Autoridad masculina vs poder femenino: el caso de Carrie Nation

Carrie Nation Cartoon

En entradas anteriores hemos explicado la diferencia entre la autoridad codificada del varón y el poder tanto formal como informal de la mujer, rara vez reconocido cuando se habla de las relaciones de género en un contexto histórico. Nuestro artículo mostrará cómo ambas fuerzas interactuaban en sociedad, esta vez a través de la figura de Carrie Nation, una de las promotoras de la Prohibición (Ley Seca) en Estados Unidos. Su historia nos muestra un ejemplo de lo que ocurría cuando la autoridad masculina y el poder femenino se enfrentaban cara a cara.

A continuación encontrarán un segmento del documental Prohibition, producido por Ken Burns, y su transcripción al español. Mis comentarios estarán en rojo. Aquellos entre corchetes que no se encuentran en rojo son meras aclaraciones de la traducción.

Carrie Nation

Kansas ya había prohibido la venta de alcohol en cada uno de sus 105 condados, pero tanto los polvorientos pueblos del Estado como las grandes ciudades estaban repletos de hombres sedientos. Y nadie prestaba demasiada atención a la ley.

Como presidente de la WCTU [Woman’s Christian Temperance Union] del condado de Barber, Carrie Nation había dirigido marchas pacíficas que habían tenido poco efecto [punto para la autoridad masculina]. Escribió cartas a legisladores y abogados que ni siquiera fueron respondidas [punto para la autoridad masculina]. A la larga llegó a convencerse de que Dios deseaba que [ella] hiciera más.

Carrie. El 6 de junio de 1900 antes de acostarme, me arrojé a los pies de la cama y le pedí al Señor que me utilizara de cualquier forma para suprimir la terrible maldición del licor. Le dije que ojalá tuviera mil vidas, porque le daría todas ellas. Y quería que me hiciera saber de alguna forma. A la mañana siguiente, antes de despertar, escuché estas palabras muy claramente: “ve a Kiowa y estaré a tu lado”.

Narrador. A la mañana siguiente, con un arsenal de lo que llamaba “machacadores” -rocas y botellas envueltas en papel de periódico para que parecieran inofensivos paquetes-, irrumpió en un salón de Kiowa [recordemos que el salón o “saloon” era el espacio masculino por excelencia de la época].

Carrie. Le dije al dueño, Mr. Dobbson,  “apártate de mi camino. No quiero golpearte, pero voy a destrozar este antro de vicio. Comencé a arrojar botellas al espejo y lo hicieron estallar. Mr. Dobbson y su compañero se refugiaron en una esquina y parecían bastante aterrados [los valientes hombres del Salvaje Oeste, acobardados por una mujer furiosa]. De ahí fui a otro salón, hasta que hube destruido tres [tres salones destruidos sin oposición, punto para el poder femenino]. Los dueños de los demás tugurios cerraron, se pusieron frente a la puerta, y no me dejaron entrar. Llegado este momento las calles estaban abarrotadas de gente. Un chico de unos quince años parecía lleno de júbilo. Desde entonces pensé en ello como una señal significativa, pues destrozar salones salvaría al muchacho.

Narrador. [Carrie] desafió al sheriff a que la arrestara. No lo hizo [La autoridad masculina da un paso atrás, punto para el poder femenino]. Después fue a Wichita, para atacar el salón más opulento del lugar: el bar en el hotel Kerry. Cuando un policía la arrestó allí por daños a la propiedad privada [punto para autoridad masculina], ella le gritó: “no estoy dañando nada. Estoy destruyendo”. “Me has puesto aquí como un cachorro -dijo entre rejas- pero saldré de aquí como un león rugiente y haré que todo el infierno aulle”.

CarrieNation

Sus hazañas fueron primera página en los periódicos. Cientos de telegramas llegaron de todo el país  felicitándola [punto para el poder femenino]. En cuanto salió [de prisión] atacó otro salón. Esta vez con el arma que se convertiría en su símbolo: un hacha de mano. Encarcelada y puesta en libertad una vez más [punto para la autoridad masculina], marchó al pueblo de Enterprise, causando más estragos allí, para después aparecer en Topeka, la capital del Estado, y hogar de docenas de florecientes salones, todos ellos ilegales. Los líderes de WCTU en Topeka se declararon en desacuerdo con sus métodos. “Le digo señora -respondió [Carrie]-. No sabe cuánto gozo tendrá hasta que comience a destrozar, destrozar, destrozar…”. El gobernador le imploró que no causara más daño [¿Habría “implorado” a un hombre? Punto para el poder femenino]. Ella le dijo que si él no aplicaba la ley, a ella no le quedaba otra opción. “Eres una mujer –dijo él-. Y una mujer ha de saber cuál es su lugar” [Ésta es la apelación clásica a la autoridad masculina. Veamos que tal funcionó]. Ella salió de su oficina y llamó [a sus seguidores] a una “hachitación” [de hacha y agitación, en ingles “hatchetation”]. Muchos habitantes de Kansas pensaban que Nation estaba al menos medio loca, pero cientos de mujeres, y un número menor de hombres, acudieron a su llamada, trayendo sus propias piedras y ladrillos, palos y hachas de mano, y llamándose a sí mismos, “el ejército de los defensores del hogar” [La apelación a la autoridad masculina fracasa. Punto para el poder femenino].

Los propietarios de los salones locales intentaron detenerlos pero fracasaron [punto para el poder femenino]. Ella y sus seguidores hicieron pedazos un antro frecuentado por los legisladores estatales llamado “El Senado” [El simbolismo de este destrozo a la autoridad masculina es patente. Punto para el poder femenino]. Después marcharon a destrozar un segundo bar. Un granero lleno de bebidas de salón, y un almacén lleno de barriles de cerveza. Ese día Carrie Nation fue encarcelada y puesta en libertad cuatro veces [¿Punto para la autoridad masculina?]. En ese mes, sus admiradores atacarían más de cien salones en al menos cincuenta localidades de Kansas [ataques sin consecuencias, punto para el poder femenino]. Los legisladores estatales, nerviosos, se apresuraron a pasar una ley para fortalecer la aplicación de la ya existente, y así pacificarla a ella y a su ejército de defensores del hogar [la autoridad masculina se doblega. Punto para el poder femenino]. Fue una extraordinaria victoria.

Carrie Nation esperaba que su movimiento se extendiera por el país y barriera todos sus salones. Pero una vez más, como la Cruzada de las Mujeres [hablaremos de ella más adelante], murió tan pronto como había surgido. Carrie Nation nunca dejó de luchar por su causa. En salones e iglesias, auditorios, incluso en el [no reconozco la palabra] escenario vaudeville. Para muchos fue una figura divertida e incluso de ridículo, pero mientras vivió los meseros siempre estuvieron echando un ojo por si aparecía ella, y su temida hacha de mano.

Fin de la transcripción.

Como vemos, la pugna entre el poder femenino y la autoridad masculina no siempre terminaba con la victoria de esta última. En no pocos casos el poder femenino podía llegar a imponerse o al menos conseguir que la autoridad masculina llegara a un compromiso. Lo que el segmento no menciona es el fracaso de la principal autoridad masculina en esta historia: aquella que reside en el hogar. Carrie Nation terminó divorciándose de su marido, que citó “deserción” como causa, porque su cruzada personal la alejó de casa. Aparentemente su esposo no pudo hacer mucho para evitarlo, lo cual fue un fracaso su autoridad. Desde su propio esposo hasta el gobernador, ninguna autoridad masculina fue lo suficientemente efectiva como para frenar su poder.

Examinemos ahora una fuente original sobre Carrie Nation, publicada por el periódico Kansas City Star, el 31 de enero de 1901. Mis comentarios se encontrarán, una vez más, en rojo, mientras que las aclaraciones para la traducción simplemente entre corchetes.

Chicos, chicos. Vamos, dejadme entrar

Carrie Nation Periodico

Carrie Nation visitó hoy los salones de Topeka. Llamó en cuatro de ellos, y si no lo pasaron bien con su visita, la multitud que la seguía sí que lo hizo. No utilizó la violencia, ni las oraciones o himnos. Simplemente llamó para hablar con “aquellos pobres chicos tontos que no saben cómo el diablo les ha cegado…” [vemos que el tono condescendiente no siempre ha sido exclusivo del varón hacia la mujer].

En cada salón había una gran conmoción cuando ella se acercaba y las puertas eran apresuradamente bloqueadas con objetos. Pero esto sólo divertía a Carrie Nation. A pesar de la seriedad de su propósito le hacía reír el ver cómo de asustados estaban esos hombres de ella [de nuevo, los hombres del Salvaje Oeste estaban asustados de una mujer]. Se aproximó y golpeó en la puerta, llamándolos con su voz sureña: “chicos, chicos. Vamos, dejadme entrar”. Su madre les está buscando. A su madre le gustaría hablar con ustedes”. Cuando todavía le prohibían la entrada, dijo elevando el tono: “¿no van a dejar entrar a su madre, chicos? Quiere hablar con ustedes”. Pero los hombres del salón continuaban amontonando muebles y objetos pesados frente a la puerta. “No voy a hacerles daño, chicos. No lo haré, de veras. Están haciendo travesuras, pero sólo quiero hablar con ustedes. Ahora salgan y hablen con su madre”. [Como vemos, el tono condescendiente también puede ser “maternal” y no sólo “patriarcal”, como se nos quiere hacer creer].

Había algo en su voz –suave y profunda-, algo en su apariencia, o en lo que decía, que provocaba un extraño efecto. Los hombres del salón comenzaron a quitar la barricada y a mirar por las grietas de la puerta. Al mismo tiempo ella también miraba a través de ellas para observarlos. Cuando vieron su ojo, saltaron hacia atrás y comenzaron a sonreír como idiotas. Finalmente los persuadió para salir a la acera. Ella les rogó que la dejaran entrar, prometiendo no causar daños, pero ellos le tenían miedo… [¿Por qué tenían tanto miedo los poderosos hombres de la sociedad patriarcal?]

“Pobres muchachos” dijo, con expresión agradable y divertida. “Lo siento chicos. Parecen estar avergonzados de lo que hacen. No estoy enfadada con ustedes, muchachos. No les odio ni por un instante, incluso cuando vengo con mi hacha de mano. Les trato como trataría a uno de mis propios hijos si lo encontrara haciendo algo que le causara daño.” [Más “maternalismo”]

“Me caen bien, en serio. No es broma. Me gustan. Si se meten en problemas lo único que tienen que hacer es llamar a Madre Nation y ella vendrá rápidamente a ver qué puede hacer por ustedes. Si se enferman y se lo dicen a Madre Nation, ella vendrá a cuidarles. Y si mueren, Madre Nation será quien cierre sus ojos se asegure de que tengan un funeral cristiano.” [Y más “maternalismo”]

“Pero chicos, no deben permanecer en este negocio por más tiempo. Les he advertido. Cierren y aléjense de este negocio. Se están haciendo daño a sí mismos y a otros chicos, y no les permitiré que lo hagan. Si no abandonan este negocio, chicos, volveré en unos días para destrozar su perversa tiendecita por ustedes.”

Tan increíble como podía parecer, estos hombres de salón se conmovieron al escuchar la charla de Nation. Sus palabras eran sinceras, eso les quedó claro. Sabían que no estaba resentida y que no los odiaba tan bien como entendieron su determinación de hacerles cerrar sus salones.

Se trataba de una escena digna de ver. Fue interesante comprobar la reacción de estos hombres de salón. Mostraron poca bravuconería. Aquellos que habían protestado encolerizados sobre qué harían si la destroza-salones se acercara al lugar se convirtieron en mansos corderos y parecían muy avergonzados de sí mismos. Nation disfrutó mucho de su turbación. Sus ojos estaban riéndose todo el tiempo.

Fin de la traducción.

Llegados a este punto alguien podría alegar que el caso de Nation es aislado y no puede tomarse como representativo del poder que las mujeres tenían en sociedad. ¿Pero era realmente así? El propio documental de Kent Burns menciona en su vídeo sobre Eliza Thompson (minuto 5:35) que en 1873, unos 1.300 salones fueron cerrados a lo largo y ancho del país por mujeres que se manifestaron contra ellos (la llamada “Cruzada de las Mujeres”. Carrie Nation no fue, por tanto, un caso aislado. Aunque a diferencia de esta última, el movimiento que cerró los 1.300 salones fue pacífico.

Este cierre masivo de salones a petición de las mujeres no fue, sin embargo, sencillo. Hubo hombres que sí presentaron batalla. Rociaron a las mujeres manifestantes con cerveza, les tiraron piedras, etc., como bien recoge el documental. El cierre de estos salones tampoco fue permanente. Una vez las mujeres se desmovilizaron, la mayoría de estos salones reabrieron al cabo de uno o dos años.

Labios que toquen alcohol

Labios que toquen alcohol no tocarán los nuestros

Todo ello no quita mérito alguno al poder femenino, pues que unas 1.300 familias que posiblemente vivían de esos salones decidieran cerrar su negocio y buscarse ingresos de otra forma sólo porque un grupo de mujeres se lo pidiera (aunque fuera por uno o dos años) es sin duda una muestra contundente del poder femenino y de su aceptación formal por parte de la sociedad.

Me dejo muchos otros temas en el tintero, como la victoria del espacio social femenino (el hogar) frente al masculino (el salón) que culminó en la posterior Prohibición o Ley Seca. Recordemos que el salón no era sólo un sitio para beber, sino también para recoger el correo si no se tenía una dirección permanente, aprender inglés, consultar ofertas de trabajo, votar, socializar con otros trabajadores, etc. Un espacio que tras la derogación de la Ley Seca terminaría siendo reemplazado por el speakeasy, antecedente de los bares actuales y que era frecuentado por ambos sexos.

En cualquier caso, las andanzas de Carrie nos muestran una vez más que esta versión de la Historia donde la mujer carecía de poder y el hombre era un todopoderoso autócrata tanto en el gobierno como en el hogar es fruto de una visión extremadamente simplista cuyo único interés es capitalizar una narrativa histórica deformada para aplicar políticas de discriminación en el presente.

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29 respuestas a Autoridad masculina vs poder femenino: el caso de Carrie Nation

  1. Enric Carbó dijo:

    La última foto del artículo la vi hace años en internet y la estuve buscando después. Qué bien que la hayas puesto. En esa foto hay otro tema que se puede desarrollar, además del de “poder vs autoridad” , se trata del poder sexual (“no tocareis nuestros labios”…). Estas campañas puritanas contra el alcohol también se dirigían contra la prostitución. Me pregunto hasta que punto atacar la prostitución era un intento de “acabar con la competencia” para que los hombres no se fueran a otro sitio o tuvieran un escape. Creo que Sto Tomás de Aquino comparaba la prostitución con las alcantarillas: algo sucio pero necesario para la sociedad; funciona bien con la hipocresía católica pero no con el puritanismo protestante. De la misma manera que la “guerra contra las drogas” fue exportada a todo el planeta por el puritanismo de los EUA, me pregunto si las tesis más misándricas del feminismo radical norteamericano de la última ola también beberá de las raices puritanas que fundaron los EEUU

  2. Gracias Enric. Ciertamente el tema da para mucho. El poder de la mujer puede ser sexual (como en el caso de esa imagen) o beber de otras fuentes, como en el caso de Nation.

    No puedo asegurarlo tajantemente pero yo diría que sí, que el feminismo norteamericano no ha sido immune a influencia de su pasado puritano. Cuando Naomi Wolf dijo en un artículo contra la pornografía que “ahora entendía” por qué las sociedades tradicionales tendían a recluir a la mujer y a taparla, mostrando simpatía por ello, me quedó todo claro. Según ella, esas mujeres se sentían mucho más atractivas porque no tenían que competir (como en el Occidente actual) con el bombardeo de imágenes de mujeres atractivas al que asisten diariamente hombres y mujeres. Vamos que para ella casi (digo casi, porque ella afirma no querer volver a eso) era mejor para la mujer una sociedad que tapa a las mujeres o limita su interacción con hombres que una donde existan todas estas imágenes, incluida la pornografía.

    No tengo tiempo de traducir, pero aquí están sus palabras (la negrita es mía):

    The ubiquity of sexual images does not free eros but dilutes it. Other cultures know this. I am not advocating a return to the days of hiding female sexuality, but I am noting that the power and charge of sex are maintained when there is some sacredness to it, when it is not on tap all the time. In many more traditional cultures, it is not prudery that leads them to discourage men from looking at pornography. It is, rather, because these cultures understand male sexuality and what it takes to keep men and women turned on to one another over time—to help men, in particular, to, as the Old Testament puts it, “rejoice with the wife of thy youth; let her breasts satisfy thee at all times.” These cultures urge men not to look at porn because they know that a powerful erotic bond between parents is a key element of a strong family.

    And feminists have misunderstood many of these prohibitions.

    I will never forget a visit I made to Ilana, an old friend who had become an Orthodox Jew in Jerusalem. When I saw her again, she had abandoned her jeans and T-shirts for long skirts and a head scarf. I could not get over it. Ilana has waist-length, wild and curly golden-blonde hair. “Can’t I even see your hair?” I asked, trying to find my old friend in there. “No,” she demurred quietly. “Only my husband,” she said with a calm sexual confidence, “ever gets to see my hair.”

    When she showed me her little house in a settlement on a hill, and I saw the bedroom, draped in Middle Eastern embroideries, that she shares only with her husband—the kids are not allowed—the sexual intensity in the air was archaic, overwhelming. It was private. It was a feeling of erotic intensity deeper than any I have ever picked up between secular couples in the liberated West. And I thought: Our husbands see naked women all day—in Times Square if not on the Net. Her husband never even sees another woman’s hair.
    She must feel, I thought, so hot.

    http://nymag.com/nymetro/news/trends/n_9437/index1.html

    • Enric Carbó dijo:

      las mujeres no se emanciparon de “los hombres que las tenían oprimidas”, sinó de un rol de género que antes de la modernidad no se podía elegir (los hombre tampoco elegían). No hay que confundir lo estructural con lo personal, que es lo que hacen las feministas, y entonces se enredan con una visión de la historia llena de victimismos y de culpas

      • Enric Carbó dijo:

        En este mismo blog Carlos ha publicado “por qué no se rebelaron”, y otras entradas muy buenas donde se distingue el poder de la autoridad. Recominedo leerlos. Las mujeres siempre han tenido poder, mal que les pese a las feministas

  3. Emilio dijo:

    Disculpad si abordo el tema de una forma un poco trasversal. Mi impresión es que el modo de ejercer el poder desde el lado femenino si por algo se caracteriza es por su discreción y sutilidad de tal modo que incluso en un momento como el presente donde la presencia de su fuerza es abrumadora en los hechos rara vez es fácil seguirle la pista desde el origen hasta su plasmación fáctica. Podemos remedar aquello de: detrás de gran hombre hay una gran mujer, diciendo que siempre hay un hombre para hacer de escudo de cada una las propuestas controvertidas del neofeminismo como hubo pioneros del feminismo histórico de la enorme talla de Stuart Mill y tantos otros. Pero viniendo a nuestros días me gustaría recordar que un personaje como Zapatero bajo cuyo mandato se aprobó el paquete más relevante de la legislación de género en nuestro país, después de dos años de silencio, se destapó recientemene y motu propio diciendo en la cadena Ser que el principal reproche a la política de los dos años de gobierno de Mariano Rajoy ¡y hay que ver dos años! era haber suprimido Educación para la ciudadanía.

    • También es complicado examinar el poder femenino desde una perspectiva histórica porque al no estar codificado apenas deja rastro. Y el poco que ha dejado rara vez ha sido analizado como tal por los historiadores (y particularmente “los de género”). Casos como el de Carrie Nation y la Cruzada de las Mujeres son atípicos no tanto en el poder esgrimido sino en la visibilidad del mismo, y nos dejan entrever que las relaciones de hombres y mujeres se alejan de la imagen que se nos está transmitiendo. A veces un ángulo más fructífero es examinar no ya lo que vemos, sino lo que no hemos visto. Por ejemplo una vez hice la pregunta: ¿por qué nunca hemos visto rebeliones armadas de mujeres? Algo que enfadó a más de uno porque al feminismo le gusta comparar la situación de la mujer con la de otros grupos minoritarios para hacer su caso, y en este apartado (entre otros) la diferencia es significativa.

      https://quiensebeneficiadetuhombria.wordpress.com/2013/05/01/por-que-las-mujeres-no-se-rebelaron/

      Ni una sola rebelión armada contra los “varones opresores”. Ni una sola a lo largo y ancho del mundo y de la Historia. Eso también nos tiene que decir algo, y no creo que sea “las mujeres son más pácificas”, como ya vimos en otra entrada.

      https://quiensebeneficiadetuhombria.wordpress.com/2013/11/16/la-opresion-de-la-mujer-hacia-el-varon-guerra-y-genero/

      • Enric Carbó dijo:

        Para que un grupo humano domine a otro debe darse alguna de estas condiciones
        a) es más numeroso
        b) dispone de una tecnología superior (o dicho de manera más vulgar: los otros son más tontos)
        La historia victimista que construye el neofeminismo, con la excusa de “empoderar” a las mujeres, en realidad las considera débiles y/o tontas (hasta que llegaron ellas a denunciarlo). Ningún grupo en la historia ha sufrido semejante y larga opresión. Y si fuera verdad se debería concluir que tanto tiempo confirmaría esa hipótesis de que son débiles y/o tontas

      • jose dijo:

        Enric que yo tenga una pistola o un coche y tu no no me hace mas inteligente que tu. De la misma forma que puede haber una distribución desigual del poder producida aparte de la cantidad de individuos y la tecnología, como por ejemplo por el acceso al dinero, a oficios de autoridad o porque sencillamente haya leyes dirigidas a perpetuar las diferencias. No te parece lamentable que para defender tu postura el argumento que se te ocurre es ¿o no las han explotado o son tontas?, Muy triste escudarse en las diferencias históricas para insultar a un grupo en la actualidad, ¿no?

      • Enric Carbó dijo:

        [Respuesta a Jose 5-feb-14. No estoy seguro de si he pinchado en el lugar adecuado para el reply]
        Así es, si tu tienes una pistola y yo no, no necesariamente eres más inteligente; eres más fuerte y me puedes dominar. Si esto es lo que crees que ha pasado en la historia, que los hombres como grupo han dominado hasta ahora en todo tiempo y lugar a las mujeres como grupo, habrá que concluir que las mujeres como grupo son más débiles. Carlos Rodriguez ya ha puesto esta entrada como ejemplo que de débiles nada de nada. Si por el contrario tu crees que sí, que las mujeres como grupo se han dejado dominar, pues esa consideracion de débiles a mi me parece insultante hacia ellas

      • Enric Carbó dijo:

        Sobre esta cuestión de rebuscar en la historia grupos débiles (las mujeres) para denunciar o presentarse como su “recatador”, me parece que tiene mucho que ver con el tema de la hombría tradicional que se trata en este blog: el papel del hombre es “rescatar” a la mujer, así se hace uno hombre. Por suerte las mujeres en general ya han dado un grandísimo paso en pos de su autonomia (mal que les pese a las feministas que insisten en el victimismo, presentarlas como débiles y/o tontas para justificar la concesión de derechos especiales sin deberes). Ahora nos toca a los hombres abandonar este rol de género tradicional de “salvadores” del “sexo débil”. Ya se ve que es difícil, cómo está de incrustrado en la conciencia dominante

      • jose dijo:

        Hola Enric, creo que lo que has dicho es más o menos lo siguiente:
        “(…) si tú tienes una pistola (…) me puedes dominar. Si esto es lo que crees que ha pasado en la historia (con las mujeres) habrá que concluir que las mujeres como grupo son más débiles. (…) esa consideración de débiles a mi me parece insultante (…).”

        A ver si entiendo lo que dices. Si un grupo domina a otro es que el segundo grupo es débil lo que es insultante para ese grupo. Creo que no estoy de acuerdo con que estar en una situación de sometimiento por larga que esta sea, sea insultante.

        Si piensas que es solo insultante en el caso de las mujeres, tampoco me parece insultante ser una mujer que ha vivido sometida como no lo es ser víctima de un atraco u otro acto en el que eres víctima de una dominación. Quizás piensas que es insultante solo como grupo, creo que aun menos porque aunque la mayor parte de las mujeres se viesen perjudicadas por el sistema en el que vivieron (de la misma forma que la mayor parte de hombres se han visto perjudicados por el sistema en el que han vivido) unas pocas se beneficiaron (sacaron más provecho que perjuicios, como pudo ser cualquier reina) es decir que no es un tema interno dependiente de cada persona (del que me puedo avergonzar) sino de un tema externo que no se puedo controlar dependiente de la situación que he vivido.

        Pero es que tú también crees que fueron oprimidas porque “Por suerte las mujeres en general ya han dado un grandísimo paso en pos de su autonomía”. Vamos que vivieron como mujeres un periodo del que no la dispusieron (no solo ellas, por ejemplo la inmensa mayoría de campesinos de los que somos descendientes a veces cometieron delitos y otras conatos violentos pero hasta que no se pusieron detrás de la burguesía no se organizaron contra su opresor, la aristocracia. Y no me parece insultante para mis antepasados, por cierto).

        Y también estoy de acuerdo contigo en que nos toca a los hombres abandonar muchas de nuestras actitudes que tenemos y perjudican a la mayoría.

      • Enric Carbó dijo:

        “A ver si entiendo lo que dices. Si un grupo domina a otro es que el segundo grupo es débil lo que es insultante para ese grupo. Creo que no estoy de acuerdo con que estar en una situación de sometimiento por larga que esta sea, sea insultante”
        No estoy diciendo esto. Lo que estoy cuestionando es el hecho mismo de la dominación. Niego que los hombres como grupo hayan dominado a las mujeres como grupo. Si hubiera sido así -que no lo es, y las pruebas que muestra este blog son un ejemplo- es cuando se tendría que concluir que el otro grupo es débil. Considerar que las mujeres son débiles es lo que yo considero insultante para ellas.
        Tu mismo lo dices, el sistema perjudicaba a ambos. Los roles de género surgieron por una cuestión de supervivencia, no se podían elegir. A partir del s XVIII con la Ilustración y después con la Revolución Industrial comenzaron a cuestionarse, fué el surgimiento del feminismo clásico (nada que ver con el neofeminismo), igual que surgió la idea que “los seres humanos son iguales”, el antiesclavismo, la democracia etc. Eso fue un gran paso hacia la emancipación y la autonomía. Pero no fue “algo que los hombres hicieron a las mujeres” (historia victimista), era el resultado de lo que una evolución insuficiente hizo a *ambos*, a cada género de una manera. En este blog también se muestra cómo el sufrimiento de los hombres no ha sido inferior.
        Cuando se reconoce y se honra el sufrimiento de ambos se puede dejar atrás esa absurda “guerra de género” con su ánsia de victimismo y culpabilización tan presente en nuestra cultura. La noción de “autonomia” también se puso en circulación a partir del s. XVII (por ej. Kant). La autonomia es incompatible con el victimismo, quiere decir asumir responsabilidad -y llibertad; esta evolución hacia la autonomía no fué dificultada por “alguien” (los hombres malos, confabulados en todo el planeta para dominar a las mujeres) sinó por “algo” -las condiciones sociohistóricas anteriores a la Ilustración y la Revolución Industrial

      • jose dijo:

        Enric pienso que te he entendido lo único que quiero es contribuir a que te des cuenta de que por lo menos en apariencia tu discurso es contradictorio:

        cuando dices que las mujeres (como grupo) han sido débiles si han sido dominadas por otros grupos, aunque añadas que tu no crees que las mujeres hayan sido dominadas después reconoces que tanto ellas como otros grupos (los propios hombres por ejemplo) no han gozado de autonomía “por las condiciones socio históricas” es decir no han tenido el gobierno de ellas mismas, han sido sometidas (ser debil como grupo según tu razonamiento) por que principalmente gente y grupos (“condiciones socio históricas”) se lo ha impedido.

        Cuando dices que no han sido oprimidas por alguien (los hombres) sino por algo -las condiciones socio históricas-, pasas por alto de todas formas que esa opresión de la que hablamos siempre se ejerce desde algo (un grupo “los hombres” es un objeto “algo” integrado en este caso por alguien). Es decir que cambiar el opresor no cambia en este caso la condición del oprimido.

        De todas formas esto me parece un cambio significativo de la idea de que solo se puede dominar a otro grupo si se tiene más tecnología (en cuyo caso además se es más inteligente) o se es mas numeroso.

        Si quieres a esto se puede añadir que en los campos donde las mujeres han tenido poder el grupo mujer ha oprimido y dominado en esas áreas a otros grupos y que estos por vivir sometidos en estas áreas (en mi opinión, no se si en la tuya) aun así no deberían sentirse insultados.

  4. Emilio dijo:

    Comparto lo que dices Carlos, yo a veces lo tengo expresado con el simil de que si el Universo en su mayor parte está constituído por materia oscura, invisible con los actuales medios, a la historia de los sexos le ocurre otro tanto de lo mismo y seguramente lo que con los actuales medios no somos capaces de ver y sacar a la luz tenga una magnitud mayor que lo que realmente vemos y conocemos. Por eso como enunció Sherlock Holmes debemos aplicarnos la máxima: solo se llega a ver los invisible si se lo está buscando.

  5. Isidro dijo:

    Carlos,

    disculpa que cuelgue aquí este comentario. No encuentro el que hiciste para contestar a Alejandro. En él cuestionabas que las mujeres tengan, en general, un patrón de conducta externalista (o pensamiento mágico). Quisiera abundar un poco más en ello, porque creo que es algo de suma importancia para entender lo que está ocurriendo. Si lo creyera secundario, no insistiría tanto.

    Creo, Carlos, que me resultará muy difícil, o imposible, convencerte, de que el patrón mental femenino es, en palabras de Sordo, “externalista”. Por mi propia experiencia personal, puedo decir que cuando las (supuestas o reales) pruebas que el otro presenta no coinciden con los datos de la propia experiencia personal, uno tiende a desconfiar de aquéllas. Permíteme, no obstante, intentarlo de nuevo. Vaya por delante que, como ya he dejado claro en otros comentarios, nada de lo que diga de la mujer pretende demonizarla: del hombre he dicho lo mismo que dice la ciencia: que suele ser territorial; y esto significa que, en muchas ocasiones, encuentra motivos para el enfrentamiento con otros varones, y para formar alianzas belicosas. También he hablado (aunque esto es una opinión mía) de los muchos problemas que suele acarrear las fantasías relativas a las sensaciones de control masculino de la situación (“yo controlo”). Somos como somos para bien y para mal.
    Hombres y mujeres somos como somos a causa de nuestro pasado evolutivo. La ciencia más avanzada no puede hacer caso omiso de las ingentes aportaciones que se derivan de la archiprobada teoría de la evolución.
    No sé si habéis visto un vídeo que hace unas semanas colgó Emilio en su blog “personas, no género”. Se trata de la conferencia de un antropólogo, Josep Mª Fericgla.

    http://www.personasnogenero.blogspot.com.es/2014/01/conferencia-de-josep-m-fericgla.html

    Su contenido constituye un sólido apoyo más a la tesis que defiendo: que la mujer (en general, se entiende) tiene una mente acreedora. Fericgla ha recabado datos y experiencias suficientes para poder afirmar que, en cualquier parte del mundo, el hombre tiene la función natural (y mantenida por cada cultura) de servir a la mujer. La mujer, por su parte, debe seguir al hombre en sus incursiones por el mundo. El autor también recalca algo que tú, Carlos, mantienes y pruebas en estas páginas: que los hombres tienen la autoridad y las mujeres el poder. Os recomiendo ver el vídeo si todavía no lo habéis hecho.
    Voy es a lo siguiente. Toda mentalidad acreedora (“a mí me tienen que servir”) lleva implícita la necesidad psicológica de delegar responsabilidades en los demás (especialmente en quien te ha de servir). Es el que sirve al otro quien tiene que asumir responsabilidades.

    Las feministas siempre se han lamentado de que el hombre les haya reservado un papel secundario en la historia pública. No es cierto. La historia y la propia naturaleza de la mujer han reservado un papel secundario en la historia pública. En la historia privada la cosa ha sido y es de otra manera. Las mujeres mueven, muchas veces, los hilos, pero a la sombra, sin dar la cara. En parte, porque no lo necesitan. En parte, porque no lo desean. Quien da la cara, asume que se la pueden partir. Es mejor gobernar en la sombra, al menos al hombre; especialmente al marido.

    La mentalidad acreedora (la mentalidad de quien cree que ha de ser servido por otros) no armoniza nada bien con la asunción de responsabilidades. Si yo creo que debo ser servido por otras personas, atribuiré cada cosa que me pase, buena o mala, a esas personas, o a las circunstancias del momento. Imaginemos un príncipe epulón y malcriado desde el mismo momento en que nació. Está acostumbrado a que sus lacayos y sirvientes le ordenen y organicen la vida. Si algo no es del agrado del príncipe, siempre tendrá la ocasión de culpar al sirviente que lo ha servido mal. Ese príncipe malcriado difícilmente aprenderá a madurar, a asumir la responsabilidad de su vida.

    Los niños que hoy sufren el llamado “síndrome del emperador” (constituyen plaga en la actualidad) se comportan como ese príncipe que se cree acreedor de todo y jamás culpable o responsable de su vida. Esos niños malcriados no saben coger las riendas de su vida. Son los otros -padres, abuelos, hermanos mayores- quienes se ven obligados a llevarlos a caballo, siempre híperprotegidos y consentidos. Cuando algo no es del agrado del niño-emperador, monta en una rabieta y acusa de sus tribulaciones a quien le sirve. La mayoría de edad para cualquier persona se alcanza cuando se es capaz de decidir y actuar por cuenta propia; cuando se es independiente.

    La constitución física de las mujeres las hace extremadamente dependientes del varón. Hoy podemos imaginar a una mujer soltera e independiente; incluso sola y embarazada. En tiempos prehistóricos y durante la mayor parte de la historia, las mujeres han necesitado la protección de uno o varios hombres. Incluso hoy, la población femenina depende del hombre en un sentido más amplio: son los hombres quienes construyen casas y edificios, puentes, iglesias, carreteras, hospitales, escuelas, acueductos, alcantarillas, tendido eléctrico, tuberías de agua, presas hidráulicas, aeropuertos, barcos, aviones, coches, trenes, máquinas, relojes, muebles, electrodomésticos… Cerca del 100% de las cosas físicas de que disponemos en nuestras sociedades están inventadas, construidas o fabricadas por el varón. La milicia, la policía, los bomberos, personal de rescate, guardaespaldas, etc., están integrados principalmente por varones.

    La dependencia física de la mujer respecto del varón es enorme. Pero, para compensar la cosa, la dependencia afectiva del varón en relación a las mujeres no es menor. Repárese en que el antropólogo Fericgla dice exactamente lo mismo que yo en este punto (o yo lo que él). No podría ser de otra manera: hombres y mujeres somos complementarios. Las mujeres necesitan al hombre en lo físico y los hombres a las mujeres en lo afectivo y sexual. Obviamente, no debe entenderse esto en un sentido radical. Hay hombres dependientes en el mismo sentido que las mujeres, y mujeres (unas pocas) que podrían hacer las mismas cosas que los hombres. Haber hay de todo, pero ello no hace desaparecer unos patrones de conducta muy marcados según el sexo de la persona.

    Hombres y mujeres somos seres incompletos, por eso nos necesitamos y somos complementarios. Los hombres porque, como dice Fericgla, necesitamos al menos de una mujer que nos apoye o admire. Las mujeres, porque necesitan a un hombre que las provea y proteja. Ambos sexos somos, en cierto sentido, inmaduros, dependientes.
    El poder de las mujeres no se puede basar en su potencia física. Ha de basarse en otra cosa: en la debilidad que el varón siente por la mujer. En nuestro dolor cuando las vemos sufrir o las notamos insatisfechas. Brizendine nos informó de algo que ya sabíamos: que el llanto de la mujer produce en el hombre mucho dolor. Pilar Sordo afirma que lo que más gusta a un hombre de su mujer es verla sonreír.

    De acuerdo, ¿qué pruebas hay de que las mujeres sean externalistas? ¿Contamos con alguna prueba más que las que aportan los endocrinos y Pilar Sordo? Pienso que sí. Las tenemos por doquier: el mismo feminismo es una gigantesca prueba de la existencia de un patrón femenino externalista. No constituiría una prueba si se demostrara que las mujeres en general no tienen nada que ver con el feminismo. Yo al menos no he encontrado ninguna prueba semejante. Aunque hay muchas mujeres que, seguramente, no comulgan con las quejas y reivindicaciones más radicales del feminismo, lo cierto es que, como bien apuntaba Sandra en este blog, la mayoría de ellas siempre tienen preparada en la punta de la lengua la palabra “machista”. La mujer, la ciudadana se deja hacer por el feminismo. Puede o no estar de acuerdo con los dislates de las feministas más airadas, pero a la vista está que todas, excepciones aparte, admiten de buen grado las políticas de “discriminación positiva” y se dejan halagar y seducir por todas las promesas del político con pujos.
    Todo el cuerpo teórico del feminismo de “género” constituye una monumental prueba de que las mujeres tienden a sentirse víctimas de cualquier situación que no les agrade o les favorezca:

    1. La misma teoría de género empieza por afirmar que el hombre ha construido el “género” femenino. También el masculino, pero decir que el hombre se ha construido su “género” no prueba que él sea un elemento pasivo.
    2. El feminismo considera al hombre culpable de que las mujeres no hayan tenido un papel más destacado en la ciencia, las artes, la filosofía o la literatura.
    3. El feminismo sigue achacando a los hombres la culpa de que ellas ganen menos u ocupen un menor número de puestos de dirección.
    4. El feminismo tiende a exonerar a las mujeres que cometen crímenes, especialmente contra sus maridos.
    5. El feminismo es incapaz de admitir que las mujeres puedan provocar alguna violencia contra ellas, aunque sabemos que muchas son diestras la manipulación y la violencia psicológicas.
    Etc., etc., etc..

    El feminismo es una creación femenina, pero en el mismo sentido que es cosa femenina la queja continua y sentirse víctima. No en vano, las consultas de psicología y de psiquiatría están mucho más frecuentadas por mujeres que por hombres. La mayor actividad de las mujeres con deseos de cambiar las cosas consiste en pedir al hombre que les proporcione los recursos necesarios para que ellas puedan medrar: ayúdame a medrar.
    La mayoría de las mujeres no pueden competir con los hombres en nada o casi nada. Por eso, para excusarse, hablan del famoso “techo de cristal”. Ni siquiera todo el tremendo elenco de privilegios y facilidades de todo tipo que el varón pone a disposición de las mujeres para que medren en lo profesional, consigue extinguir la teoría del “techo de cristal”. Si ellas no medran como el hombre en algún campo -el que sea-, es por culpa de los hombres. Los foros feministas no tienen empacho en manifestar cosas que provocan el sonrojo: incluso en ajedrez las mujeres son iguales o superiores al hombre. http://blogs.elpais.com/mujeres/2014/01/mujeres-y-ajedrez.html

    Insisto: no creo que haya la menor duda de que el feminismo sea “externalista” (en el sentido propuesto por Pilar Sordo). ¿Es esto extensible a la población femenina o sólo a las mujeres feministas? Yo no he visto (o no he sido capaz de ver) ninguna prueba que permita desvincular la doctrina feminista de la condición femenina. No he escuchado argumentos que nos permitan pensar que el victimismo feminista sea ajeno a la forma de ser de (la mayoría de) las mujeres. Al contrario: no sólo mi experiencia profesional y personal avala la tesis de que ese victimismo feminista mana de la naturaleza femenina, también lo avala, a mi juicio, todo lo que la ciencia nos dice de cómo somos hombres y mujeres (Sordo, Brizendine, Helen Cronin, Kimura, Fericgla…).

    Saludos.

    • Gracias por tu detallado comentario, y por entender que es complicado convencerme debido a mi experiencia personal. Lo que he visto en mi caso ha sido una cuestión de madurez. La gente más madura, independientemente del sexo, era capaz de hacer autocrítica y asumir responsabilidad por sus actos. La más inmadura, por el contrario, siempre encontraba un culpable para todo. Creo que es un gran comentario, prácticamente un post por derecho propio al que me gustaría referirme cuando salga este tema (estemos de acuerdo o no).
      La única parte que no me gusta es cuando dices “La mayoría de las mujeres no pueden competir con los hombres en nada o casi nada”. Teniendo en cuenta la brecha educativa de género, y la todavía reciente (históricamente hablando) incorporación de la mujer a campos en los que nunca había competido, yo al menos tengo reservas en pronunciarme sobre ello con tanta firmeza.

      • Isidro dijo:

        Carlos,

        gracias por tus palabras. Entiendo muy bien tus reticencias. Estoy preparando un comentario un tanto prolijo. Quisiera explicar bien todo esto para que no queden dudas ni haya lugar a malas interpretaciones..

        Saludos.

  6. Pingback: Anónimo

  7. Helena dijo:

    Y dale con la mentalidad acreedora. El hombre tiene en todas las culturas que servir a la mujer… ¿Y no se espera de las mujeres, en todas las culturas, determinados servicios hacia los hombres, al menos los de su familia? Amos, amos…

    • Isidro dijo:

      Helena:

      Fericgla también ha encontrado lo que tantas veces hemos dicho aquí. Que el hombre es el sexo desechable. La mujer genera la vida, y los hombres sentimos el deber (el instinto en este caso) de proteger a quien la genera. Ni la vida de los hombres y la de las mujeres es un camino de pétalos de rosas; al menos para gran parte de la humanidad. Pero el deber de proteger y proveer corresponde al varón, y esto implica, muchas veces, salvar con la propia vida la vida de las mujeres. ¿En qué sirven las mujeres a los hombres? Sí, las mujeres saben que deben cuidar de la casa, los niños y del marido (esto último ya ni siquiera es así en la actualidad de las sociedades avanzadas). Cuidan la casa del marido, que también es la suya (que es más de ellas que del marido). Cuidan de los hijos del marido, que también son los suyos… Lo siento, Helena, pero no veo que sean deberes proporcionales a los del hombre. Cazar, pescar o defender el territorio y la casa son actividades de una extrema peligrosidad en muchas ocasiones. Las mujeres de cualquier parte del mundo se sienten legitimadas para pedir y presionar a los hombres que las provean y las defiendan a cualquier precio. Si yo creyera que los demás deben sacrificar su salud o su vida por la mía, tendría que reconocer en mí una mentalidad acreedora.

      Saludos.

    • Alejandro dijo:

      Las mujeres de todas las culturas no están obligadas a servir a los hombres de la misma forma en que son servidos por ellos. Los servicios que prestan las mujeres dependen mucho del estatus del hombre por eso hay muchos hombres que sirven a las mujeres sin recibir nada a cambio. Después de lo cual cabe suponer que hay unos pocos hombres que reciben muchos servicios de las mujeres que son los que las mujeres perciben con más estatus.

      El que haya el doble de descendientes femeninos que masculinos entre los que estamos vivos nos deberia de hacer cuestionar la idea de la reciprocidad entre los sexos.

  8. @Todos

    Creo que podemos estar de acuerdo en que la expectativa tradicional de género ha otorgado más obligaciones familiares a la mujer y más obligaciones sociales al hombre (hablando en términos muy generales). También espero que podamos estar de acuerdo en que quién se llevaba la mejor o peor parte en este arreglo depende del momento histórico, la clase social y otros factores. Vamos que no es igual la esclava negra que la dama sureña.

    Aquí es donde creo que podemos tener otra opinion: tengo mis dudas sobre la mentalidad acreedora porque si las mujeres esperan algo del hombre, el resto de hombres del grupo también esperan que dicho hombre cumpla con el orden social (en este caso, proveer o proteger a su pareja). Me refiero a que ella espera de su hombre lo mismo que otros hombres (y mujeres) esperan de él. Igualmente las mujeres también esperan de aquella mujer que cumpla con dicho orden social. Cuando la expectativa de la mujer es equivalente a la expectativa de toda la sociedad, me resulta difícil juzgarla sólo a ella como acreedora.

    De todas formas, incluso si yo estuviera equivocado, todo este tema de la mentalidad acreedora no es un argumento que quiero perseguir porque en mi opinion tiene más potencial para alienar a gente que podría simpatizar con nosotros que cualquier otra virtud.

    • Isidro dijo:

      Carlos,

      en efecto, tanto hombres como mujeres esperan que cualquier hombre provea y proteja a las mujeres. Por eso he hablado no sólo de mentalidad femenina acreedora sino de mentalidad masculina deudora. Ambas mentalidades son complementarias. A la sociedad de los varones no se la puede calificar de acreedora por creer que cada varón debe servir a las mujeres, sino de deudora.

      Creo comprender qué quieres decir cuando expresas tu temor de que todo esto de la mentalidad acreedora (y deudora) tiene poder alienante. Pudiera parecer que tal cosa la presento como un destino, como la trampa en la que todos caeremos sin poder hacer nada para evitarlo. Pero no creo que sea así. La alienación nos vendría del desconocimiento de nuestras inclinaciones naturales. Pero si nuestras inclinaciones como varones o mujeres son las que son (en caso de que lo sean), no ganaremos nada escondiendo la cabeza para no verlas o para negarlas. El alcohólico debe saber que tiene un problema, una fuerte inclinación a abusar del alcohol. Sólo a partir de este conocimiento podrá prevenir los riesgos anejos a esa inclinación. Eso sí: jamás se me ocurrirá decir que vaya a ser tarea fácil prevenirse de nuestras inclinaciones en todo esto. Si lo dijera, (me) mentiría.

      Repara en una cuestión, Carlos. Tú hablas, con gran acierto y erudición, del poder femenino (frente a la autoridad masculina). Si ese poder existe, ¿en qué se basa? No puede basarse en la intimación física (salvo casos excepcionales), la amenaza… Ni tampoco en un mejor uso de la razón para persuadir al varón. Entonces, ¿en qué se basa?

      Si hay algo que podemos comprobar hasta la saciedad es que las feministas (las mujeres) tienen un poder impresionante para hacer valer sus reivindicaciones PESE al hecho de que la teoría de “género” carece del más mínimo rigor científico y de que se salta a la torera la teoría de Darwin y las conclusiones más elementales de la lógica. Y esto es algo tan tremendo como si un físico quisiera colarle a la comunidad científica la teoría geocéntrica. La teoría de género es un completo dislate que, no obstante, recibe ingente atención y subvenciones públicas. La inmensa mayoría de las reivindicaciones feministas no resisten ni la más benévola de las críticas. Sin embargo, las teorías y las reivindicaciones feministas siguen ahí, plenas de irracionalidad pero fuertes, inexpugnables casi. No es, desde luego, la fuerza de la razón la que nos obliga a aceptarlas. Y si no nos obligan ni la razón de la fuerza ni la fuerza de la razón a acatar la doctrina feminista, ¿qué nos obliga?
      Alienados ya estamos, Carlos. Si en el siglo XXl, cuando la ciencia y la tecnología tienen un peso muy grande (todavía), la sociedad y los gobiernos dan por buena una teoría que tiene el mismo rigor racional que la astrología o la quiromancia, es que estamos alienados, sometidos, como siempre lo hemos estado, a algo tan arcano y primitivo que antecede a la razón y, muchas veces, la anula.
      Pero si hay alguna esperanza de que esto cambie, vendrá ofrecida por el (re)conocimiento de la realidad y la justa razón.

      Saludos.

    • Alejandro dijo:

      @Carlos

      Entiendo tus reticencias, me parece respetable que las tengas y creo que haces mucho bien dejando una puerta al dialogo. Pienso que tal cosa es inutil pero a lo mejor estoy equivocado

      @Isidro

      ¿Has pensado en hacer tu propio blog?. En tu propio blog podrías desarrollar tus ideas de una forma mas amplia y no estarías condicionado por las opiniones de otros. Un tema que podría ser interesante es como desanimar esa mentalidad acreedora.

      • Isidro dijo:

        Hola, Alejandro.
        Sí, lo he pensado muchas veces. El problema, como ya he dicho muchas veces, es no tendré tiempo para atender comentarios, y eso me desanima bastante. Un blog para sólo leerlo no es lo que deseo. Ya veremos qué puedo hacer.

  9. Emilio dijo:

    Mi opinión es que en torno a algunas de las cuestiones de la relación entre los sexos lo desconocemos casi todo. Para mí el interés de bitácoras como esta no es tanto que den respuestas acabadas desde ya sino que abran temas y líneas de investigación y uno de ellos es este de la mentalidad acreedora que habrá que seguir analizando para ver hasta dónde llega, cosa que de momento, al menos para mí, no está clara. Helena no niega que exista, sencillamente apunta que existe en reciprocidad con una actitud semejante por parte de la mujer, aspecto con el que se puede estar o no de acuerdo, incluso valorar si se trata de cosas equivalentes. Pero por eso mismo a nadie debiera molestar que se analice lo que casi todos concluimos que existe.

    Desde luego hay una importante zona de sombra que tiene que ver con esa mentalidad, pero también con otros temas concomitantes como la “mayoría de edad” en el sentido que la expresa Kant, como esa voluntad de hacerse cargo de las propias decisiones que cada uno tomamos, sin que alegremente podamos desentendernos de sus consecuencias, como también con la invisibilidad política de las decisiones de la agenda de género. Un rasgo histórico distintivo del feminismo es que jamás ha necesitado crear un partido político propio para llevar adelante sus propuestas, y eso algo ha de significar, y sería bueno entenderlo y tenerlo claro porque si entendiéramos todas esas cosas quizás sabríamos cómo actuar y si la dirección en que nuestras sociedades van es la correcta o se hace necesario modificar el rumbo.

  10. Alejandro dijo:

    @Isidro

    Lo que voy a hacer es tomar tus ideas, disponerlas de una forma que me guste, colgarlas en mi blog y cuando lo haga invitarte que lo comentemos.

  11. @Todos

    Gracias por sus comentarios. No es que no responda por descortesía, es que me han dado bastante en lo que pensar. Reflexionaré sobre ello.

  12. Pingback: Hacia una nueva historia de las relaciones de género | ¿Quién se beneficia de tu hombría?

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