La incitadora: el papel de la mujer en la guerra y las deudas de sangre (III)

La incitadora: el papel de la mujer en la guerra y las deudas de sangre (I)En los dos artículos anteriores de la serie hemos tratado el papel de la mujer como incitadora en las culturas árabe y germano-escandinava. En esta última entrada nos concentraremos en la sociedad corsa del siglo XIX y tocaremos brevemente otras culturas.

Como siempre, recordar que el objetivo de este artículo no es criticar al sexo femenino, sino señalar que si bien los hombres podían demandar ciertos comportamientos a las mujeres aludiendo a su rol de género, ellas podían hacer lo propio con los hombres, exigiendo protección, provisión y derecho a que ejecutaran la violencia en determinados contextos, como la venganza.

Para la parte central de este artículo traduciré un fragmento de la obra de Stephen Wilson Feuding, Conflict and Banditry in Nineteenth-Century Corsica (Deudas de sangre, conflicto y bandidaje en la Córcega del Siglo XIX, p. 222-23). Las citas y fuentes pueden encontrarlas en el texto original.

Deudas de sangre, conflicto y bandidaje en la Córcega del Siglo XIX

Stephen Wilson

(…) Esto nos lleva al papel más importante de la mujer en las deudas de sangre, que era como incitadoras a la venganza. Como muchos escritores han remarcado, las mujeres se desprenden aquí de cualquier estatus subordinado para asumir una función prioritaria y dirigente. En Córcega, como en todas partes [el autor cita para esta afirmación, lo veremos después de la traducción], la vendetta era “presidida” y perpetuada por mujeres. “Es la mujer” escribió Bigot “quien religiosamente mantiene las tradiciones de la familia. Quien le cuenta a sus niños mientras crecen los odios y las amistades de sus ancestros. Quien mantiene la ropa de aquellos asesinados por los enemigos, y recuerda a los niños de ésta y otras maneras sobre las heridas que requieren venganza”. Las mujeres, además, cantan lamentos (voceri) sobre los cadáveres de las víctimas, prometiendo y clamando venganza. El Padre Bartoli, concluyó en 1898 que “las mujeres son las instigadoras de todos los actos de venganza”. Por el honor “sacrificarán aquello que les es más querido: maridos, hijos, parientes; No se detendrán ante nada. Se enfrentarán a cualquier peligro, aguantarán cualquier privación”. Hablaremos de los lamentos en el Capítulo XIII, ilustrando aquí otros tipos de incitación.

Boswell narró que un viejo vino a ver a Pasquale Paoli en Sollacaro en 1765 y:

Le dijo que había estado en un desafortunado tumulto en la aldea donde vivía, y que dos de sus hijos habían sido asesinados. Que viendo esto como una gran desgracia, pero sin malicia por parte de aquellos que le habían arrebatado a sus hijos, estaba dispuesto a dejarlo pasar sin indigar más en el asunto. Pero su esposa, deseosa de venganza, había solicitado que los prendieran y castigaran. Que importunó a su Excelencia con este problema para rogar que se llevara a cabo con la mayor de las precauciones. De lo contrario en el calor de la enemistad entre vecinos cualquiera podría ser castigado por derramar la sangre de sus hijos aunque fuera inocente.

Sería peligroso generalizar sólo con este ejemplo, pero hay evidencia que corrobora que las mujeres eran más reacias a perdonar que los hombres y estaban menos involucradas en la conciliación. Y no hay duda de que avivaban las enemistades y las deudas de sangre. En Peri en 1812, después de que el alcalde fuera asesinado, “era una de sus hijas… la que estaba más excitada por el resentimiento y quien, con su marido, planeó un asesinato para vengarse por medio de un sicario”. Hemos visto a la madre de Giulio Negroni de Ampriani negar el consentimiento para que se casara hasta que hubiera vengado la muerte de su hermano [vemos también aquí que la madre podía negar a un hijo el matrimonio]. En Marignana después del asesinato de Gregorio Grimaldi en 1848, su madre expresó el deseo de “beber la sangre del asesino de mi hijo”, mientras su hija rezó a la Virgen María y acosó al asesino con insultos hasta que éste la mató también. En el transcurso de la deuda de sangre en Aullene entre los Desanti y los Lafranchi, Marco-Matteo Roccaserra, que se había casado con una Lafranchi, fue asesinado en 1850. Esto provocó que la madre de los Desanti declarara públicamente “la viuda Roccaserra dijo que las balas de mis hijos no podían dar en el blanco: ahora sabe que se equivocaba”.

El Padre Bartoli remarcó que el apego de las mujeres al honor constituía su principal motivación, percibiéndolo como algo personal o como la expresión de la sensibilidad femenina. Nuestros ejemplos confirman que las mujeres instigaron actos de venganza para mantener el honor familiar pero también muestran cómo se superponía con su papel como transmisoras de chismes. Ambos eran medios, uno más extremo que el otro, de asegurarse adherencia a las normas, y mantener así el control en la comunidad. De ahí la importancia de dar publicidad a la intención de buscar venganza y después de consumarla, que un ejemplo posterior ilustrará adecuadamente. En Lecci en 1894, Paolo-Matteo Marchi “vengó el honor” de su hermano ausente matando al amante de su esposa, tras lo que la propia esposa de Marchi declaró con orgullo en la villa: “hizo una promesa y mantuvo su palabra”. Hemos visto que las acusaciones a menudo las realizan mujeres, y con frecuencia éstas emplean sus propias redes para perseguir a sus enemigos. En Marignana, la madre de Gregorio Grimaldi se mantuvo informada de los movimientos de su asesino a través de una red de ancianas y niños, y después envió esta información a las autoridades. Turner ha vinculado el fenómeno de las mujeres incitando a los hombres a matarse en las sagas islandesas con el hecho de que las mujeres estaban completamente volcadas en las comunidades donde vivían, mientras que “los hombres, a través de su participación en la acción legislativa y jurídica a una mayor escala que la local tenían tanto los medios como el incentivo para reconciliarse en lugar de avivar las enemistades [¿todos los hombres?]. Esta observación es relevante en Córcega. Deane sutilmente relaciona el papel de la mujer en las deudas de sangre con su rol generalmente subordinado: “las vidas de las mujeres (…) están más confinadas que las de los hombres (…) de modo que las mujeres tienen menos sobre lo que pensar, son más sensibles a las deudas de sangre y sus presiones, más inclinadas a crearlas y promoverlas. Algunas mujeres estuvieron involucradas, sin embargo, en la actividad política supralocal en Córcega, y como veremos en el Capítulo XI, las deudas de sangre y la política no eran en ningún caso instituciones separadas.

Para concluir, había una significativa brecha entre la inmunidad teórica de las mujeres en las deudas de sangre y su auténtica participación, aunque su papel habitual fuera el de incitadoras a la violencia y no participantes en ella. Las mujeres podían ser víctimas y también podían actuar de la manera más salvaje. Dos hombres fueron asesinados en un encuentro entre los Colombani y los Vittori de de Fiumborbo en 1832, y un tercer hombre, un Colombani, fue herido. “Las mujeres de los Vittori, consumidas por la pérdida, se arrojaron sobre el Colombani, que todavía estaba respirando, y lo remataron con piedras, para vengar la muerte de sus parientes, dijeron”. Pese a la elevada incidencia de la violencia femenina, hay que realizar una clara distinción entre la actitud masculina y femenina en el contexto de las deudas de sangre. Con excepción de algunas circunstancias específicas, notablemente seducción y abandono, la violencia femenina, especialmente del tipo que acabamos de describir, era algo que ocurría en el calor del momento y una rara transformación en acción directa de las emociones normalmente reservadas para empujar a los hombres a actuar. El asesinato de las mujeres, además, aunque no tan infrecuente, no tenía el mismo significado que el asesinato de hombres. Como en Montenegro, al parecer, sólo la sangre masculina podía realmente satisfacer la necesidad de venganza, y en este sentido las muertes de las mujeres eran generalmente fortuitas. El sistema de las deudas de sangre reflejaba en efecto la misma firme distinción de los roles masculino y femenino que era por lo general evidente en la cultura corsa, pero enfatizaba una vez más que eran complementarios, en lugar de una simple relación jerárquica.

Aquí termina la traducción

Cuando el autor dice que la mujer es la principal incitadora “en Córcega, como en todas partes”, la cita que incluye es la siguiente:

La incitadora nota al pie 123 de corcega

Su afirmación es consistente tanto con los dos artículos anteriores de esta serie como con otras observaciones. Por ejemplo en la batalla de Imayama de (Japón, 1570), el general Nabeshima Naoshige defendía un castillo con apenas 5.000 hombres ante una fuerza enemiga de 60.000. Cuando se le presentó la oportunidad de realizar una incursión nocturna contra el campamento enemigo para matar a su líder y levantar el sitio, muchos de los samuráis se opusieron. Keigin-ni, madre del señor feudal, dijo:

¿No es su actitud contra las fuerzas enemigas como la de un ratón ante un gato? Si son auténticos samuráis entonces lleven a cabo la incursión nocturna de Naoshige en el campamento de los Otomo. ¡Decidan entre la vida o la muerte, la victoria o la derrota! (Turnbull, Stephen. Samurai Women 1184-1887, p. 42).

La incursión fue un éxito y consiguieron levantar el sitio.

Veamos qué se dice en otro artículo sobre una deuda de sangre en Albania:

Spahia dice que el mayor obstáculo para la reconciliación en el caso Kapsari son las mujeres de la familia rival que rehúsan abandonar la deuda de sangre. Dice: “seguir así, victimizando a una persona por tanto tiempo, es ilógico”.

Alejándonos de las deudas de sangre, la periodista Patricia Peterson señaló:

Entre las bandas juveniles norteamericanas, [las chicas] instigan conflictos realizando comentarios o expandiendo rumores que obligan a sus novios a luchar. “Cuando era líder de una banda”, dijo un chico a los investigadores en Toronto, “mi novia iba por ahí metiéndose en peleas… las chicas pueden hablar mal a la gente porque saben que sus novios harán, lo que sea, sacar una pistola, disparar al tipo, lo que sea.”

Claro que los hombres no son las únicas víctimas de esta incitación femenina a la violencia. En muchas ocasiones los llamados “asesinatos de honor”, que terminan con la vida de mujeres que han deshonrado a la familia, son también instigados por mujeres, que esparcen rumores sobre la víctima con la intención de empujar a que los hombres “hagan algo”. La antropóloga y feminista Ilsa Glazer exploró esta forma de agresión femenina en detalle, concluyendo que los patrones que empleamos para medir la agresividad y la violencia son androcéntricos.

Este último punto es de especial interés para mí, porque con frecuencia se utilizan las estadísticas criminales para señalar que un sexo es más violento que el otro, ignorando aspectos de la violencia femenina que pudieran presentar un cuadro más complejo sobre el tema. Sin embargo, como otros trabajos del feminismo académico que se alejan de la ortodoxia, no ha trascendido a los medios o al público, ni cambiado el discurso imperante que reduce a hombres y mujeres a los papeles de opresor y víctima respectivamente. Los propios estudios, de hecho, tampoco nacen con dicha intención, y generalmente son absorbidos por la narrativa dominante sin resistencia.

En esta página he intentado hilar todos estos datos para reforzar la tesis que llevo manteniendo desde hace tiempo: que tanto hombres como mujeres se encuentran bajo un sistema de roles de género que ofrece ventajas e impone obligaciones a ambos sexos, otorgando al hombre un mayor estatus y a la mujer una mayor protección (en términos generales). El modelo que identifica al hombre como explotador y a la mujer como explotada basándose en conceptos marxistas resulta incapaz de explicar estas dinámicas, que en este caso no se asemejan a las del amo/esclavo, señor/siervo o burgués/proletario. Será necesario más tiempo y más investigaciones para cambiar la influencia que este modelo tiene en el imaginario colectivo.

Artículos anteriores:

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23 respuestas a La incitadora: el papel de la mujer en la guerra y las deudas de sangre (III)

  1. Arturo dijo:

    Como siempre tus artículos son una sorpresa, no sé como te las apañas, pero siempre logras hacer algo novedoso, atractivo y sorprendente.
    En cuanto a tu tesis final, decirte que lo veo igual en la primera parte “…que tanto hombres como mujeres se encuentran bajo un sistema de que ofrece ventajas e impone obligaciones a ambos sexos…”. No tengo tan clara la segunda parte, pues si bien es cierto que ofrece mayor protección, en general, a las mujeres, los hombres tienen tanto el mayor como el menor de los estatus. Quizás podamos decir que se le ofrece a los hombres los mayores estatus, pero no que los tienen, pues por lógica, solo unos pocos pueden tener alto estatus.Además habría que incluir en el esquema que las mujeres ascienden al estatus inmediatamente inferior al de los hombres con que se casan (salvo en los pocos casos en que ella parte de un nivel más alto). Y para rematar esta pequeña aportación, si te parece, yo incluiría que este sistema reparte las tareas por sexos asignando a los hombres las tareas que las diferentes sociedades consideran como esforzadas, difíciles o peligrosas.El resto de las tareas pueden ser para asignar a mujeres o a ambos. Nótese que las tareas pueden cambiar de categoría con los avances en tecnología que hagan que algo inicialmente esforzado o difícil pueda dejar de serlo y pasar a ser tarea feminizable.

    • Gracias Arturo. Con el estatus me refería dentro de la propia familia (el cabeza de familia o “patriarca”) y la mayor posibilidad de acceder a puestos políticos, empresariales, etc. al menos en sociedades anteriores a la igualdad de los sexos ante la ley. Y tienes razón en el reparto de tareas. Como el artículo señala, no se veía tanto como una relación de subordinación sino como de complementariedad.

  2. David dijo:

    Nuevamente una entrada magnífica. Gracias y enhorabuena.

    El asunto de Córcega me ha recordado una canción de la mafia calabresa que fue bastante popular hace unos años a raíz de la publicación de cierto disco de música mafiosa: la “ninna nanna malandrineddu”, en la que una madre acuna a su niño con palabras de odio para que crezca en él la sed de venganza por su padre asesinado.

    Por cierto, existe un interesante documental sobre las mujeres de la mafia calabresa, “Lady ‘Ndragheta”. En él un magistrado antimafia llega a afirmar que para erradicar a la ‘ndragheta hay que fijarse en las mujeres, porque son ellas “las que dirigen la orquesta”.

    Un saludo

  3. Athini Glaucopis dijo:

    Hay una película de 1978, protagonizada por Fernando Esteso y Andrés Pajares, titulada “Los Energéticos”. Es la típica película sin pretensiones estéticas ni intelectuales, muy mala desde casi todos los puntos de vista, pero muy rentable económicamente, lo que prueba su sintonía con las opiniones comunes en la España de entonces (recaudó más de 143 millones de pesetas, que en la época no estaba nada mal). El argumento trata de dos familias, rivales durante generaciones porque ambas reclaman la propiedad de un pozo de agua que queda justo en medio de las tierras de unos y otros. Los dos personajes protagonistas (Esteso y Pajares) son los varones de la última generación y tratan de llegar a un acuerdo, pero las mujeres de sus respectivas familias les exigen que continúen la lucha. Incluso en la España de los setenta, como podemos ver, la idea popular era que las mujeres actuaban como incitadoras en las peleas entre familias.
    Un suceso como el de Puerto Hurraco, por cierto, también permite descubrir cómo en la Extremadura rural contemporánea, las mujeres siguen asumiendo el papel de incitadoras.

    • Gracias Arturo. Me alegra ver que estamos conectando los puntos que generalmente otros sitios dejan fuera.

      • Helena dijo:

        No nos precipitemos, lo de “reinas del narcotráfico” puede ser un título sensacionalista, un mito creado por los medios o por autoridades que quieren marcarse el tanto de haber capturado una pieza importante (la figura de la femme fatale tiene mucho éxito en la imaginación del público). El caso de Sandra Ávila Beltrán acabó muy desinflado :http://internacional.elpais.com/internacional/2015/02/08/actualidad/1423375114_002710.html
        Quiero decir que no tengo muy claro que esas mujeres sean incitadoras o reinas de nada. Puede que simplemente sean una pieza más dentro de esas organizaciones y no estén incitando más ni menos que quienes las rodean. Lo de “reinas”… ya digo, es una figura muy atractiva para el público.

  4. Arturo dijo:

    Estoy buscando enlaces a un documental emitido por TVE en 1999 titulado “las mujeres de la mafia”. En él trataba del papel que tenían las mujeres, más importante que el que se le suponía a un grupo “tan machista” como la mafia. Abarcaba desde el soporte en las acciones o a los escondidos, transmisión de información y órdenes con los encarcelados, maniobras de despiste o toma de decisiones y acciones directas. Recuerdo que comentaban que gran parte del supuesto retraso tecnológico que supuestamente le confería ventaja a la mafia frente a la policía, no era más que la libertad e impunidad con que se movían las mujeres, a las que suponían carentes del más mínimo papel en la organización. Así, por ejemplo, mientras la policía vigilaba a un individuo que se suponía iba a cometer un asesinato, este se pasaba el día de fiesta en fiesta, vigilado discretamente mientras el atentado lo cometía una mujer no vigilada. Otro tanto ocurría con los sofisticados métodos de comunicación entre los jefes presos y la banda: eran notitas que sus mujeres recogían en las visitas.
    Esto es todo lo que pude encontrar
    http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1999/02/18/124.html

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  10. L.K. dijo:

    Si el Viento de la Gerra Civil Americana se llevo el Viejo Sur, el Viento de la posguerra llamado “Periodo de Reconstruccion” trajeron una sociedad enferma y paranoica sobre la seguridad física y económica de las pobres mujeres blancas.

    Dicha paranoia provocaron el nacimiento del “el Ku-klus-klan” el feminismo, la Segregacion Racial y la ultramilitarizacion de toda la sociedad blanca como puede comprobarse en este fragmento del libro en el que se basa la pelicula mas vista de todos los tiempos:

    “Era demasiado hermoso el Sur para dejarlo permitir desaparecer SIN COMBATE, para permitir a los yanquis que lo aplastaran bajo sus botas. El Sur era una patria demasiado querida para abandonarla a aquellos zotes negros ebrios de whisky y libertad”.

    Otro fragmento que hace referencia a la “Violencia contra las mujeres blancas del Sur”:

    Si personalmente a usted le da igual ser violada, debe al menos considerar las consecuencias que ello le traería. Su obstinación la expone a ponerse en una situación que sus HEROICOS CIUDADANOS se vean en el caso DE VENGARLA COLGANDO A ALGUNOS NEGROS.”

    Otro :

    “Espero que no haya ocurrido otra violación. ¡si el Ku-kus-klan lincha a otro negro mas, los yanquis nos destrozaran¡”

  11. L.K. dijo:

    Fragmentos de lo que “El viento se llevo” que muestra la Campaña contra ¡La Violencia machista” emprendida hace casi dos siglos por el Ku-klus-klan
    “No lo han probado todavía, pero alguien mató a ese negro que había insultado a una mujer blanca. Y los yanquis están muy apurados porque han matado recientemente a muchos negros insolentes”.
    “A veces no hacen mas que asustarles y advertirles que deben irse de Atlanta; pero cuando no se comportan bien les dan una tunda y –cuchicheo Pitty– a veces los matan y los dejan donde puedan ser encontrados fácilmente, con la tarjeta del Ku-klus-klan sobre el cadaver”.
    Y otro muy expresivo:
    “Fue la gran cantidad de atentados perpetrados contra las mujeres y el deseo de sustraer a sus esposas e hijas a este PELIGRO lo que exasperó a los hombres del Sur, decidiéndoles a fundar el Ku-klus-klan”.
    Red Buttler le dice a Scarlett literalmente:
    “Va a oscurecer antes de que llegue a casa y me han dicho que una nueva colonia de negros ha venido a instalarse por aquí, en chozas y tiendas de campaña. Unos negros poco recomendables a lo que parece. No veo que interés tiene usted en dar a los exaltados afiliados del Ku-klux-klan para ponerse sus atavíos nocturnos e ir a dar una vuelta”.
    otro fragmento
    “De día y de noche el miedo y la ansiedad devoraban a Scarlett la amenaza de los negros, a los que ninguna ley retenía, el temor a a ver los soldados yanquis despojarla de todos sus bienes eran para ella una continua pesadilla”.
    Entre dichos bienes estaban obviamente los esclavos y las esclavas que evitaban que la pobre y desamparada Scarlett tuviera que………… trabajar.

  12. En el invierno de 1337, en la corte del rey Eduardo III de Inglaterra, tuvieron lugar los llamados “votos de la garza”, con los que los cortesanos pretendieron (y consiguieron) obligar al rey a que procediera a la conquista de Francia. Los votos quedaron inmortalizados en un poema anónimo titulado “Les voeus du héron”. La sesión de votos fue cerrada por la propia reina, que hizo el voto más terrible de todos: “Pues bien, dijo la reina, yo sé que hace tiempo / que estoy encinta de un hijo, pues lo he sentido dentro de mí. / Aún no hace nada que se volvió dentro de mi cuerpo. / Y yo voto y prometo a Dios que me creó (…) / que este fruto mío no saldrá de mi cuerpo / si antes no me habéis llevado al país del otro lado / para cumplir el voto de que habéis hecho promesa; / y si quiere salir antes de que sea tiempo, / me mataré con un gran cuchillo de acero / se perderá mi alma y perecerá aquel fruto.”

    Tomo la traducción de la versión en castellano del libro El Otoño de la Edad Media, de Johan Huizinga (traduccion de José Gaos; Alianza Editorial, Madrid, 1978 pp. 128-129]).

  13. Cartavio dijo:

    Un artículo doblemente interesante acerca del genocidio sudanés: un cantante, hombre, que lucha para que la censura no acalle sus canciones pacifistas, y el papel de las Hakama, las cantoras tradicionales que enardecen a los hombres para que cometan matanzas y atrocidades: “these women singers have a big influence on the community and play a very dangerous role in the conflict” Porque ya sabemos, si las mujeres mandasen no habria guerras
    http://freemuse.org/archives/5708

  14. Pingback: “Mas isto é causado por outros homens…” por Carlos Rodríguez – Pobretano

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