El poder femenino en la Biblia

En una entrada anterior desarrollé la diferencia entre los conceptos de autoridad y poder. Aunque recomiendo leer dicho artículo antes de proseguir para comprender todas las ramificaciones en cuanto a relaciones de género, podríamos resumirlo de la siguiente manera: toda autoridad conlleva poder, pero el poder no siempre procede de la autoridad. A lo largo de la Historia los hombres han estado generalmente en posesión de la autoridad, pero eso no significa que las mujeres carecieran de poder. Este artículo mostrará algunos ejemplos de ello basándose en relatos biblícos. Antes de proseguir sólo quiero clarificar que no soy creyente.

En Nehemías 13:23-27 podemos leer:

23 Vi también en aquellos días a judíos que se habían casado con mujeres asdoditas, amonitas y moabitas. 24 De sus hijos, la mitad hablaban la lengua de Asdod, y ninguno de ellos podía hablar la lengua de Judá, sino la lengua de su propio pueblo. 25 Y contendí con ellos y los maldije, herí a algunos de ellos y les arranqué el cabello, y les hice jurar por Dios, diciendo: No daréis vuestras hijas a sus hijos; tampoco tomaréis de sus hijas para vuestros hijos ni para vosotros mismos. 26 ¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Sin embargo, entre tantas naciones no hubo rey como él, y era amado por su Dios, y Dios le había hecho rey sobre todo Israel; pero aún a él le hicieron pecar las mujeres extranjeras.

Resumiendo, en tiempos de Nehemías había judíos casados con mujeres extranjeras. Imagino que serían más de unos pocos, o el problema no habría sido recogido en la Biblia. Resulta interesante comprobar, sin embargo, que pese a la posición del padre como cabeza de familia en la tradición judía (y la autoridad que conlleva), sus esposas extranjeras tuvieron tal influencia que impusieran su lengua y su cultura a los hijos.

Nehemías además les dice que si el rey más poderoso fue desviado de su camino por mujeres extranjeras, cuánto más lo serían ellos, no digamos ya sus hijos. Lo de Salomón no es ninguna broma porque se le supone uno de los reyes más inteligentes, sabios, justos, etc. que ha dado de Israel. Pero pese a toda su autoridad como hombre y como rey, terminó cayendo en la idolatría persuadido por mujeres extranjeras. Y eso que Dios le hablaba directamente (según el relato biblíco).

Algo parecido le ocurrió a Sansón con su esposa filistea. Él no era tan brillante como Salomón, pero tenía una fuerza desmesurada que le hizo acabar con mil filisteos usando una quijada de burro (exageración claro está, pero es la forma que el relato tiene de hacernos saber que era muy fuerte). Su esposa le preguntó varias veces cuál era el secreto de su fuerza para traicionarlo y entregárselo a los filisteos. Él la engaño diciéndole que si era atado con cuerdas húmedas le desaparecería la fuerza, y a la mañana siguiente se encontró atado así por su mujer, pero como era mentira se liberó fácilmente. El proceso se repitió con dos mentiras más que le echó, por lo que estaba claro que Sansón sabía que su esposa sólo quería el secreto para traicionarle.

En Jueces 16:15-17 leemos (la negrita es mía):

15 Entonces ella le dijo: ¿Cómo puedes decir: “Te quiero”, cuando tu corazón no está conmigo? Me has engañado estas tres veces y no me has declarado dónde reside tu gran fuerza. 16 Y como ella le presionaba diariamente con sus palabras y le apremiaba, su alma se angustió hasta la muerte. 17 El le reveló, pues, todo lo que había en su corazón.

Al igual que en los casos mencionados anteriormente, parece que toda la autoridad de Sansón como marido y cabeza de familia no fue rival para el poder que su esposa ejercía sobre él, hasta el punto de darle lo que quería a sabiendas de que le costaría la vida.

Lo que deseo resaltar con estos ejemplos es que las relaciones de género en el pasado no eran tan unilaterales como se nos quiere hacer creer, y que las mujeres no carecían de poder, pese a que no contaran con la autoridad.

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51 respuestas a El poder femenino en la Biblia

  1. Kuxille dijo:

    Jajajajajajajajajajajajajaja.

    ¡Siii!Claaro! Un panfleto (la Biblia) , sobre lo malas , malísimas que son las mujeres , que controlan a los varones con sexo demuestra que las mujeres tenían poder.Alma de cántaro , los autores de las Biblia usan esos relatos para atacar a las mujeres y justificar su falta de autoridad y de poder.Exactamente igual que el 2º relato del Génesis.Son puros mitos , concretamente el de la Femme Fatale , que controla con sexo.

    Vaya asco de poder si no podían conseguirse autoridad ¿no?

    PD. Si les dejaban los trabajos de cuidado ¿de qué te extrañas que los descendientes hablen más la lengua materna?Solución :que se hubieran coresponsablizado los patriarcas.

    • @Kuxille

      He decidido que éste será tu último comentario en mi blog por tres razones:
      -Me llamaste “neomachista” en Facebook (me llegó al blog como enlace referido)
      -Escribiste un comentario, que no he publicado, donde simplemente te reías de mi entrada pero no proporcionabas ningún argumento para indicar dónde me equivocaba.
      -En este comentario vuelves a mofarte de lo que digo, lo cual aunque no incluya insultos se trata claramente de una falta de respeto.

      De todas formas te contesto a lo que has escrito, porque aquí al menos has argumentado.

      Que la Biblia retrate negativamente a las mujeres extranjeras no invalida que muestre su poder. Sí, la Biblia puede exagerar y distorsionar cosas, pero cuando se trata de la opresión femenina ningún feminista desprecia la valiosa información que proporciona. No veo, por tanto, razón por la que no podemos considerar el poder femenino que retrata.

      Fíjate que en el caso de Sansón la manipulación no es sexual, sino emocional. “¿Cómo puedes decir que me quieres si no revelas mi secreto?”. Y en el caso de Salomón, aunque sea exagerado, algo nos dice. Este hombre charlaba con Dios, ni más ni menos (según el relato). Si unas mujeres lo alejaron de Dios, aun siendo el propio Salomón un rey, para que adorara a dioses falsos que no le podían hablar (por algo eran falsos), es que esas mujeres tendrían más tracción que Dios mismo. Como dije, una exageración brutal, pero tras ella se nos está diciendo algo que vale la pena examinar.

      Y en el caso de los hijos de los judíos que no hablaban hebreo, imagino que si el patriarca tenía tanto poder proveniente de su autoridad, podrían haber insistido a sus mujeres que los niños debían seguir su lengua y cultura, no la de ella.

      A los demás les responderé en cuanto pueda. A ser posible mañana.

      • Kuxille dijo:

        ¿En cual post me he reído y no he argumentado?Si es en el de la diferencia entre autoridad y poder, me reía del chiste de Rose , no de ti.

        ¿Qué te consideras Carlos?Me parece que decir que las mujeres son el sexo más valorado es bastante machista , aunque comparandote otras formas de pensar como por ejemplo aquella que consideraba que los esposos/as estaban obligados a dar sexo a su cónyuge, se podría decir que eres incluso feminista.En fin , la verdad es que no tengo claro lo que eres ,perdón, quería dar una explicación superficial .

        En cuanto al debate.Según la RAE:

        poder1.
        (Del lat. *potēre, formado según potes, etc.).
        1. tr. Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo.
        2. tr. Tener facilidad, tiempo o lugar de hacer algo. U. m. con neg.
        3. tr. coloq. Tener más fuerza que alguien, vencerle luchando cuerpo a cuerpo. Puedo A Roberto.
        4. intr. Ser más fuerte que alguien, ser capaz de vencerle. En la discusión me puede. U. t. en sent. fig. Me pueden sus impertinencias.
        5. intr. Ser contingente o posible que suceda algo.
        MORF. U. solo en 3.ª pers. Puede que llueva mañana.

        poder2.
        1. m. Dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo.
        2. m. Gobierno de un país.
        3. m. Acto o instrumento en que consta la facultad que alguien da a otra persona para que en lugar suyo y representándole pueda ejecutar algo. U. m. en pl.
        4. m. Posesión actual o tenencia de algo. Los autos están en poder del relator
        5. m. Fuerza, vigor, capacidad, posibilidad, poderío.
        6. m. Suprema potestad rectora y coactiva del Estado.

        autoridad.
        (Del lat. auctorĭtas, -ātis).
        1. f. Poder que gobierna o ejerce el mando, de hecho o de derecho.
        2. f. Potestad, facultad, legitimidad.
        3. f. Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia.
        4. f. Persona que ejerce o posee cualquier clase de autoridad.
        5. f. Solemnidad, aparato.
        6. f. Texto, expresión o conjunto de expresiones de un libro o escrito, que se citan o alegan en apoyo de lo que se dice.

        A mi parecer estás jugando con el idioma (¿será el castellano tu lengua materna?) .Cuando las feministas se refieren a que el poder es masculino , el poder patriarcal ,se refieren a la definición 2 y tú estás obviando la 2 para señalar solamente la 1.Quiero decir que las mujeres no tenían poder2 ni autoridad y solo podían contar con sus propias capacidades, poder1 para sobrevivir y /o conseguir sus fines.

  2. Emilio dijo:

    Para que se vea lo profundo que han calado algunas ideas como ésta de la ausencia del poder femenino traigo dos enlaces que nos ponen en la pista de lo ingente de la tarea que nos queda, porque además del feminismo de salón y los estudios de género y sobre todo de lo bien posicionado que se encuentra el lobby feminista en las instituciones españolas e internacionales, queda todavía el posicionamiento de algunos varones que se entienden ilustrados sosteniendo ideas tan peregrinas, pero que calan tan fácilmente entre el púbico menos informado, como las que en esos enlaces recogen. El primero aquí y el otro aquí. De este último me bastó con escuchar los cinco primeros minutos del audio.

  3. Kuxille dijo:

    El primero escribe como si los hombres no pudierais decir no .El segundo es paternalista. Desde luego ninguno de los dos es feminista.

    • Emilio dijo:

      No los presentaba como ejemplo de feminismo sino de dislate del que lamentablemente hay mucho. En relación con que sea “feminista” a día de hoy no estaría de más que hubiera algunas explicaciones que se nos están hurtando. Yo prefiero hablar de noefeminismo como esa mezcla de feminismo radical e institucional que defiende los postulados de la perspectiva de género y que en modo alguno considero que nos esté proponiendo igualdad.

  4. Jeipi dijo:

    Ya sabemos que la Biblia es muy misógina, como les gusta destacar a algunos. pero en textos como el de Nehemías se percibe sobre todo la xenofobia y el hecho de que las invectivas vayan dirigidas a mujeres es secundario.
    Y es que en la antigua sociedad hebrea (y en demasiadas sociedades no tan antiguas ni tan hebreas) la aversión hacia los extranjeros en general es superior a la de las mujeres del propio grupo.

    • Emilio dijo:

      Por traer las cosas a lo que ahora mismo está sucediendo en nuestras sociedades sería interesante una reflexión sobre la destacada presencia de mujeres en formaciones políticas que la tienen como sello de identidad por solo citar algunas: Sarah Palin y Michelle Bachmann en los USA, Siv Jensen en Noruega, Krisztina Mirvai en Hungría, Pia Kjaersgaard en Dinamarca o Marine Le Pen en Francia, esta última con los mejores pronósticos electorales en el país vecino.

  5. isidro dijo:

    Hace unos días vi en la televisión un documental sobre la vida de diferentes pueblos indígenas. Voy contar algo que ya todos los presentes conocerán de sobra, pero que a mí me servirá para defender una tesis biologicista del feminismo (además de que pienso que enlaza bien con el tema de la entrada). Cuando leí la Tabla Rasa de Pinker no me sorprendió que su autor hablara del exacerbado y hasta violento rechazo que las teorías biologicistas provocaban (provocan) en muchas personas con formación universitaria. No me sorprendió porque yo ya había experimentado ese rechazo en algún grado cuando estudié psicología en muchos de mis compañeros de carrera; un tipo de psicología basado en el conductismo y el ambientalismo más cerriles que quepa imaginar. Y no hace mucho, cuando expuse mis ideas al respecto en un blog dedicado a denunciar los excesos del feminismo de género, fui rechazado de él y expulsado. Opino que hay muy poca gente (hablando en términos porcentuales) que entienda realmente el contenido de la Tabla Rasa. Y entiéndanme: no comulgo con todas las ideas de Pinker. Por ejemplo, me parece ramplona la naturalista idea que da de la dimensión moral del ser humano. No obstante, lo esencial de la tesis de la Tabla Rasa me parece acertado. Cuando la gente oye hablar de instintos humanos, piensa inmediata y automáticamente que se está queriendo justificar algún tipo de política injusta contra alguien. Y no es así, o no es necesariamente así.
    Voy con lo que iba a contar de los indígenas. Andaban de caza dos hombres (no recuerdo el nombre de su tribu). Uno de ellos divisó en lo alto de un árbol un panal de abejas. Se alegró mucho y dijo que iba a subir a cogerlo. El compañero le preguntó si acaso su mujer llevaba tiempo sin comer miel. “Sí, y está muy rabiosa”. Así que, ni corto ni perezoso, se hizo un arnés con unas lianas y emprendió la escalada, la terrible escalada. Estamos hablando de un árbol de 40 metros de altura. Tras una hora de trepar fatigosamente por el árbol, quizá no había llegado a la mitad de él. Cuando por fin alcanzó la copa, tuvo que desprenderse del arnés para poder aproximarse al panal de miel andando por sus gruesas ramas. Fue ésta una operación especialmente peligrosa. El hombre dijo que muchos amigos suyos habían muerto al trepar por tan enormes árboles en busca del preciado alimento. Era algo temible, pero “si sientes miedo, te caes. Pero el coraje hace al hombre”. Una vez al lado del panal, se las apañó para hacer humo con unas hierbas secas para espantar las abejas. No obstante el humo, recibió ingentes picaduras. Luego hizo descender la miel en una especie de cesta atada a una larga liana. Abajo, al pie del árbol, esperaban el dulce regalo la señora del aguerrido trepador y los hijos pequeños. Y allí mismo se comieron la miel con las manos, entre los picotazos de las furiosas abejas.
    Este tipo de sucesos se repite, como todos sabemos, en el mundo entero. Las mujeres presionan y hostigan a sus maridos para que les consigan recursos, bienes y alimentos. Si es necesario, les conminarán para que se jueguen la vida en busca de alimento. Si no lo consiguen, se muestran “muy rabiosas”. Si creen necesario que vayan a la guerra, no dudarán en presionarlos para que lo hagan.
    Mi tesis biologicista puede exponerse en pocas palabras: la ideología de género descansa en gran medida en la natural mentalidad acreedora de las mujeres. Los excesos del feminismo están prefigurados en la mente del sexo femenino. El hombre, por su parte, nace predispuesto a sacrificarse por la mujer, incluso a dar la vida por ella en muchas ocasiones. El poder del feminismo descansa en el poder psicológico y emocional que la mujer tiene sobre el hombre. Su poder radica en nuestra debilidad por ellas.
    Las mujeres (no sólo las feministas) ven como algo completamente natural que los hombres las asistan y ayuden. No ven, por ejemplo, que sea injusta la ley de cuotas o que a las candidatas a bombero les pongan pruebas mucho menos exigentes que las que han de superar los hombres. Y no lo ven injusto porque sean feministas, sino porque son mujeres.

    Y esto explica, en mi opinión, dos cosas al menos. Por un lado sabemos que son pocas las mujeres que dicen comulgar con el feminismo de género, pero quizá todavía hay menos mujeres realmente indignadas con él. Seguramente, muchas mujeres son capaces de ver los excesos y demencias del feminismo de género, pero una parte esencial de su naturaleza, las hace sentir cierta indiferencia por los problemas y sufrimientos de los hombres. No en vano, los hombres están para sacrificarse por ellas. ¿Cómo se podría explicar de otra manera la general indiferencia femenina por las tribulaciones masculinas? Si son pocas las mujeres que comulgan con el feminismo de género, esa indiferencia de tantas féminas no puede tener su origen en las proclamas de feminismo radical ni en su influjo cultural y social. Su origen no es ideológico sino natural.
    El matrimonio Pease explica muy bien por qué tantos hombres acaban descontentando a sus mujeres, y por qué tantos matrimonios acaban en fracaso. Se equivoca el hombre que crea que ha conquistado definitivamente a su mujer tras casarse con ella y por más que le dé una buena vida. Una mujer me contó sin atisbo de vergüenza que se divorció de su marido, a quien describía como bueno e inteligente, porque no la sacaba a cenar o al cine. Y no le importó lastimar seriamente a sus dos hijas con ese divorcio. Una de ellas, la mayor (de unos 11 años) necesitó ir al psicólogo por el trauma que le causó la separación de sus padres. Si ni siquiera la salud de los hijos hace que muchas mujeres desestimen la idea del divorcio cuando se sienten no atendidas por sus maridos, ¿cómo podríamos sorprendernos que los problemas y sufrimientos de los hombres les pasen desapercibidos?
    En fin, dejo aquí esta reflexión. He dejado importantes matices en el tintero. Como te dije por correo, Carlos, tengo intención de exponer estas ideas en un blog propio. Disculpa si acaso piensas que esta reflexión se desvía de los propósitos del blog. No obstante, como ya expliqué, albergo los mismos propósitos que tú, pues entiendo que la razón y la justicia son objetivos irrenunciables.
    Saludos.

    • Emilio dijo:

      Me parece muy acertado tu comentario y por ello citaré otro caso para mí tremendamente revelador. La Cuatro organizó una serie de programas en los que familias españolas convivian con familias de culturas remotas a la nuestra. En el caso del que hablo se trataba de una tribu africana. La cuestión es que cuando devolvieron la visita a la familia española, ésta los llevó a ver un espectáculo de magia y el guerrero africano no pudo soportarlo y salió de la sala. Cuando salió lo hizo completamente abatido, él un guerrero, había mostrado un signo de debilidad inaceptable pare él mismo. Por eso cuando una de las españolas, al darse cuenta de su estado anímico, corrió hacía él y le dió un beso. El guerrero africano no salía de su incredulidad, Era la primera vez que le deban un beso después de haberse comportado como un cobarde. Aun cuando este tipo de programas no me gustan por lo que tienen de choque cultural innecesario entiendo que la anécdota es bien significativa. En su momento la recogí en mi bitácora:http://personasnogenero.blogspot.com.es/2012/12/dominio-varon-primitivo.html El poder femenino se ejerce de modo diferente al poder masculino, pero no es menos poder.

      • hombresensible dijo:

        @Isidro muchas gracias, eso que comentas es algo que sospechaba yo desde hace algún tiempo y creo que lo voy a enmarcar para dejarlo en el frigorífico. Si haces algún blog compártelo con nosotros

      • Gracias por la nota. Ciertamente la anécdota refleja cómo la privación de afecto y/o reconocimiento por parte de la mujer se emplea para que el hombre se vea forzado a comportarse como se espera de él. Por eso siempre enarco una ceja cuando me dicen que las acciones de las mujeres no tienen nada que ver con que los hombres sean de una manera u otra. Y aun a riesgo de sonar como un comic de “spiderman”, creo que el feminismo se resiste a aceptar la existencia de este poder, entre otras cosas, porque de lo contrario también habría que aceptar la responsabilidad femenina en el actual sistema de género.

    • Almendro dijo:

      Muy interesante el planteamiento, isidro, un gusto leer argumentos tan bien explicados y razonados. Muy interesante también cuando aludes a cómo esas tesis son marginadas en el mundo de la ciencia. Me temo que cada vez más son apartadas las ideas que no le convienen al feminismo de género, pese a que cada vez hay más evidencias de esa parte esencial de la naturaleza femenina a la que aludes.

      • Isidro dijo:

        Emilio y Almendro,
        gracias por vuestras palabras. Celebro que entendáis y aprobéis el planteamiento que he expuesto, porque aquí, en España al menos, tenemos un terrible problema con los dictámenes de la corrección política. El poder femenino a que alude Carlos no dimana, obviamente, de ninguna reivindicación feminista, sino que es intemporal y tiene origen en el dimorfismo sexual de la especie humana.
        El dominio que la mujer establece en sus relaciones con los hombres es de sobra conocido por la psicología popular, y falta que la científica la admita en sus planes de investigación. La figura del calzonazos es de todos conocida. Hay infinidad de chistes, bastante graciosos, que ilustran perfectamente la sumisión de varón a la mujer.
        Algunos ejemplos:
        1) – En mi casa mando yo. Mi mujer sólo toma las decisiones.
        2) -Mi mujer siempre me está gritando y ordenando cosas. Pero yo resisto. Yo le contesto siempre, conmigo no puede.
        – ¡Manolo, baja a hacer la comida!
        – ¡No, ni hablar!: cuando acabe de planchar.
        3) – En mi caso yo tengo la última palabra. Cuando mi mujer dice algo, yo le respondo “sí, cariño”.
        4. – Oye, Juan, ¿tú haces todo lo que te manda tu mujer?
        – ¿Yooo? Qué va… No me da tiempo.

        No recuerdo qué señora, mujer de un presidente (creo que de EE.UU), decía que su marido dominaba el mundo y ella dominaba a su marido.
        ¿Y esta relación de sumisión por qué? Es sencillo de entender en términos darwinistas, evolutivos. Por razones obvias, las mujeres están poco dotadas para la caza, la pesca, la defensa territorial o cualquier empresa que exija potencia y resistencia física notables. Y más, sobre todo, cuando la mujer queda en estado o tiene que criar. Las mujeres siempre han necesitado a los hombres para poder sobrevivir en un mundo hostil. Y, para conseguirlo, la evolución seleccionó a las mujeres con mentalidad (genes) más autoritaria y a los hombres con una mayor debilidad por las mujeres. Si las mujeres no vinieran al mundo con una mentalidad autoritaria de serie, ese marido indígena que trepó un árbol de cuarenta metros se habría conformado con obtener recursos menos costosos, o, quizá, con no llevar nada de comer a casa, despreocupado de encontrarse una mujer “muy rabiosa”. Imaginemos a dos parejas de antepasados adánicos. En una de ellas, la mujer presiona y hostiga al hombre para que le consiga recursos o para que defienda con valentía el territorio, la casa, a ella y los hijos. El hombre, por su parte, acaba cediendo a sus presiones, tiende a la sumisión conyugal. Acata las órdenes de su mujer. Obsérvese que ya desde los primeros pasos del cortejo, es el hombre quien se humilla ante la mujer, quien hinca la rodilla y quien, menesteroso, la pretende con todo tipo de halagos, piropos, regalos y obsequios. Es obvio que ella es la ama y señora de esa situación y quien se considera a sí misma un regalo para él. Cuando ella consiente en ayuntarse con él, tiene en mente que le está haciendo un favor. Ese favor se lo hará pagar. Él siempre estará en deuda con ella.

        Imaginemos un matrimonio distinto. La mujer no presiona al marido para que se muestre valiente y acometa empresas difíciles. Jamás lo trata como a un cobarde ni le reprocha huir del peligro o no traerle la costosa miel. El hombre agradece esa falta de presión femenina y se conforma con trofeos cinegéticos menos valiosos y peligrosos. Se contentará, seguramente, con levantar una casa menos fuerte y confortable. No se siente presionado. Nadie apela a su condición de macho fuerte y valiente. Bien, no es difícil imaginar qué modelo de matrimonio tendría más éxito reproductivo, ¿verdad? El hombre aguerrido tiene más probabilidades de morir subiendo a un árbol enorme si le falla un pie, pero también es más probable que perezca de hambre si no tiene redaños para enfrentarse a animales peligrosos, o que caiga abatido por la lanza del enemigo corajudo, o que fenezca de miseria por su temor a explorar nuevos territorios de caza. Así pues, no pude triunfar en la naturaleza otra combinación mejor que la de un hombre duro con el mundo y con los demás hombres pero sumiso a las mujeres y muy sensible al rechazo de éstas y a su admiración. Todo esto nos depara una visión del varón y la mujer poco halagüeña. Los hombres serán terriblemente crueles con otros hombres si ello es necesario para ganarse la aprobación de las mujeres. Es más que conocida la facilidad extrema con que los varones forman alianzas y perciben diferencias en los desconocidos que les llevan a organizar conflictos y pendencias territoriales y de identidad. Al mismo tiempo, las mujeres suelen mostrarse indiferentes o insensibles al sufrimiento de sus hombres, pues no se pueden permitir el lujo de que quienes las deben proteger flojeen, se arredren ante el peligro o se vuelvan quejosos. Y ello explica, a mi juicio, la general invisibilidad de las tribulaciones masculinas: los hombres no deben quejarse de su suerte, pues es poco masculino; y las mujeres no sienten mucha empatía por la debilidad de quien debe protegerlas. Sé de bastantes casos en los que el abatimiento del marido pasa desapercibido a la mujer o, peor aún, es objeto de reproches y desprecios. Obviamente, de todo hay, pero es una realidad marmórea que el sufrimiento de los hombres despierta mucha menos conmiseración general que el de las mujeres. Cuando en España se suicidó algún hombre por el terrible problema de los desahucios de la vivienda, no pasó nada. Cuando se suicidó una mujer, se cambió la ley hipotecaria. El cáncer afecta a un cuarto de la población femenina; en la masculina, a un tercio; sin embargo, toda la atención de los medios se dirige a la femenina. Los suicidios, los accidentes laborales, el vagabundeo, las víctimas de asesinatos, etc., abundan más en la población de hombres, pero nadie les presta atención.
        La obsesión femenina por la belleza y la salud pueden parecernos hoy cuestiones frívolas, pero hay que entender que esa obsesión en su situación de origen, cuando las mujeres necesitaban imperiosamente parecer jóvenes, fértiles y hermosas para atraer al mayor número de pretendientes posible; es decir de proveedores y protectores. Esa obsesión es natural; no necesita estímulos sociales.
        Una última reflexión. Yo siempre pensé que la razón y la objetividad son virtudes que nos permiten a los humanos sobrevivir mejor en este mundo duro y hostil. No hace mucho que caí en la cuenta de que no siempre es así. La objetividad puede ser tu peor enemigo en ciertas circunstancias y para cierto tipo de personas. Es el caso de las mujeres. A ellas jamás les convino tener una visión ecuánime de sus relaciones con el hombre. Les fue mejor (les va mejor) percibiéndose como víctimas, como la parte desatendida de la relación, como la parte que más sufre. Por eso una de las principales quejas de las mujeres es que los hombres no les escuchan. Necesitaron para sobrevivir una mentalidad quejosa y victimista, incapaz de percibir con objetividad el sufrimiento del cónyuge. Da igual cual pueda ser la queja del hombre: la mujer suele alegar más motivos de queja. No pueden permitir que nadie les gane en la carrera por parecer la mayor víctima, y menos que les gane, precisamente, quien ha de mantenerse entero ante la adversidad y protejerlas a ellas.

        La relación de la natural mentalidad femenina/masculina con el desarrollo y rasgos del feminismo es clara y directa. El poder femenino se limitó durante la mayor parte de la historia a las paredes del hogar (pero influyendo poderosamente en las decisiones políticas de los hombres). Hoy, ese poder ha traspasado las lindes domésticas para saltar a la esfera pública. Y lo que hoy vemos en los medios de comunicación es la actitud plañidera y de víctima que ayer veíamos sólo en las casas. Y vemos, además, la actitud autoritaria y despótica de quien necesita someter a su voluntad a quien ha de protegerla del mundo. Y vemos, en fin, el despliegue en asuntos públicos de todo el arsenal femenino de quejas subjetivas, histrionismo, teatro y exageraciones que siempre estuvo presente en la mayoría de los hogares de cualquier rincón del mundo. Los hombres, por su parte, mostrarán esa sumisión del calzonazos de toda la vida, acatando órdenes de las mujeres con más androfobia y concediéndoles prebendas y privilegios en nombre de la igualdad. Sólo así se puede explicar cómo en un periódico de gran tirada nacional como es El País una columnista escriba que
        “Es duro ser mujer en Silicon Valley”.

        Saludos.

  6. @Kuxille

    Antes de que te responda o apruebe ningún otro comentario necesito saber si ese “perdón” que dices, es una disculpa sincera o un “perdone usted” peyorativo, porque en el contexto que esta escrito no puedo distinguirlo y al ser comunicación escrita no puedo detectar el tono.

    @Todos

    Disculpadme si no respondo a más comentarios. Estoy hasta arriba de cosas. Contestaré en cuanto me sea posible.

  7. Isidro dijo:

    Gracias, hombresensible. Si hago el blog, estáis todos invitados. Lo malo es que ya tuve que abandonar uno por no poder atenderlo. Es bastante probable, además, que me quede sin trabajo en un futuro no muy lejano, lo que me complicaría todavía más cualquier proyecto. Pero haré todo lo posible, porque, como muchas veces he dicho, la labor de oponernos públicamente a las injusticias, vengan de donde vengan, es perentoria.

    • Almendro dijo:

      Tienes mucha razón, isidro.
      Un tema que me viene a la cabeza cuando mencionas lo natural de la obsesión de las mujeres por parecer jóvenes y bellas para conseguir cuanto más proveedores y protectores, es que también es evidente cómo las mujeres se obsesionan por competir entre ellas (eliminar competidoras). No hay más que ver las revistas femeninas, llenas de chismes y críticas, que si a esta le crece el culo, se pone gorda… Claro, compiten constantemente por tener los mejores proveedores.
      Y un caso flagrante es la obsesión de las feministas de género por perseguir e ilegalizar la prostitución, porque la prostituta es la gran amenaza para la mujer, aquella que le quita la exclusividad sexual que le garantiza tener a un hombre proveedor para ella sola.

      Las feministas temen que muchos hombres despierten un día y se den cuenta de que el matrimonio no es un buen negocio para ellos en las circunstancias actuales, y razonen que, si quieren sexo, es mucho mejor recurrir a prostitutas. La prostituta es, por tanto, la gran competencia de la mujer “decente” que aspira a fidelizar al proveedor, y desconfía de que el hombre rechace un día sus constantes exigencias para abandonarla por una mucho más honesta…

      • Isidro dijo:

        Almendro, no me viene a la memoria ahora qué feminista (estadounidense, si mal no recuerdo) se lamentaba de que la pornografía (podemos incluir también la prostitución), al banalizar el sexo, limita el poder de las mujeres en relación a los hombres. En gran medida, llevaba razón. Hay, pienso yo, otras razones de las feministas para rechazar la prostitución: les parece un caso flagrante de abusos machistas, de considerar a la mujer un mero objeto sexual del hombre. Creo que, por otro lado, debemos acostumbrarnos a la idea de que hay tantos feminismos, o casi, como intereses femeninos. Esto lo explicaré en otra ocasión.
        La cuestión de la competición femenina por parecer más bella es muy interesante y su análisis ayuda a comprender bastantes cosas. Pero es un análisis demasiado largo como para exponerlo aquí. Nos desviaríamos demasiado del tema de la entrada. Lo reservaré para el blog que llevo en mente abrir o para una entrada apropiada de este blog.

      • Arturo dijo:

        Si te interesa el tema te recomiendo que visites este blog
        http://prostitucion-visionobjetiva.blogspot.com.es/

    • Como puedes ver, la blogosfera aprecia mucho tus aportaciones. Yo entre ellos. Creo que si pudieras montar un blog sería excelente. La perspectiva biológica raramente se trata y podría aportar mucho (ya lo aportas) a este debate.

      Mi única observación a los comentarios que has hecho es que me lleva a preguntarme cómo se puede compaginar la idea del hombre sumiso hacia las mujeres con la existencia de otras dinámicas, como por ejemplo la poliginia, la trata de mujeres, la violencia íntima en la pareja del varón a la mujer, y el por qué en la mayoría de las sociedades la autoridad ha sido fundamentalmente masculina, llegando a negar en algunos casos la herencia a las mujeres.

      Tiendo a pensar que se trata más de una lucha en la que cada sexo intenta imponer sus prioridades. Una donde a veces la mujer se sitúa dominante (por las razones que has expuesto) y otras en las que el hombre se impone por medio de otros mecanismos como la autoridad.

      • Isidro dijo:

        Muchas gracias, Carlos. Como bien sabes, yo también tengo en mucha consideración tus aportaciones y todo este blog; y esto con total independencia de cuánto podamos disentir en ciertas cuestiones.

        Quiero contestarte a todas las cuestiones que planteas, pero no lo haré sobre la poliginia en este momento.
        La trata de mujeres es claramente un delito que la mayoría de los hombres repudia y condena. De hecho, las leyes lo persiguen.
        En cuanto a la violencia que algunos hombres perpetran contra sus mujeres, diría un par de cosas.
        1) Hay muchos estudios internacionales que nos hablan de una violencia bidireccional y simétrica.
        2) En una cantidad de casos que no podríamos precisar sin estudiar caso por caso, habrá hombres que peguen a sus mujeres como expresión de una violencia sin apellidos que igualmente se ejercería contra un hombre, o una violencia provocada por la mujer (no justificada). Si un hombre blanco pega o mata a un hombre negro, no podemos sacar la conclusión de que estamos ante un caso de violencia racista. Es algo que la investigación tendrá que aclarar; como lo deberá hacer cuando un hombre mata o pega a una mujer. Yo diría, por otro lado, que está bastante probado que los hombres ejercen mucha más violencia contra otros hombres que contra las mujeres (el 70% de los interfectos son varones, y la mayor parte de los agresores son también hombres). Louann Brizendine nos dice que los hombres tienen un fuerte instinto de territorialidad que incluye la defensa de las mujeres.
        3) Ni yo ni nadie puedo negar que haya una porción de hombres infames y misóginos a quienes guste humillar a las mujeres.

        Pero lo principal defensa que puedo hacer de la existencia general de un instinto protector del hombre respecto a la mujer es ésta: la existencia de crímenes contra las mujeres, ya sean misóginos o no, no es razón suficiente para concluir o poner en entredicho la existencia de un instinto protector.
        Voy a poner algún ejemplo más. Creo que cabe poca duda de que tanto hombres como mujeres sienten un gran afecto natural por los bebés y los niños. Tanto madres, padres y adultos en general sienten consternación si ven llorar o sufrir a un niño pequeño. Démonos cuenta de que pocas cosas nos resultan tan repulsivas y execrables como el maltrato de niños. Sin embargo, y por desgracia, ello no impide que haya malas madres, malos padres o pederastas. Ambas cosas existen: el instinto protector hacia el niño y el delito contra el niño. Pero, claro, lo cierto es que la mayoría de la población adora a los niños pequeños y repudia el delito contra ellos.
        Y un apunte más. Hay madres que maltratan a sus hijos. ¿Es algo que han aprendido de la cultura dominante? Evidentemente, no. El maltrato a los niños existe A PESAR de que la cultura repudia el maltrato a los niños. Ídem en el caso de los pederastas. Más en general: el delito existe a pesar de que nadie haga apología de él (o de ciertos delitos) o se persiga.

        Una razón más que me hace estar convencido de la existencia de un instinto protector de las mujeres que nos hace ser muchas veces sumisos a ellas, es que la inmensa mayoría de las obras culturales (libros, películas, canciones…) ensalzan constantemente la sumisión del hombre a la mujer. Jamás se encumbra a un hombre que maltrate, viole o asesine a las mujeres.

        En este punto deseo insistir. La psicología dominante en el siglo pasado dejó un poso de positivismo nefasto en el pensamiento de nuestras instituciones (aunque tenga sus virtudes). Como muy bien nos contó Pinker, la creencia universitaria general y dominante es que todas las conductas humanas son aprendidas y adquiridas a través de la educación. Esta creencia, y otras igualmente erróneas, les valió a las feministas como base teórica para convencer a la población de que ciertas actitudes misóginas de algunos hombres o el maltrato que algunos les infligen, son aprendidas, que la educación vigente enseña a los niños a sojuzgar a las mujeres. En el caso de que hablamos, no es así. Como indica Pinker, los hombres amamos a nuestras madres, hermanas, novias, mujeres y amigas. Nadie nos inculca el odio a las féminas. Muy al contrario. Pero así como existe la pederastia y las malas madres sin que la cultura haga apología de lo uno y lo otro, también existe el asesinato misógino sin que haya una cultura que enseñe al niño a maltratar a la mujer.

        En cuanto a que la autoridad ha sido principalmente masculina, diré que es cierto, pero las causas las hemos de buscar, principalmente, en las formas de vida existentes, las cuales hacían imposible el acceso de la mujer a los puestos de mando público. En la mayor parte de la historia humana el reparto de papeles sexuales era muy fuerte e incuestionable debido a que una alteración o inversión de esos papeles habría comprometido gravemente la supervivencia de la comunidad toda. Tampoco los hombres tenía acceso al papel social del sexo opuesto. Pobre del hombre que se atreviera a ponerse unos pendientes, por ejemplo. Varios acontecimientos científicos extraordinarios (maquinaria agrícola potente, la invención de métodos anticonceptivos, etc.) hicieron posible la incorporación de la mujer a la esfera pública. No obstante, no podría afirmar categóricamente que no exista algún tipo de mecanismo mental que nos incline a confiar más en los hombres que en las mujeres en cuanto a los puestos de mando público se refiere.

      • Isidro dijo:

        Una aclaración por si fuera necesaria. Me has preguntado, Carlos, por la sumisión de los hombres a las mujeres y yo he hablado, principalmente, de un instinto protector sin darme cuenta. Bien, la cuestión es que nos solemos someter a ellas en observancia de un instinto protector. Algo muy parecido a cuando una madre (o un padre) consiente a su hijo porque su llanto le provoca compasión. Así como sentimos debilidad natural por los hijos como mecanismo de protección y a menudo los consentimos como padres, los hombres sentimos debilidad por las mujeres y nos sometemos a ellas porque necesitamos su afecto, saber que se hallan bien, o porque tememos perder su estima o su amor. La debilidad del hombre hacia la mujer no sólo deriva de su encanto sexual, obviamente. También las ancianitas nos parecen muy merecedoras de compasión y protección. Amamos lo que nos parece digno de protección.
        En El Quijote se hacen continuas alusiones a la debilidad del aguerrido caballero ante la fermosura de las doncellas. Para ellas somos de “alfeñique y argamasa”. Duros con el mundo. Blandos con las mujeres.

      • Jeipi dijo:

        Respecto a la frase de Isidro, “pobre del hombre que se atreviera a ponerse unos pendientes, por ejemplo”, es un ejemplo mal escogido porque no es universal. Solo sirve para una sociedad determinada, en unos pocos países y durante un período de tiempo no muy extenso. Algo parecido ocurre con el uso del abanico, que resulta(ba) afeminado para los hombres europeos, pero nunca lo ha sido para los chinos. Por no hablar ya de la falda escocesa. Y es que para determinar lo que es “propio de cada sexo” sí que intervienen los factores culturales, y de qué modo.

  8. Isidro dijo:

    Muchas gracias, Arturo.
    Yo creo que es una cuestión que está bastante clara. La trata de blancas es un delito que debe perseguirse, pero no la prostitución voluntaria. Se diga lo que se diga, son muchas las prostitutas que ni locas cambiarían su trabajo en un club de copas por limpiar escaleras o atender a ancianos. Una de las aporías del feminismo de género es que se ve obligado a negar la mayoría de edad y la libertad de muchas mujeres perfectamente cuerdas. Como decía el juez Serrano, toman por subnormales a cualquier mujer que consideren víctima de un machista. Pocas ideologías tan ofensivas para la mujer como esta que califica de enajenadas o alienadas a millones de mujeres por querer ser amas de casa tradicionales, modelos, misses, prostitutas o, simplemente, desear reconciliarse con su novio o marido. Cuando resulta que el feminismo genuino siempre quiso que a la mujer se le reconociera como mayor de edad, ahora tenemos que son las mismas mujeres las que niegan ese fundamental reconocimiento a la inmensa mayoría de las mujeres de este mundo. Estamos ante contradicciones bastante chocantes, generadas por la fuerte tendencia de la mujer (excepciones aparte) a presentarse a sí misma como victima de la vida, el mundo o el hombre.
    Sin embargo, lo cierto es que, como apunté, no hay un solo feminismo: hay tantos como intereses femeninos. Feministas (es decir, marginadas y explotadas por el hombre) se consideran las mujeres que desean ser amas de casa; feministas las que critican a las amas de casa; feministas las que quieren acabar con la prostitución y feministas las prostitutas; feministas se consideran las que quieren ser modelos de pasarela y las que maldicen esa pingüe actividad. Feministas se llaman las que escriben en revistas de moda y belleza y feministas sus detractoras. ¿Qué tienen en común todas estas feministas? Que son mujeres.

    Cuando decimos que, según ciertas encuestas, muy pocas mujeres están a favor del feminismo de género, hay que caer en la cuenta de que esto es lo más lógico del mundo. Si hubieran de comulgar con esa versión feminista, la ama de casa, la aspirante a miss, la deseosa de ser modelo de pasarela, la prostituta, etc., etc., estarían en abierta contradicción consigo mismas. Por eso la mayoría de las mujeres rechaza lo más esencial y furibundo del feminismo de género. Eso es lo que rechazan. Pero eso no quita para que cada cual se siga considerando particularmente explotada por el hombre o que juega en desventaja y en condiciones de inferioridad con él. Así, por ejemplo, la que quiera ser ama de casa, echará en cara al hombre que mire a las amas de casa con desprecio, o que el hombre no valore el trabajo doméstico que desarrolla (y hay quienes reclaman un sueldo de ama de casa); y exigirá, además, que se arbitren medidas para que ella pueda vivir como ama de casa si su marido se divorcia de ella o ella de él. Por su parte, la mujer que aspire a trabajar fuera de casa, también acusará al hombre por ponerle zancadillas o techos de cristal. Etc. Por eso el feminismo de género no tiene grandes apoyos, pero el feminismo, en general y en abstracto, sí. Insisto, hay tantos feminismos como particulares intereses femeninos puedan contarse. Es un como un monstruo de mil cabezas. Un enemigo difuso y confuso que está en todas partes y en ninguna. Un enemigo imposible de identificar o describir con mediana precisión. El único denominador común a todos los feminismos es que todos están animados por la mentalidad acreedora de la inmensa mayoría de las mujeres.

    • Almendro dijo:

      Efectivamente Isidro, me alegro de que aquí se trate con amplitud de miras el tema de la prostitución lejos de las típicas gazmoñerías feministas.
      También creo que eres muy lúcido cuando señalas que los que mueve al feminismo son los intereses acreedores y (por qué no decirlo a las claras?) egoístas, de la mayoría de mujeres. Estaría por saber si ese egoísmo e incluso crueldad que demuestran tantas mujeres (y yo también veo que en la base está su mentalidad acreedora) hoy en día tiene una base biológica, o es una consecuencia social de lso cambios y el progresivo fortalecimiento del dominio social de las mujeres que señalas.

      • Isidro dijo:

        Amigo Almendro,
        pienso que es preferible la expresión “mentalidad acreedora” que la expresión “mentalidad egoísta”. El egoísta puede ser autosuficiente o independiente. Puede llegar el primero y comerse todo el pastel. Quien tiene mentalidad acreedora, en cambio, le exige al otro que le allane el camino, que trabaje para él y le consiga su parte del pastel (o bastante más). La mayoría de las mujeres no quiere ser independiente. La independencia es dura. Si quisieran ser independientes no aceptarían ser contratadas gracias a una política de cuotas, ni que en las pruebas para bombero, policía, etc., hayan de superar pruebas de selección mucho más fáciles que las de los hombres. Para ellas es preferible (y lo natural) aparentar sufrir opresión por el hombre a ponerse en su piel. El 92% de las mujeres de todo el mundo declara que no se casarían con un hombre que ganase menos que ellas. Y, ciertamente, en la mayoría de los matrimonios, el que más aporta a la economía familiar es él. Sin embargo, en Occidente, el 80% del capital familiar lo controlan las mujeres; y esto es una prueba más, muy contundente, del poder femenino: “yo gano menos que tú, pero controlo 4 veces más de dinero que tú. Trabajo menos, pero gano más. No necesito autoridad, necesito dinero, tu dinero.” Y el problema tiene difícil solución porque se trata de una mentalidad de serie: en cuanto el marido exige igualdad, la mujer se siente afrentada en su condición de mujer, de mujer que debe ser cortejada de manera casi permanente por su marido.

      • Isidro dijo:

        Almendro, sigo:
        yo diría que el feminismo, aunque, como he intentado explicar, tiene, en gran medida, su origen en la mentalidad acreedora de las mujeres, el feminismo ha recrudecido esa mentalidad acreedora inicial. Mira, la mujer indígena que tan rabiosa estaba con su marido porque hacía tiempo que no le llevaba miel, también dijo, mientras la comía, que su marido era muy bueno y que se portaba bien con sus hijos y con ella. Es decir, esa mujer podía estar rabiosa con su marido, pero también agradecida. Las mujeres de la generación de mis padres (nacidos en los años 20 del siglo pasado), también exigían a sus maridos valor, arrojo y lo que fuera necesario para satisfacer sus necesidades, pero también es cierto que se sentían agradecidas por lo que hacían. Las mujeres cuidaban a sus maridos, no sólo porque fueran económicamente dependientes de ellos, sino porque no estaban tan ciegas de odio hacia el hombre como hoy ocurre. Ese agradecimiento ha desaparecido de la escena. No sé de ninguna feminista de género agradecida a ningún hombre o acción masculina habitual. Sólo les queda la rabia. Y esa rabia va para largo. Louann Brizendine dice en uno de sus vídeos que el cerebro de las mujeres tienen una ventaja respecto del de los hombres. A saber: jamás olvidan una ofensa. Cuando oí esto a Brizendine, me quedé algo asombrado: ¿cómo se puede decir que el rencor otorga superioridad al cerebro que lo tiene en abundancia? Bien, aparte mis asombros, lo cierto es que las mujeres se sienten agraviadas y ofendidas por los hombres por culpa de la propaganda feminista; así que no les cesará la rabia hasta que comprendan que los hombres jamás hemos sido sus enemigos, sino justo lo contrario.
        Ahora sólo les queda rabia. Y esa rabia de mujer despechada intensifica su mentalidad acreedora, con lo que se produce un círculo vicioso muy dañino para todos. Así pues, aunque el feminismo tenga su origen en la mentalidad acreedora de la mujer, la pasmosa ingratitud que hoy muestran hacia el hombre está causada por la propaganda misándrica.
        El feminismo jamás ha buscado la igualdad con el hombre. Ni siquiera el llamado feminismo de igualdad. Las mujeres reivindicaron estar a pie de igualdad con el hombre en aquellas cuestiones en que estaban por debajo de los hombres. Pero no sé que reivindicaran padecer los mismos sufrimientos que padecían los hombres (ir a la mili, a la guerra, hacer trabajos peligrosos); ni que reivindicaran ciertos derechos esenciales para ellos. Y su lucha no ha parado (ni parará) hasta conseguir todo un elenco de privilegios que las sitúa muy por encima de los hombres. Es sencillo de entender si se tiene en cuenta su mentalidad acreedora, su sesgo perceptivo natural. Todos conocemos las estadísticas que prueban que el hombre se lleva la peor parte. Da igual, las mujeres (y más las mujeres influidas por el feminismo) se siente en desventaja. Los interfectos masculinos triplican a los femeninos (378 mujeres muertas en 2001 frente a 1224 hombres). ¿A quién le importa que por cada mujer asesinada sean tres los hombres asesinados? A nadie. A las mujeres no, desde luego, salvo honrosas excepciones. A ellas les importa sólo los problemas de ellas.

    • Kuxille dijo:

      Después de leer los comentarios de Isidro , me gustaría ,si puede y quiere por supuesto , una explicación de unos cuantos fenómenos en su hipótesis biologista.

      Ablación , pies de loto , talla 32, mujer plato (tribu Mursi) y mujer jirafa .

      Gracias.

      • @Kuxille

        Sé que has preguntado a Isidro, y la verdad es que de la ablación, la mujer plato y la mujer jirafa tendría que informarme. Pero sí te puedo decir algo del vendado de pies porque ese tema sí lo he trabajado.

        Leyendo a la autora Dorothy Ko, que es posiblemente la mayor autoridad en el tema, queda claro que los hombres, a quienes les podía gustar esto, eran mayormente espectadores de la práctica. No todas las mujeres podían tener este tipo de pies porque hacen muy difícil trabajar el campo, y por eso comenzó como un símbolo no sólo de belleza sino (igualmente importante) de estatus. Por lo general, como sabemos, las clases bajas siempre han intentado imitar el gusto de las altas, y ése fue el desencadenante de que la práctica se propagara. Ahora bien, las campesinas, aunque lo intentaran, nunca podían conseguir los mismos pies que las adineradas. De hecho la única legislación que hubo sobre el tema en China fue cuando el emprador Kangxi intentó prohibir la práctica en 1664 d.C. y fracasó. Otro factor a considerar es que el abolicionismo posterior de la práctica fue un movimiento principalmente masculino, salvo por un par de excepciones.

        http://faroutliers.wordpress.com/2008/01/31/a-revisionist-history-of-footbinding/

        Sobre la talla 32 tengo un artículo pendiente de publicar, pero te puedo dar la fuente en la que voy a basarme. Según parece, el ideal de belleza que las mujeres tienen para sí mismas es más exigente que el que los hombres tienen para ellas. Y se habla justamente de las tallas.

        http://thesocietypages.org/socimages/2008/10/26/mens-and-womens-ideal-female-body/

      • Kuxille dijo:

        Estoy un poco perdida con es sistema WordPress ¿está bien que te responda aquí ,Carlos, el mensaje enviado a las 12:07 am?

        Si , soy consciente de ello.Pero no quiero discutirlo , hasta que compruebe que Isidro pueda dar una explicación a porque la comunidad femenina , se autodeforma su cuerpo (al fin y al cabo , es lo que son ,los pies de loto , la ablación , etc , incluso el uso continuo de tacón acorta los gemelos).

        Gracias por enlace , estoy intentando mejorar mi inglés.

      • @Kuxille

        No me voy a meter en la parte biológica del tema (lo dejo a Isidro), pero voy a comentar algunas cosas sobre el aspecto cultural.

        Creo que sería más justo cambiar la frase a “por que las mujeres se mutilan” (a sí mismas o entre ellas), pues los hombres rara vez son los agentes de esta mutilación.

        He estado investigando más el tema de las “mujeres jirafa” pero no he encontrado evidencia de que sus prácticas provengan de una imposición masculina. En este artículo del New York Times las “mujeres jirafa” comentan de dónde viene la práctica y dicen que nadie lo sabe, pero que llevan estos aros porque sus madres los llevaban, y así por generaciones. También se comenta que no todas las mujeres pueden costearse los aros y hay niñas que lloran porque quieren llevarlos pero sus padres no se los pueden permitir. Según parece hoy día muchas de estas mujeres los continúan llevando porque les reporta ingresos como atracción para los turistas que son muchísimo mayores que trabajando en el campo.

        http://www.nytimes.com/1996/10/19/world/new-thai-tourist-sight-burmese-giraffe-women.html?pagewanted=2&src=pm

        Por otra parte, lo que he leído de las mujeres plato parece ser una cuestión estética y no he encontrado rastros de ninguna imposición masculina. De hecho en algunas tribus de otros lugares del mundo hay hombres que siguen esta práctica (puedes ver una foto de el jefe Raoni aquí).

        http://en.wikipedia.org/wiki/Chief_Raoni

        No he tenido tiempo de examinar la mutilación genital con detenimiento (aunque he podido comprobar que sus autoras son principalmente mujeres), pero tampoco es un fenómeno exclusivo del sexo femenino. Como vimos en el caso de Sudáfrica, el año pasado murieron más de 30 jóvenes en ritos de circuncisión, además de 300 que enfermaron. En Estados Unidos se calcula que mueren 117 niños al año en complicaciones relacionadas con la circuncisión, y la práctica es totalmente legal (al contrario que la mutilación femenina). Los tres enlaces con esta información puedes encontrarlos al final de este artículo:

        https://quiensebeneficiadetuhombria.wordpress.com/2013/07/12/resumen-de-noticias-07072013/

      • Kuxille dijo:

        La frase está bien literalmente puse:” a porque la comunidad femenina , se autodeforma su cuerpo”.Notese el autodeforma.

        Ahora no puedo extenderme , así que solo quería apuntar que es incomparable la circuncisión con la ablación.De hecho ,me parece una burrada.La ablación de clítoris correspondería a cortar el glande de tajo.Por otra parte ,la circuncisión puede tener un motivo médico :la fimosis.

      • @Kuxille

        Que la circuncisión no sea tan grave como la ablación no significa que deje de ser grave. He sacado el tema de la circuncisión para indicar que no sólo se mutilan los genitales femeninos, sino también los masculinos, y que también es una práctica que tiene consecuencias fatales. Está también más extendida, tiene más tradición y es legal en muchísimos países. Si la circuncisión se practicara únicamente para la fimosis sería un mero procedimiento médico como cualquier otro. La polémica en torno a la circuncisión existe precisamente porque en la inmensa mayoría de los casos se practica sin necesidad médica alguna, por motivos puramente religiosos o culturales.

      • Kuxille dijo:

        Yo veo el problema de la circuncisión , sin motivos médicos , como un problema contra la infancia.Quiero decir al no ser una operación de por sí dañina como lo es la ablación , se deja a los padres la potestad para decidir el aspecto de los genitales de su hijo.Desde luego , estoy en contra de operaciones estéticas hasta que la persona sea mayor de edad.Es aún menos grave ,lo sé , pero a mí de bebé me agujearo los lóbulos de mis orejas ¿con qué derecho?

        Por motivos médicos veo más comparable la circuncisión con la episiotomía.

      • Esto es, justamente, la razón por la que los hombres necesitan su propio movimiento. Cuando hay un problema específicamente masculino como la circuncisión, el feminismo lo convierte en un “problema contra la infancia”, que también lo es, pero la infancia masculina. Así es como por largo tiempo se han invisibilizado numerosos problemas masculinos al convertirlos en “sociales”, etc. Que también lo son, pero lo mismo podría decirse de otros problemas femeninos.

        Dices: “Quiero decir al no ser una operación de por sí dañina como lo es la ablación , se deja a los padres la potestad para decidir el aspecto de los genitales de su hijo.”

        La circuncisión no se hace por estética. Se hace por motivos religiosos y culturales, a veces disfrazados con argumentos médicos.

        http://www.circinfo.org/controversy.html

        Una vez más, porque la práctica femenina sea más seria, el sufrimiento masculino ya es irrelevante, pese a que la práctica sea más extendida y tenga carácter legal.
        Circuncisión

      • Isidro dijo:

        Kuxille, con mucho gusto le contesto, pero permítame una pregunta inicial: ¿por qué no se lo pregunta a ellas si son ellas las que se hacen esas cosas? Aquí también se perforan las orejas, los labios, los pezones, el ombligo y algunas hasta la vagina. ¿Es una imposición masculina?
        Las explicaciones que yo puedo ofrecer son idénticas a las que ya ofrece Carlos, a quien le agradezco la intervención.

        Estas deformaciones: están asociadas al estatus social y a la riqueza de la mujer. Así, por ejemplo, las mujeres plato más pobres no llevan plato. Aquí, en décadas pasadas, tener la piel blanca, sin tostar al sol, era un signo de distinción: indicaba que esa mujer de piel clara no tenía que trabajar en el campo y tostarse al sol. Los pies pequeños indican lo mismo: pertenecer a una familia rica que le evita lastimarse los pies haciendo trabajos rudos.
        Con la talla 32 ó 34 pasa lo mismo. La mayoría de los hombres gustamos de mujeres con buenas curvas. Puede usted preguntar a quien quiera: en general, no nos sentimos atraídos por cuerpos femeninos famélicos. Solo las mujeres que aspiran a distinguirse y codearse con hombres de clase muy alta deben ponerse a dieta muy severa. La princesa Letizia tiene aspecto de anoréxica o casi. ¿Por qué la emaciación es un signo de distinción entre las mujeres de clase alta? Porque la gordura y la robustez son más propias de mujeres currantes y de pocas rentas. En nuestras sociedades, las mujeres las mujeres más ricas están siempre más delgadas que las pobres. Éstas suelen comer mucho pan, patatas y comidas muy calóricas y estropearse antes de los treinta. No tienen ni tiempo ni recursos para estar todo el día cuidando su aspecto y su cuerpo.
        La talla 34 no es del gusto de los hombres. Es de ellas mismas y de los grandes gurús de la moda, que son todos, casi sin excepción homosexuales. Y es la obsesión de las redactoras y lectoras de revistas de moda femenina, en las que la gordura es demonizada hasta extremos grotescos. Hace unos años di clases a un grupo de adolescentes. En el recreo leían revistas para jóvenes cuyos artículos firmaban siempre mujeres. Pues bien, en una de esas revistas se advertía a las chicas que huyeran de los chicos con algún kilo de más, pues ese sobrepeso demostraba que el chico en cuestión es un egoísta.
        Sobre la ablación y la circuncisión no puedo añadir datos o argumentos distintos a los aportados por Carlos.
        En definitiva, no veo ninguna relación entre esas deformaciones y prácticas con el patriarcado.
        Saludos.

  9. Emilio dijo:

    Leyendo lo último que ha escrito Isidro a quien deseo felicitar porque me parece que ha hecho unos comentarios realmente buenos he pensado que quizá los dos párrafos que siguen nos pueden dar alguna pista sobre lo del poder masculino y el femenino y la posición del varón ante la mujer en determinadas situaciones.

    Louann Brizendine relata en su libro: El cerebro masculino, cuan diferentes son las reacciones emocionales del hombre y la mujer cuando el primero trata de ayudar en una situación que a ella le resulta angustiosa. Mientras que la actitud de él es encontrar una solución al problema, ella realmente lo que desea es que él la abrace y le diga que la comprende.

    Cuando las cosas no suceden así ambos se sienten mal: él porque habiendo puesto su mejor voluntad no entiende la desconsideración hacia sus desvelos, ella porque no ve en él más que distancia y falta de comprensión. Y escribe estos dos párrafos:

    “Como Neil siempre había sido la persona clave de su empresa para la resolución creativa de los problemas, le desconcertaba que Danielle no le dejase ofrecer soluciones. Mientras se mesaba ansiosamente la barba recortada, dijo: “Para mí es una tortura verla y no poder ayudarla.”
    “La expresión del rostro lloroso de Danielle indicaba que, a su modo de ver, Neil exageraba, pero cuando las mujeres lloran, pueden suscitar auténtico dolor cerebral en los hombres.” (pag. 122 RBA, 2010) (la negrilla es mía)

  10. Siento haberme perdido buena parte de esta discusión. Aquí hay comentarios que merecen toda una entrada por derecho.

    Voy a señalar algo que probablemente será obvio para todos pero veo necesario comentar. La gran mayoría de las mujeres sí se sacrifica por los varones, pero estos varones suelen ser el hijo, el padre y el hermano (junto a las mujeres de la familia muchas veces). Por supuesto, hay quienes se sacrifican por el marido también, pero el patrón que yo he observado es el de exigir al marido mientras se sacrifican por otros varones con los que tienen lazos de sangre. Esto puede variar entre culturas pero lo he visto sobretodo en el mundo hispanohablante. Y he conocido a más de una mujer que se desvivía tanto por los miembros varones de su familia (padre, hermano) que terminaba siendo el marido quien pagaba el precio, al invertir ella tiempo y recursos que podían haber mejorado su propio matrimonio.

    A Isidro, decirte que la expresión “mentalidad acreedora” me parece brillante. Llevaba tiempo pensando en un equivalente español de la inglesa “sense of entitlement” y no encontraba nada parecido (salvo “sentirse con derecho”), pero creo que el término “mentalidad acreedora” es incluso más rico y preciso para lo que estamos hablando.

    Por lo demás, sigo pensando que la relación entre los géneros sigue siendo más una lucha de voluntades donde diversas variables deciden quién se impone en un momento dado, incluyendo las que has expuesto (y creo que la simetría en la violencia íntima en la pareja puede ser un indicador de esto), pero que incluye una constante negociación, acuerdos y concesiones entre las partes. Esta negociación es algo que el feminismo no ha considerado cuando se trata de las relaciones históricas entre los géneros, al asumir que el hombre por contar con la autoridad también tenía todo el poder en la relación. Volviendo a la Biblia, Isaías se lamentaba de lo que le ocurría a su pueblo cuando decía: “¡Oh pueblo mío! Sus opresores son muchachos,
    y mujeres lo dominan (Isaías 3:12).” Una vez más, la autoridad masculina no parece que fuera suficiente para frenar el poder femenino.

    Respecto a la prostitución, estoy de acuerdo con la línea general de que hay que separar entre la forzada (criminal) y la voluntaria. Simplemente no estoy muy seguro de que la apruebe si esa prostitución “voluntaria” se hace por desesperación y pobreza. Sí, sé que los hombres desempeñamos trabajos igual de peligrosos cuando hay necesidad (y cuando no hay también). Sin embargo, para que la prostitución fuera equiparable a esos trabajos, debería primero estar regularizada, y segundo debería desprenderse del estigma social que la acompaña. Y una vez más también entiendo que hay un estigma en ciertos trabajos masculinos, pero no hay ninguno, a mi parecer, que sea comparable al de la prostitución femenina. Si el hombre cree que la prostitución femenina es equiparable a otros trabajos, tendría que dejar de utilizar la palabra que denomina a esa profesión como un insulto, a veces el peor que se puede lanzar a una mujer. Amén de otras iniciativas para reducir ese estigma, que debería comenzar con la propia regularización.

    • Se me olvidó añadir los divorcios, quizá el ejemplo más claro de ese choque voluntades que muchas veces termina en la separación de la pareja.

      • Isidro dijo:

        Carlos,
        en efecto, las mujeres se suelen sacrificar por varones de su sangre, de conformidad con la teoría del gen egoísta, la cual me parece acertada en gran medida.
        Me alegra que te convenza la expresión mentalidad acreedora. Creo que se ajusta bastante a lo que queremos explicar en estas páginas.
        Hablas de una lucha de voluntades. Bien, la verdad es que no estoy en desacuerdo con lo que dices, porque hay que entender que el instinto protector del hombre hacia la mujer no anula el instinto de supervivencia de cada persona, incluido el hombre. Lo que ocurre es que, como intento explicar, esa lucha de voluntades es asimétrica desde el momento en que la mujer tiene una mentalidad acreedora y mucho más difícil de conformar o contentar que el hombre en cualquier disputa por el reparto de bienes materiales o simbólicos.
        Los estudios sobre violencia entre parejas muestra, como dices, que es simétrica y bidireccional. Pero no estoy seguro de que ello demuestre que la lucha de voluntades esté equilibrada. La agresividad verbal de las mujeres supera con mucho al de los hombres, y no digamos cuando tienen el periodo. El matrimonio Pease lo ilustra con un chiste: ¿En qué se diferencia una mujer con la regla de un terrorista? En que con el terrorista se puede negociar.
        Algunas mujeres de mi entorno me reconocen que están intratables e imposibles los días antes de la menstruación, que sería mejor que no tuvieran que ver o tratarse con nadie. Y al margen de esto, insisto en que la agresividad verbal de las mujeres suele ser mucho mayor que la de los hombres. Estoy por completo seguro (soy consciente que entro en el terreno de las opiniones) de que casi ningún hombre consentiría a otro hombre las provocaciones verbales que los maridos sufren de sus mujeres (esto, huelga decirlo, en términos generales, claro). Quienes inician las broncas son mayormente las mujeres. Y aquí quiero añadir algo que desmiente por completo la propaganda feminista sobre los matrimonios. El feminismo quiere hacernos creer que el matrimonio es una trampa para la mujer; una trampa de malos tratos y humillaciones. Sin embargo, esto se contradice con los datos objetivos de que disponemos:
        – En países como EE.UU. (y yo diría que aquí, en España, más o menos) el deseo de casarse ha ido aumentando en las mujeres en las últimas décadas. Ha bajado en los hombres de forma proporcional.
        – El día más importante y feliz para muchísimas mujeres es el día de su boda. ¿Cómo es esto posible si lo que les esperara fuera un infierno de malos tratos por parte del marido en la proporción que denuncian las feministas? Si tal infierno fuera cierto, las madres explicarían a sus hijas que el matrimonio es lo peor que les puede pesar. Pero no, las mujeres van al altar con toda la ilusión del mundo, porque no hay ningún indicador real de que los hombres sean ogros de mujeres, y no, porque las amantísimas madres de chicas casaderas no tienen motivos para prevenirlas de peligros que sólo están en la mente de las feministas más radicales. Muy al contrario, la mujer que se casa suele conseguir un proveedor y un protector. Y eso lo saben todas.

  11. @Kuxille

    Primero, disculpas aceptadas. Todos tus comentarios han sido publicados. Voy ahora a responderte a las cuestiones que planteaste.

    Dices: “¿En cual post me he reído y no he argumentado? Si es en el de la diferencia entre autoridad y poder, me reía del chiste de Rose , no de ti.”

    Disculpa que me equivocara, pero ten en cuenta que en esta entrada de la Biblia te reíste y el artículo sobre “poder y autoridad” estaba conectado con ella. Si a eso sumamos lo de “neomachista” comprenderás que estuviera un poco susceptible.

    Dices: “¿Qué te consideras Carlos? Me parece que decir que las mujeres son el sexo más valorado es bastante machista , aunque comparandote otras formas de pensar como por ejemplo aquella que consideraba que los esposos/as estaban obligados a dar sexo a su cónyuge, se podría decir que eres incluso feminista.En fin , la verdad es que no tengo claro lo que eres ,perdón, quería dar una explicación superficial.”

    Creo que lo correcto es llamar a uno como se denomina a sí mismo. Si he dicho “masculinista”, con eso basta. No creo que por decir que la mujer tiene más valor que el hombre en sociedad me merezca el apelativo de “neomachista”, máxime cuando no lo he dicho a la ligera, sino que lo he sustentado con numerosos ejemplos de desechabilidad masculina. Y entiendo que no estés de acuerdo, pero tampoco creo que el desacuerdo mereciera un insulto.

    Con respecto a las definiciones de “autoridad” y “poder”, quiero señalar que cuando se entra en un debate académico o al menos con mayor profundidad de lo habitual, lo normal es que las definiciones de diccionario se queden cortas. Le puedes preguntar a un medievalista que te defina el término “feudalismo” o a un antropólogo que te defina “cultura” y verás como lo que dicen se aleja de las definiciones de la RAE. Sin embargo, admito que es culpa mía por no haberlo clarificado antes, pero explicaré ahora de dónde he sacado estas definiciones.

    La diferencia entre poder y autoridad las he extraído de la sociología y concretamente de Max Weber. Simplificando mucho su obra, la definición funcional de estos términos es la siguiente (traducido de esta página): http://cnx.org/content/m42912/latest/?collection=col11407/latest

    -Poder: La capacidad de ejercer o imponer la propia voluntad sobre otros.
    -Autoridad: Poder que la gente acepta porque proviene de una fuente que se percibe como legítima.

    Aquí hay otro artículo que desarrolla este tema en español:
    http://biblioteca.itam.mx/estudios/estudio/letras34/textos2/sec_3.html

    De este último artículo destaco lo que señaló D.M. Wrong:

    “Para hacer que su poder sea efectivo, un individuo o grupo puede apelar a los temores, a sanciones físicas, al ejercicio de la persuasión, a la manipulación o al compromiso que los no-poderosos tienen con el “sentimiento del deber”.”

    No estoy, por tanto, jugando con el idioma, sino utilizando definiciones que son más apropiadas para la profundidad del debate que estamos tratando.

    • Kuxille dijo:

      Si , tienes razón. Lo cierto es que simplemente me ha puesto nerviosa que cuentes con la bendición de ciertos grupos …extremistas a mi parecer.Prefiero no nombrarlos si no te importa ,en tu blog , no quiero publicitarles.

      Tu concepto de “poder” , pues creo que sí …pero no.Me explico , las mujeres no han sido criaturas bondadosas,indefensas e impotentes ,han tenido su “poder” , pero ese poder ha tenido un carácter inferior principalmente en cuanto a cambiar el sistema (al carecer de autoridad).Al mismo tiempo la sensación de poder femenino , ha servido para contentar y conformar a las mujeres y que no quisieran alcanzar la igualdad.Es decir han sobrestimado su poder.Del mismo modo , que hoy en día (hablo de España , de otro país no sé) la ciudadanía ha sido adormecida por el “poder” que nos da el voto , que sí poder es, pero el PODER es de los mercados.

      En lo personal , si que he oído decir a alguna mujer que el verdadero poder es de las mujeres , que los hombres son como chiquillos , bla, bla, bla…

      • Me extraña eso de los grupos que me han dado su bendición. No conozco a ninguno. Pero si tienes nombres y me los quieren mandar me gustaría saberlos, porque no quisiera que lo que escribo se utilice para justificar cosas que quizá yo no apruebe.

        Respecto a lo del poder, aunque entiendo que discrepes, voy a continuar escribiendo entradas sobre el tema para que tengamos una perspectiva más amplia.

  12. Emilio dijo:

    Haría falta desligar la idea de quien representa el poder de a quien sirve. En mi opinión en el momento actual las mujeres no solo tiene más autoridad, también más poder, aunque esto último no sea tan fácil de visualizar porque seguimos jugando con patrones de medida que no se ajustan a la sociedad en que vivimos. Confío en poder desarrollar esto con más profundidad en otro momento.

  13. @Hombresensible

    He decidido no publicar tu último comentario. Comprendo por qué dices lo que dices, pero quiero evitar que esto desencadene en ataques personales.

    • Isidro dijo:

      Gracias, Arturo.
      Tengo pensado escribir algo sobre esto en el blog que deseo abrir. Me ha parecido un artículo muy acertado. Pero supongo que las radicales dirán de esa prostituta lo mismo que dicen de muchas mujeres que viven felices con sus maridos: que está alienada por el patriarcado y que es víctima de él sin saberlo ni notarlo.
      Me llama la atención que las feministas, cuando hablan del aborto, reivindiquen el derecho de la mujer a hacer lo que quiera con su cuerpo (aunque el ser que matan no sea su cuerpo) y, sin embargo, nieguen ese mismo derecho a la mujer que desee comerciar con él (y aquí, a diferencia de lo que ocurre con el aborto, sí que no hay nada que no sea de su cuerpo).

      • Kuxille dijo:

        Yo soy feminista y no estoy en contra de la prostitución en sí , si no de cualquier explotación económica.

  14. Magi dijo:

    La historia de Sansón Y Dalila ha sido descrita como un ejemplo de misoginia, pero en ese caso no lo creo , porque Dalila es el mismo tipo de personaje que Judas, y Judas es un hombre.

    En la historia de la Biblia al principio Sansón engaña varias veces a Dalila con lo de su secreto, lo que ocurre es que se enamora de ella . No creo que sea una muestra del poder que tienen las mujeres en la sociedad o sobre los hombres , que no suelen tenerlo, sino del poder del amor.

    Pero ese tipo de poder no es exclusivo de las mujeres , los hombres también pueden conseguirlo de una mujer, que ellos lo tengan más difícil por el tema de la selección sexual y las exigencias femeninas, puede ser, pero eso no quita que las mujeres también puedan enamorarse de algún hombre.

    En la biblia no se vuelve a saber de Dalila una vez lo cogen los filisteos ,no sabemos si se entera de las torturas a las que lo someten ni nada pero yo vi una película antigua en la que Dalila también se enamoraba al final de Sansón y cuando lo ve atado y torturado le pide perdón y dice que quiere morir allí con él, y Sansón le perdona y le dice que se vaya para salvarla de la muerte en el templo.

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