Deudas de sangre: el reverso masculino de los asesinatos de honor en Oriente Medio

Todos hemos oído hablar de los llamados “asesinatos de honor” (en inglés “honor killings”), donde una chica o mujer es asesinada por exhibir una conducta sexual inapropiada. Aunque tradicionalmente es el padre quien debe encargarse del asesinato, en aquellos países donde se castiga con penas de cárcel, se recurre a un menor varón porque tienden a cumplir penas más cortas. Actualmente los “asesinatos de honor”, aunque todavía persisten, han desaparecido como institución en las naciones occidentales y en buena parte del mundo, siendo algunos países de Oriente Medio su último refugio.

En este artículo, sin embargo, no vamos a hablar de los atroces “asesinatos de honor”, sino de su reverso menos conocido y que afecta mayoritariamente a los varones: las llamadas “deudas sangre” (en inglés “blood feuds”). Al igual que los “asesinatos de honor”, se trata de una práctica que ha desparecido en la mayor parte de Occidente como institución (no como hechos marginales) pero que continúa viva en algunas zonas de Oriente Medio.

Las deudas de sangre son ciclos de venganzas familiares donde dicha represalia es legal o como mínimo tolerada por las autoridades políticas del lugar, además de contar con una amplia aprobación social. La muerte de un miembro de la familia se paga con el asesinato de otro, cuya familia a su vez reaccionará de la misma forma, generando un círculo vicioso que puede durar generaciones.

Este tipo de venganzas tiene sus propios códigos, entre ellos el de excluir a las mujeres de la violencia. Sólo hay una excepción: cuando el conflicto entre familias ha sido originado por una conducta sexual inapropiada. En ese caso la mujer en cuestión puede morir asesinada (el ya mencionado “asesinato de honor”, que es su otra cara), junto al hombre con quien mantuvo estas relaciones, pero una vez puesto en marcha el ciclo de venganzas las mujeres restantes en ambas familias quedan excluidas de la violencia. Otros motivos para la venganza incluyen diversas afrentas al honor, disputas por tierra, ganado o dinero.

Es importante recordar que la venganza no es “opcional”. En las culturas del honor existe una enorme presión social para llevar estas venganzas a cabo (incluyendo presión por parte de las mujeres) y todos los miembros varones de la familia son forzados a llevarla a cabo como parte de su obligación familiar, sean partidarios de dicha venganza o no. Exploraremos todas estas ramificaciones a lo largo de la entrada.

Vamos a comenzar con el artículo publicado por Muhammad Azam Chaudhary en el Central Asia Journal, No. 64, que trata sobre las deudas de sangre en Pakistán, concretamente el área de Chilas.

Chilas tiene una población de 50.000 habitantes, y cuenta con unos 30-35 asesinatos anuales atribuidos a las deudas de sangre. Comparando esta cifra con la tasa de homicidios en Honduras, que con 82 por cada 100.000 habitantes es la mayor del mundo y que equivaldría a 41 por 50.000 habitantes, no hay demasiada diferencia. Esto debería darnos una idea de la gravedad de las deudas de sangre en la región. A continuación ofreceré una traducción selectiva del artículo. La negrita y las aclaraciones entre corchetes son mías:

Hay pocas familias que no estén involucradas en una deuda de sangre. La gente no se atreve a salir a las calles por la noche. Las armas son sus inseparables compañeras (…). Hay una gran presión por parte de la sociedad para que se lleve a cabo la venganza si existe la razón. Y la gente [en realidad, los hombres] se ve prácticamente forzada por esta presión a tomar venganza. Mucha gente, cuando le preguntas, expresa estar harta de esta vida de miedo y presión permanentes. La deuda de sangre es ejecutada por los parientes [varones] más cercanos, como el hijo, el hermano, el padre, el tio o el primo, y a menudo de forma colectiva. [Como se puede comprobar en este párrafo, la presión social es importante, y parece que muchos odian vivir así].

Hay diferentes razones para el inicio de una deuda de sangre, entre ellas la oposición política [que no se contempla en Afganistán], o los derechos sobre la tierra y el agua, pero son las mujeres las que se encuentran en el punto central del conflicto. Nos concentraremos, por tanto, en las deudas de sangre que giran en torno a las mujeres. El principal asunto son las relaciones sexuales ilícitas y las sospechas y rumores sobre dichas relaciones sexuales.

Si un hombre y una mujer son hallados en delito flagrante, según la costumbre local, se les puede dar muerte a ambos. En ese caso no suele haber deuda de sangre. Es importante resaltar que ambos deben ser asesinados en el acto. Si se les mata en diferentes lugares, la deuda de sangre puede iniciarse.

Si, después de una sospecha o rumor de una relación sexual ilícita, sólo se asesina al hombre, la deuda de sangre comenzará con seguridad. La razón más común de estos homicidios son los rumores sobre relaciones sexuales ilícitas. Un rumor es peor que un acto real que permanece desconocido; por tanto, aun cuando la familia de la mujer está segura de la inocencia de los dos acusados, matarán, al menos, al hombre.

Los casos de Said Noor y Javaid [ambos varones] proporcionan ejemplos adecuados: uno fue asesinado como resultado de un rumor, y el otro sólo por una sospecha [el artículo relata que las mujeres no fueron asesinadas] (…). Se dice con frecuencia que los hombres matan a sus esposas junto a un enemigo para librarse de ambos. Pero este tipo de asesinatos puede dar lugar a una doble venganza de sangre, puesto que la familia de la esposa querría buscar venganza por su asesinato [de ahí la importancia de que se mate a los dos en el acto].

El asesinato de únicamente mujeres es raro. Las reglas a seguir en una venganza de sangre son similares a las de los Pashtún: mujeres, niños, ancianos y huéspedes están exentos de la venganza.

La inmensa mayoría de los asesinatos se basan en rumores y sospechas de relaciones sexuales ilícitas, y sólo se mata a los hombres.

El tema de los rumores es de gran interés, pues cuando se trata de las “muertes de honor”, las mujeres suelen tener un papel importante en su propagación. Como refleja el artículo sobre “muertes de honor” en la página Gendercide Watch:

La antropóloga Ilsa Glaser indicó que “las mujeres actúan como instigadoras y colaboradoras en estos asesinatos, desatando un torrente de rumores que instigan las acusaciones (citado en The Calgary Herald, 20 de abril, 2000)”.

Con esto no quiero decir que las deudas de sangre ocasionadas por los rumores sean culpa de las mujeres. Señalo la participación femenina para que veamos que no se trata de un problema creado exclusivamente por hombres. Toda la sociedad participa en esta expectativa de la venganza.

Veamos ahora un caso en particular, esta vez en el vecino Afganistán, que apareció en el diario británico The Telegraph. La noticia se titula Deuda de sangre afgana termina después de 30 años. El extracto dice “los hombres de una villa afgana han emergido de sus hogares-fortaleza por primera vez en 30 años después de una deuda de sangre que se ha cobrado más de 300 vidas”.

A continuación traduciré algunos fragmentos selectos de la noticia. La negrita es mía:

Por tres décadas [la deuda de sangre] marchó sin control y recluyó a la población masculina en sus hogares, convertidos rápidamente en fortalezas (…). La gente de la localidad dice que incluso los talibanes vieron el caos que había allí y se fueron a otra parte.”(…). Todo comenzó con la viuda de Sambola (…). Un total de 318 hombres murieron en la lucha, que involucró a 160 familias.

La situación invirtió las normas de la sociedad afgana ya que sólo las mujeres, protegidas de la violencia por el Pashtunwali, el código afgano de conducta, pudieron continuar administrando la aldea. Mientras sus hombres intercambiaban disparos desde sus casas y callejones, las mujeres trabajaban juntas en los campos sin incidentes.

Habrá quien rechazará esto como un problema de género aduciendo que los hombres tomaron venganza porque quisieron, sin tener en cuenta las presiones sociales implicadas, pero si eres un hombre afgano y el líder de tu familia decide ir a la guerra (por la presión social del honor), no importa que a nivel personal quieras ir o no. La familia rival ya te ha convertido en un objetivo sólo por el hecho de ser varón, lo que te va a empujar a tomar las armas para defenderte (si no te ha obligado ya tu propia familia).

Como señala el informe Afganistán: deudas de sangre, ley tradicional (Pashtunwali) y resolución de conflictos tradicional esta venganza no es sólo un derecho, sino una expectativa. No tomar venganza por una afrenta (particularmente el asesinato) se interpreta como debilidad moral y puede llevar a la pérdida de estatus de toda la familia o incluso del clan. De hecho, pedir una compensación económica o apelar al Estado también se percibe como una debilidad moral. Es necesario señalar que las razones legítimas para estas deudas de sangre no incluyen conflictos políticos o militares entre familias y clanes (página 9).

Pero el incumplimiento de la venganza u otros aspectos del Pashtunwali no sólo acarrean una penalización social, sino también legal, desde el destierro del individiduo y/o su familia hasta la ejecución. El artículo de Palwasha Kakar Ley tribal del Pashtunwali y autoridad legislativa de las mujeres afirma que el castigo más común es que la persona que haya desobedecido el Pashtunwali (y posiblemente toda su familia) deja de ser considerado Pashtún, perdiendo los derechos, protección y apoyo de la comunidad (página 3), dejando al individuo o familia a merced de quien quiera atacarla.

Todavía hay quien opinará que al fin y al cabo no es un problema de género porque el Pashtunwali lo crearon hombres, pero la realidad es más complicada. Como el artículo de Kakar indica (página 8) Nazoo Anaa, la legendaria “madre del nacionalismo afgano” ganó autoridad a través de su poesía y por respaldar el Pashtunwali. Pidió que el Pashtunwali fuera la ley de la confederación de tribus afganas y medió conflictos entre las tribus pashtunes para propiciar una alianza contra los gobernantes persas (página 10). Zarghona Anaa continuó su causa. Además de ser una ferviente nacionalista, también apoyó el uso del Pashtunwali (ibidem).

Lo curioso de la institución de las deudas de sangre, es que el lugar donde ocurren con mayor frecuencia no es ningún país de Oriente Medio, sino uno Europeo: Albania, pues el fenómeno ha estado históricamente muy arraigado en los Balcanes. Según Gendercide Watch, en la época del Imperio Otomano el 19% de los varones adultos en los Balcanes habría muerto en estas deudas de sangre. Sólo en Kosovo oriental, de 50.000 habitantes, morían 600 varones al año como consecuencia (frente a los 35 de Chilas, con una población similar).

Pero las deudas de sangre en Albania no son cosa del pasado. Han regresado después de la caída del comunismo, y se estima que causan unas 1.250 muertes anuales, número ligeramente superior al de las “muertes de honor” en Pakistán, pero en un país con la trigésimo quinta parte de la población (1/35). A esto habría que añadir, como también señala Gendercide Watch, las decenas de miles de hombres que permanecen aislados y en un estado perpetuo de terror. Al igual que en el pasado y en otros países, las mujeres están exentas de esta violencia.

Las deudas de sangre también existen en otras partes de Occidente, generalmente entre grupos marginales como los gitanos en España, los burakunin en Japón, y por supuesto las bandas callejeras. También han existido históricamente en la mayoría de los países del mundo. Allí donde había “asesinatos de honor” (hacia mujeres), generalmente se encontraban también las “deudas de sangre” (hacia hombres).

¿Por qué escribir sobre las deudas de sangre? Porque si bien el sufrimiento femenino en los países de Oriente Medio es de sobra conocido, el del varón suele, como de costumbre, pasarse por alto. Uno no encuentra datos sobre este fenómeno salvo que se dedique a buscarlos, y cuando los encuentra rara vez aparecen como un problema de género. Me pregunto qué otros aspectos inesperados podríamos encontrar sobre el sufrimiento del varón en Oriente Medio si existiera más investigación desde una perspectiva masculinista.

Los orígenes de las deudas de sangre y sus implicaciones de género

Una de las preguntas que nos puede venir a la mente es por qué existen estos baños de sangre cuando podrían emplearse otras formas de resolver los conflictos. Habrá quien vea en las deudas de sangre un reflejo de la inclinación “natural” del varón a la violencia, pero nada más lejos de la realidad.

Las deudas de sangre surgen y han surgido principalmente en sociedades que reúnen estas dos circunstancias:

  • Cuentan con una economía principalmente ganadera
  • El poder estatal es débil en la zona

El ganado es mucho más fácil de robar que la tierra. Un robo podía dilapidar la fortuna de una familia y dejarla en la miseria de la noche a la mañana. Si ello se combina con un poder estatal débil que no ofrece garantías a los afectados, tenemos una familia que decidirá tomar la justicia por su cuenta para recuperar lo que es suyo. Pero eso no es todo. Para evitar ser víctimas de un robo, tienen que lanzar el mensaje de que con dicha familia no se juega y que la más mínima afrenta se pagará caro. Reaccionando con tal violencia se lanza un mensaje a los potenciales ladrones de que si intentan robarles les costará vida. Ése es, en resumen, el origen de la mayoría de las “culturas del honor”: desde los mongoles a los vaqueros del Oeste, pasando por los gitanos. Un sistema que podía mantenerse por inercia cultural incluso cuando las dos circunstancias anteriores terminaran por desaparecer.

Curiosamente, éste también es el caso del mundo criminal cuando se trata del tráfico de drogas, al ser un bien valioso que puede robarse con facilidad, como el ganado. En este caso, no es que el Estado sea débil, sino que los criminales no pueden recurrir a él en caso de robo, por lo que reaccionan con violencia ante la más mínima transgresión por las mismas razones que las sociedades ganaderas.

¿Cuáles son las implicaciones de género?

En este tipo de culturas, el hombre es el que asume el papel de protector de la fortuna familiar, quien ejerce la violencia y se convierte a su vez en víctima de la misma. Lo que quiero explicar con esto es que no se trata de una reacción violenta por nada, “sin más”, o porque “el varón es violento”. Lo que a nosotros nos parece una reacción desproporcionada puede explicarse por la voluntad de proteger las posesiones familiares sentando el ejemplo ante futuros ladrones: un sacrificio individual para el bien colectivo de la familia.

Como ya expliqué anteriormente, el patriarcado consiste en un sistema que otorga al varón un mayor estatus social, al que la mujer renuncia a cambio de una mayor protección. Un acuerdo que pudo originalmente ser libre entre las partes pero que a la larga se institucionalizó y terminó obligando a cada sexo a asumir su papel. En este caso, el hombre tiene un mayor estatus social, pero también es con mayor frecuencia víctima de la violencia. Como hemos visto, no está permitido matar mujeres en las deudas de sangre, lo que conferiría a la mujer una mayor protección a cambio de un estatus social inferior.

¿Por qué hay tanta obsesión con las relaciones sexuales ilícitas en estas culturas? Porque hijos e hijas, especialmente en lugares tan pobres como algunos de los que he mencionado en este artículo, han de casarse con pretendientes que sean beneficiosos política y/o económicamente para el clan. La libertad individual de estos hijos e hijas de elegir pareja es un lujo que sociedades tan pobres no se pueden permitir. Todos han de mirar hacia el bien común. Dejar que otra persona burle tu autoridad en una relación ilícita con tu hija, ha de pagarse con la muerte para que el resto de las familias sepa que con la tuya no se juega. Si se permite la transgresión, se teme que otras llegarán después, incluyendo el robo. La reacción violenta se percibe como necesaria.

Toda la discriminación sexual en las sociedades citadas no tiene que ver con estos factores, pero son elementos esenciales. Sí, es sexista que la mujer no pueda tener relaciones sexuales con quien quiera o elegir con quien se casa, pero por el primer delito mueren muchos más hombres que mujeres (en bastantes ocasiones sin cometerlo, caso de los rumores), y en el segundo los hijos también carecen de él. Como dije, una perspectiva masculinista es necesaria para que veamos la otra cara de la moneda y no se establezcan narrativas simplistas. Con esto no pretendo justificar lo que ocurre en dichos países (y hay cosas que son injustificables), sólo recordar a quienes viven en sociedades afluentes que sus valores y principios morales dependen, como la gente a la que juzgan, de la realidad material en la que viven.

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29 respuestas a Deudas de sangre: el reverso masculino de los asesinatos de honor en Oriente Medio

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  2. isidro dijo:

    Me parecen muy convincentes las explicaciones que das a esa violencia entre hombres en esas culturas. Allá donde el Estado carece de medios, recursos o voluntad para interceder, cada cual ha de defender lo suyo como sea. No hay otra.
    Hace unos meses pasaron un documental sobre los leones del África. Los privilegios del macho eran, a primera vista, evidentes: mientras las leonas se fatigaban corriendo tras los ñúes o búfalos, los leones dormitaban durante dieciocho horas al día. Unos vagos. Luego, para colmo, eran los primeros en empezar comer la presa abatida por las leonas.
    En algunos otros documentales una voz en off de mujer deplora la conducta del macho león, cuya condición, a ojos vista, es execrable y odiosa: ese macho es bestial, vago, clasista, esclavista, parásito, un aprovechado… En resumen: un machista.
    Quiso la suerte que no mucho después, en otro documental de la 2, se explicara que la vida de los leones machos tenía, en realidad, poco de envidiable: su vida era azarosa y extremadamente violenta. La mayoría moría joven, peleándose con otros machos intrusos para defender el territorio de caza y a la propia familia.
    Si esta especie animal (y muchas otras) tuvieran en don del lenguaje, es seguro que leonas alentarían a los machos para ir a la guerra (defender el territorio del enemigo), y tacharían de cobardes a los machos que retrocedieran ante los intrusos; y, sin dudarlo, se aparearían con el macho más vigoroso, fuerte y temible.
    Es por todo esto, estimado Carlos, que, cuando, una y otra vez, vemos que la vida del varón es desechable, pienso: “mira, igual que los leones”. En esencia, la historia del macho y la hembra humanos sigue los mismos patrones naturales que las de muchas otras especies animales. Por eso yo creo que nos enfrentamos no a una ideología de género, sino a la ideología que nace de los hondones de nuestra constitución sexual. Lo que hacemos los humanos es verbalizar nuestros instintos. Es lo que harían los leones si pudieran.
    A efectos prácticos es seguramente lo mismo estar en contra de lo que llamamos “ideología de género” que estar en contra de una “ideología de sexo” (las ideas y preceptos de nuestra mente sexual).
    A diferencia de los leones, nosotros, los humanos, podemos pensar y razonar. Podemos oponernos a las injusticias, por más que éstas nazcan de nuestros instintos. De hecho, la educación (la buena educación) no hace otra que sacarnos de la selva y enseñarnos a controlar nuestros impulsos: a no comer sin medida, a no copular con quien no lo desea, a controlar nuestros miedos, nuestros impulsos violentos, nuestros esfínteres, etc.
    Llama la atención que la razón humana haya aprendido a controlar muchos de los instintos cuya expresión puede ser irracional o estar fuera de lugar, y que, sin embargo, le cueste tanto percatarse de la necesidad de examinar y controlar las fragrantes injusticias que nuestra nuestra mente sexual genera (que el varón sea desechable, por ejemplo). Ello indica, a mi parecer, que el menor valor de la vida del macho es tan natural para nosotros como el respirar: algo tan consustancial a nuestra identidad que pasa desapercibido. Es lo familiar lo que pasa desapercibido, lo íntimo, lo propio. Es curioso cómo la razón, artífice de tantas maravillas artísticas, filosóficas y científicas, suspenda tan fácilmente su quehacer cuando de estas cosas se trata, dejándose asimilar por emociones atávicas nacidas -según creo- de nuestro cerebro sexual.

    Saludos.

  3. Muy interesante, Isidro.
    Justamente vi un documental sobre las hienas donde el narrador adoptaba la postura contraria. Describiendo el “matriarcado” de estos animales como una inversión de lo que ocurre en nuestra sociedad, con machos hienas sumisos, etc.

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  7. jasminhe dijo:

    Sin duda alguna sería digno y punto de partida de una gran tesis, un informe como: Situación del varón y los niños varones en los países musulmanes a la luz de la teoría del Patriarcado desde una óptica masculinista. Nos llevaríamos muchas sorpresas.
    (Por ejemplo, en EAU, un hombre puede ser detenido si una mujer lo acusa de estarla “acosando con la mirada” y si ella es local y él extranjero no quisiera estar jamás en su pellejo).

    País por país porque contrario a lo que los medios predican los medios, si bien hay puntos de encuentros por la religión, la situación de la mujer varia de acuerdo al país. Esto no nos lo dicen y siguen insistiendo en “simbolismos” como el jihab o el chador como símbolo de la opresión aun cuando las mismas mujeres se sienten a gusto con esas prendas.
    Está realidad es una realidad brutal que desmantela que es un PRIVILEGIO el tener que proveer. El tener que proveer es una obligación que se le adjudico al hombre y este y la mujer lo aceptaron así.Lo que tenemos en la cabeza de salir a fuera a laborar sin duda no es esté escenario. Siempre se habla del la religión, es este caso islam, como una religión patriarcal sin embargo jamás se dice que en muchos contextos, como esté, esa religión “patriarcal” termina condenando a los hombres a una existencia miserable en nombre de sustentar a su familia que, en este caso, son mujeres. Aquí jamás se le ocurriría llamarlas a ellas opresoras patriarcales claro, porque se supone que en el patriarcado otro son los opresores. Ni maltratadoras de “genero”.
    Lo más triste, y sangrante, es que en nombre de está teoría, incoherente, se justifique ayuda casi o exclusiva al sexo femenino. Entendamos por favor, que al pedir que se tome en cuenta los problemas de los niños y varones afganos, no estamos diciendo que no se ayuden a las mujeres.
    Sobre el bacha bazi, ya había mencionado, pero vale repetirlo.

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  9. David Jurado dijo:

    Uff me encantaría compartir todo lo que escribes Carlos, pero me temo que eso me haría reiterativo y la larga tendría menos efectos el compartirlo

  10. Helena dijo:

    Hay algo en el post que no entiendo. Comentas que Honduras es el lugar con mayor tasa de homicidios/año del mundo y que estos son unos 41 por cada 50000 habitantes. También dices que en Chilas (Pakistán) hay unos 30-35 homicidios/año por 50000 hab solo por deudas de sangre… Eso quiere decir que o en Chilas no hay homicidios por otros motivos o el lugar con más homicidios/año es Chilas, no Honduras. O eso o los números están equivocados.

    • @Helena

      Ten en cuenta que 50.000 habitantes es la población total de Chilas. Honduras es el país con mayor tasa de homicidios del mundo, pero si en otras regiones de Pakistán las tasas de homicidio son mucho menores, la media será inferior en Pakistán y por ello Honduras continuaría apareciendo como el país con mayor tasa de homicidios del mundo. En resumen, en Honduras los homicidios estarían “mejor repartidos” que en Pakistán.

  11. Helena dijo:

    Ahora lo entiendo. Gracias por la explicación.

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