Lo que la falsa denuncia de Málaga nos revela sobre el pensamiento feminista

En las últimas semanas se formó un gran revuelo por la puesta en libertad de cinco varones, dos de ellos menores de edad, acusados de violación. Pese a que tanto la juez, como el fiscal e incluso el abogado defensor decidieron cerrar el caso tras el visionado de un video sobre el evento y las declaraciones de cinco testigos, en los círculos feministas hubo un clamor generalizado. Aunque no existieron pruebas para condenar a estos hombres (y de hecho las había para declarar su inocencia), elucubraron múltiples escenarios a fin de justificar que fueran a la cárcel. La única situación que no podían imaginar es que fueran inocentes y la mujer hubiera denunciado falsamente. Ahora ella misma ha declarado que se lo inventó para evitar la difusión del video, y por tanto los acusados no la violaron.

Lo que pocos feministas entendieron en su momento es que no se trataba de lo que ellos piensen que ocurrió. En un Estado de Derecho lo que importa es lo que se puede probar que ocurrió. Porque si nos basamos en emociones y prejuicios (como que una mujer nunca denuncia falsamente) se puede terminar enviando a personas inocentes a la cárcel, como habría ocurrido aquí si el feminismo se hubiera salido con la suya.

En su momento decidí no entrar en este caso, pero publiqué un artículo sobre la Caza de Brujas (y brujos) en la Edad Moderna que ilustraba con datos bastante claros la existencia histórica de un gran número de denuncias falsas en las relaciones interpersonales, a fin de probar que no se trataba de un mito, sino de una realidad con antecedentes fáciles de rastrear. Ahora que el asunto parece finalmente aclarado con la confesión de la denunciante, creo que es un buen momento para mirar atrás y constatar la irresponsabilidad de los medios que pidieron sangre inocente para que la realidad se ajustara a sus dogmas ideológicos.

Comencemos con el que para mí fue el caso más sangrante: el artículo de Lidia Falcón publicado en el diario Público y titulado “Todas hemos sido violadas”. Quizá ahora podríamos crear el titular alternativo “Todos hemos sido falsamente denunciados”. Veamos:

En Málaga, su patria y la de todas las españolas, una muchacha de veinte años ha sido violada una madrugada por cinco hombres, y la jueza, María Luisa Cienfuegos,  que instruye el caso, lo ha archivado por no encontrar pruebas del delito- ¿y por qué me empeñaría yo tanto en que las mujeres pudieran acceder a la carrera judicial?

Ya ven, para Lidia Falcón no hay una “supuesta violación”. Pese a lo que dijera la justicia, la chica había sido violada. Y punto. Los hombres son malos y las mujeres buenas, por lo que si el caso ha sido archivado ha de ser por negligencia o machismo. También resulta curioso que ella se lamenta ahora de haber luchado para que las mujeres fueran juezas. Si no van a impartir “justicia feminista” o lo que a ella le parezca, mejor estarían haciendo otra cosa. Porque la igualdad de oportunidades no era un fin, sino un medio.

En el resto del artículo Falcón utiliza todos los subterfugios posibles para provocar una respuesta emocional en el lector. No voy a desgranarlo punto por punto porque quiero recoger otros artículos de opinión, pero veamos más perlas que nos dejó:

Aceptar que una mujer se presenta en comisaría una tarde para denunciar una violación falsamente es el sueño masoquista que ni siquiera el caballero Sacher-Masoch hubiese imaginado (…). Ante ésta atroz decisión judicial tenemos que estar todas – me gustaría poder decir “ y todos”- en la calle ante el Ministerio de Justicia, exigiendo justicia.

Eso es, a exigir que unos inocentes vayan a la cárcel porque los hechos no se ajustan a nuestra visión del mundo.

Lo más penoso es que dicha manifestación ocurrió, posiblemente impulsada por el artículo de Falcón, en un intento de presionar a la justicia para que dicten las sentencias según el clamor popular, y no según la evidencia. Fue de una irresponsabilidad vergonzosa.

Veamos ahora lo que escribió Beatriz Gimeno en su artículo “No es no. También en Málaga”, publicado ElDiario.es. La negrita es mía:

Puede que ella quisiera tener sexo con uno, pero no con otro. Puede que la grabación del móvil la mostrara teniendo sexo consentido con uno. Eso no quiere decir que el otro no la violara. Puede que tuviera sexo consentido con los dos, eso no quiere decir que los otros que miraban no la agredieran sexualmente de otra manera. ¿Muestra la grabación del video toda la secuencia de lo que allí ocurrió o muestra sólo que hubo un momento en el que la chica tuvo sexo consentido? Ese momento no puede invalidar el resto de lo que pasó. Puede que la chica estuviera teniendo sexo consentido y de repente aquello ya no le gustara, que se arrepintiera,  y que decidiera que ya no quería más. Si cualquiera de ellos siguió cuando ella quiso parar,  eso es, al menos, un delito contra la libertad sexual de ella.

Fíjense la facilidad de imaginar tantos escenarios, excepto uno que parecía claro: que los hombres hubieran sido denunciados falsamente. Pero como escribe a continuación, ello se debe a que las denuncias falsas no existen:

Todo ello sólo demuestra la terrible pervivencia de otro mito machista del que no nos libramos: el de las denuncias falsas. La realidad es que en las agresiones sexuales, en el maltrato, no hay apenas denuncias falsas. Que sobre una realidad inexistente se haya levantado un mito que tanta gente está dispuesta a creer y que una mentira mil veces repetida se haya terminado convirtiendo en un arma efectiva contra nuestros esfuerzos en la lucha contra la violencia de género,  sólo demuestra lo poco que los poderes públicos están dispuestos a hacer en esta cuestión.

Que seamos las feministas las que tengamos que demostrar constantemente que las denuncias falsas son mucho menos del 0.5 del total según el propio Consejo General de Poder Judicial, demuestra lo poco que les importa a estas instituciones supuestamente democráticas la igualdad e,  incluso, con el gobierno del PP, lo poco que les importa nuestra dignidad.

Como a los feministas les gusta mucho citar los datos del Consejo General del Poder Judicial, voy a hacerlo yo también. En su página se dice que hubo 134.000 denuncias por malos tratos en 2011, de las cuales 31.403 fueron condenatorias, 20.891 fueron absolutorias y el resto fueron archivadas o retiradas. Eso significa que sólo el 23.5% fueron probadas. No quiere decir que el 76,5% restante fueran falsas, pero cabe pensar que habría una combinación de denuncias auténticas que no pudieron probarse y otras que fueron genuinamente falsas. Cuáles son los porcentajes de cada tipo es algo imposible de determinar. Aunque sabemos desde luego que hay incentivos para denunciar falsamente.

Ahora bien, si según la mentalidad feminista las únicas denuncias falsas que existen son aquellas que fueron probadas como tales (el 0,5% del total), luego no vale extrañarse de que haya quienes consideren que las únicas denuncias por malos tratos que existen son aquellas que pudieron probarse como tales: el 23,5%. Y que tilden de falso todo lo que haya quedado fuera de dicho porcentaje. En conclusión: no culpes a otros de hacer justamente lo mismo que tú. Y por favor, dejen de tomarnos por tontos.

Ahora repasemos lo que dijeron Miguel Lorente y Sara Porras en el mismo diario con su artículo “La cultura de la impunidad”:

En cualquier caso, no basta con un auto exculpatorio, la sociedad debe responder a las mujeres públicamente, porque mucho peor que una violación es arrojar la sombra de una falsa denuncia, una “denuncia falsa” que, además se reforzará con la falta de pruebas por no haber investigado. Terrible.

Porque las denuncias falsas no deberían ni nombrarse, como si del demonio se tratara en su universo dogmático.

También en el diario Público Shangai Lily escribió un artículo titulado “En Málaga las violaciones son relaciones consentidas”. Veamos qué dijo:

De la finísima psicología y criterio de la jueza María Luisa Cienfuegos (que recibió el premio limón a la “peor” juez de Málaga de manos de la Agrupación de Abogados Jóvenes del Colegio de Abogados de Málaga* He retirado la foto al recibir un correo de la asociación diciendo que esa persona no es ella) cabe pues deducir que cuando un periodista secuestrado en Irak sale dándole la razón a sus verdugos y afirmando que la culpa de todo la tienen sus conciudadanos, está accediendo a que le decapiten y dando su consentimiento, ¿no? Por no hablar del síndrome de Estocolmo o el de indefensión aprendida. En fin, que la psicología humana es levemente más compleja que las cuatro moralinas cristofascistas o los prejuicios de pueblo.

Como ven, se ataca directamente a la jueza y a su profesionalidad para minar la credibilidad de su sentencia, aún sin estar seguro de que la información fuera correcta. Como ven, también comienza a hacer cabriolas mentales para justificar que otros escenarios son posibles. Todos excepto el de que los hombres fueran inocentes. Son sin duda culpables y sólo es cuestión de investigar hasta que se demuestre.

Pero ese archivo de la juez María Luisa Cienfuegos pareció dar carta blanca al peor machismo, la peor misoginia. Los primeros fueron los gañanes violadores que se envalentonaron ante los aplausos (repugnantes) de sus familiares y compañeros de barrio que parecían vivir esto como un triunfo de su violenta agresión ante los otros. A este dantesco espectáculo de padres descamisados, tatuados con rosarios y emocionados con la bravuconería ignorante de su niño, le siguió una tromba de disculpas y desdecirse de los “blandiprogres” de red social que siempre siguen a la masa o lo popular. Y esta traición y deserción de los que energéticamente habían condenado la violación ya dio paso a puras agresiones verbales con lo peor del machismo en las redes sociales.

Recuerden: la presunción de inocencia de los varones constituye lo peor del machismo y de la misoginia. Las familias de los acusados también deberían creer a una extraña antes que a sus hijos o hermanos. Ellos son hombres y ella mujer. Y al parecer molesta que todavía muchos no hayamos entendido que sexo tiene la superioridad moral. Por cierto, si eres de izquierdas y defiendes la presunción de inocencia de los hombres, eres directamente un traidor.

Finalmente aclararte, querida jueza, que cuando una mujer dice que la han violado es que la han violado. El asqueroso mito machista cristofascista de la mujer que se venga de los hombres por puro sadismo acusándoles falsamente de violación o agresión es una mentira descomunal publicitada por el patriarcado y los hombres acostumbrados a abusar de las mujeres ante la indiferencia y el silencio de esta sociedad machista y cómplice.

Ejemplo contundente de que el feminismo no apoya la presunción de inocencia del varón. Aunque como sabemos las leyes que han aprobado hasta el momento van en esa dirección. Noten también el tono condescendiente hacia la jueza. Cuando se es feminista uno no necesita saber de leyes porque ya tiene su propio mecanismo para separar a culpables e inocentes: el sexo de cada uno.

Al igual que Lidia Falcón, llama a una manifestación ante el Ministerio de Justicia, que terminó ocurriendo:

Y el lunes a las 19 horas, nos manifestaremos frente al cristofascista Ministerio de Justicia de Gallardón “el misógino”, para pedir eso mismo. El lema es claro: Frente a la justicia machista, respuesta feminista #NoEstásSola Lunes 25 19 h Protesta frente al Ministerio Justicia (C/ San Bernardo 45).

Lo más patético de todo el asunto es que la justicia “machista” ha sido bastante más justa que la respuesta feminista.

Como también aparece en este párrafo, se inició una campaña en las redes sociales #NoEstásSola y una petición en Change.org. Esos hombres tenían que ir a la cárcel, e iban a hacer todo lo posible para que así fuera. Porque si los acusa una mujer, los hombres siempre son culpables. De lo contrario es que hubo un error en la justicia.

Y por supuesto fuera de los medios de comunicación el feminismo popular se pronunció de manera similar. Veamos lo que se dijo en la bitácora Vente para Kamchatka:

Yo, como mujer, feminista y compañera, no tengo ningún, pero ningún motivo para no creerme la versión de la joven. Ninguno, me da igual, sí, ya, vale, feminazi, radical, puntito anti-hombre, “todos somos personas” y toda esa mierda. Pues sí. PERO NO. Yo no cuestiono a las mujeres porque sí. Que alguien me explique el rédito que una mujer de 20 años saca de denunciar a 5 desconocidos. Ninguno.

La diferencia es que yo sí me posiciono, yo sí me pongo de su lado. Según la magistrada, hay demasiadas contradicciones entre la versión de la VÍCTIMA y la versión de los VIOLADORES. Os juro que no sé quién es, pero para ser jueza y haber estudiado tanto, me parece un poco imbécil.

Como pueden ver, los hombres eran violadores, sólo se necesitaba tiempo para probarlo. Y como eran violadores su testimonio no podía valer tanto como el de la denunciante, de la que tampoco cabía duda era una víctima inocente. Obviamente la jueza consideró las declaraciones de los acusados porque ser acusado no equivale a ser culpable. Pero esta diferencia no cabe en la mentalidad maniquea que ve a los sexos como polos opuestos de bien y mal.

Por cierto que como pueden apreciar en la sección de comentarios, otros blogueros consideraron que este texto era “imprescindible”.

Y cuando en ElDiario.es se publicó un artículo recordando la presunción de inocencia (una brillante rareza en los medios de comunicación actuales), desde el mismo diario fue criticado por otro escrito titulado “El discurso jurídico contra la libertad de las mujeres”, escrito por Pablo Castaño. Aquí se dice (la negrita es mía):

La ventaja de citar principios tan venerables como in dubio pro reo es que da la impresión de que el que se oponga a la tesis del autor no comparte su defensa de la presunción de inocencia y el resto de las garantías del procedimiento penal. Esto no es así, creo que todas las feministas que han mostrado su indignación estos días por la decisión de la jueza de archivar la causa, el tratamiento mediático del suceso y los comentarios de personajes incalificables como el alcalde de Valladolid son tan conscientes de la importancia de las garantías constitucionales como cualquier jurista.

Contrastemos esta afirmación con (una vez más) las declaraciones de Shangai Lily (la negrita es mía):

Finalmente aclararte, querida jueza, que cuando una mujer dice que la han violado es que la han violado. El asqueroso mito machista cristofascista de la mujer que se venga de los hombres por puro sadismo acusándoles falsamente de violación o agresión es una mentira descomunal publicitada por el patriarcado y los hombres acostumbrados a abusar de las mujeres ante la indiferencia y el silencio de esta sociedad machista y cómplice.

Pablo castaño puede creer lo que quiera, pero el feminismo aquí ha sido bastante claro (lean también Kamchatka y otros). De presunción de inocencia nada. Si la mujer lo dice estos hombres han de ir a la cárcel y no hay más que hablar. El resto es una conspiración del Patriarcado.

No entraré en la infinidad de comentarios y reacciones que se alinearon con las posturas criticadas en esta entrada. A buen seguro que se me han escapado otros medios y columnistas, y si los conocen les ruego que sean mencionados en la sección de comentarios. Una irresponsabilidad tan mayúscula no se debería pasar por alto tan fácilmente.

Todavía hay feministas que se llevan las manos a la cabeza cuando alguien opina que feminismo es lo contrario de machismo. Lo llaman ignorante, le recuerdan la definición de la RAE del feminismo, etc. Pero no entienden que mientras su movimiento siga actuando como lo hace, no va a haber definición que lo salve. Un agudo comentario que leí en ElDiario.es (número 114), lo explica bastante bien haciendo referencia al caso de Málaga. La negrita y las aclaraciones entre corchetes son mías:

Según la Sharia, el testimonio de un hombre tiene tanta fuerza como el de tres mujeres [en realidad dos]. Eso es machismo.

Según Beatriz Gimeno, el testimonio de una mujer tiene MÁS fuerza que el de cinco hombres, la resolución de una jueza, el dictamen de un fiscal, las evidencias de foto y video y las declaraciones de diversos testigos presenciales. Eso es feminismo.

Pues sí, amigos. Esto es feminismo.

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126 respuestas a Lo que la falsa denuncia de Málaga nos revela sobre el pensamiento feminista

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  2. Babel dijo:

    He visto un despropósito de artículo feminista referente a este tema. Como siempre, fácilmente rebatible y tremendamente victimista y criminalizador:
    http://www.portaloaca.com/articulos/antipatriarcado/9367-las-leyes-no-te-protegen-el-estado-no-te-protege.html
    “Una sociedad que por sistema está cuestionando continuamente la palabra de la mujer maltratada, de la mujer violada, explotando el discurso de la malvada mujer que quiere destruir la vida del hombre, quitarle a su hijo, amparada por un discurso feminista exagerado, que se ha ido de las manos.”
    Aquí mienten sin recato. El tema de los hombres denunciados en falso, con la vida destruida y que pierden a sus hijos es un tabú que casi nadie se atreve a mencionar. Mienten a sabiendas, tienen perdido el sentido de la realidad o viven en otro planeta. No hay más opciones.
    “Nadie siente el asco que sufría por dentro, nadie se lo puede siquiera imaginar.”
    Ella misma ha reconocido que la denuncia fue falsa, pero el feminismo no necesita que haya agua para tirarse a la piscina.
    “Nosotras, las mujeres, esas eternas exageradas criminalizadoras de hombres. Nosotras, las que hemos llegado a creérnoslo de que nos lo repitan tanto.”
    Nosotros, los hombres, esos eternos opresores de mujeres. Nosotros, los que hemos llegado a creérnoslo de que nos lo repitan tanto.
    “Económicamente les sale más rentable porque pueden pagarle menos a las mujeres”
    No tiene nada que ver y además es mentira, pero si cuela cuela.
    “nosotras queremos pasar de ser sumisas a un hombre a ser sumisos a papá Estado (una autoridad patriarcal más)”
    Para ser una autoridad patriarcal, trata bastante mal a los hombres.

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  5. Pepe dijo:

    Algunos no se cansan.
    http://laserpiente-alada.blogspot.com.es/2014/09/el-caso-de-malaga-y-la-estupidez.html
    “El caso de Málaga y la estupidez masculinista.

    En Málaga (de la Comunidad Autónoma de Andalucía – España), hace tiempo se creó revuelo porque presuntamente se había violado a una chica de 20 años. Los supuestos culpables eran cinco chicos.

    Al final, por lo que parece, la denuncia fue falsa y la chica ha sido condenada por ello.

    Yo, que siempre hablo de que hay que hacer ciencia, he defendido fervientemente que las denuncias falsas son muy pocas, y que hay un determinado porcentaje de maltratadores y violadores. Se sabe que pueden ser más casos, porque muchos no se denuncian o son sumamente difíciles de demostrar. Pero también podría resultar que muchas de esas denuncias en realidad eran falsas. Teniendo el cuenta el margen de error, por un lado y por otro, nos quedamos con los datos que tenemos y ya está. No podemos hacer suposiciones ni interpretaciones estúpidas de si “las personas son igual de buenas que de malas y entonces hago estas operaciones para que me salgan los datos que me interesan”.

    Los datos son los que son. Punto y final. Se puede seguir investigando, pero esto es lo que hay.

    A esto se le llama hacer ciencia.

    Y de momento no hay pruebas en contra de los supuestos violadores; y sin embargo, sí las hay contra la denunciante.

    Por lo tanto, la cosa ha de quedar, hasta que se demuestre lo contrario, que ella mintió (lo cual ha hecho la sentencia).

    Hay feministas, a mi pesar, que insisten en seguir pensando en que ella sí fue violada pero que por presión se ha retractado de sus acusaciones.

    Podría ser verdad. Pero la cuestión no es lo que podría ser, sino lo que de momento es. Si pensamos que las cosas son de otro modo, hemos de seguir investigando. Ahora bien, mientras estén así, así están, y no hay más que hablar.

    Ergo, ella denunció en falso. Eso es lo que hay que afirmar. Cuando se demuestre que en realidad sí fue violada, se afirmará lo contrario.

    Ahora bien, los masculinistas también son idiotas (¿y cuándo no?). Y este caso lo están utilizando, cuales críos, para decir “¿Ves? ¿Ves? ¡Tenemos razón, tenemos razón! Todas las mujeres son unas zorras embusteras! y nosotros estamos la mar de oprimidos por la ley”.

    Pues no, mis estimados neo-machistas. Este caso no os da la razón. Justamente es al contrario: os la quita y muestra lo idiotas que sois.

    Este caso muestra:

    – Que con la simple palabra de una mujer no se condena a ningún varón.

    – Que no se mete a ningún hombre en prisión, a raíz de la simple palabra de una mujer, durante 400 años hasta que sale el juicio.

    – Que no es verdad que no se detecten las denuncias falsas y que a día de hoy hay mil millones de hombres en la cárcel por denuncias falsas de mujeres.

    – Que no es verdad que las mujeres que denuncian falsamente no sean juzgadas.

    Este caso os quita la razón. Os demuestra que todo lo que inventáis sobre la justicia y las denuncias falsas no tiene fundamento alguno. Pero ahí seguís, lloriqueando y soltando pestes contra “las brujas”, y utilizando a vuestro favor un caso que os deja sin argumentos.

    Queda claro: la estupidez neo-machista no tiene límites.”

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