La violencia doméstica en el pasado

En el siempre interesante blog The Unknown History of Misandry, encontré un artículo sobre cómo se trataba la violencia doméstica en el pasado.

El autor, Robert St. Estephe, critica la noción de que la violencia doméstica, y particularmente la dirigida hacia la mujer, se trataba como un asunto privado en Estados Unidos hasta que en los años 70 el feminismo consiguió convertirlo en un problema público y la ley comenzó a prestarle la atención merecida.

Aunque el autor señala varias citas que realizan esta afirmación, sólo traduciré una de ellas, perteneciente a la revista Newsweek (una de las más vendidas en Estados Unidos) de 1986.

La política de benigna dejadez hacia la violencia doméstica fue tolerada hasta que los feministas comenzaron a concentrar su atención en el problema del abuso matrimonial hace una década e insistieron en que los maltratadores fueran tratados como otros criminales violentos. La política de la nación ha comenzado finalmente a tomarse la violencia doméstica en serio. (“Cambio de actitudes hacia la violencia doméstica”, Newsweek, 3 de marzo de 1986; Volumen 107, número 9, página 58).

El autor menciona citas similares, que no traduciré pero pueden encontrarse en el artículo original:

  • Un artículo académico del Seattle Law Review
  • Un artículo académico de Contemporary Economic Policy
  • Un artículo de Findlaw.com
  • Un artículo de Enciclopedia.com

Lo más importante, sin embargo, es que se trata de una creencia muy extendida.

Aunque Stephe utiliza fuentes documentales para criticar este argumento (también citadas en el artículo original), la evidencia más abrumadora se encuentra en las imágenes anteriores a 1970. A continuación mostraré algunas de ellas. Las fuentes aparecerán al pie. Para quienes no estén familiarizados con el inglés, la expresión para “maltratador” es “wife-beater” (literalmente, “golpea-esposas”).

Correction

“Whipping a Wife-Beater.” National Police Gazette (New York, N.Y.), Jul. 4, 1885,illustration on p. 9

Poste

“Worthy Of The Post. – Brutes in Human Form Who Beat Their Better Halves in Pits ofAnger. – Under the Mild Punishment Meted Out in Modern Times the Crime isIncreasing. – Several of This Class That Have Figured In the St. Paul Courts. -Habitual Wife-Beaters – Drunkenness and Cruelty -The Wreckers of Homes.” Sunday Globe (St. Paul, Mn.), Aug. 30, 1885, p. 13

Poste 2

“The Whipping Post. – Experts Declare That It is a Deterrent to Crime.” Akron Daily Democrat (Oh.), Jun. 10, 1899, p. 7

Otro poste

“Whipping Post for the Wife Beater – Indorsed By Officials; Opposed By Women,” TheWashington Post, Jan. 28, 1906, Part 2, p. 2

Mas maltratadores

“Flogging For Wife Beaters. – The Pillory unit Whipping Post at Newcastle, Del.”Syndicated, Burlington Free Press (Vt.), Jun. 1, 1886, p. 10

Colonias

B. G. Jefferis, Light on Dark Corners: A Complete Sexual Science (Toronto: J. L.Nichols, 1895), p. 181

Ahorcado

[Untitled, Evening Gazette (Sterling, Il.), Mar. 31, 1888, p. 6]

Golpeado por mujeres

[“Wife Beater Beaten by Women.” syndicated (Trenton Times (N.J.), Sep 7, 1894, p. 6]

El juez

“Kill Him or Leave Him – Judge Tuthill’s Advice To Woman Beaten By Spouse.” The
Spokesman Review (Wa.), Jul. 30, 1907, p. 10

Existen muchas otras imágenes que fueron recogidas en el artículo original.

La evidencia aportada es abrumadora. Ahora me pregunto, si los datos para Estados Unidos contradicen la creencia popular de que la violencia doméstica no era un delito criminal hasta la década de los 70, ¿podría haber ocurrido lo mismo en otros países? El feminismo tiene el monopolio de la Historia de Género. Parece claro que necesitamos que el masculinismo se haga un hueco en este espacio para ofrecer una narrativa más equilibrada sobre las relaciones de género en el pasado.

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43 respuestas a La violencia doméstica en el pasado

  1. mettazbh dijo:

    En la historia se puede ver lo que se quiera. Siempre que ha habido una hegemonía cultural se ha re-interpretado la historia para que encaje con el paradigma dominante. La historia las escriben los vencedores como dijo Wiston Churchil. Es muy posible la historia fuera muy diferente a como nos la contaron, de hecho si uno analiza cuidadosamente no puede ser que el hombre oprimiera tanto a la mujer entre otras cosas por que las relaciones entre hombres y mujeres se daban dentro de una comunidad. Si la comunidad viera que el comportamiento de algún individuo ponía en peligro ya fuera hombre o mujer tendría una forma de gestionarlo por eso es que estamos aquí.

  2. Sin duda los historiadores no son neutrales, y muchas veces ignoran consciente o inconscientemente ciertos datos porque contradicen lo que esperan encontrar. En la Edad Media, por ejemplo, las cortes eclesiásticas se encargaban de los casos de violencia doméstica, y en no pocas ocasiones la mujer maltratada ganaba el juicio. Pero la historiografía feminista prefiere remarcar las palabras de algún religioso misógino justificando el maltrato que esta otra realidad.
    http://www.escholarship.org/uc/item/08p9b8gz

    Y aunque para lo que voy a decir ahora no tengo pruebo documental, dudo mucho que un padre o un hermano consideraran un “asunto privado” que su hija o hermana fueran brutalmente golpeadas. La violencia doméstica pasaría probablemente como pasa hoy día: cuando el maltratador aisla a la víctima de familiares y amigos, ya sea porque están viviendo lejos de la familia de ella u otra situación similar. Y el blog que he mencionado en esta entrada recoge casos de vecinos que tomaron la justicia por su cuenta contra un hombre que golpeaba a su mujer.

  3. mettazbh dijo:

    Digamos que antiguamente no estaba tan extendido el individualismo como hoy por eso la comunidad tenía un papel más importante en la vida de las personas. Creo que para un hombre pretendiera maltratar a su esposa lo tendría mucho mas complicado ya que las mujeres estaban incluidas dentro de una comunidad como puede ser un pueblo o una familia extensa. Lo primero que hace alguien cuando quiere maltratar a alguien es separarlo de su entorno y hacer que se aísle por eso vivir en una comunidad serviría de prevención contra el maltrato.

  4. Yo+ dijo:

    Parece que, al menos por los ejemplos que expones, que la historia se repite: que a lo largo de la historia únicamente se ha perseguido el maltrato hacia la mujer, y no el maltrato de la mujer al varón. Incluso en una de las ilustraciones se induce a la mujer a asesinar a su marido. Así mismo, hoy en día, se ven múltiples noticias de mujeres que asesinan a sus parejas, y que son justificadas a priori por la prensa como la posible (y “justificable”) consecuencia de un maltrato previo.

    • Anónimo dijo:

      Totalmente de acuerdo. De hecho si una mujer asesina al marido de una sola puñalada podra alegar legitima defensa o que esté la ha maltratado al no haber habido “ensañamiento”, pero no al reves. Parece mentira pero podeis preguntar a alguien que sepa que se quiera mojar

      • Imagino que te refieres a que tanto un hombre como una mujer pueden alegar legítima defensa, pero la credibilidad en el primer caso y en el segundo serían muy diferentes. Lo cual es cierto.
        Me sorprendería que el hombre no pudiera alegar legítima defensa y la mujer sí, legamente hablando. En ese caso debería ser inconstitucional pues viola la igualdad de los sexos.

  5. @Yo+

    Bienvenido.

    Tengo que mirarlo, pero si mal no recuerdo de hecho a los hombres maltratados por sus mujeres se les ridiculizaba en público subiéndolos a un burro o algo así (además de lo que ya tenían).

  6. hombresensible dijo:

    Me parece muy buena observación además eso es algo que ha pasa también con el maltrato de las madres hacia sus hijos varones. Cuando pasa eso la sociedad tiende a negarlo, a justificarlo o a invisibilizarlo

    • atouk!! dijo:

      interesante, me resulta curioso que ante hechos similares que ocurren en mi sociedad,(en ámbitos domésticos y participantes de convivencia) las palabras que se utilizan periodísticamente y su representación simbólica es distinta, trataré de ser un poco más claro… : varón insulta a mujer ( violencia) ; mujer abofetea o ultima varón (desborde emocional- desequilibrio psicológico);o esto otro : maestro o docente tiene amorío con alumna adolescente (pederasta, depravado) , maestra o profesora tiene encuentros sexuales con alumno adolescente (adulta inmadura y con carencias). En no pocos casos esa diferenciación se vuelve palpable en la percepción social y en las sentencias judiciales. Quizás alguno de ustedes me esclarezca en este asunto. Gracias.

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  9. Helena dijo:

    No había leído esta entrada. Entonces en Estados Unidos ya en el s XIX se castigaba a los maltratadores de esposas, tanto por parte de las autoridades como de los propios vecinos… pues me encantaría que alguien capacitado hiciera un estudio exhaustivo sobre el tratamiento que se daba a este tema en España en las distintas épocas, pero me temo que el resultado iba a ser muy distinto.
    Yo solo puedo contar con mis recuerdos y con las historias que he oído contar a mis mayores, pero creo que hasta hace unas décadas las autoridades solo intervenían si el hombre mataba a su mujer (ocurrió un caso en mi pueblo cuando yo era niña). Por lo demás, todo el mundo sabía que determinados vecinos pegaban a sus mujeres y lo único que se hacía era compadecerlas por la mala suerte que les había tocado. Conozco a una mujer cuyos padres la ayudaron a irse al extranjero para huir de un marido que le pegaba. Por lo demás, lo único que se hacía era pedir al cura que hablara con el marido en cuestión a ver si conseguía hacerlo cambiar de actitud. Supongo que también habría padres o hermanos que se enfrentaban al maltratador de su hija o hermana, lo supongo porque me parece lógico que alguno reaccionara así al ver a su hija o hermana golpeada, pero nunca oí hablar de ningún caso.

    • Es posible que este tipo de castigos se emplearan ya a finales de la época colonial (siglo XVIII) como aparece en una de las imágenes donde se representa el siglo anterior.
      Quizá te interese leer otro artículo que escribí al respecto sobre la época medieval y moderna. No es sobre España específicamente (aunque algo incluyo) pero muchas cosas podrían aplicarse:

      https://quiensebeneficiadetuhombria.wordpress.com/2014/04/26/la-violencia-domestica-en-la-edad-media-y-moderna/

      Me encantaría poder hacer un artículo centrado en España, pero por desgracia no dispongo de los medios (no tengo acceso a los archivos ni el tiempo para visitarlos) y hay muy poco de lo que partir en lo que a fuentes secundarias se refiere (una de ellas mencionada en el artículo anterior, sobre los judíos conversos).
      Lo único que puedo decir con respecto a lo que me comentas es que la Historia no es una línea recta hacia el progreso. En épocas recientes hemos tenido medidas más restrictivas hacia la mujer que por ejemplo en la Edad Media, donde por poner no existía el permiso marital de la época de Franco. Esto se debe muchas veces a una reacción contra la modernidad (que lleva a idealizar un pasado inexistente y llegar mucho más lejos que adonde fue éste), y también que los estados son más centralizados y con más poder para imponer restricciones que nunca antes en la Historia. Hay mucho más en este asunto, pero sólo quería señalar que en la Historia hay avances y retrocesos. Con el hombre pasa algo parecido. El voto, por poner un ejemplo, podía ser masculino universal algunas revoluciones iniciales, después pasar a censitario, después a un censitario más amplio, vuelta al masculino (y femenino) universal, para luego ser eliminado, como en la época de Franco (salvo que creamos en la farsa de la “democracia orgánica”).

  10. Helena dijo:

    En esa otra entrada enlazas un texto de Julio Caro Baroja que menciona muchas referencias a cencerradas en España, casi todas con motivo de bodas de viejos o viudos. También menciona alguna acción de avergonzamiento público en casos de mujeres adúlteras, maridos consentidores, marido golpeado por su mujer… ¿No crees que si en España hubiera alguna intervención de los vecinos en caso de maltrato del marido a su mujer también habría quedado constancia en algún sitio? Y si Caro Baroja no la encontró…

    • @Helena,

      Imagino que no terminaste de leer la entrada, porque allí menciono lo siguiente:

      Si bien en varios países de Europa la cencerrada se utilizaba para denunciar el maltrato del marido a su mujer, no tengo pruebas de que ése fuera el caso en España (donde sí se empleaba para denunciar el caso opuesto: mujeres que maltrataban a sus maridos). Sin embargo, no es algo que podamos descartar teniendo en cuenta que no se han realizado demasiadas investigaciones al respecto que exploren dicho ángulo.

      Recordemos que la cencerrada (en otros países, principalmente Inglaterra) era casi la última herramienta que se utilizaba para combatir el maltrato. Si esto no pasaba en España podía deberse a varios factores.

      1.Que en España efectivamente el maltrato a la mujer estuviera más tolerado.
      2 Que los otros mecanismos de defensa funcionaran mejor. Particularmente la familia y el clero. Se dice que las cencerradas para frenar el maltrato se multiplicaron en Inglaterra siglos más tarde porque el clero ya no tenía un papel pastoral (no eran católicos, sino anglicanos, con otra forma de proceder) y porque con la Revolución Industrial las familias se dispersaban y alejaban a la mujer de quienes podían protegerla. Recordemos que en España el mayor desarrollo industrial ocurrió precisamente durante la época de Franco, con la consiguiente migración de familias andaluzas y de otros lugares a zonas de Cataluña, Madrid, etc. (puedo traer la citación si es necesario).
      3.Existían otros mecanismos para resolver estos problemas que desconocemos (por ejemplo acuerdos extrajudiciales).

      Mientras no tengamos más investigaciones al respecto, todo se queda al nivel de hipótesis.

      • Me estoy acordando ahora de un caso de violencia doméstica en la España Medieval. El de los Infantes de Carrión, que para vengarse de unas humillaciones sufridas, desnudaron, golpearon y dejaron por muertas a sus esposas, las hijas del Cid Campeador. El Cid conseguiría la nulidad matrimonial para sus hijas y derrotar a los infantes en un duelo/juicio (fueron los hombres del Cid quienes lucharon, no él). Claro que se trata de un caso literario, posiblemente ficticio, y del que no podemos extrapolar mucho, pero los Infantes fueron descritos como ruines por sus acciones.

  11. Helena dijo:

    Sí, por supuesto que se consideraba ruin al marido que “daba mala vida” a su mujer (así se decía) pero nadie hacía nada. Eso en la época que yo recuerdo y de la que tengo noticia. Y me escama que no haya testimonios de que en otras épocas sí se hacía algo. El ejemplo del Cantar de Mio Cid seguramente es ficción, pero seguramente el poeta no lo incluiría si fuese inverosímil para su auditorio.

    • Bueno al menos en el Mío Cid sí se hizo algo: el Cid emprendió acciones legales y consiguió tanto la nulidad matrimonial para sus hijas como que sus hombres entablaran combate en un duelo con los agresores (a quienes derrotó). La cuestión es que el Cid era lo bastante influyente como para apelar directamente al rey, pero a saber si los campesinos tenían acceso a la justicia como él, aunque fuera en tribunales locales civiles o eclesiásticos.
      Es posible que sí haya testimonios sobre el pasado, pero que no se hayan desenterrado. Al fin y al cabo las imágenes que aquí muestro sobre Estados Unidos las ignora la mayoría de la población americana (numerosas publicaciones, incluso académicas, consideran que sólo empezó a hacerse algo en los años 80 del siglo XX, algo que las imágenes destierran). Para el caso de la Inglaterra medieval y moderna en el otro artículo aparecen también bastantes casos, pero fuera de la academia los desconocen.
      Con esto no quiero decir que en España tenga que ser necesariamente igual. Pero creo que antes de sacar conclusiones debería hacerse una investigación en toda regla examinando documentos de los tribunales civiles y eclesiásticos. Y si no se encuentra nada o casi nada, se podría concluir que quizá España fuera más tolerante con el maltrato, pero dicha investigación también podría mostrar resultados contrarios. A ver si alguien decide abordar el tema.

      • Alejandro dijo:

        Creo que los recuerdos de una persona no son suficientes como para discernir como fue una época. Con todo el respeto del mundo, no puede extrapolar lo que pasaba en la vecindad de Helena a lo que pasaba en todas las vecindades del país, tampoco se puede confiar en el un punto de una niña que no está al tanto de las sutilidades del mundo de los adultos. De todas formas a mi me parecen muy dudosas las narrativas que establecen la historia en razón de mujeres buenas y hombres malos.

      • @Sin Dogmas, Alejandro

        Aunque estoy de acuerdo en que no podemos extrapolar la experiencia de Helena, el problema (como ella señaló) es que no hay mucha más información con la que trabajar al margen este tipo de testimonios. Al menos por el momento.

    • Sandra dijo:

      “Sí, por supuesto que se consideraba ruin al marido que “daba mala vida” a su mujer (así se decía) pero nadie hacía nada.” (Helena)

      No es la primera vez que leo u oigo eso de “nadie hacía nada”. A primera vista parece una forma neutra, pues ese “nadie” no parece aludir específicamente a hombres o a mujeres. Sin embargo algo me lleva a pensar que detrás de ese “nadie” hay un implícito “ningún hombre (valiente)”. O dicho de una manera más literaria: “ningún varón salvadoncellas acudió al socorro de la dama en apuros”. Sospecho también que en ese “nadie hacía nada” podríamos encontrarnos ante una excusa preventiva de la propia inoperancia del sujeto que pronuncia dicha demanda: cuando alguien no se atreve a hacer algo, alza la voz, y se queja de que los demás no hagan aquello que esa persona no quiere hacer. Porque nada mejor para enmascarar nuestros temores que achacárselos a los demás.

      Y por cierto, de igual manera que “nadie” hacía nada por ellas, en el caso contrario -que fuese un marido el maltratado por su mujer- es muy probable que ese “nadie” se transformase en un “todo el mundo se burlaba de tremendo calzonazos”.

      • Aunque efectivamente el “nadie hace nada” lo he visto empleado como señalas numerosas veces (y me parece una observación muy aguda), no creo que el caso de Helena. Ella me puede corregir, pero imagino que se estaba refiriendo a las intervenciones comunales o “cencerradas” que había en otros países para evitar la violencia hacia las esposas y que en España no se utilizó así (o todavía no hemos encontrado casos). Es decir, en respuesta a un artículo al que yo la dirigí anteriormente.
        Por otra parte, sobre tu último párrafo, de eso sí tenemos pruebas para España. Cuando la mujer maltrataba al marido, las cencerradas se empleaban no para castigar a la mujer, sino para humillar al marido maltratado.

  12. Sin Dogmas dijo:

    Anecdotarios y rumores no constituyen evidencias, es lo que se llama evidencia anecdótica, un rumor en un pueblo sobre que tal vecino pegaba a su mujer puede significar tolerancia al maltrato, o que el maltrato era tan intolerable que se usaba a modo de difamación en rumores malintencionados. A menos que se presenten evidencias no veo porque elegir una hipótesis sobre otra -aparte claro, de los prejuicios ideológicos impuestos por el feminismo-.

    Y recuerdo que que la mujer y el hombre ejercen la violencia de manera distinta, por eso cuando una mujer ejercía la violencia no trascendía o bien este tipo de comportamiento no era de rumorología.

    No puedo dejar de pensar en la última mujer ajusticiada por garrote vil, Pilar Prades Santamaría, la envenenadora de valencia, que asesino a varias mujeres envenenándolas con arsénico. Tal vez no sea exactamente violencia domestica, pues no tenía una relación sentimental con las víctimas (o tal vez sí, en cierta forma retorcida) pero si es violencia en el ámbito domestico, en el contexto de la época donde una sirvienta entraba a formar parte de la rutina familiar, como se desprende de leer las crónicas de la época.

    Pero lo más interesante fue la reacción de los verdugos, podemos imaginar que insensibilizados y acostumbrados a su oficio de matar hombres:

    “El verdugo designado para llevar a cabo la ejecución fue Antonio López Sierra quien, tras saber que se iba a ejecutar a una mujer, se negó a hacerlo. La ejecución, prevista para las seis de la mañana, se llevó a cabo más de dos horas después en espera de un indulto que no llegó. Al verdugo hubo que emborracharlo y llevarlo a rastras al patíbulo.”

    Esta imagen que representaría luego Berlanga en su famosa película, no induce a pensar que para un hombre dañar a una mujer en algún sentido fuera algo tolerable.

    • Isidro dijo:

      Buen apunte, Sin Dogmas. Si mal no recuerdo, en la película del oeste americano titulada Johnny Guitar, un grupo de hombres se negó a ahorcar a una mujer (que había cometido delitos penados así en aquellas tierras). Hubo de ser otra mujer la que palmeara las ancas del caballo de aquélla para que acabara pendiendo de la cuerda asesina. Hablamos de una época en extremo “machista”, plagada de rudos y violetos pistoleros. No creo que España haya sido más “machista” que aquella sociedad de vaqueros tan inclinados al linchamiento. ¿Pero por qué una mujer sí podía ajusticiar a otra pero un hombre no? Porque la mujer no es vista por un hombre como su “igual”, hablando en términos morales. Los escrúpulos del verdugo Antonio López Sierra son los propios de quien se ve conminado a levantar la mano contra un ser al que cree moralmente superior. Pero no son escrúpulos anecdóticos. Hoy, en EE. UU., la probabilidad de ser ejecutado por el Estado por ciertos delitos es como veinte veces mayor para el varón que para la mujer.

      Ignoro si en décadas pasadas había más o menos tolerancia respecto de la violencia doméstica contra las mujeres. Me inclino a pensar que sí. Pero también había mucha más tolerancia de la violencia de padres a hijos, o de maestros a alumnos, o de niños a niños, o de oficiales a soldados… Y al decir “padres” también digo, en español correcto, “madres”, por supuesto. Las madres, en concreto, recurrían a la alpargata con enorme frecuencia, cosa que hoy, ya instalados en el polo de la hipersensibilidad, se consideraría maltrato en toda regla. Mi padre me cuenta que su madre (como muchas otras) corría detrás de él sarmiento en mano, y no solo con la intención de amagar el sarmentazo. La madre de mi mujer, desesperada por las malas andanzas de uno de sus hijos, llegó a pegarle con una correa, hebilla incluida. Nadie acusó de maltratadoras a estas mujeres. Lo que hoy, en las escuelas, se considera acoso entre alumnos, ayer era visto como lo más normal del mundo. De hecho, habría cundido la risa si alguien hubiera pretendido que ciertas formas de violencia (más o menos livianas) entre niños precisaban de la urgente intervención de los adultos, y menos aún de una corte de psicopedagogos, psicólogos y educadores sociales. Cuando yo cursaba cuarto de E.G.B., Don José, el bestial maestro que impartía las clases, nos repartía palmetazos a todos los alumnos (también a los que no rechistábamos) con una gruesa vara de madera. Tampoco había leyes contra los abusos de autoridad de los oficiales contra los soldados. Por último, lo que no recuerdo es que en mi localidad se hablara de ningún caso de violencia ejercida por la mujer contra el marido, pero sí a la inversa.

      Sin embargo, aunque todo esto revela que, en efecto, la violencia (o ciertos tipos de violencia) estaban más tolerados que ahora, no significa que existiera indiferencia hacia esas formas de violencia. Los casos de violencia grave no eran consentidos. Recuerdo cómo un padre de un alumno maltratado por su maestro se lió a golpes con el perpetrador: corrió la sangre. Por otro lado, la ley –y esto es lógico- no siempre va por delante de los juicios éticos que, “avant la lettre”, hace la sociedad de determinadas cosas. A veces, la ausencia de una ley no indica otra cosa que lentitud administrativa en unos políticos o funcionarios cuya sensibilidad, un tanto endogámica y encastada, no siempre casa con la del común: y esto es especialmente cierto en la España gobernada por Franco, donde el sentir popular no siempre era tenido en cuenta por la Administración, cosa que no pasa en las democracias, siempre tan preocupadas de los informes demoscópicos. Pero lo que si es cierto de todo punto es que a los niños siempre se nos dijo que pegar a las niñas o las mujeres era cosa de cobardes, máxima moral que alcanzaba, sin duda, a todas las capas sociales de la sociedad.

    • Helena dijo:

      Por eso digo que me encantaría que alguien investigase el tema. Haría falta algún historiador/-a que se sumergiera en los archivos policiales y judiciales para revisar las denuncias y procesos por lesiones u homicidio y buscara los casos que se producían en el ámbito familiar, cómo se trataban por parte de las autoridades, quién denunciaba, qué declaraban los testigos, a qué sentencias daban lugar.
      Lo de que un vecino pegase a su mujer no tenían por qué ser simples maledicencias. Las peleas se oían en las casas vecinas y los moratones en la cara se veían.

      • Alejandro dijo:

        A mi lo que me encantaría es que lo hiciera usted con su dinero, su investigación me parece una perdida de tiempo. Primero por que las mujeres del pasado no estaban tan mal y las mujeres actuales no están tan bien. Segundo por que la sociedad que habia en el pasado y la actual no son comparables. Tercero porque ya sabemos cual es la conclusion que se van a sacar del tema que las mujeres en el pasado estaban tan mal y que por lo tanto son moralmente superiores y merecen todas las condiciones favorables que la sociedad pueda brindarles.

      • Veo innecesaria esa hostilidad hacia Helena. Ella está diciendo básicamente lo mismo que yo: que se necesita investigar más para que podamos llegar a conclusiones sólidas, aunque entiendo que a falta de más datos uno echa mano de la experiencia personal. No hay otra cosa.
        Personalmente me parece bien se investigue, pues se pueden llegar a conclusiones tan sorprendentes como la de este artículo, ya que muchos estadounidenses, incluso en la universidad, desconocen que la violencia doméstica si era un tema público antes de los años 80 del siglo XX, como demuestran contundentemente estas imágenes.

        El tema lo desarrollé un poco más aquí:

        https://quiensebeneficiadetuhombria.wordpress.com/2014/04/19/la-violencia-domestica-en-la-epoca-romana/

      • Isidro dijo:

        Como tú, Helena, solo puedo aportar algo parecido a la anécdota o el testimonio de personas que vivieron los tiempos a que nos referimos. No viví de lleno el franquismo. Me tocaron sus últimos coletazos. No sabría precisar qué castigo social o legal se le infligía a los maltratadores o violadores. Lo que sí puedo contar es, como digo, el testimonio de algunas personas que sí vivieron el franquismo. Obviamente, no tiene poder probatorio, pero como parece que no contamos con algo de más rigor, me animo a escribirlo. Hará cosa de unos tres años entré en una tienda de bellas artes. Soy aficionado a la pintura y el tendero es un excelente pintor que me aconseja sobre técnicas y materiales. En alguna de las paredes había estampas de la Virgen. Dentro, en la trastienda, a la que pasé en aquel momento para ver un trabajo del maestro, un señor que recibía clases de dibujo del tendero, retrataba a Tejero. Sin duda, casi todos los alumnos del tendero y él mismo son de derechas, muy de derechas. Pues bien, ese día que digo, hablaban el tendero y otro señor de política, y ambos lamentaban ciertos desmanes de la democracia. Yo tenía algo de prisa y no quise enfrascarme en una discusión que no me merecía la pena (por otro lado, algunas cosas que decían me parecían ciertas). Entró otro señor, de cierta edad, bien vestido. Aventuré que también sería de derechas. Y no me equivoqué. Él sí intervino en la conversación de los otros dos. Parafraseo sus palabras: “En tiempos de Franco no había el cachondeo y la permisividad que hay ahora con los delincuentes. Cuando la guardia civil pillaba a un violador infraganti en el Altozano (un parque de Albacete) se lo llevaba al calabozo y allí le dejaban el cuerpo como tu cazadora (señaló mi cazadora, de color negro). Al día siguiente le decían al violador: “Esto no ha sido nada. La próxima vez te vas a enterar de lo que vale un peine.”

        Y otro testimonio. Mi anciana madre cuenta que su madre acudió un día a la casa de la vecina, pues se oían ruidos de pelea, gritos e insultos. Cuando abrió la puerta de la vecina, se encontró al marido zurrando a la mujer. O, mejor dicho, zurrándose mutuamente, aunque ella se llevaba la peor parte. Mi abuela preguntó “¿Qué pasa aquí, Maruja?” La vapuleada le respondió: “¡A ti qué te importa, so puta! ¡Vete de aquí y no te metas donde no te llaman!” Doy mi palabra de honor que esto fue lo que mi madre me contó en varias ocasiones.
        La cantinela feminista puede decir lo que quiera, pero yo, con otros comentaristas, dudo mucho que la sociedad (hombres y mujeres) encajaran como algo “normal” la violencia contra las mujeres. Eso es lo que no se cansa de repetir el infame Lorente en su columna dórica, y parece que, al fin, son muchos los que se lo creen.

      • Interesante. Me pregunto si también tendría algo que ver el hecho de que en la época de Franco las autoridades eran (generalmente) a quienes uno evitaba para no meterse en problemas, en lugar de a quien uno buscaba para solucionarlos. Quizá la reacción de esa mujer pudiera deberse a ello, o a que admitir que había un problema significaba un fracaso como esposa (desde su percepción, obviamente no es como lo veo), y el “que dirán” era mucho más importante antes que ahora. Recuerdo en la obra “La Casa de Bernarda Alba” que cuando la hija termina suicidándose, a su madre lo único que le preocupa es decir a los demás que “murió virgen” y que lo supiera todo el pueblo.

      • Isidro dijo:

        Es interesante y curioso, pero mucho más frecuente de lo que el sentido común prediría, Carlos. A este respecto puedo contar algo que tiene mucho más rigor que la mera anécdota o el testimonio. Hace años ejercí de psicólogo durante una temporada. Luego, por circunstancias de la vida, empecé a trabajar en otra cosa. En aquella época concerté un encuentro con una antigua amiga del instituto, quien, como yo, también había estudiado Psicología en la universidad. Le pregunté qué estaba haciendo y me contestó que trabajaba en programas estatales con mujeres que sufrían malos tratos de sus novios o maridos. Yo, por aquel entonces, no tenía una opinión suficientemente formada o crítica acerca del feminismo institucional. Ingenuamente y con tono neutral, le pregunté por los pormenores de ese trabajo. Me vino a decir que estaba harta, que era un trabajo muy ingrato y casi inútil. Yo le pregunté por qué. Me dijo que casi ninguna de las mujeres que trataban dejaban a sus maridos o novios. Me notó sorprendido. Yo conjeturé con tono interrogante que ello se debería a que les tendrían miedo. Pero ella no confirmó esta posibilidad. Si mi amiga estaba un tanto cansada de aquel trabajo no era por tratar a mujeres que perdonaban a sus parejas por miedo. Si así hubiese sido, ella no se hubiera sentido cansada y decepcionada. Sus palabras fueron, más o menos, éstas: “No, en general, no es por miedo, Isidro.” “¿Entonces?” “Pues no lo sé, Isidro. Más bien porque son tontas, les va la marcha. No hay nada que hacer. Cuando ya parece que las has convencido de que no vuelvan con ellos, te enteras que lo han hecho. Es desesperante. Es casi tan frustrante como cuando tratas de curar a un drogadicto”.
        Nuevamente, he de añadir que no me invento absolutamente nada. Si algún lector no me creyese, yo no tendría ningún problema en intentar averiguar dónde está ahora mi antigua amiga (le perdí la pista hace años) y concertar un encuentro con ella.
        La explicación exacta de estas conductas reincidentes la desconozco. Pero supongo que tiene algo que ver con las mismas causas que explican el éxito arrollador de la novela “Cincuenta sombras de Grey”: 31 millones de ejemplares vendidos. Ya sabemos de qué trata este libro: de un hombre que somete y domina a una mujer. Puede parecer inverosímil, pero lo cierto es que es eso lo que, con toda probabilidad, atrae a las lectoras de ese libro.
        Recientemente, he conocido a una chica a quien tuve que entrevistar por razones laborales. Me contó que su anterior pareja se había suicidado. Añadió que desconocía la causa. Ella llevaba años separada y divorciada de él. Me confesó no sentir pena por él: ella había perdido un hijo que llevaba en la tripa a consecuencia de un empujón que él le dio y le hizo caer por la escalera. Su ex-marido la empezó a maltratar por culpa de las drogas, según me dijo. Antes de la adicción a las drogas jamás la maltrató. Pero lo curioso de esta trágica historia viene ahora: en estos momentos esta mujer sale con un hombre que, me dice, nunca le ha pegado, pero que, cuando bebe de más, se pone violento y le da por romper lo que pilla. Lo que yo me pregunto es cómo es posible que esta muchacha siga la relación con un hombre que pierde la cabeza bajo los efectos del alcohol.

      • Con los hombres maltratados pasa lo mismo. Hay muchos que no dejan a sus parejas y nadie se lo explica. Aquí se vislumbran algunas posibles razones:

        http://www.helpguide.org/articles/abuse/help-for-abused-men.htm#why

        -Proteger a los hijos
        -Vergüenza
        -Creencias religiosas
        -Falta de recursos
        -Negación de la realidad
        -Miedo a revelar su orientación sexual (en el caso de las relaciones homosexuales)

        Otras que he visto han sido:

        -Esperanza de que la pareja va a cambiar
        -Ella ha dicho que está embarazada
        -La pareja amenaza con suicidarse

        Luego está la teoría de Erin Pizzey, que fundó los primeros refugios para mujeres maltratadas en el Reino Unido y tuvo que lidiar con este tema entonces. Su teoría se centra en las mujeres pero quizá podría aplicarse también a los hombres. Ella dice que hay dos tipos de mujeres maltratadas: las que quieren salir de esa relación abusiva, y las que ella llama “adictas a la violencia”, cada una necesitaría un tratamiento diferente.

        http://www.maltrato.eu/pizzey_ptv00.htm

        El caso es que este comportamiento no creo que sea exclusivo de ellas.

  13. Sin Dogmas dijo:

    Siempre que no se confundan información y conocimiento y las hipótesis con las conclusiones.

    Aunque nos han acostumbrado desde los medios de comunicación, donde hay personas que han hecho de la anécdota y del arte de dar crédito a rumores una forma de ganarse muy bien la vida a través del engaño, en programas que venden humo, ovnis y fantasmas, o en programas del “corazón” y cotilleos, si queremos ser racionales y objetivos debemos evitar este tipo de errores:

    http://escepticcionario.com/define/evidencia-anecdtica-testimonios

    http://es.wikipedia.org/wiki/Prueba_anecd%C3%B3tica

    Se mencionaba el Mio Cid, recuerdo otras obras de la literatura española que nos hacían leer en la escuela y que todos conocemos en mayor o menor medida, aunque sea en forma de dibujos animados si tienes cierta edad, obras como La vida del Buscón, El lazarillo de Tormes o El Quijote. Hay un patrón común en todas estas historias, y es que toda la tensión humorística se basa en cuantos golpes, desgracias, palizas y maltratos reciben los protagonistas varones.

    Creo que la situación era difícil para todos en la España de posguerra, hombres y mujeres vieron un receso en sus derechos civiles y seguro que nuestros mayores nos pueden contar historias sobre esto. Pero no creo que el reparto de empatía fuera diferente a lo ha sido hasta hoy, y lo que vemos con toda naturalidad en la ficción de cualquier época: golpear a un varón es un tropo humorístico, golpear a una mujer es un tropo dramático, o en palabras de la propia Helena, a la mujer se la compadece, mientras que al varón se le enseña que su obligación es aguantar “como un hombre”.

    Veo posible que la sociedad hubiera cierto nivel de permisividad, pero me cuesta más creer que un familiar varón no protegiera a sus hermanas, madres o hijas a costa de su propia vida o la de otros: “«Hermano, te vas con la satisfacción de que tu madre ha sido vengada» Fue la despedida de los asesinos de Puerto Hurraco ayer en el cementerio”
    http://www.hoy.es/prensa/20061216/regional/hermano-satisfaccion-madre-sido_20061216.html

    Sabemos cual es la hipótesis feminista, la mujer ha sido siempre tratada como persona de segunda clase en el mejor de los casos y como ganado en el peor, si hay pruebas de que esa es una visión un poco simplista y no tiene en cuenta la complejidad de las relaciones humanas en conjunto, podemos salvar los restos del naufragio y decir al menos en España si lo fue. Solo propongo una hipótesis distinta.

  14. Alejandro dijo:

    La idea de que el maltrato hacia la mujer en el mundo tradicional era ampliamente tolerado nunca viene de forma gratuita, es decir, es una idea que suele llevar aparejada toda una serie de medidas proteccionistas hacia las mujeres actuales. Es como si el hecho de que la mujer hubiera sido maltratada en el pasado les diera a las mujeres de hoy una superioridad moral para exigir cualquier cosa que les favorezca.
    Ni creo que la mujer en el pasado hubiera sido tan maltratada como dicen, ni creo que la mujer actual este tan liberada como dicen, ni creo que las mujeres han sido victimas desvalidas de los hombres, ni creo que yo como hombre tenga deuda alguna sobre lo que algunos hombres le hayan podido hacer a las mujeres en un pasado cercano o lejano.

  15. Alejandro dijo:

    @Carlos Rodríguez
    No pretendía ser hostil ni con Helena ni con nadie. simplemente quería dejar constancia de algo que me parece obvio y es que tal estudio seria un anacronismo. Claro que según los estándares actuales de la sociedad del estado del bienestar las mujeres estarían maltratadas pero es que la vida por aquel entonces era mucho mas dura para todo el mundo. Creo que Isidro lo ha mencionado, no es que la sociedad fuera tolerante con la violencia física hacia las mujeres es que había mas tolerancia hacia la violencia física en todas las partes de la sociedad.
    Poner el foco en la violencia que recibieron las mujeres sin ponerla en el contexto de la sociedad en la que vivieron me parece continuar el discurso victimista.

    • Desde luego, esa violencia hay que ponerla en contexto. Como señalé en el artículo sobre violencia doméstica en la Edad Media y Moderna, el derecho de corrección era el mismo que el señor utilizaba con su vasallo, el maestro con su alumno, y la mujer con sus sirvientes, esclavos e hijos.

      • Helena dijo:

        Me han parecido muy interesantes los argumentos de todos. No quiero añadir nada, solo aclarar a Alejandro que no tengo dinero ni capacidad para investigar nada.

      • Creo que acá se da una clave sobre el problema, no creo que el quid sea la “maldad masculina” vs la “bondad femenina” así como no creo que las virtudes de inteligencia y fuerza hayan sido repartidas beneficiando al varón sobre la mujer (salvo que uno piense únicamente en la fuerza que da la testosterona… o sea sólo en la física, y le daríamos el cetro de la evolución a los gorilas).

        La clave está acá: “el derecho de corrección era el mismo que el señor utilizaba con su vasallo, el maestro con su alumno, y la mujer con sus sirvientes, esclavos e hijos.”… la clave es la jerarquía que el machismo cree que pertenece al varón.

        O sea hay que barajar y dar de nuevo si aún hay una conciencia de jerarquía… cuando se piensa en pareja humana es una relación entre pares, ¿que si somos distintos? lo somos… pero no en calidad o jerarquía.

        Luego, la violencia se expresará como el alma pueda, si es hombre o mujer… y la justicia se elaborará a través del karma… vamos habitando cuerpos con distintos sexos, razas, clases sociales… lo que el alma lleva de vida en vida son sus virtudes y defectos.

        Y esto: eso que se ve en Las 50 sombras de Grey, y que solo puede ser atractivo como novela, sobre todo si se rodea del ambiente de estética y poder que da el dinero y que puede seducir a muchos, sean hombres o mujeres. E incursiona en los subterráneos de la sexualidad física (hay machismo entre los chimpancés y por eso resultan interesantes los estudios de los bobobonos, porqué en unos sí y en otros no) y sólo se sale de este laberinto que nos atrapa la condición del cuerpo físico por arriba “de todo laberinto se sale por Arriba”, o sea cuando la instintualidad es superada por la espiritualidad, y el amor y la razón prevalecen.

        Puede que me haya salido del tema del artículo y perdón que lo haya hecho tan a destiempo… lo acabo de leer😦

      • Puede que algunos chimpancés agredan a sus hembras, pero eso no equivale a machismo. Machismo es una actitud de superioridad. Los chimpancés macho a buen seguro que agreden a las hembras por otras razones, y no olvidemos claro a los otros machos (también las hembras pueden agredir a otras o a las crías de otras).

  16. Sandra dijo:

    Aporto aquí otra prueba de que la violencia contra las mujeres siempre se ha castigado, no ya en el franquismo, sino incluso desde tiempos de los Reyes Católicos, cuando una señora feudal podía mandar a castrar a un hombre por violar a una niña, y se consideraba incluso que tal delito de violación merecía la pena de muerte:

    “… menos se le debe de imputar culpa ni cargo alguno al dicho señor Adelantado ni parte en lo que algunos testigos quieren decir que había dejado poder a la señora Bobadilla, que santa gloria haya, su mujer legítima…, para que pudiera gobernar esta dicha isla…, porque en caso que le hubiera dado el dicho poder, aquello sería y fue porque el dicho Sr. Adelantado, mi parte, por mandado de su Alteza, había pasado en las partes de Berbería a hacer edificar ciertas fortalezas… y no era inconveniente dar y dejar poder, en nombre de sus Altezas, a la dicha señora doña Beatriz de Bobadilla…, por ser como era muy noble mujer y muy discreta y criada de sus Altezas y experta en judicatura, y señora de las islas de la Gomera y El Hierro y ser persona tal que lo podía y sabía muy bien hacer, y aún a las tales personas aunque sean mujeres el derecho no lo prohíbe, antes lo permite… En caso que hubiesen mandado castrar a Baltasar Tamborino, aunque aquello no se comprueba… en aquello habría hecho y administrado justicia, porque el dicho Baltasar Tamborino habría dormido carnalmente con una muchacha de edad de cuatro o cinco años… por el cual exceso habría merecido muerte… y menos se le puede imputar culpa de haber mandado açotar a Francisco de Pina, sillero… por haber hurtado, como hurtó, cierta cantidad de orchilla [con la que] daba color a las sillas que hacía…”

    http://www.gevic.net/info/contenidos/opcionesMenu_preview.php?opcion=1&idcomarca=-1&idcon=-1&idcap=185&idcat=1&idcomplemento=53

  17. Sandra dijo:

    Supongo que el gusto por las relaciones tóxicas es común tanto a hombres como a mujeres. Los golpes pueden ser un mal menor, si a cambio de ello se obtiene lo que se busca. Un hombre familiar mío vivía con su amante, la cual lo maltrataba. Ella llegó a darle botellazos dirigidos a la cabeza (que mi tío frustraba anteponiendo su mano entre la botella y la cabeza, a costa de cortarse la mano, claro), y sin embargo él reconocía que no la dejaba porque “estaba enamorado”. Otro caso que conozco es el de una mujer que había sido maltratada por su anterior pareja. Ahora sale con otro hombre: un portero de discoteca… Y no es que necesariamente un portero de discoteca tenga que ser un maltratador en potencia, pero se podría aplicar aquel refrán que dice: “dime con quién andas, y te diré quién eres”.

    • No sé si entendí bien. ¿El nuevo novio la maltrata también?
      Lo menciono porque según la tesis de Pizzey, aquellas (o aquellos) que son adictas a la violencia, si no vuelven con su maltratador, se encuentran a otro que tiene un perfil parecido. Y es por ello que (según Pizzey) requieren un tratamiento distinto que el resto de las mujeres maltratadas.

  18. Pingback: Hacia una nueva historia de las relaciones de género | ¿Quién se beneficia de tu hombría?

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