reconocería a su madre y hermana, o si lo recordarían a él.

Una hora más tarde, se dio una bofetada de la frustración mientras intentaba recordar el camino a seguir. Las carreteras ahora estaban asfaltadas con edificios a los lados. Frotó las palmas de sus manos en los pantalones y se retorció con emoción cuando reconoció una comisaría. Sabía que estaba acercándose.

Finalmente, el auto en el que viajaba se convirtió en una pequeña aldea. Llamó a un número de teléfono que había obtenido sólo el día anterior. Segundos más tarde, cuando vio a una rolliza mujer birmana —en la misma carretera que lo había alejado de allí tantos años atrás— supo inmediatamente que se trataba de su hermanita.

Explotaron en  un abrazo, y las lágrimas que derramaron fueron de alegría y duelo por todo el tiempo perdido, separados el uno del otro. “Hermano, ¡qué bueno que regresaste!” sollozó. “¡No necesitábamos dinero! ¡Sólo necesitábamos una familia!” ¡Ahora que has vuelto, es todo lo que necesitamos!”

Pero su madre no estaba allí. Myint ojeó ansiosamente la carretera mientras su hermana marcaba un número frenéticamente.

Y entonces una pequeña y frágil figura, con pelo de mechas grises, comenzó a correr.

Cuando la vio, dio un aullido y calló al suelo, cubriendo por completo su cara con las manos. Ella lo recogió del suelo con sus brazos y le acarició la cabeza suavemente, sosteniéndolo contra su pecho mientras él se descomponía.

Gimieron y lloraron tan alto que toda la aldea salió a ver lo que parecía ser un fantasma. “Ese chico ha estado desaparecido por veinte años” dijo un hombre.

Myint, su madre y su hermana caminaron del brazo hasta la simple casa de zancos de su infancia. En la puerta principal, él se puso de rodillas, y ellas le arrojaron agua en la cabeza con el tradicional jabón de tamarindo para limpiar y expulsar los malos espíritus.

Mientras su hermana le ayudaba a lavarse el pelo, su madre de 60 años se volvió pálida y terminó desplomándose contra la escalera de bambú. Entonces, de repente, puso su mano en el corazón y empezó a jadear. Los parientes y vecinos la abanicaron, trajeron agua y una lima para que la oliera, pero sus ojos se pusieron en blanco. Alguien gritó que no estaba respirando.

Myint corrió hacia ella, empapado en sudor, y sopló con fuerza tres veces en su boca.

“¡Abre los ojos! ¡Abre los ojos! Gritó, golpeando su propio pecho con ambas manos. “¡Yo te cuidaré a partir de ahora! ¡Te haré feliz! ¡No quiero verte enferma! ¡Ya he regresado a casa!”

Poco a poco recuperó el conocimiento, y Myint la miró a los ojos con detenimiento.

Finalmente estaba libre para contemplar el rostro de sus sueños. Nunca lo olvidaría de nuevo.

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DE DÓNDE PROVIENE ESTA HISTORIA:

La historia de Myint Naing proviene de entrevistas con él, su familia, sus amigos y otros antiguos esclavos, además de seguir su viaje a través de un campamento provisional para rescatar a hombres en un puerto de Tual, Indonesia, hasta su hogar en Birmania. Él es uno de los cientos de hombres rescatados y devueltos a sus familias después de que la investigación de un año de duración por parte de Associated Press expusiera abusos laborales extremos en la industria del marisco del Sudeste Asiático. Los reporteros documentaron cómo el pescado obtenido por esclavos se envía desde Indonesia a Tailandia. Entonces puede ser exportado a los Estados Unidos y entrar en las cadenas de abastecimiento de los supermercados y sus distribuidores, incluyendo Wal-Mart, Sysco y Kroger, así como marcas de comida para mascotas como Fancy Feast, Meow Mix e Iams. Todas las compañías han dicho que condenan rotundamente el abuso laboral y están tomando pasos para prevenirlo.

Aquí termina la traducción.

Como siempre hay gente cuya compasión no alcanza a más de un “eso es algo que los hombres se hacen entre ellos”, traigo una noticia sobre la detención de Lin Yu Shin, dueña de la compañía pesquera Giant Ocean International Fishery, que fue arrestada por traficar hombres para trabajar como pescadores esclavos en África.

Pescador esclavo 2

Ya mencionamos en el pasado que más del  50% de los arrestados por tráfico de personas son mujeres (página 59).

A ver si podemos tener compasión para todos sin importar el sexo de la víctima o del agresor y reconocer que ambos sexos tienen problemas específicos de género. No debería ser tan difícil.

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24 respuestas a Los pescadores esclavos del Sudeste Asiático

  1. L.K. dijo:

    Hay quienes no distinguen o quieren distinguir la trata de personas del trafico ilegal de personas.
    El trafico ilegal de personas es aquel relacionado con temas como el de las pateras, etc donde muchas personas de modo ilegal tratan de entrar en un país que no se lo permite con todo lo que ello acarrea.
    Historicamente el trafico ilegal de personas ha afectado mayoritariamente a varones, que eran la mano de obra principal.
    Dicho trafico pone patas arriba todos los dogmas feministas porque demuestra que casi todo el trabajo y casi toda la producción ha estado en manos de varones, como lo demuestra que sean ellos los principales explotados, tal como ocurre actualmente en la construcción de los estadios de futbol del mundial Quatar, y ello demuestra asimismo que todas las estrategias de produccion se basan en la explotación de la mano de obra masculina
    Supuestamente, solo supuestamente, la trata de personas es una realidad enteramente distinta relacionada con temas como trafico de órganos, mendicidad de niños y sobre todo explotación sexual.
    Por esa explotación sexual se dice que afecta mucho mas a mujeres que a hombres.
    Este dogma, como tantos otros, es falso, porque realmente las fronteras entre trata de personas y trafico ilegal de personas se difuminan y al final las personas sin papeles y en una situación irregular son presa fácil de todo tipo de explotación.
    El discurso feminista y del sistema siempre remarca la explotación sexual y quiere tapar y ocultar la explotación laboral, pero es esta ultima la que mueve el mundo y la que es aceptada, tolerada y promovida por el sistema, precisamente porque es la mano de obra barata, y el sistema donde nunca se reparte el beneficio entre aquellas personas que lo producen, la que produce el beneficio y por ello es fundamentalmente el varon el principal ser a explotar.
    Desde la antigüedad el comercio de esclavos se basaba principalmente en mano de obra masculina.
    Esa es una de las causas por las que el feminismo es el cómplice lógico, ideologico y necesario del sistema.
    Porque reprenta una realidad y un discurso al 50%.
    Una realidad de buenas y malos al 50%.
    Pero todos sabemos que la riqueza no presenta un reparto al 50% sino de tipo piramidal.
    Una base muy, muy ancha y un vértice muy, muy estrecho.
    Y si la riqueza esta distribuida de una forma piramidal el sistema de explotación también tiene que tener forma de ….piramide.
    Unos pocos explotadores y explotadoras y muchos esclavos y esclavas.
    Por eso el feminismo con su realidad al 50% gusta tanto al sistema.
    El paradigma del feminismo es 50% de explotadores y 50% de explotadas.
    Si eso fuera verdad todos los varones que fueron a los hornos crematorios de Auswichtz serian clase explotadora y verdugos y Eva Braun una pobre explotada.
    Ya solo nos falta que nos digan que la pirámide de Keops o Mizerino lo construyeron esclavas.
    Pero el premio nobel de Economia del 2001 Eugen Stigitz, que algo sabra del tema, digo yo, en uno de sus libros dice que el 1% del mundo tiene lo que necesita el otro 99%.
    1% frente al 99%.
    ¿Encaja eso con el discurso feminista del 50%?
    ¿La reina de Inglaterra es una explotada?
    ¿Lo es Beyonce que se declara feminista?
    Antiguamente, por duro se prohibio el trabajo en fabricas y la explotación laboral de mujeres y niños.
    ¿Alguna vez de prohibio o se prohibirá el trabajo en fabricas y explotación de varones?
    No, creo que no.
    Tambien yo, si fuera de la patronal o de una multinacional subvencionaría y preferiría decir que la gran explotada del mundo es el ama de casa.
    Tambien yo exigiría para ella todo tipo de derechos y que al divorciarse la mantuvieran de por vida.
    Yo también seria feministo, y reconocería al ama de casa cualquier cosa si a cambio de ello consiguiera un despido muy barato de mis empleados y empleadas.
    Antes creo que estaba en 45 dias.
    ¿Ahora en cuantos está?

    • En el siguiente artículo voy a ahondar más en estas cuestiones, pero apunto que aunque es difícil saber porque al tratarse de actividades ilegales existen pocos datos fiables, hay razones para pensar que el trabajo forzado es la forma de esclavitud predominante.

  2. L.K. dijo:

    En economia hay un concepto llamado “salario de eficiencia” desarrollado por los economista Carl Shapiro y Joseph E. Stigliz en 1984.
    De dicho concepto, lo que realmente nos interesa desde una perspectiva de genero, es la afirmación de que los empleadores realmente no pueden conocer el esfuerzo maximo realizado por sus empleados.
    Y precisamente como no pueden conocer ni medir ese esfuerzo máximo han de INCENTIVARLO.
    La Onu por el contrario, de modo repetivo ha dicho no solo que puede medir dicho esfuerzo, sino que lo ha hecho en todo el planeta.
    Es decir, los premios nobeles de Economia dicen que en una empresa de 200 empleados los jefes y empleadores no pueden medir ni evaluar realmente el esfuerzo máximo y la ONU dice que lo ha medido en todo el planeta. La ONU no se corta un pelo y dice que casi todo lo que se produce lo hace la mujer.
    Obviamente, esto obedece a que ni la ONU, ni los empleadores en general, que son los que mantiene la ONU, desde su piramide de explotacion nunca han estado interesado en medir ni pagar a aquel o aquella que rinde mas.
    Simplemente se ha utilizado desde el latigo a todo tipo de castigo corporal para el empleado producera mas. Y tradicionalmente los oficios mas duros necesitaban de la mano de obra mas dura, varones mayoritariamente.
    Para poder explotarlos era necesario ejercer presiones sobre ellos y cuando no ha sido la pura coaccion físca se necesitaba la moral. Presiones familiares fundamentales. Apelar a su sentido de la responsabilidad
    Los hombres se han matado y se seguirán matando por sus responsabilidades familiares.
    Y ahora lo que se pretende es que se sigan matando por aquellos ya aquellas personas que tampoco son ya su familia.
    Lo interesante para el sistema es que produzcan y que trabajen al máximo de su capacidad.
    Y de hecho nuestra realidad esta plagada de familias monoparentales, es decir familias de un solo padre, o mejor dicho, madre.
    El otro progenitor, el padre, quedo fuera de esa familia, pero no importa, lo interesante para el mercado es que siga estando obligado y coaccionado moralmente para que produzca y trabaje.
    Por eso necesitamos una ley que CASTIGUE como “delito contra las relaciones familiares” que varones omega y delta de clase media y baja NO TRABAJEN Y NO SEAN EXPLOTADOS para pagar los gastos de aquellas personas que YA NO SON SU FAMILIA.
    De hecho desde las declaraciones de renta como las peticiones de beca se realizan como si dichos hombres YA NO FORMARAN PARTE de las familias que han de mantener.
    Se funciona con un sistema interesado en que un varón que ya no es familia de la mujer la siga manteniendo.
    Por eso los dos pilares de nuestro sistema son un a) modelo económico neoliberal y b) un modelo familiar feminista.

  3. L.K. dijo:

    En este enlace tenemos una pequeña pista de cómo esta organizado el mundo
    http://www.elmundo.es/internacional/2013/11/15/52869ebe63fd3d017f8b4588.html
    Obviamente se necesita obra de mano barata. Mano de obra que pueda remplazarse en caso de muerte o accidente sin costo alguno.
    Y luego algunos equipos de futbol de nuestra liga lucen con orgullo propaganda de Quatar por la que cobran una millonada.
    Una millonada por cerrar los ojos a una explotacion de miles de trabajadores.
    Hombres evidentemente. No machos alfa como las estrellas de futbol que se benefician de dicho sistema.
    En la noticia podemos leer:
    Amnistía Internacional denuncia las condiciones de trabajo forzoso de miles de empleados
    “El emirato acoge el Mundial de Fútbol de 2022 y recibe 20 inmigrantes cada hora
    Los abusos van desde el impago de salarios hasta largas jornadas siete días a la semana.
    No pasa nada si los explotados no están siendo explotados “sexualmente”.

    No pasa nada si los explotados no son ni mujeres ni niños.
    Hay que defender ese modelo de explotación piramidal.
    Las pirámides de nuestro tiempo pueden ser perfectamente hoteles, hospitales y estadios. Los esclavos….los de siempre.
    Los supuestos beneficiados por un sistema hetero-patriarcal. Los mismos que son los primeros para palmar en la guerra de Afganistan, en la de Irak o en la de Siria.
    Los de siempre, mientras algunas presuntas victimas de la sociedad heteropatriarcal se están haciendo un liftin o una manicura entre programa y programa televisivo para estar guapas para su príncipe azul de Ferrari rojo .

    En dicho enlace podemos leer que solo en la construcción en Quatar hay mas de 500.000 trabajadores y que:
    “Amnistía ha documentado, por ejemplo, numerosos abusos y denuncias de trabajadores de la empresa local PCSI Specialties Qatar. Esta contrata trabaja con multinacionales como Hyundai Engineering o la constructora española OHL, que tiene la concesión de la construcción del Centro Médico y de Investigación de Sidra. Qatar Foundation, ex patrocinador del F. C. Barcelona, financia el proyecto.”

  4. Finch dijo:

    Desconocía que este tipo de esclavitud existiese, gracias por compartir este artículo. Y muy buena conclusión final

    Saludos

  5. L.K. dijo:

    Yo estaría realmente contento si yo formara parte del consejo de Administracion de una empresa con 20.000 trabajadores, y me dijeran que hay una ideología que dice que mis trabajadores se están tocando los cojones y que son unos vagos y que las autenticas heroínas son las amas de casa y que son ellas las que se merecen un reconocimiento, y las que realmente mueven toda la sociedad.
    Si yo formara parte de dicho Consejo de Administracion y me dijeran que dicha ideología defiende que el marido de dichas mujeres ayude en las tareas de casa, y que bañe a los niños, y que saque al perro a pasear, todo ello aunque el meta 14 horas al dia, y si ella decide divorciarse que sea él el que salga de casa y lo deje todo, pero que siga bien atado por sus obligaciones familiares para con quien ya no es su familia y que gracias a eso voy a tener un trabajador muy dócil, muy poco problemático, un “divorciado” que al final de mes mete un buen montón de horas extras que además no cobra, y siempre dócil y dispuesto a trabajar, que cuando quiero lo despido, y lo dejo en la calle con 50 años sin posibilidad alguna de encontrar empleo, con una sociedad entera solo movilizada y preocupada para que dicho hombre le siga pagando su pensión a su ex, y para que no ocurra “violencia contra la mujer” diría ¿Dónde hay que firmar?

  6. Isidro dijo:

    Para completar el último punto de esta dramática realidad (“esto son cosas que se hacen los hombres), quiero recordar aquí que Samanta Villar, autora del libro “Nadie avisa a una puta”, dijo por la radio que en el mundo de la prostitución hay muchas “madames”; es decir, mujeres proxenetas. Sería interesante saber cuál es el porcentaje de mujeres proxenetas.
    Lo malo de todo esto es que para una ideología tan irracional como la feminista no hay manera de quebrar el dogma de que las mujeres son siempre las víctimas del hombre, incluso las proxenetas o las implicadas en el tráfico de esclavos, la mafia o lo que sea: se han visto obligadas a delinquir en un mundo hecho por y para hombres. Esperemos que llegue el día en que el común de las personas no se trague tan insultante necedad y que la evidencia empiece a obrar a favor de la justicia. De momento, se lo traga sin masticar.

    • Raúl dijo:

      Casualmente ayer, leí la entrevista que le hicieron a esta periodista acerca del libro. Decía lo contrario, en su gran mayoría, a la idea establecida, de cómo la gran mayoría de las prostitutas no están siendo obligadas a ejercer, de cómo el perfil típico de proxeneta que tiene la sociedad, es erróneo, siendo el perfil más dado el de la madame (mujer que ha ejercido prostitución en la mayoría de los casos, y acaba explotando a otras mujeres). De que el consumidor de prostitución no es un depravado, ni violador…, sino un hombre con unas necesidades que por diferentes situaciones, acaba consumiendo dicho servicio. Y que la relación entre prostituta y consumidor, es mucho más civilizada y respetuoso de lo que se cree, de cómo incluso son ellas las que dominan la situación, y no ellos, de qué incluso se han dado casos de enamoramiento, pero sobre todo, es un trato personal, intimo, dónde el hombre respeta a esta mujer mucho más de lo que lo hace la sociedad en general, que la estigmatiza. Una actividad distorsionada, secuestrada por teorías totalitarias. donde lo puntual, lo convierten en lo general. Personalmente no desveló nada nuevo, dijo lo que vivió, sin dogmas, sin intereses ocultos. Otra cosa es el debate acerca de está actividad; pero eso de distorsionar tal realidad me parece insultante e inhumano.

      Por otro lado nadie habla de la explotación sexual a los varones, tema tabú, y donde hay mucha chicha.

  7. Rebeca dijo:

    Si la sociedad y los medios de comunicación, sólo y exclusivamente ponen el acento en los problemas, discriminaciones, trata, etc., de las mujeres y los niños aunque ahora también está sucediendo lo mismo con las niñas, es normal que este tipo de cosas sucedan y apenas nos enteremos.
    Al hacer esto, se está dando un terrible mensaje, “Sólo nos importa lo que le pueda suceder a las mujeres y a las niñas, los demás, nos tienen totalmente sin cuidado””

  8. Arturo dijo:

    A quien le interese el tema de la prostitución le recomiendo este blog
    http://prostitucionrealidadessociales.blogspot.com.es/
    Montse Neira es una mujer inteligente, culta, fuerte y con mucho mérito de verdad. Bueno, yo no la conozco personalmente. Esto lo digo por lo que he leído en su blog, entrevistas etc.
    Hay más casos similares. En su blog hay enlaces

    • ¿Se habla también de prostitución masculina?

      • Arturo dijo:

        Montse Neira es trabajadora sexual o prostituta en lenguaje no “políticamente correcto”. Se especializó en “atender” a hombres con alguna discapacidad y ahora, que ya no es ninguna chiquilla, sigue trabajando y dando conferencias, escribe libros etc.
        Desde que se metlió en el negocio del sexo pudo estudiar una carrera (¿sociología?), mantener a su familia y realizarse como persona. Trata muchos temas relacionados con el mundo de la prostitución. Supongo que también la prostitución masculina, aunque no lo podría asegurar pues no recuerdo todo lo que leí de su blog

      • Jeipi dijo:

        Sí que se refiere alguna vez a la prostitución masculina, por suerte, ya que la prostituciòn es un tema de aquellos en que el feminismo ha impuesto su discurso a la sociedad con especial énfasis y no dudan en crucificar al que se salga del guión establecido.

        Por lo poco que he leído del blog, recomiendo especialmene las réplicas a una entrevista con Beatriz Gimeno, en las que le reprocha, entre otras cosas, su talta de conocimientos sobre la materia de que trata. Se ve que a las feministas les basta con el dogma:

        http://prostitucionrealidadessociales.blogspot.com.es/2012/09/contestando-beatriz-gimeno.html

        Si bien no olvida la prostitución masculina, no he encontrado (por lo menos en las etiquetas) ninguna referencia al femdom profesional, una modalidad de Servicios sexuales que al feminismo le interesa ocultar por razones obvias y a la que espero dedicar algún comentario si encuentro la ocasión.

  9. Arturo dijo:

    Tiene un cierto “toque feminsta” pero no más que cualquier otra persona de hoy. Hay que tener en cuenta que el feminismo es el paradigma dominante. tiene varios artículos de crítica al feminismo y ha sido atacada por el feminismo institucional
    http://prostitucionrealidadessociales.blogspot.com.es/search/label/feminismo%20y%20prostituci%C3%B3n
    Este entre otros

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