La incitadora: el papel de la mujer en la guerra y las deudas de sangre (I)

Uno de los objetivos de esta bitácora ha sido enmendar la visión tergiversada de la Historia que trata al hombre como una clase violenta monolítica y a la mujer como su inevitable víctima, aquella que se supone condena o desaprueba en silencio la violenta actitud de compañero. En las próximas entradas examinaremos el papel de la mujer en la guerra y las deudas de sangre que ocurrían en las sociedades germano-escandinavas y árabes. El presente artículo tratará la primera sociedad.

John Stuart Mill afirmó en su obra El sometimiento de la mujer (1869 d.C.):

El valor y las virtudes militares se fortificaron por el anhelo que siente el hombre de infundir admiración a la mujer. Y no sólo en las cualidades heroicas, sino en otras de distinto orden, funciona el estímulo femenil, puesto que, por natural resultado de la situación de inferioridad de la mujer, el mejor medio de fascinarla y conquistarla es ocupar un puesto eminente en sociedad, coronarse con la gloria y subirse al pedestal de la grandeza.

Estudios recientes parecen darle la razón. Uno realizado por la Universidad de Southampton presentó a 92 mujeres con distintos perfiles masculinos, desde deportistas hasta hombres de negocios, y el preferido por la mayoría fue el héroe de guerra: el soldado condecorado por su participación en combate. Un estudio posterior realizado en Holanda por los mismos investigadores con 159 mujeres ofreció resultados similares. De hecho, el heroísmo en zonas de combate fue más valorado que el heroísmo en zonas de desastres naturales.

Aunque dos estudios con una muestra relativamente pequeña no pueden tomarse como concluyentes, lo cierto es que existe escasa investigación al respecto. La poca información con la que contamos, sin embargo, se ajusta bastante bien a lo que Miller había dicho hace siglo y medio.

El poder femenino en el pasado no estaba, en su mayor parte, institucionalizado como en el caso del varón, pero ello no lo hacía menos real. En esta bitácora hemos examinado varios casos donde las mujeres incitaron a los hombres a ir a la guerra, como la campaña de Las Plumas Blancas, La Guerra de los Cristeros o durante la conquista de Hispania, aunque el fenómeno ha existido en muchas otras culturas. Y pese a los estereotipos, en buena parte de los casos las mujeres no los incitaban porque quisieran defenderse de un ejército agresor.

Cuando se trata de las deudas de sangre, sin embargo, es mucho más difícil estudiar el papel de la mujer como incitadora de conflictos mediante fuentes históricas, pues como ya mencionamos, su papel no siempre se encontraba institucionalizado. La literatura, sin embargo, recoge abundantes historias de lo que se ha venido a llamar “la incitadora”: una mujer que para lavar una afrenta contra ella o su familia apela al sentido de hombría de los varones, empujándolos al combate para limpiar su honor.

A continuación traduciré el artículo “La incitadora”, de Maria Kvilhaug. No he incluido las citas bibliográficas pero pueden encontrarlas en el texto original.

La incitadora

Cornelio Tácito puede haber sido el primero en describir a quien podríamos reconocer como “la incitadora” que domina los papeles femeninos en las poesías y sagas de los antiguos nórdicos.

“7. …y lo que principalmente los incita a ser valientes y esforzados es que no hacen sus escuadras y compañías de toda suerte de gentes, como se ofrecen acaso, sino de cada familia y parentela aparte. Y al entrar en la batalla tienen cerca sus prendas más queridas, para que puedan oír los alaridos de las mujeres y los gritos de los niños.

Éstos son los fieles testigos de sus hechos y quienes más los alaban y engrandecen. Cuando se ven heridos, van a enseñar las heridas a sus madres y a sus mujeres, y ellas no tienen pavor de contarlas ni de examinarlas con cuidado, y en medio de la batalla les llevan alimentos y consejos.

8. De manera que algunas veces, según ellos cuentan, han restaurado las mujeres batallas ya casi perdidas, haciendo volver los escuadrones que se inclinaban a huir, con la constancia de sus ruegos, con ponerles delante los pechos y representarles el cercano cautiverio que de esto se seguiría, el cual temen con mayor vehemencia por causa de ellas; tanto, que se puede tener mayor confianza de las ciudades que entre sus rehenes dan algunas doncellas nobles.

[Añado yo esto de Tácito, que sigue inmediatamente al párrafo anterior: “Porque aún se persuaden de que hay en ellas un no sé qué de santidad y prudencia, y por esto no menosprecian sus consejos ni estiman en poco sus respuestas. Así lo vimos en el imperio de Divo Vespasiano, que algunos tuvieron mucho tiempo a Veleda en lugar de diosa. Y también antiguamente habían venerado a Aurinia y a otras muchas, y esto no por adulación, ni como que ellos las hicieran diosas, sino por tenerlas por tales.”]

El papel de la incitadora puede ser una de las razones por la que el estatus de las mujeres permaneció elevado en las culturas germana y escandinava pese al patriarcado, el dominio político masculino y el enfoque central de la cultura en las virtudes del guerrero. Desde las tribus de la Edad de Hierro en Europa Central hasta las fuentes vikingas tardías, observamos continuas referencias que muestran cómo el coraje de un hombre y su destreza militar eran de escaso valor sin la estima de las mujeres [el resaltado es mío], por lo que aquello que Tácito señala cuando afirma que las mujeres son el testigo más venerado para presenciar la conducta de un hombre, así como su papel de “animadoras” y su habilidad con la medicina y la cirugía, se encuentra completamente dentro del marco general del retrato cultural.

Michael Enright ha señalado que varios textos antiguos muestran que se esperaba de la esposa del señor de la guerra que nombrara ritualmente al rey y lo elogiara, así como que confirmara tanto la unidad como la jerarquía en una banda guerrera germana. El ritual de la reina incluía la ofrenda de una bebida de la copa comunal, que ella servía primero al señor de la sala, y después a cada guerrero, uno tras otro, según su rango. A cada hombre ofrecería palabras de elogio, consuelo o provocaciones directas designadas a empujar a un hombre a realizar actos de bravura.

Dichas provocaciones no podían ser emitidas por otros hombres porque causarían una pelea, pero cuando las decía una mujer, el hombre provocado no tenía otra opción que aceptar el reto y mostrar su valor. Un ejemplo literario de ello se encuentra en el poema anglosajón del siglo VII Beowulf, donde la reina Wealtheow reta al recién llegado, Beowulf, a mostrar su coraje matando a Grendel. Según Enright, era de hecho esta “exhortación femenina, otorgamiento de estatus, provocación y profecía” lo que jugó un papel central en el crecimiento de las bandas guerreras como instituciones.

El tema de la incitadora o provocadora es el modelo absolutamente dominante en los papeles femeninos de la literatura germano-escandinava, e incluso aparece en textos antiguos sobre los germanos. Las mujeres darían ligeras indicaciones y llamarían la atención sobre las afrentas que necesitaban ser enmendadas. Los hombres, que eran quienes tenían que arriesgar su vida o arriesgarse a ser mutilados, son a menudo reticentes, por lo que las mujeres comienzan a burlarse, hostigar y ofender al hombre poniendo en duda verbal o simbólicamente su hombría y su coraje. Estos insultos sólo tienen una solución: el hombre tiene que probar su valía y terminar haciendo lo que la mujer quiere [!].

Muchos de los versos escáldicos hacen referencia a las crueles burlas de las mujeres y a la esperanza de que su sed de sangre sea saciada con las hazañas masculinas y el sacrificio de la sangre. Las mujeres de estas historias parecen ignorar el riesgo de perder a sus amados o no les importa, preocupándose únicamente por su valor y honor, que eran más valiosos que la continuidad de la vida. En el caso de Teodorico el Grande, rey de los godos, su propia madre actuó como incitadora:

Una vez, Teodorico y los Godos estaban guerreando contra el rey Odoacro y los hérulos. Huyendo con sus hombres, Teodorico entró en Rávena. Su madre Lilia estaba allí y se dirigió a su encuentro, insultándolo y diciéndole: «no hay lugar al que puedas huir, hijo mío, salvo que me levante el vestido y te devuelva al vientre del que naciste».

En la Historia Francorum o Historia de los francos, escuchamos sobre la reina Amalaberga, esposa del rey Hermanfredo, que desaprobaba la decisión de que su marido compartiera el poder con su hermano Baderico, y “plantó la semilla de la guerra civil” entre los hermanos de manera simbólica:

Un día cuando su marido fue a comer, encontró que sólo la mitad de la mesa estaba puesta. Cuando le preguntó [a su esposa] cuál era el significado de aquello, ella respondió: «un rey que es desprovisto de la mitad de su reino, merece encontrar la mitad de su mesa vacía». Hermanfredo se enfureció por ello y otras cosas similares que hizo Amalaberga. Decidió atacar a su hermano…

La Historia Francorum constituye un buen ejemplo de cómo los escritores temprano-medievales recalcaban la grandeza de un señor o guerrero mostrando cómo éste era alabado por las mujeres. Un caso famoso está relacionado con Childerico de los Francos, quien fue abordado por la reina Basina de Turingia. Ella había abandonado a su marido y viajado por Francia, donde declaró ante el rey:

Sé que eres un hombre fuerte y reconozco la habilidad cuando la veo. Por ello he venido a vivir contigo. Puedes estar seguro de que si conociera a alguien… más capaz que tú, lo habría buscado y me habría ido a vivir con él.

En esta historia vemos lo diferentes que eran las actitudes [heredadas de] la Edad de Hierro hacia las mujeres, comparado con los posteriores conceptos medievales de castidad femenina, obediencia y timidez como virtudes principales. Una reina puede dejar a su marido-rey para irse a vivir con otro monarca, por querer estar sólo con el hombre más fuerte y capaz, algo que es celebrado, como muestra que Childerico estuviera complacido con las acciones y palabras de Basinia, con quien se casaría más tarde. La intención de la historia era ilustrar la fama y el valor de Childerico.

En la Njáls Saga de la Islandia medieval, una mujer llamada Hildigunn incitó una larga deuda de sangre exhortando al jefe del clan para que actuara. Empleó una forma similar de manipularlo a la que vimos en la historia de Amalaberga y su mesa medio puesta. Hildigunn había perdido a su marido a manos de los enemigos del clan, pero los hombres de su propio clan (que se habían convertido al cristianismo) decidieron emprender acciones legales y evitar la violencia.

Hildigunn apeló a su tío Flosi, jefe del clan, y cuando éste permaneció reacio a vengar a su marido, lo invitó a un banquete donde empleó una acción simbólica tras otra a fin de recordarle su deber. Preparó la silla más alta para él, de forma que recordara su posición como líder del clan. Entonces le dio una toalla llena de agujeros para limpiarse, símbolo de empresas inacabadas. Después entró en la sala, llorando, para recordarle su dolor. Ambos tuvieron una discusión donde emergió el deseo de vengar a su marido. Cuando él continuó rechazando su petición, ella arrojó la túnica ensangrentada que había pertenecido a su esposo y que Flosi le había otorgado como regalo, hecho que le recordó antes de devolvérsela. Declaró:

Te pido en el nombre de todos los poderes de tu Cristo y en el nombre de tu coraje y tu hombría, que vengues cada una de las heridas que marcaron su cuerpo, o seas objeto de burla para todos los hombres.

Aunque Flosi había rechazado todas sus peticiones, esta última acción fue la gota que colmó el vaso. Ahora no tenía otra opción. Flosi reunió a sus hombres y se preparó para el combate.

La idea de que la guerra es una esfera masculina no se halla presente entre germanos o vikingos, pese a que los hombres eran, en su mayoría, quienes luchaban. Las mujeres estuvieron, al parecer, vigilando constantemente, juzgando y haciendo comparaciones entre los hombres. Las mujeres apelarían a los conceptos de hombría, y haciéndolo se convertirían en las más temidas críticas de las comunidades, donde la reputación “era un asunto de vida o muerte”.

Todo indica que las mujeres eran las guardianas del honor familiar, que de hecho enseñaban a sentir, y muchas realmente sintieron, una poderosa necesidad de respaldar los valores masculinos evaluando los asuntos de los hombres, juzgándolos y dejando que dichos juicios de valor fueran conocidos por el público. Si una mujer descubría afrentas entre los hombres de su clan, buscaría restaurar su honra apelando al sentido masculino del honor y el heroísmo. El funcionamiento del código heróico estaba fuertemente vinculado con las evaluaciones femeninas de los asuntos masculinos.

Todas las fuentes muestran cómo las críticas femeninas blandían un enorme poder político y eran a menudo la causa de venganzas familiares y guerras. De esta forma, aunque a las mujeres no se les permitía formar parte de consejos políticos, esgrimían una poderosa influencia como las guardianas de la virtud masculina, y también con su derecho a cuestionar el coraje de un hombre en público y señalar o ridiculizar la cobardía masculina.

Aquí termina la traducción.

Aunque el texto sólo hace referencia una vez a las deudas de sangre, Susan Riverbank, en su tesis de maestría Temas de honor femenino en las sagas islandesas afirma que:

Debido a su fuerte e inquebrantable determinación por proteger su honor y el de su familia, las sagas a menudo describen a las mujeres escalando o prolongando las deudas de sangre y rehusando compensación por insultos o heridas (p. 22).

Después menciona (y describe) este papel en la Saga Volsunga, la Saga del Pueblo de Laxardal, la Saga de Njal, la Saga Groelandesa y la Saga de Erik el Rojo (p. 22-39). No se trata, como vemos, de algo anecdótico. Y aunque por supuesto las historias literarias no tienen por qué ser necesariamente reales palabra por palabra, la continua aparición de este modelo femenino nos hace pensar que se basaba en una realidad histórica. Habrá quien opine que sólo se trata de una descripción sexista de las mujeres por parte de los autores masculinos, pero leyendo las sagas puede comprobarse que en muchos casos se presenta a la mujer como a alguien que hace lo correcto.

La conclusión que podemos extraer de todas estas historias es que el uso de la guerra y la violencia para resolver los conflictos no ha sido patrimonio exclusivo de los hombres, y que las mujeres a menudo han favorecido esta opción sobre otras disponibles, transmitiendo, preservando y fomentando los valores guerreros.

En la próxima entrada trataremos el papel de la mujer en las deudas de sangre de la cultura árabe por medio del tahrid, un género poético especializado en historias de mujeres que incitan a los hombres a matar.

Gracias a Mouguias por sugerir ambos temas.

Continuación:

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50 respuestas a La incitadora: el papel de la mujer en la guerra y las deudas de sangre (I)

  1. Enric Carbó dijo:

    Esto de la mujer incitadora en las deudas de sangre, yendo de la lejana cultura nórdica a la nuestra, me ha hecho recordar el siguiente pasaje de “Bodas de Sangre” de Federico García Lorca
    LA PONCIA: La hija de la Librada, la soltera, tuvo un hijo no se sabe con quién.
    ADELA: ¿Un hijo?
    LA PONCIA: Y para ocultar su vergüenza lo mató (…)
    BERNARDA: Sí que vengan todos con varas de olivo y mangos de azadones, que vengan todos para matarla.
    ADELA: No, no. Para matarla, no.
    MARTIRIO: Sí, y vamos a salir también nosotras.
    BERNARDA: y que pague la que pisotea la decencia.
    ADELA: ¡Que la dejen escapar! ¡No salgáis vosotras!
    MARTIRIO (Mirando a Adela.): ¡Que pague lo que debe!
    BERNARDA (Bajo el arco.): ¡Acabad con ella antes de que lleguen los guardias! ¡Carbón ardiendo en el sitio de su pecado!

    ¿Quienes eran las más ardientes defensoras de ese patriarcado que supuestamente privilegiaba a los hombres en contra de las mujeres?

    • Gracias por la referencia Enric. Una vez más, es complicado saber que ocurría en las familias por medio de fuentes históricas, pero la literatura puede servir de ayuda, siempre que tengamos en cuenta sus limitaciones.

      “Carbón ardiendo en el sitio de su pecado”. Parece como si la fornicación hubiera sido más grave que matar a un bebé…

    • Jeipi dijo:

      Hay que precisar que la cita no es de “Bodas de sangre”, sino de “La casa de Bernarda Alba”. Como vemos, uno de los personajes se llama Bernarda, y con otras mujeres, porque todos los personajes de la obra son femeninos, habla de cómo atormentar a una pecadora (pasa el test de Bechdel).

      • Enric Carbó dijo:

        Vaya lapsus! Tienes toda la razón, Jeipi, se trata de “Bernarda Alba”. Recuerdo que este pasaje me impresionó la primera vez que lo vi en el teatro. No se me había ocurrido que además pasa el test de Bechdel: genial

  2. Rebus dijo:

    Y no hay que olvidarse del fantástico libro que ha escrito la periodista Mónica Alvarez sobre el papel de las mujeres en el régimen nazi. Fueron tan asesinas y tan crueles (o más) que los hombres de la época. “Guardianas Nazis. El lado femenino del mal” (Edaf, 2012) es mi primer ensayo de investigación en solitario con prólogo del prestigioso médico forense Dr. José Cabrera y traducido en Italia y Polonia. Un trabajo valiente y muy documentado que le ha costado 3 años de su vida y que destruye muchos mitos feministas. Saca a la superficie lo que cualquiera que no esté cegado por el fanatismo de género sabe: que el mal no tiene género.

    http://www.que.es/blogs/201401310909-fueron-mujeres-nazis-asesinas-peor.html

    http://www.ellibrepensador.com/2013/03/18/guardianas-nazis-el-lado-femenino-del-mal-de-monica-g-alvarez/

    “El horror del Holocausto reclutó en el bando de los verdugos a personas de toda condición, entre ellas también mujeres: madres, amas de casa, novias o esposas ejercieron de carceleras en los campos de exterminio. Se entregaron a fondo por una causa perversa y a menudo superaron en maldad a sus compañeros como torturadoras y asesinas. Esta es su historia.
    Violentas y despiadadas, sembraron el terror entre las víctimas de los campos de concentración. Según algunos supervivientes, no se limitaron a cumplir órdenes: mostraban iniciativa para idear los castigos más crueles e incluso alardeaban del placer que experimentaban al aplicarlos. ¿Quiénes fueron estas mujeres que formaron parte de la maquinaria del nazismo? El libro se centra en 19 mujeres concretas que representaban la punta de lanza de las torturadoras pero se sabe que hubo unas 3700 repartidas en los campos concentración.

    A través de testimonios escalofriantes, Mónica G. Álvarez revela el historial de personajes como Irma Grese, el Ángel de Auschwitz, siempre dispuesta a soltar perros hambrientos sobre las reclusas; o Dorothea Binz, que compaginaba las brutales sesiones de azotes y abusos con su apasionada relación con un siniestro comandante de las SS.

    El libro detalla también el antes y el después de cada una de las guardianas: así conocemos su insospechado pasado como estudiantes, secretarias o dependientas, y descubrimos su destino una vez acabada la guerra. Sorprende comprobar el cinismo de las protagonistas: cuando fueron juzgadas, ninguna llegó a mostrar el más mínimo arrepentimiento. Este estudio, bien documentado y con pasajes que no dejarán a nadie indiferente, retrata una faceta ignorada del capítulo más sangriento del siglo XX.”

  3. Mouguias dijo:

    El papel de instigadora no es un simple topico de la literatura. Podriamos recordar crimenes famosos como el de Neus Soldevilla, la Matanza de Puerto Urraco, o el asesinato de Isabel Carrasco, la presidenta de la Diputacion Leonesa. En general, cuando quieren matar las mujeres envenenan o contratan a un sicario o convencen a algun pagafantas para que les haga el trabajo sucio, hoy igual que hace dos mil años.
    “Much Ado About Nothing” de Shakespeare, Acto IV, escena 1. Dialogo entre Benedick y Beatrice:
    Benedick: Is Claudio thine enemy?
    Beatrice: Is he not approved in the height a villain, that hath slandered, scorned, dishonored my kinswoman? Oh, that I were a man! What, bear her in hand until they come to take hands and then, with public accusation, uncovered slander, unmitigated rancor—O God, that I were a man! I
    would eat his heart in the marketplace!.

    Ya, pero no lo eres. Y alla va que se va el memo de Benedick a hacer el imbecil por ti.

  4. isidro dijo:

    Excelente artículo. Me ha gustado no por lo que me descubre sino por lo que me confirma. La mujer como incitadora de violencia no es ningún problema difícil de explicar para un darwinista.
    Yo puedo aportar el caso que hace un par de semanas me contó un fontanero con el que tengo cierta amistad. Como siempre digo, no habría problemas por mi parte en aportar pruebas de que sucedió como lo voy a contar. El fontanero me contó que una chica grabó con su móvil a su hijo (hijo del fontanero) y subió las imágenes a internet con el ostensible propósito de burlarse del chico (no especificó el fontanero qué grabó la chica). Estamos hablando de chicos de unos doce años, si mal no recuerdo. El chico, una vez se enteró de la jugarreta, se lo contó a un profesor. Entonces, la niña, que según cuenta el fontanero, es prematura en cuestiones de tabaco, alcohol y sexo, se lo contó a un amigo suyo de más edad, con la intención de que hiciera algo para asustar al crío que se había “chivado” de ella. El chaval mayor, para vengar a su amiga, mandó varios mensajes insultantes y amenazantes al niño (“te voy a cortar los huevos, cabrón…” y cosas por el estilo). El crío, asustado, refirió el caso a sus padres. La madre llamó al chaval mayor y lo puso de vuelta y media.

  5. L.K. dijo:

    Creo que muy ligado al tema que planteas de “incitación a la violencia” o de “premiar al violento” o “macho alfa” es lo que que basado en su propia biografia y sus propias sensaciones escribió la psiconanalista feminista Karen Horney , donde reconoce las profundas contradicciones del pensamiento neurótico femenino : :

    “Del mismo modo, suele producirse una extraña contradicción que puede trastornar profundamente cualquier lazo amoroso: una muchacha neurótica no puede amar a un hombre «débil» porque detesta toda debilidad, pero tampoco es capaz de competir con un hombre «fuerte» porque siempre espera que éste se doblegue ante ella; de ahí que, en secreto, sólo busque al «héroe», al superhombre recio, pero al mismo tiempo tan débil que se someta sin vacilar a cualquier demanda suya”

    (Pag 101 de “La Perrsonalidad neurótica de nuestro tiempo”)

  6. Babel dijo:

    Isidro, la historia que cuentas es perfectamente creíble. Todos hemos visto cosas así.
    Lo malo es que hay una propaganda brutal para quitarle a las mujeres su parte de responsabilidad por la violencia en la sociedad. En muchos casos, aunque la violencia sea ejercida por hombres de forma directa, la responsabilidad de ellas es igual o mayor.

  7. L.K. dijo:

    Para ver el tema de la incitación a la guerra nos basta con ver en las biografías de las primeras sufragistas y feministas de la historia.
    No hace falta buscar demasiado
    Ya en la Wikipedia tenemos esto de Sylvia Pankhurst : “En 1911 publicó Historia del movimiento de mujeres sufragistas y a partir de allí, se veían las diferencias que tenía con su madre, ya que Sylvia no apoyaba la guerra, porque era una mujer pacifista y socialista”
    La madre, Emmeline Prankurst, obviamente apoyaba la guerra, el que que fueran los hombres y que se les fusilara por desertores.
    Madre e hija además de compartir apellido y el deseo por la igualdad eran “feministas con ama de llaves y criadas”. Digo “criadas” porque con una…..no bastaba.

  8. Babel dijo:

    Aprecio mucho vuestras aportaciones, o sea que no os toméis esto como un menosprecio:
    Para ver el tema de la incitación a la violencia por parte de las mujeres sólo hace falta haber vivido en este planeta aunque no hayas aprobado ni la educación primaria y ni siquiera sepas qué es una feminista.
    Se cae por su propio peso.

    • No tomamos ofensa, tranquilo. Sacamos estas cosas a relucir porque las estadísticas de crímenes masculinos son fácilmente visibles, pero estas dinámicas ocultas son más difíciles de sacar a la luz, no hablemos de cuantificar.

    • Mouguias dijo:

      Babel, esto es una guerra de propaganda, y hemos llegado al extremo de que nos pretenden hacer creer que “la mujer malvada” es “un mito” y que la violencia y la guerra son monopolio masculino.
      Esta entrada del blog dinamita la idea de un “patriarcado” eterno e inmutable en el que la mujer carece de poder, es siempre la victima indefensa, y el hombre es siempre el agresor y el privilegiado.

  9. Babel dijo:

    Isidro, no me extraña que al final ella no se llevase bronca ninguna, es lo que suele ocurrir.
    Mouguias, concuerdo con lo que dices.
    Esta entrada me resulta especialmente curiosa, paso a relatar algunas situaciones que conozco de primera mano:
    1. Un amigo está haciendo botellona y vienen 3 mujeres a intentar robar el alcohol. Mi amigo les dice que se vayan. Una de ellas se va poniendo cada vez más agresiva y le termina dando una patada, a lo que mi amigo responde con otra patada. Ellas se van y a los 2 minutos aparecen junto a 8 hombres que le dan a mi amigo una paliza (sólo moratones afortunadamente) y 2 navajazos (pincharon en hueso de forma literal, afortunadamente).
    2. Entro a trabajar nuevo en un sitio. Hay una chica que me gusta. Los 2 primeros días hablo con ella de forma sugerente, sin tener claro si me corresponde o no y pensando que el tiempo lo dirá.
    Al tercer día cuando llego hay un tío AMENAZÁNDOME DE MUERTE en el trabajo. Yo no entiendo nada. Resulta que tenía novio. Se aclara todo y el novio me culpa por no preguntar. Afortunadamente, al final no pasó nada.
    3. Chico acosador en el instituto. Ella no acosa directamente pero le ríe las gracias al que lo hace, y se pasa el día ligando con él. Premio al hombre desconsiderado.
    4.Estoy en la discoteca con mis amigos. Me acerco a la barra a pedir una cerveza y en el momento que la dejo ahí para pagar una chica intenta quitármela. Lo impido y le digo que no lo intente. Me contesta que tenga cuidado porque su novio está cerca. Le digo que he venido con 10 amigos que están ahí en la pista y que lo mejor es que todos pasemos una noche tranquila. Afortunadamente, se va y no ocurre nada más.
    5. Estoy viendo el fútbol en casa de un amigo. El equipo del que somos aficionados gana un partido importante y él sale a la terraza a saltar y gritar. Una mujer desde el bar de abajo le dice que ojalá se caiga. Mi amigo la insulta y el marido (que estaba con ella sentado) insulta a mi amigo para defender a su mujer. Mi amigo amenaza con bajar a darle puñetazos. Afortunadamente no pasó nada porque logré calmar a mi amigo para que no bajase.
    6. Hay una pareja de conocidos míos en la discoteca. El tío es musculoso de gimnasio. Su novia se encuentra a un chaval al que los demás acosaban en el instituto. Le da la idea al novio de que se acerque al tío y le diga que es policía y que se lo lleva detenido. El novio lo hace, incluso se lo lleva fuera de la discoteca mientras el chaval está muerto de miedo. Ella se ríe al contarlo.

    • Deberíamos hacer un blog de “microsexismos”, a ver si más gente se anima a contar este tipo de experiencias.
      La única que no me convenció es la número 5, porque ahí no es la mujer quien utiliza al marido sino que éste es testigo de lo que pasa y sale a defenderla. En el resto de casos sí, las chicas utilizan a los chicos para ejercer la violencia que ellas quieren realizar pero no directamente.

      • Babel dijo:

        Carlos, a mí si me convence. La mujer está en la calle buscando pelea pero con su comportamiento pone en peligro a su marido, que en última instancia es el responsable de agredir a quien sea. El marido no defendió a su mujer de nada porque ella es la que estaba en la calle y agredió verbalmente a mi amigo sin que él le dijese nada. Eso de dar un par de gritos y saltos en la terraza una vez q termina el partido es algo normal en España. Por cierto, la idea del blog me parece excelente.

      • No estoy fino. Por alguna razón la mente me conjuró la idea de los vecinos quejándose por el ruido.
        En cuanto al blog, por desgracia mi capacidad de escribir aquí va a reducirse considerablemente a partir de junio, pero si alguien quiere lanzar la idea, creo que podría aportar cosas.

      • Raúl dijo:

        ¿No crees que según cuenta Babel. En ese número 5, hubiese reaccionado ella igual a sabiendas que su marido estaba al lado, y que tantos hombres de alrededor también la hubiesen defendido, aún siendo la causante real de dicha disputa? Yo sí considero que es otro modo de actuar con resultado victorioso, ya que ella/s no se ensuciará/n las manos por sus desafortunados actos (ya sean con o sin intención) Y siguiendo tu guión acerca de los microsexismo, es otro de ellos, sin duda. El que los hombres deban limpiar y arreglar los conflictos que han generado ellas invisible o visiblemente (como deber social) me parece otra forma de control sistemático, educado y aceptado desde los orígenes de la humanidad, y por ello otra forma de discriminación diaria y normalizada.

      • Babel dijo:

        Releyendome me doy cuenta de que suena contradictorio que diga primero que la defiende y luego que no. Lo que quiero decir es que ella empieza una pelea en la que su marido se juega el físico, de hecho ella no se llevo amenazas de puñetazo sino él, y que eso no es lo mismo que si estas en la calle y defiendes a tu novia de alguien que se dirige a ella para insultarla o importunar la de alguna forma. Espero haberme explicado mejor.

      • Me quedó claro, es que perdí la parte en que ella gritaba desde un bar. Por lo que fuera pensaba que lo había hecho desde el piso de abajo (imaginé que por el ruido). Como digo, no he estado fino, tú te explicaste perfectamente.

      • isidro dijo:

        Hola, amigos.
        Me parece muy buena idea abrir un blog (o una sección en este) que recoja testimonios como los que aquí se han referido. Con lo que no estoy muy de acuerdo, Carlos, es con llamarles “microsexismos”. El elemento compositivo “micro” significa “una millonésima”, y es obvio que solo las feministas tienen vista y enfermiza susceptibilidad para advertir en una conducta partes tan diminutas (los “micromachismos” famosos). Los casos expuestos pueden tener consecuencias muy graves. No sé si todavía circulará por Internet un vídeo que hace meses vi. Un par de chicas son importunadas en una tienda por dos tipejos ostensiblemente violentos. Una de las chicas, si mal no recuerdo, recibe un pequeño empujón o manotazo de uno de los matones (bueno, seamos precisos: solo uno de los dos molesta a las chicas). Eran, por cierto, luchadores profesionales. Las chicas se van de la tienda y al cabo de unos minutos aparecen varios hombres buscando a los ofensores. Y se lía. Se lía hasta tal punto que los ofensores son brutalmente agredidos por los otros, apaleados una vez en el suelo y sin consciencia.

        Al blog o sección le llamaría “Testimonios sobre gajes o injusticias de la condición masculina”. O, ya puestos, “Los macrosexismos que sufren los varones”. No sé, pero, en cualquier caso, evitaría el elemento “micro”.

        Es obvio que a algunas mujeres les gusta comprobar que los hombres se pelean por ellas. Es una demostración más de inmenso poder psicológico que las mujeres tienen respecto de los hombres. Cabe añadir que, como complemento a la mentalidad instigadora de algunas mujeres (sean pocas o muchas), no son pocos los hombres que se sienten predispuestos a pelear para resarcir a una mujer, en especial si es joven y bonita. Y conste que no digo esto para justificar la conducta de ellas. Otros muchos, desde luego, se meten en pendencias sin ninguna gana.
        Estamos ante una constante: los hombres sacan y se rompen la cara por las mujeres: algo que vemos muy claramente en los muchos paladines del movimiento feminista. Y ahora me viene a la cabeza algún artículo feminista exhortando a los hombres a que defiendan a las mujeres en plan caballero de toda la vida.

        Saludos.

      • Tienes razón en lo del nombre, Isidro.
        Por restricciones de formato debo mantener el título cortito (1 o 2 palabras), de modo que no puedo poner los sugeridos. ¿Qué les parece “Misandria Cotidiana”? Acepto otras ideas.
        En cualquier caso, la idea es recoger todos estos hechos que son difíciles de contabilizar y no aparecen en las estadísticas.

      • isidro dijo:

        Por cierto, una cosa que se me quedó en el tintero. Muchas mujeres, militantes o no del feminismo, entonan el mito del macho posesivo que anula la personalidad de la esposa o la hija o las maltrata. Acusan a los hombres de considerar a las mujeres objetos de su posesión. Sin embargo, esas mismas mujeres incitan a “sus” hombres a que se peleen por ellas cuando les conviene. Parece que en estos casos no les importa que sus hombres las consideren suyas (“pégate con ese: defiende lo tuyo”); porque, de no sentirlas suyas, ¿cabría la posibilidad de que ellos se jugaran el tipo por ellas?

      • isidro dijo:

        A mí me parece bien lo de “Misandría cotidiana”.

      • Jeipi dijo:

        ¿”Microsexismos”? ¿”Macrosexismos”? Creo que el término más opuesto al “micromachismo” boniniano sería justamente “macrohembrismo”, reemplazando cada formante por su antónimo con la clara intención de contrariarlo.

        Y a muchos podríamos decirles haciendo una paráfrasis del Evangelio: “Ay, escribas y fariseos sexistas, que coláis un micromachismo y os tragáis un macrohembrismo.”

  10. Arturo dijo:

    Se me ocurre que podrias abrir una sección de historias de microsexismos donde se fueran colgando y comentando las historias vividas o conocidas por cada uno. Solo es una sugerencia

    Arturo

  11. isidro dijo:

    Lo acabo de oír en la 2 de televisión española. Cerca del 84% de las personas que hacen contribuciones a la Wikipedia (escriben artículos de forma desinteresada) son hombres. ¿No habíamos quedado en que las mujeres son mucho más colaboradoras que los hombres? Dicho de otro modo: Si de las mujeres dependiera, la Wikipedia sería un 84% más reducida de lo que es hoy. El uso de Wikipedia es, sin embargo, parejo en ambos sexos.

    • Eso ha sido utilizado por los diarios tipo El País como “prueba de sexismo”. De haberse cambiado los papeles, hablaríamos de la gran contribución femenina al conocimiento, acompañado probablemente de un reproche al sexo masculino. Es ya quejarse por quejarse.

  12. Babel dijo:

    Carlos, te iba a decir lo mismo que Isidro con respecto a lo de “micro”. Se me ocurre llamarlo “sexismo invisible”.

  13. Babel dijo:

    Hace tiempo leí ésto sobre el motivo de que las mujeres no escriban allí.
    Lo que dicen es ofensivo para los hombres (nada nuevo), pero sinceramente también lo considero ofensivo para las mujeres:
    http://www.elconfidencial.com/tecnologia/2014-09-02/por-que-las-mujeres-no-escriben-en-la-wikipedia_184092/

    • Cierto, es ofensivo para las mujeres. No se puede pretender que las mujeres son iguales para trabajos de gran estrés y responsabilidad como dirigir empresas, y al mismo tiempo decir que les da miedo una discusión en la Wikipedia.

  14. Babel dijo:

    El tema que habéis sacado de la wikipedia da mucho de sí. Comentaré en la sección de comentarios fuera de tema sobre eso para no desviar el hilo.
    Isidro, en los hombres hay de todo como bien dices. Algunos lo están deseando, y aunque eso no es una justificación del comportamiento de ellas desde luego pone a los hombres su parte de responsabilidad. Yo no creo que ese tipo de hombres se comporten de tal manera por una preocupación sincera por injusticias que puedan sufrir las mujeres, sino por llenar su ego demostrando ser los más machotes. Ellas también llenan su ego viendo como provocan peleas. Digamos que los 2 obtienen lo que quieren.
    En cuanto a lo siguiente que has dicho, las mujeres pretenden las ventajas de ser queridas pero no los inconvenientes. Y es que en cualquier relación de 2 personas que se quieren (no necesariamente ha de ser una pareja), aparte del afecto y la defensa del otro, también hay enfados y corrección de comportamientos inadecuados.
    Yo no soy perfecto, y muchas veces las personas que me quieren me han dicho cosas que en su momento me molestaron pero que a día de hoy agradezco, y que aunque en el momento me molestase les agradezco su honestidad.
    Cuando a alguien le das igual no tienes esos problemas….. pero claro ellas lo quieren TODO.
    No se dan cuenta de que esa gente que defiende que las mujeres tengan una libertad ilimitada (algo que, por cierto, nadie tiene) no las están ayudando.

    • Cierto, los hombres también tenemos nuestra parte de culpa en esto. Algunos se ven empujados a actuar, pero otros están deseosos de tener una excusa para “probarse ante su dama”. A veces incluso sin que la propia dama lo pida.

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  22. Magi dijo:

    Que curioso, yo no había leído este artículo y en un comentario de hace tiempo te mencioné esa frase de Tácito, yo también lo he leído

    También te puedo decir que mi padre fue militar y estuvo en la legión y la brigada paracaidista .

    Pues yo no sé si será verdad que la mayoría de las mujeres prefieren al hombre agresivo como pareja , yo desde luego no.

    Yo prefiero a un hombre sensible con el que pueda conectar.

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