El poder femenino en el matrimonio tradicional: los casos de India, China y Japón

Si comenzara este artículo diciendo que el marido no era la figura más poderosa en el matrimonio de las sociedades tradicionales, podría imaginar a un ejército de críticos afilando sus cuchillos para luego bombardearme con pruebas de que en muchas culturas, incluyendo las cristianas, se esperaba la sumisión de la esposa al marido. Sin embargo, eso es justo lo que voy a afirmar: el marido no era quien más poder tenía en dicha relación. Ahora bien, tampoco era la esposa. En la presente entrada exploraremos el papel de la suegra en las sociedades tradicionales de India, China y Japón para que señalar cuáles eran sus poderes y cómo podía imponerse sobre los de su hijo en la propia relación de éste.

Japón

El clásico de la antropología japonesa El Crisantemo y la Espada (1), escrito por Ruth Benedict, nos explica lo siguiente sobre la sociedad tradicional del país (la negrita es mía):

Se da por descontado que en las familias respetables los padres eligen las esposas de sus hijos, normalmente a través de los buenos oficios de algún mediador (…). Es proverbial que la suegra no vea con buenos ojos a la nuera. Encuentra en ella toda clase de defectos; puede incluso echarla y romper el matrimonio, aunque el joven marido sea feliz con su esposa y no pida más que vivir a su lado. Las novelas, y la vida misma, destacan tanto el sufrimiento del marido como el de la mujer. El marido, por supuesto, cumple con el ko [piedad filial] al someterse a la ruptura del matrimonio (p. 123).

Como acabamos de leer, si bien el marido poseía más autoridad que la esposa, la suegra tenía aún más autoridad que el marido, y éste último debía obedecer sus dictados. El sometimiento del marido a la autoridad femenina no ha sido explorado apropiadamente desde el feminismo, y si lo ha hecho rara vez ha sido considerado responsable de la miseria de los cónyuges. Veamos hasta donde llega este poder:

Una japonesa “modan” [moderna] que ahora está en Estados Unidos, acogió en su casa de Tokio a una joven esposa embarazada cuya suegra la había obligado a dejar a su afligido marido. La muchacha estaba enferma y desilusionada, aunque no culpaba a su marido. Gradualmente, empezó a demostrar interés hacia el niño que iba a tener. Pero cuando nació éste se presentó la suegra, acompañada de su silencioso y sumiso hijo, a reclamarlo. Éste, por supuesto, pertenecía a la familia del marido, y la suegra se lo llevó, si bien se deshizo inmediatamente del pequeño, dejándolo al cuidado de otros. Esto es un ejemplo de lo que en ocasiones puede exigir la piedad filial, y es el pago que se les debe a los padres.

Si bien éste parece un caso extremo, nos indica el alcance del poder que tenía la suegra sobre su hijo. En el Occidente contemporáneo percibimos el matrimonio como una cosa de dos, y cuando proyectamos dicha percepción a las sociedades tradicionales tendemos a pensar que el marido era la parte dominante. Pero entonces el matrimonio no era cosa de dos, y si bien la esposa debía obedecer los dictados del marido (en teoría, al menos), el marido debía obedecer los dictados de otra mujer: su madre. Aquí cabe preguntarse ¿qué papel tenía el suegro en todo esto?

Si bien según la jerarquía establecida sería la persona más poderosa, éste tendía a dedicarse a los negocios y las relaciones externas de la familia, mientras que su mujer se erigía en la dueña y señora del ámbito doméstico, convirtiéndose de hecho en la influencia más importante del matrimonio de su hijo. Como veremos, ése era también el caso en otros países asiáticos

China

La tortuosa relación entre la suegra y la nuera en la cultura China también es proverbial. En su obra sobre el vendaje de pies en este país, Shirley See Yan Ma señala (la negrita es mía):

Según El libro de los Ritos (Li Chi) [la nuera] debía mostrar un gran afecto y obediencia hacia los padres de su marido, quien a su vez se encontraba en una posición subordinada en la casa de su padre. Su disgusto o repudio [el de los suegros] podía traer una gran vergüenza sobre ella y su familia –independientemente de quién tuviera la culpa-. Tenía que evitar el contacto con su suegro y sus cuñados. La persona con la que estaba en un contacto más cercano era su suegra, la encargada de integrar a la novia en la unidad familiar. Y aquí era donde comenzaba el verdadero drama de su vida. El duro tratamiento de la nuera por parte de la suegra ha sido una característica notable de la vida familiar china (…). La única persona que realmente podía apoyar a la novia en su nueva estructura familiar era su marido. Desafortunadamente para ella, su papel como “hijo” tenía prioridad sobre su papel como “marido” y, debido a la piedad filial, se le requería alinearse con su madre, quien a menudo se aprovechaba de esta posición.

Al igual que en Japón, los suegros tenía el poder para romper el matrimonio de su hijo, pero como hemos visto, era la suegra, y no el suegro, quien tomaba esta decisión, dado que éste último apenas tenía contacto con su nuera y la costumbre le impedía entrometerse en la esfera femenina. El libro La vida en una aldea China: un estudio sociológico afirma (la negrita es mía):

Se ha hablado mucho de la tiranía y crueldad de estas suegras (…). Pero al mismo tiempo tengan en cuenta que sin ellas la familia china se habría ido a la más absoluta de las ruinas. El suegro no sólo carece de la capacidad para tomar control de lo que pertenece a su esposa, incluso si estuviera en casa todo el tiempo, que rara vez sería el caso, el decoro le prohíbe hacer algo así, aunque fuera capaz. En las familias donde falta una suegra, hay probablemente mayores males que la peor de las suegras. El abuso de la nuera es un hecho tan común, que a menos que sea especialmente flagrante, atrae muy poca atención.

Una vez más no es la esposa, el marido, ni incluso el padre del marido quien ostenta un mayor poder sobre el matrimonio, sino la suegra.

India

Y llegamos al que quizá sea el caso más conocido en cuanto a las problemáticas relaciones entre suegra y nuera en la actualidad: India.

Cuando fue consultada por el periódico canadiense Toronto Star con respecto a este tema, Veena Venugopal, la autora del libro La suegra, la otra mujer en tu matrimonio comenta lo siguiente (la negrita es mía):

El progreso social [en India] no se ha extendido a la relación entre las mujeres y sus suegras, a menudo llamada mummyji. La dinámica permanece anclada en la era del imperio mongol. Señala que la suegra india es responsable de muchos problemas sociales, desde la violencia doméstica (“buena parte de la violencia doméstica contra las mujeres en el matrimonio comienza con la suegra”) a la razón de por qué el 50% de las mujeres empleadas dejan sus trabajos antes de llegar a puestos de dirección media (“ella [la suegra] está preocupada de que su nuera tenga sexo con cualquier tipo de hombres en el trabajo”). Se trata de un problema extendido, aunque las estadísticas y estudios tienden a concentrarse en el abuso matrimonial.

Ciertamente si este tipo de abuso viniera del marido, los gobiernos no habrían tardado en elaborar estadísticas. Pero cuando la autora es otra mujer, a pocos les interesa cuantificar los hechos, para desgracia de las afectadas. Sigamos:

Tras entrevistar a 60 mujeres casadas, Venugopal dice que la tiranía de la suegra se extiende a cada sector de la sociedad: desde la casta superior de los Brahmins hasta los intocables Dalits, desde los hindúes hasta los musulmanes y cristianos, desde los bengalíes hasta los gujaratis, y todo lo que haya en medio. No todas las suegras son ogros, pero rara vez se trata de una relación fácil y afectuosa.

“Prácticamente cada mujer casada en India se encuentra librando un combate con su suegra”

Y en todo esto, ¿cuál es el poder y el papel del marido?

Venugopal dice que los maridos a menudo rehúsan posicionarse incluso cuando los esposos se aman. Culturalmente, se espera que los hombres cuiden de sus padres, una tradición que tiene prioridad sobre el bienestar de la esposa.

“Las madres crían a sus hijos varones con la noción de ´sé que cuando te cases vas a volverte en contra mía y tu mujer te dirá cosas malas sobre mí´, de modo que han sido criados para defender a sus madres antes de conocer a su futura esposa” dice.

“Da una mala imagen de los hombres indios, el hecho de que sean incapaces de marcar límites”.

Una vez más encontramos que el supuestamente todopoderoso marido no lo es tanto, y que es una mujer, su madre, la que hace y deshace en las relaciones matrimoniales.

Venugopal cuenta la historia de Keisha, una niña católica que se casó con Ashwin, un tendero en Kolkata, y se trasladó al apartamento de un dormitorio que compartía con su madre. El marido puso una delgada separación en el dormitorio para que pudieran tener privacidad, pero su madre replicó que la separación era evidencia de que Keisha estaba “separando a la familia aún más”.

Cuando su marido resultó ser un borracho abusivo que la violaba, la suegra de Keisha se negó a intervenir, aun cuando podía escuchar los gritos de Keisha. “Es tu marido, es su derecho” fue su respuesta.

El caso de Keisha nos muestra que la vida de muchas mujeres en los matrimonios tradicionales podía ser tan buena o mala como la suegra deseara. Ella podía evitar o al menos minimizar el abuso de su nuera, pero a menudo lo ignoraba o, en el peor de los casos, lo promovía. Prueba de ello es que algunas organizaciones que luchan contra la violencia doméstica en India han apuntado sus cañones hacia la figura de la suegra con la intención de reducir esta lacra.

En otras culturas

Si bien he decidido centrarme en India, China y Japón, la dinámica triangular entre marido, mujer y suegra también se da en otras culturas. María del Mar Jiménez Estacio escribió lo siguiente sobre las mujeres bereberes de Al Ándalus:

El estatus de suegra es un estatus de poder y un objetivo vital de la mujer beréber (…) Somete a una vigilancia estricta a las esposas de sus hijos, enfatizada hasta la maternidad de estas. Las nueras le tienen que solicitar el permiso para visitar a sus familias de orientación y pueden repudiar a las nueras por esterilidad. Las suegras se ocupan de la distribución del trabajo doméstico, del cual ella suele adjudicarse solamente la administración del hogar. La rivalidad suegra-nuera está recogida profusamente en la literatura oral beréber (p. 22).

El trabajo citado, como suele ser normal en el feminismo, señala a la suegra como “la representante del patriarcado en el espacio femenino” (ibídem). Lo cual viene a significar que la suegra no es responsable de sus actos y que la culpa reside realmente en el patriarca de la familia. Más sensato, sin embargo, es atribuir las acciones de la suegra a realidades más sencillas. No todas las suegras que actúan cruelmente hacia sus nueras tienen los mismos motivos. Unas lo hacen porque se erigen en guardianas de la familia y protectoras de sus hijos, y no quieren que una mujer extraña arruine lo que tanto les ha costado construir. Otras lo hacen por celos, o por miedo a quedarse solas. Otras por rencor personal hacia la nuera. Otras para resarcirse del trato recibido por su propia suegra cuando ellas habían sido las nueras, y finalmente algunas lo hacen por puro sadismo. Ese parece que fue el caso de una suegra afgana que ordenó decapitar a su nuera porque se había negado a prostituirse.

Finalmente, no faltan historias en la Europa o América actuales de suegras que convierten la vida de su nuera en un infierno y que retratan al marido como un impotente o un pelele. Puede que aquí las suegras carezcan de la autoridad formal que ostentaban en las sociedades tradicionales, pero su influencia y poder sobre el hijo continúan siendo muy importantes.

Conclusión

Como habrán podido adivinar, la raíz del problema se encuentra en la propia naturaleza de la relación matrimonial. En muchas sociedades tradicionales, cuando la mujer se casaba, abandonaba a su familia y se integraba en la de su marido, quedando en una posición de vulnerabilidad. Cabe preguntarse, pues, por qué eran las esposas quienes abandonaban a sus familias y no los maridos. Las antropólogas Kay Martin y Barbara Voorhies explican que existían sistemas matrilineales en los que se practicaba la exogamia masculina (los hombres eran quienes abandonaban la tribu para casarse). Pero que este sistema no era muy efectivo si existían vecinos beligerantes, pues incluso asumiendo que las mujeres fueran igual de fuertes que los hombres, el embarazo y la lactancia las ponían en desventaja frente a los enemigos. Adoptar un sistema patrilineal con exogamia femenina permitía al grupo mantener a los hombres concentrados en un mismo lugar para combatir, siendo además hombres relacionados por parentesco de sangre.

Lo que parece claro cuando se examina la dinámica de las familias tradicionales desde una perspectiva histórica, es que esa imagen del matrimonio aislado donde el marido ejerce un poder absoluto con el que somete a su esposa es más la proyección de nuestras ansiedades actuales que la realidad del pasado. El buen o mal trato de la esposa dependía en gran medida, no de su esposo, sino de su suegra, aquella que tenía poder sobre su hijo y sobre toda la esfera doméstica. La autoridad de la suegra y la impotencia del marido frente a ella rompen con algunos de los dogmas que nos han enseñado, como la narrativa de que la mujer no tenía poder alguno a lo largo de la Historia. Por el contrario, todo esto sugieren que el sexo femenino no sólo contaba con un poder nada desdeñable, sino que en lugar de utilizarlo para mejorar la situación de otras mujeres a menudo lo empleaba para hacerlas miserables. Como los hombres -como cualquier ser humano-, las mujeres también abusaban de su posición de poder.

Explorar la realidad histórica en lugar mantener narrativas fáciles podría mejorar sustancialmente esta situación, salvo que decidamos que culpar de todo el sufrimiento familiar a los hombres es más importante que reconocer la existencia histórica de estas víctimas, o ayudar a las que todavía lo son.

(1) Benedict, Ruth. El crisantemo y la espada. Alianza editorial, 2003.

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14 respuestas a El poder femenino en el matrimonio tradicional: los casos de India, China y Japón

  1. Murphy dijo:

    Curiosamente, creo que en la actualidad lo que se da en países como España es la exogamia masculina. No tengo datos y solo me baso en lo que conozco, mi entorno. Pero lo que veo mayoritariamente es a hombres que pierden el contacto con su familia y quedan en la órbita de la de la mujer. Y en esta, por supuesto, bajo una influencia bastante fuerte de la suegra. Y cuando no es así, es por causa mayor (muerte de la suegra) o porque la mujer a roto relaciones con su madre o su familia antes incluso de conocer a su futuro marido. Comprobar esto con encuestas y estadísticas sí que sería un buen “estudio de género”.
    A pesar de lo limitado de mis observaciones, me inclino a pensar que son acertadas por varios factores. Sin ser exahustivo:
    – La defensa frente a vecinos beligerantes ya no es necesaria. No hace falta mantener los hombres cosanguíneos unidos.
    – En las sociedades occidentales la maternidad es un problema frente al mercado de trabajo y el resto de la vida social que no está resuelto. El apoyo (o la intromisión) de la madre de la embarazada está muy presente.
    – El hombre se debe en mayor medida al trabajo, sin ninguna necesidad (supuestamente) de apoyo familiar.
    – Las historias, chistes y chascarrillos sobre suegras son principalmente sobre suegras y yernos.
    Al final tanto este caso como el contrario no creo que sea nada más que un reflejo del poder de la mujer en el ámbito doméstico, tal y como se ha relatado por aquí.

    • Interesante. No puedo hablar por España, pero incluso en sociedades como la japonesa donde se practicaba la exogamia femenina, también había un cierto grado de masculina. Era lo que se llamaban “maridos adoptados”. Y por lo visto lo pasaban igual de mal que las mujeres. En El crisantemo y la espada se recoge un dicho que venía a decir algo así como “si tienes tres pintas de arroz, no te conviertas en marido adoptado”. Claro que la decisión solía ser de los padres y uno no podía negarse si te pedían sacrificarte por la familia (solían ser arreglos políticos/económicos).
      Imagino que la exogamia masculina también estaría presente (aunque en menor grado) en muchas otras culturas si las circunstancias dictaban que era la mejor estrategia a seguir en una coyuntura determinada.

      • Murphy dijo:

        Me has recordado un refrán: “la camisa del yerno te pondrás, la del hijo no la verás”
        Ahora mismo solo lo encuentro citado aquí: http://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3392729.pdf
        Aunque refranes sobre parentesco hay de sobra: http://www.funjdiaz.net/folklore/07ficha.php?ID=1086
        Siempre me ha llamado la atención la información que se puede extraer de esos dichos, así sea lateralmente. Por ejemplo: “UN HIJO QUE NACE, HACE OLVIDAR A TRES QUE YACEN”, solo se puede entender en circunstancias de alta mortalidad infantil.
        Así, señalar que en la página enlazada aparece un solo refrán referido al suegro individualmente, cuando sobre la suegra hay unos cuantos. ¿Quien era una de las protagonistas en tiempos de creación de esos refranes?. ¿Patriarqué?.

      • Buen trabajo. Desde luego son pistas que serían interesantes de investigar a ver dónde nos llevan, pero creo que sí es indicativo de algo. Yo por ejemplo vengo de una familia donde fueron los maridos quienes se mudaron a la casa de sus esposas, pero nunca pude constatar si mi caso era representativo de algo, ya que la mayoría de las familias a mi alrededor comenzaban a ser nucleares y ni el marido ni la mujer se iban a vivir con los suegros.

    • Isidro dijo:

      Muy buen artículo. Y muy revelador el enlace de Murphy. Yo he hablado ya largo y tendido del poder femenino en el ámbito doméstico, de la sacralización de la mujer/madre y de la figura del “calzonazos”, objeto de chistes sin cuento. Refranes sobre esto conozco algunos:
      “Suegra y nuera no caben en una era; madre e hija, en una camisa”.
      “Si familia quieres tener, de la mujer ha de ser”.

      Mi opinión, que ya conoces, Carlos, es que el dominio doméstico corresponde, en general, a la mujer, ya sea suegra, nuera o esposa. En las familias nucleares la suegra tiene menor influjo, como es lógico. Es la esposa quien acapara el poder. Un dicho conocido por mi tierra reza: “Si la mujer quiere que te tires balcón abajo, ruega que esté bajo”.
      Es más, para mí -también lo he explicado en otras ocasiones- el poder psicológico de la mujer en el ámbito doméstico se ha transferido al plano público y político. En cuanto pueda, retomaré este punto.

      Saludos.

      • Gracias, Isidro. Aprovecho para señalar que desde una perspectiva histórica tenemos motivos para pensar que el maltrato de la mujer no tenía un rostro masculino en la mayoría de las ocasiones, sino femenino (la suegra). Pero de esto se habla bien poquito.

      • Mouguias dijo:

        El paso del poder doméstico y privado al político y público, que es la esencia del feminismo, me parece un tema muy interesante. El papel del marido protector se ha trasladado al estado, y las mismas estrategias psicologicas que han funcionado durante siglos en el matrimonio se aplican ahora a la propaganda de masas.

        El feminismo, a diferencia del sindicalismo, no nace de una opresión real. No son obreros mal pagados que se organizan para reclamar mejores condiciones laborales. Se trata de señoritas burguesas que viven, objetivamente, en unas condiciones privlegiadas respecto a la mayoría de la sociedad. El estudio definitivo sobre el feminismo sera el que analice sus raices sociales, las universidades francesas, britanicas y americanas donde fue fermentando el movimiento entre las hijas de las clases privilegiadas, empeñadas en buscar algo de lo que quejarse.
        Lo asombroso de todo esto es que no existe una opresion real, no hay persecucion. La policia nunca machaca las manifestaciones feministas, no hay torturadas ni desaparecidas. La diferencia entre la percepcion (“Nos matan por ser mujeres”) y la realidad es desquiciada, psicotica.
        La literatura y el activismo feminista retroalimentan esta percepcion de la realidad. Se convencen unas a otras, refuerzan sus prejuicios en un circulo vicioso cada vez mas alejado de la realidad. Y cuando llega el momento del activismo seguimos sin ver acciones reales. No hay huelgas, no hay atentados, no hay amenaza alguna para la propiedad o el estado. Lo que hay, en lugar de eso, son acciones estridentes, unas pocas activistas con mucha cobertura de los medios y que lanzan un mensaje agresivo en apariencia, inofensivo en el fondo (“aborto libre y gratuito”, “muerte al patriarcado”). Y hay, por supuesto, un ronroneo incesante de propaganda de baja intensidad, desde publicaciones universitarias hasta campañas publicas. Es una propaganda siempre lloriqueante, pasivo-agresiva, culpabilizadora, victimista. Es lo mismo que los maridos han vivido desde siempre, solo que tamizado por un estudio de diseño grafico.

        El estado ha ido aceptando el feminismo, incorporandolo, protegiendolo y dotandolo de recursos y de poder. Es como un marido que le regala caprichos a una esposa dominante. Y lo mas divertido es que el feminismo cumple un papel clave en la mitologia politica: mientras la socialdemocracia apoye al feminismo, puede presumir de que sigue siendo “de izquierdas” aunque trabaje a las ordenes de la banca y el FMI. Mientras la derecha apoye al feminismo, puede presumir de no ser “retrograda y cavernaria”. Todo ello mientras las estructuras de poder, la corrupcion y el expolio economico siguen intactos, claro.
        Es puro humo. Es un movimiento que cubre necesidades puramente psicologicas. Es la esposa regañona convertida en politica. Y todavia no ha sido desenmascarado.

  2. Pingback: Anónimo

  3. Lizard dijo:

    Parece que los machistas orientales ni para urdir un buen plan patriarcal sirvieron. ¿Cómo pudieron perpetuar algo que les perjudica (pues dice que se rompen relaciones en las que el marido es feliz junto a su imperfecta esposa) directamente? Se supone que en una bien armada conspiración los machistas nos quedamos con todos los beneficios.

  4. Relacionado con algo que investigué hace poco, los sucesivos abandonos de Rousseau y Therese Levasseur y el papel que jugó la suegra de Rousseau en ellos. En el abandono del hijo que tuvieron Maria Montessori y Giovanni Montesano otro tanto, son las suegras las que se oponen al matrimonio y promueven el abandono: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/05/haz-lo-que-digo-pero-no-lo-que-hago.html

  5. Pingback: Hacia una nueva historia de las relaciones de género | ¿Quién se beneficia de tu hombría?

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