Resumen de noticias 07/07/2013

Aquí presento el primer resumen de noticias con temas que me habría gustado desarrollar pero que no he podido por falta de tiempo. Sin embargo, los lectores son bienvenidos a hacerlo en la sección de comentarios.

Un fiscal pide un año de prisión para el padre que dio una bofetada a su hija de 16 años

Aunque no apruebo los castigos físicos, parecer ser que la hija comenzó la agresión insultando y golpeando al padre (hasta rompió una puerta) antes de que él le diera la bofetada. Resalto la noticia porque refuerza mi creencia de que hoy día, en Occidente, la palabra “patriarcado” (el gobierno de los padres) no es la más adecuada para describir la realidad social. Desde los vecinos que denuncian al acusado hasta el Estado que exige la pena, esta noticia no parece hablar del poder de la figura del padre en sociedad, sino más bien al contrario. El Estado no refuerza la autoridad del padre, sino que la debilita. Además no es un hecho aislado, este otro artículo trata el fenómeno de las denuncias de menores a sus padres en situaciones similares.

El doble estigma de ser mujer y drogodependiente

La drogadicción es un problema mayoritariamente masculino, pero pudiéndose adoptar una perspectiva de género que lo abordara así, una escritora feminista hace lo de siempre: tratar la discriminación hacia la mujer. No hay nada de malo en ello, pero es un nuevo ejemplo de que el feminismo no se preocupa por los dos géneros y el hombre necesita su propio movimiento.

La audiencia de Castellón no ve “reacción machista” el abofetear a una ex-novia por verla con otro

De nuevo, no traigo estas noticias porque las apruebe, sino por las preguntas que plantean. Aquí está el fragmento a debatir:

La Fiscalía interpuso un recurso solicitando que se condenara al hombre por un delito de violencia de género argumentando que el procesado expresó “machismo” con su acción porque los “celos” que motivaron la bofetada “son un acto de posesión sobre la otra persona”, pese a tratarse de un hecho aislado.

El magistrado de la Sección Segunda que ha resuelto el recurso afirma que no puede prosperar, ya que el hecho de que el hombre diera una bofetada a su ex pareja “no es patrimonio propio de la mentalidad machista”.

La violencia de género, según la define el feminismo, sólo puede ser cometida por el hombre. Por tanto, ser hombre puede constituir un agravante por el mismo delito que podría cometer una mujer (dar una bofetada a su ex-pareja por celos) en determinadas ocasiones. Esto obviamente viola la igualdad de los sexos ante la ley. Penemos los delitos por lo que son, no porque quien los cometa sea hombre o mujer.

Antiguo Navy SEAL se hace transgénero

Un soldado del posiblemente mejor cuerpo de élite del mundo (recordemos que los SEALs fueron quienes mataron a Bin Laden) ha cambiado de sexo y ahora es una mujer. En términos de masculinidad tradicional, no se puede llegar más lejos que un Navy SEAL. Por tanto, que uno abandone los supuestos “privilegios” que acompañan a este estatus para convertirse en una mujer, no tendría explicación según el pensamiento feminista.

Por otra parte, y ésta es una duda que he tenido siempre, si según el pensamiento feminista el género es una construcción cultural en su totalidad, no se explica cómo alguien que ha nacido varón y socializado como tal se haya sentido toda su vida una mujer (y pensaba que llegar a ser SEAL le ayudaría a curarse, pero no funcionó). Aunque hay bastantes pruebas que demuestran que el género está en buena parte socialmente construido, este tipo de historias me hacen preguntarme si es así sólo en la mayor parte, pero no en su totalidad.

La muerte de 19 bomberos en el fuego de Arizona es “insoportable”, según el gobernador

Todos estos bomberos eran varones. Sin embargo, debido a la universalidad de la experiencia masculina, no se ha adoptado una perspectiva de género ni se ha prestado atención a este particular detalle. Muy probablemente la historia habría contado con dicha perspectiva si 19 mujeres hubieran muerto cumpliendo con su deber laboral. Si se quiere llamar la atención sobre la violencia masculina, tampoco estaría mal que llamáramos la atención sobre su sacrificio por los demás.

Ascienden a 36 los jóvenes muertos por ritos de circuncisión en Sudáfrica

Otra noticia reporta que también hay casi 300 enfermos como consecuencia de estos ritos, que suelen matar todos los años una cantidad similar de jóvenes.

En Estados Unidos se calcula que hay 117 muertes al año relacionadas con la circuncisión, y lo peor de todo es que, como en otros países, es perfectametne legal. Me pregunto cuántos mueren a nivel global, teniendo en cuenta que no todos los países cuentan con una medicina como la de Estados Unidos (que tiene buena medicina, aunque un mal sistema médico, que es distinto, pero ésa es otra historia).

Comenten las noticias que más les interesen. Pueden escoger más de una. También pueden traer las suyas si están en la línea temática del blog.

Esta entrada fue publicada en Circuncisión, Feminismo, Fuerzas Armadas, Mutilación genital, Noticias, Violencia de género, Violencia doméstica. Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Resumen de noticias 07/07/2013

  1. Enrique dijo:

    El caso de la chica, a su vez, a levantado muchas críticas; desde quienes dicen que no se puede confundir una bofetada con maltrato, hasta quienes apoyan que un guantazo bien dado a tiempo nunca está mal.

    De hecho, al padre le han absuelto y la defensora dijo que el padre solo aplicó su deber de corrección: http://custodiapaterna.blogspot.com.es/2013/07/absuelven-al-padre-que-abofeteo-su-hija.html

    Lo cual muestra el fuerte poder patriarcal que hay en España, pues las leyes habrán cambiado, pero la mentalidad, de raíz franquista, no.

    En cuanto a lo de la ex-novia… No se castiga a un hombre más por ser hombre, sino cuando se hace uso de una situación predominante contra alguien que es más vulnerable. De hecho, yo, por tener cinturón primer dan de kárate, iría a la cárcel mientras que tú no, si me peleo contigo aquí en España.

    En esta página sobre kárate, dice:

    “En un juicio utilizar el karate para atacar a alguien se te penalizaría como haber atacado con un arma blanca (navaja, cuchillo…) ya que el karate se originó en Okinawa (Japón) para su uso en guerras sustituyendo a otras armas que los japoneses se negaron a utilizar”.

    En cuanto a mujer y drogas, te paso un texto en el que se informa que las mujeres, aunque estadísticamente consumen menos drogas, también salen menos de ellas y son ayudadas en una menor proporción. Asimismo, en el texto se muestra que los hombres son quienes más consumen y corren más riesgo de caer en ellas.

    http://www.pnsd.msc.es/Categoria2/publica/pdf/GyD_GuiaInformativa.pdf

    Saludos.

  2. @Enrique

    En una sociedad patriarcal es impensable que no sólo se cuestione la acción del padre, sino que además el Estado lo lleve a juicio. Recordemos también que unos vecinos denunciaron la bofetada, por lo que la mentalidad debe estar cambiando en algo. No veo aquí demasiado patriarcado. Si tu hija comienza a propinarte patadas mientras te insulta (según he leído en la segunda fuente que indiqué), probablemente un “vete a tu cuarto” está lejos de funcionar. La bofetada es quizá el último recurso que queda ante lo que no olvidemos es también una agresión física, por lo que sería además autodefensa.

    Lo que a mí me resulta curioso es que si fue la hija quien agredió primero con insultos y patadas (provocando la reacción del padre), los vecinos denunciantes no pensaran que quizá ella también estaba cometiendo un delito. Del mismo modo, algunos medios de comunicación tampoco consideraron relevante incluir esta información. La agresión de la hija hacia el padre está más normalizada que la agresión del padre hacia su hija. Dale una patada a tu padre mientras lo insultas en las sociedades más tradicionales y verás la que te espera, tanto por parte del padre como de la justicia, donde por ejemplo el parricidio era el peor de los delitos (hoy día en España el parricidio está derogado, según encontré, otra razón por la que recelo del término “patriarcado”, pues matar al padre es ahora un homicidio sin más).

    En cuanto a lo del karate, no puedes compararlo. El karate es algo que has aprendido y que se puede utilizar como arma. En un juicio te penalizan por utilizar el karate en la lucha, no por saber karate (según leo en tu extracto). Y aunque así fuera, el karate es algo que has aprendido porque has querido, no una parte inseparable de tu identidad como ser hombre. Si golpeas a alguien no puedes separarlo del hecho de ser varón. En este caso, que un hombre o una mujer le den una bofetada a su ex por celos, no tiene por qué implicar un mayor delito para uno u otro. La única variable por la que se pide una mayor pena en el primer caso es porque la acción la ha realizado un hombre, nada más.

    El documento sobre drogas recoge información sobre ambos sexos, pero se también se centra primariamente en el femenino a pesar de tratarse de un fenómeno mayoritariamente masculino (no hay un equivalente al punto 6, y sus sub-puntos, para hombres). Lo que yo comentaba es que no vamos a ver un artículo con perspectiva de género centrado en el hombre como sí lo encontramos en el caso del diario Público o en éste que me señalas, donde se trata con perspectiva de género pero centrado en la mujer.

  3. isidro dijo:

    Carlos;
    Aquí, en esta entrada, hay un punto en el que no estoy de acuerdo. Es donde dices que hay bastantes pruebas de que el género está en buena parte construido. Más bien pienso que hay muchas pruebas de lo contrario, Carlos.
    En “La Tabla Rasa” de Steven Pinker, se puede leer que, durante años, la psicología conductista, el psicoanálisis y la religión trataron por todos los medios de “rectificar” la “orientación” sexual de los homosexuales, pero sin ningún éxito.
    Si echas un ojo a este vídeo, verás un caso, de tantos, que puede ilustrar lo que digo.

    Yo tengo un matrimonio amigo que tienen dos niños varones. Uno de ellos, pese a la consternación de su madre, tiene tendencia a identificarse fuertemente con el sexo opuesto.

    Pero pensemos un poco en un hecho que ningún ideólogo de “género” puede explicar. Para muchos homosexuales de todo el mundo y a lo largo de la mayor parte de la historia, su condición sexual ha sido un terrible calvario. ¿Quién, en su sano juicio, querría enseñar a su hijo a identificarse con el sexo opuesto y a fomentar el deseo sexual por el sexo propio? Podemos estar seguros que ni los padres de los homosexuales ni ellos mismos tienen poder para “orientar” el deseo sexual de nadie.
    Louuan Brizendine, una estudiosa de los sexos, afirma que, ella, cuando era una madre progre e igualitarista, le daba a su hijo de cuatro años muñecas para que jugaran con ellas. El niño las utilizaba como lanzas. Jesús Mosterín (en “La Naturaleza Humana”) cuenta el caso de unos padres que daban camiones a su niña pequeña. Y la pequeña arropaba los camiones. Pinker también cuenta el caso de un niño a quien se le amputó por accidente el pene siendo bebé (creo que al hacerle la circuncisión). Por recomendación médica (influidos los médicos por el feminismo imperante), los padres trataron a la criatura como a una niña en todos los sentidos. Cuando “la niña” creció, se hizo patente su angustia por una identidad que no sentía propia. Al fin, le tuvieron que contar la verdad. Se operó (según creo recordar) y se casó con una mujer. Ahí acabó su calvario.

    El cerebro tiene sexo. No creo que haya ningún científico serio que lo pueda negar. Y hay algo más en lo que podemos reparar para entender que las diferencias en conducta entre hombres y mujeres no tienen un origen social o cultural. El dimorfismo sexual de los cuerpos. La diferencia entre machos y hembras humanas se remonta a los orígenes de la especie, mucho antes de que existiera un lenguaje verbal articulado con que transmitir la cultura o cualesquiera ideas. Es un dimorfismo animal, con origen natural, no cultural. Ese dimorfismo, como es obvio, se mantuvo cuando el ser humano adquirió el don del lenguaje. Y con el lenguaje y andando el tiempo, los humanos montaron ideologías para explicar el dimorfismo preexistente. No es que la cultura (machista) diera origen al dimorfismo físico humano, sino que el dimorfismo original dio lugar a explicaciones culturales, religosas o odeológicas.
    Los varones tienen un campo visual más estrecho que las mujeres, debido, según los investigadores, a que el varón evolucionó en un ambiente en que tenía que cazar: tenía que centrar la mirada y la atención en un blanco lejano (la caza o el enemigo). Y esto explica, en parte, por qué hay más niños varones que mueren atropellados por coches al cruzar la calle que niñas (matrimonio Pease). Estas diferencias perceptivas escapan por completo a cualquier supuesto adiestramiento sexista (de hecho, ¿qué padre las conoce como para poderlas enseñar o adiestrar?). Heredamos esas diferencias por vía genética y nadie la implanta ni puede hacer nada para evitarlas, cambiarlas o corregirlas por medio de la educación.

    No digo que todas las diferencias entre hombres y mujeres tengan un origen natural, ni que la cultura no tenga nada que decir en todas las diferencias observables, pero el grueso de las diferencias tiene un origen natural.

    ¿Por qué están empeñadas las feministas en negar el origen natural de estas diferencias y de las funciones que cada sexo ha desempeñado a lo largo de la historia?
    – Hay muchas razones. Expondré unas cuantas. El miedo a un posible determinismo natural o instintivo está detrás de la ideología del constructivismo social. Pinker explica que ese miedo ha llevado a muchas feministas al error de creer que los violadores no obedecen un instinto ciego sino a una enseñanzas patriarcales opresoras de la mujer. Y si algo se aprende -piensan-, ese algo se puede desaprender. Y esto explica que sean muchos los violadores que, tras recibir unas cuantas clases sobre el respeto que merece la mujer, hayan vuelto a la calle y hayan vuelto a violar a mujeres. Es que no han “aprendido” a violar, ni nadie les ha enseñado eso.
    – Otra razón es que, al dar importancia suprema a la educación, las feministas han encontrado un potosí de negocios. Ahora se puede erigir como las nuevas educadoras y transformadoras de la sociedad. Algo que ha dado trabajo a un sinfín de psicólogas, orientadoras, estudiosas de “género”, consejeras, periodistas,, etc.
    – La ideología de género permite presentar al hombre como alguien tiránico y a la mujer como una víctima, una esclava de él. El hombre es presentado como un tirano consciente y manipulador. Ello no sería posible si se entendiese que las diferencias entre hombre y mujeres tienen un origen natural en su mayor parte.

    En mi opinión, Carlos, nos hacemos un flaco favor al adoptar parte del lenguaje feminista más sustancioso. Así, por ejemplo, cuando decimos “mi género” en vez de “mi sexo”. El feminismo nos explica que por “sexo” (masculino o femenino) sólo se hace referencia a las características primarias y secundarias del sexo: genitales, esqueleto, vello,barba, etc. Pero es falso. Cuando decimos “mi sexo es masculino” estamos diciendo mucho más que eso. De acuerdo con la ciencia, estamos diciendo que nuestro cerebro es masculino y que nuestro comportamiento es masculino. No nos hace falta una nueva palabra (“género”) para designar la conducta y mentalidad masculina o femenina. Al emplear esa palabra o palabro (en español tienen género las palabras, no las personas), creo, insisto, que nos hacemos un flaco favor, pues les estamos dando la razón a las feministas en cosas esenciales que en absoluto están probadas ni la investigación avala. Sabrás, por cierto, que en los países nórdicos, abanderados de las políticas de “género” han decidido retirar las ayudas a las feministas de “género”, gracias a un vídeo elaborado por un cómico famoso (creo que con estudios sociales o psicológicos).
    En fin, Carlos, disculpa la longitud del escrito. Yo creo que, por lo que dices, no estás muy lejos de reconsiderar el dogma de fe de que las personas aprendemos un “género”. Creo que un hombre de tu agudeza intelectual no ha de ser presa fácil de quienes viven de falacias y dogmas de fe.

    Saludos.

    • @Isidro

      Gracias por sacar el tema. Es algo donde quiero aclarar mi postura, porque lo que escribí aquí no la refleja correctamente. Cuando digo “buena parte”, quiero decir precisamente eso: “buena parte”, no “la totalidad”, porque desde luego la biología juega un papel fundamental. He leído Tabula Rasa y de hecho lo recomendé en la sección de comentarios sobre el origen de la dominación masculina (III), donde también hablé del documental nórdico que mencionas y su efecto en los institutos de género de la zona.

      Hablas del género en términos de identidad sexual y orientación sexual, donde efectivamente las explicaciones culturales no son posibles (como admití en la entrada). Lo que ocurre es que mi definición de género parece ser distinta de la tuya, aunque contenga cosas en común.

      Si el sexo habla de la realidad biológica, el género habla de las expectativas sociales y culturales impuestas sobre dichos cuerpos. Por ejemplo la idea de que “los hombres no lloran”, no tiene que ver con la biología porque tanto hombres como mujeres pueden llorar, biológicamente hablando, pero la sociedad lo permite más a las mujeres que a los hombres, al menos en la nuestra. Eso es género. Y como categoría social y cultural varía entre pueblos, momentos históricos e incluso clases sociales. Por tanto, que en la cultura judeo-cristiana (a grandes rasgos) se asuma que el hombre, por ser biológicamente varón, ha de ser heterosexual, es una imposición de género. En otras culturas había más flexibilidad en este sentido.

      Existen infinidad de ejemplos: la feminidad de la mujer japonesa es distinta a la de la mujer occidental. Al mismo tiempo, la feminidad de la mujer occidental es distinta hoy que hace 50 años. La masculinidad de los ejecutivos es distinta de la del trabajador de la construcción, etc. Y con masculinidad y feminidad me refiero a las expectativas sociales y culturales, por supuesto.

      Por norma general la biología sirve para explicar lo que muchas civilizaciones tienen en común, incluyendo en las relaciones de género, pero la cultura es lo que explica las diferencias. Y la diferencia entre las expectativas de la mujer sueca y la afgana, por ejemplo, pueden ser bastante drásticas, aunque compartan cosas. Ahí es donde está el género como construcción social y cultural.

      Un consejo que Pinker ofreció al feminismo, y considero que el masculinismo debería seguirlo, es que nuestra moral y nuestra ética no deberían estar vinculados a los resultados de la biología. Sólo tienen que ser conscientes de ella. La desechabilidad masculina puede tener orígenes biológicos, como la mayor probabilidad de supervivencia de una tribu pequeña si decide mandar a los hombres a la guerra y mantener a las mujeres a salvo, en lugar de hacer lo contrario. Ahora bien, que pueda haber orígenes biológicos en la desechabilidad masculina, no significa que debamos aceptarla como algo natural e inevitable.

      Hemos de reconocer la influencia de la biología para tener un conocimiento más completo de por qué ocurren las cosas, pero tampoco podemos olvidar que en la desechabilidad masculina, entre otros fenómenos, hay una expectativa social y cultural que se suma al condicionamiento biológico. Puede que la desechabilidad masculina fuera una buena estrategia de supervivencia, pero no por ello (especialmente hoy día con circunstancias muy diferentes) deja de ser condenable. Y por supuesto no insinuo que tu pienses lo contrario. Sólo quiero aprovechar ya que sacas el tema para dejar clara mi postura.

      En cualquier caso, la biología no es destino y no deberíamos rendirnos a ella, pero tampoco podemos fingir que no existe. Si mal no recuerdo Pinker decía que la biología era aproximadamente el 50%, y otros factores (como la cultura) el resto. Pero sea cual sea el porcentaje, lo que me gustaba era lo que repetía una y otra vez en el libro: “la biología influye, pero no determina”. A esta afirmación yo añadiría también que tampoco debe ser “determinante” en nuestra toma de decisiones. Algo que él decía en otras palabras.

      Para resumir mi opinión: sé que la biología está ahí, pero si para liberar al varón de todas las influencias nocivas que terminan en su explotación e infelicidad tengo que pasar por encima de ella, o ir contra ella, a buen seguro que lo haré.

  4. isidro dijo:

    Carlos, si lo más importante en todo esto es estar en contra de las injusticias que sufre el hombre y que el feminismo (o las mujeres en algún sentido) lo considere desechable, tú y yo estamos plenamente de acuerdo; por eso aplaudo tu trabajo y te felicito por tus argumentos e ideas, siempre bien fundados y brillantes a mi parecer.
    En lo demás, coincido en muchas cosas, pero no en otras, como es natural. Yo no soy masculinista de género. Creo que tú si te consideras así. Seguramente, yo estoy más cerca del masculinismo legalista. Quiero explicarme con cierto detalle. Disculpa si me extiendo en demasía.

    Dices:
    ” la feminidad de la mujer japonesa es distinta a la de la mujer occidental. Al mismo tiempo, la feminidad de la mujer occidental es distinta hoy que hace 50 años. La masculinidad de los ejecutivos es distinta de la del trabajador de la construcción, etc. Y con masculinidad y feminidad me refiero a las expectativas sociales y culturales, por supuesto.”

    Mi opinión es que, bajo el festival pirotécnico de la diversidad cultural, lo que hallamos es un mundo de universales psicológicos e instintivos. La cuestión es: ¿de dónde nacen las expectativas sociales y culturales? ¿Cómo se conforman? Ya Pinker habló de esto si no recuerdo mal. Eso que llamamos sociedad no es un supra-organismo con inteligencia y deseos. En rigor, la sociedad, puesto que no es un organismo vivo, no tiene ninguna expectativa. Las expectativas las tenemos los humanos, los hombres y las mujeres, los individuos, las mentes. La masculinidad es universal, como universal es el hombre, y la feminidad también. Lo que ocurre es que estamos preparados por nuestra naturaleza para comportarnos de manera diferente en función de la percepción de las circunstancias que nos rodean. Hoy, por ejemplo, las mujeres de Occidente seguramente no valoran tanto la virilidad y el arrebato temperamental en el hombre como la inteligencia y la creatividad, pues hoy, aquí, para proveernos de recursos, necesitamos, muchas veces, más inteligencia que fuerza, valor y virilidad. Helen Cronin decía con acierto que la población masculina es mucho más heterogénea que la femenina. Esto es un reflejo de nuestro pasado evolutivo: los hombres seleccionados son muy diferentes: fuertes, ingeniosos, creativos, brutos, temibles… La inteligencia puede sacarnos de un apuro, pero también la fuerza o el coraje. Por eso es posible que encontremos a muchas mujeres, especialmente hoy, que desean hombre inteligentes antes que hombres rudos, valerosos y temibles. Pero no nos dejemos confundir. Si la situación económica cambiase y hubiese muchos delitos y violencia (o una guerra), las mujeres empezarían a preferir a hombres valerosos y viriles. Puedes encontrar muchas variaciones, pero sobre el mismo tema. Hay algo que no cambia en el concepto de masculinidad: las mujeres demandan a los hombres que las protejan y provean. Esto -así lo veo yo- es un universal. ¿Cultural? Claro, pero porque es un universal natural.

    Contamos con datos científicos sobre ello. El 92% de las mujeres de cualquier parte del mundo declara que no se casaría con un hombre que ganara menos que ellas. Aquí no hay cultura que valga: hay un fortísimo instinto femenino, como lo hay en la leona que elige como padre de sus hijos al león líder, al más fuerte y feroz.

    Mirad qué perla he encontrado buscando por la web.

    http://consejosamor.about.com/od/Teconviene/a/10-Hombres-Que-No-Te-Convienen-Si-Buscas-Una-Relacion-Seria.htm

    Saco un extracto de lo que nos interesa. Son los consejos que una mujer da a otras cuando buscan una relación en serio:

    ” El hombre femenino. Ten cuidado con los hombres “muy sensibles” o “artistas” que solo buscan que tú le des algo (cariño, comprensión, comida caliente, sexo) pero ellos no dan nada a cambio. Este es un comportamiento infantil que te resultará muy frustrante. Los niños reciben y hacen travesuras, mientras que los verdaderos hombres dan, proveen y protegen.”

    Y esto lo dice una mujer de hoy y de aquí, donde las feministas han machacado y denostado el arquetipo de hombre machote y protector hasta la náusea. Pocas cosas hay nuevas bajo el sol.

    Dices que es una expectativa de género eso de que los hombres no lloran. De nuevo, son las mujeres de carne y hueso quienes esperan de los hombres que no lloren. Y es cierto que los hombres lloramos, por supuesto. Pero lloramos mucho menos que las mujeres y de manera diferente. En concreto, 4 veces menos. Y cuando lo hacemos, lo hacemos por menos tiempo: 4 minutos los hombres; 6 minutos las mujeres. Los hombres, además, apenas sollozan. No lo digo yo. Lo dice “un informe que acaba de publicar la Sociedad Alemana de Oftalmología, los especialistas por antonomasia en todo lo que tiene que ver con los ojos.”

    http://www.dw.de/las-mujeres-lloran-cuatro-veces-m%C3%A1s-que-los-hombres/a-4790706.

    Copio y pego lo de más interés para el caso que discutimos:

    1. “En el estudio, los oftalmólogos llegan a la conclusión de que hasta la edad de 13 años, niños y niñas lloran más o menos con la misma asiduidad. Pero luego. la cosa cambia”

    2. “Y cuanto lloran (las mujeres), sólo el seis por ciento de los hombres rompen en sollozos, mientras que en el caso de las mujeres, es el 65 por ciento. Esa diferencia tiene consecuencias: “los efectos de las lágrimas de mujer son más dramáticos y conmovedores”, dice Elisabeth Messmer, de la Clínica Oftalmológica de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich.”

    3. ·Con respecto a las razones, Messmer llega a la conclusión de que las mujeres lloran cuando creen tener demasiados defectos, se hallan ante conflictos de difícil solución o recuerdan tiempos pasados. A los hombres, por el contrario, lloran más por compasión, por ejemplo en el cine, o cuando la propia relación sentimental termina en fracaso.”

    Es interesante lo de que sólo el 6% de los hombres rompen en sollozos, en comparación con el 65% de las mujeres (¡los hombres sollozan 11 veces menos que las mujeres!). La misma investigadora da la clave: las lágrimas de la mujer son más dramáticos y conmovedores. ¿Género o sexo? Obsérvese que mucho antes de los trece años, los niños varones ya han oído muchas veces eso de que los hombres no lloran. Sin embargo, lloran tanto como las niñas, a quienes nadie les dice que las mujeres no lloran. Es decir, el adiestramiento para no llorar es completamente inútil en los niños. La razón es, así lo supongo, que a partir de los 13 años los niños experimentan cambios hormonales que los hace menos propensos al llanto que las chicas.

    No menos interesantes son los motivos del llanto. No puede sorprenderme que los hombres, por ser los protectores y proveedores, lloren por compasión.

    Cabe preguntarse lo siguiente: un chico que, llegada la pubertad, llorase tanto como una chica y de la misma manera (con frecuente sollozos, etc.), ¿resultaría atractivo para las chicas? Yo no lo creo, la verdad. Por mucho que pueda variar el gusto de las mujeres en cuanto a qué les gusta de los hombres, difícilmente llegaremos al extremo de que a las mujeress les guste un chico llorón. ¿Se puede hacer algo contra esto? Si tuviese más peso el género (la educación) que el sexo (la naturaleza), podríamos albergar la esperanza de que la educación pudiera hacer que los hombres llorones resultaran atractivos para las mujeres. Mucho me temo que no será así. Tampoco podemos hacer nada para cambiar el gusto de los hombres por las mujeres jóvenes y con ciertas proporciones físicas. Entendámonos: la educación debería conseguir que las chicas y los chicos respetasen al chico más llorón de lo normal y también respeto para la chica poco agraciada o gorda. Eso sí, y ya es mucho. Pero si un chico quiere algo más que respeto de las mujeres, si quiere gustarles, mi conjetura es que, diga lo que diga la educación, ese chico deberá no llorar tan a menudo como una chica, por no decir nada. Y si una chica gorda quiere algo más que respeto, tendrá que ponerse a dieta y cuidar su aspecto.

    Por todo esto soy, antes que nada, masculinista legalista: quiero que impere la razón en lo público, legal, social y estatal; pero no me hago muchas ilusiones en cuanto a las relaciones interpersonales y entre hombres y mujeres. La ley debe ser igual para todos; ahí no hay dudas. Pero en el terreno personal sé que muchas mujeres se sentirían ninguneadas si no me mostrase caballeroso con ellas, si no les cediera el asiento o les abriera la puerta del coche. Porque, más allá de lo que diga una u otra ideología, sé que lo que esperan las mujeres de un hombre es que las proteja y provea, o que les haga la corte. El que no lo haga, que no espere tener nada serio con casi ninguna. La confusión no es del hombre, sino de la mujer. Son ellas las que, ahora, no saben si desean a un caballero (machista) o a un tío que las trate sin deferencias. Se hallan entre los recados de la naturaleza y los de la ideología feminista que suelen profesar. Llamar señorita a una mujer joven y soltera es, nos dicen las feministas, un acto de machismo. ¿Pero quién es el guapo que se atreverá a llamar señora a una chica de veinte años? Pienso que hay cosas que pertenecen al mundo del cortejo natural entre machos y hembras, de modo que en ese terreno no debe importarnos demasiado que el hombre no trate a la mujer como a un igual, sino como a alguien más valioso que él. Por feo que esto suene, es lo que llevamos dentro hombres y mujeres. Es en el terreno legal y público donde hombres y mujeres deben ser iguales sin excepción. Lo que pasa es que, como tú muy bien has demostrado, Carlos, las relaciones entre lo público y estatal y el mundo privado e interpersonal de hombres y mujeres no están por completo separados. Cuando las mujeres quieren pueden utilizar todo su poder natural para conseguir de los hombres lo que quieran, incluso que vayan a una muerte segura. Esto no es fácil de controlar.

    Por último, Carlos, quiero señalar que, como bien sabrás, no es lo mismo que algo tenga un origen natural o que tenga un origen cultural o ambiental. Debemos conocer el origen de ciertas anomalías o injusticias para poder corregirlas bien. Pinker lo explicaba muy bien en el caso de las violadores. Las feministas quieren creer que los violadores violan no por satisfacer un instinto sino por motivos machistas, por aterrorizar a las mujeres. Todos queremos que no haya violaciones, ¿pero cuál es la solución racional? Sólo cuando somos conscientes de que el violador viola por satisfacer un instinto incontrolado somos capaces de imponer una solución racional eficaz. Si creemos que la violación tiene origen educativo, erraremos el tiro y no daremos con la solución. En otros caso será al revés.

    No sé si me he explicado bien. Tampoco quier extenderme más. Creo, en cualquier caso, que estamos en la misma trinchera.

    Saludos.

  5. @Isidro

    Gracias por tus aportaciones. Creo, al igual que tú, que nuestras posiciones están más cerca de lo que en principio parece. Como dije, no tengo nada contra la postura biológica mientras se dirija a explicar fenómenos (y posiblemente ofrecer soluciones en ese sentido), siempre que no sea para justificarlos.

    La línea que demarcaste en tu comentario es la misma que yo sostengo. Que se respeten las preferencias de la gente (siempre que no hagan daño a nadie), que es distinto a que esas preferencias tengan que ser adoptadas por la mayoría. En el tema que presentaste sobre la atracción sexual, desde luego que no se puede esperar de nadie que vea algo más atractivo que otra cosa porque lo eduquen en ello. Eso es incontrolable. Pero veo distinto a que la chica gordita (por seguir tu ejemplo) haga dieta para que conseguir algo que quiere, lo cual no veo mal, a que lo haga porque de otra forma le hacen la vida imposible.

    En cuanto a llorar, aunque biológicamente sea como expones, no quita que al niño se le penalice socialmente más que a la niña por llorar (pese a que lloren igual), y a eso es a lo que voy. También del hombre se espera que llore menos, pero no sólo porque biológicamente lo haga menos, sino porque está peor visto. No tiene por qué ser una cosa u otra. Tanto biología como cultura son piezas que nos ayudan a explicar la realidad.

    Para mí aunque las explicaciones biológicas tengan valor, tiendo a considerarlas incompletas. Puede que la violación tenga un origen biológico, en el oportunismo sexual (cosa que defendí en la entrada sobre los Sanfermines), pero también es cierto que a veces se emplea como arma de guerra de forma consciente para desmoralizar a la población o con propósitos que no son necesariamente sexuales. Del mismo modo, la violación dentro del matrimonio no se entiende como tal en algunas culturas, y ése es por ejemplo un aspecto cultural de la violación donde examinar únicamente la biología me resulta insuficiente.

    En cualquier caso, estoy de acuerdo en que desestimar la biología es un error, y que culpar del todo al Patriarcado o a la sociedad puede ser intelectualmente perezoso (la idea de que el patriarcado era universal porque se expandió a partir de una cultura siempre me ha parecido una barbaridad descomunal). En cualquier caso, creo que hay aspectos sociales y culturales importantes que se superponen con la biología, y creo que en estos primeros podemos hacer más que en los últimos.

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