El control social del varón: vergüenza tradicionalista y culpabilidad feminista

El principal mecanismo de control social en la inmensa mayoría de las culturas se basa en la existencia de la ley y su aplicación, pero no es el único. Los antropólogos contrastaron las sociedades Occidentales con las de Asia Oriental y clasificaron ambas en dos categorías: sociedades de culpabilidad y sociedades de vergüenza respectivamente, aunque es necesario clarificar las sociedades de culpabilidad también utilizan la vergüenza como control social y viceversa.

En este artículo explicaremos cómo ambos mecanismos son aplicados para el control social del varón desde las dos ideologías que pretenden definir la masculinidad actual: el tradicionalismo y el feminismo. Primero hablaremos de los conceptos de sociedad de vergüenza y sociedad de culpabilidad de un modo general y finalmente nos concentraremos en su utilización cuando se trata del varón.

¿Cómo funcionan las sociedades cuyo control social se basa en la vergüenza? A continuación  encontrarán una introducción basada en el artículo de la Wikipedia inglesa. La traducción es mía.

En antropología cultural, la cultura de la vergüenza, también llamada cultura del honor-vergüenza  o sociedad de la vergüenza, es el concepto de que, en una sociedad determinada, el instrumento primario para ganar control sobre los niños y mantener el orden social es la inculcación de la vergüenza y la amenaza complementaria del ostracismo (…).

Paul G. Hiebert caracteriza la sociedad de la vergüenza de la siguiente manera:

La vergüenza es una reacción a las críticas de otras personas. Un agudo desazón por nuestro fracaso de no cumplir con nuestras obligaciones y las expectativas que otros tienen de nosotros. En las verdaderas culturas de la vergüenza, cada persona tiene un lugar y un deber en la sociedad. Uno mantiene su auto-respeto no escogiendo lo que es bueno en lugar de lo que es malo, sino escogiendo lo que se espera de uno.

El deseo personal es derribado por la expectación colectiva (…). La vergüenza es eliminada y el honor restaurado sólo cuando una persona hace lo que la sociedad espera de él o ella en dicha situación, incluyendo cometer suicidio si es necesario.

Ahora vamos a explorar cómo este mecanismo se aplica al control social del varón y particularmente a su masculinidad.

Si bien las sociedades occidentales han sido categorizadas como sociedades de culpabilidad, cuando se trata del rol de género masculino el mecanismo de control social más recurrente ha sido sin lugar a dudas la vergüenza. Si uno no se comporta “como un hombre” puede esperar las consecuencias descritas en esta traducción: desazón por no cumplir con las expectativas sociales, ostracismo y verse empujado a cometer las acciones que la sociedad espera de uno para recuperar la honra y ser aceptado.

Por otra parte, evitar esa vergüenza también tiene consecuencias, como someterse a las expectativas culturales y anular el deseo personal para complacer al grupo o al resto de la sociedad. Un niño puede querer jugar con muñecas, por ejemplo, pero para evitar la vergüenza deberá suprimir su individualidad y jugar con juguetes “masculinos”, complaciendo así al grupo social más cercano.

La otra consecuencia, mucho más terrible, consiste en hacer lo que la sociedad espera de uno en lugar de lo que está bien o está mal. El vengarse violentamente de otros por una afrenta al honor (que no ha sido necesariamente violenta, como por ejemplo un insulto), puede ser moralmente reprobable para el hombre afectado, quizá considerándolo como desproporcionado. Sin embargo, ese mismo hombre reaccionará violentamente para reafirmar su masculinidad, independientemente de si él piensa que fue o no moralmente correcto, para no sufrir las consecuencias de la vergüenza. Curiosamente, mientras en las sociedades de la vergüenza las mujeres pueden morir por no obedecer los mandatos sociales, los hombres tienden a morir justamente por obedecer dichos mandatos.

Es necesario destacar que la vergüenza no se preocupa por lo que tú sientas en tu interior, sino por lo que manifiestas en el exterior. No hay problema con que tú quieras jugar con muñecas, el problema es que te observen haciéndolo. Si nadie te ve, no hay crimen. Como veremos ahora, la culpabilidad tiene otras características.

¿Cómo funcionan las sociedades basadas en la culpabilidad? Veamos una nueva traducción al respecto:

En antropología cultural, la cultura de la culpabilidad, o la sociedad de la culpabilidad, es el concepto de que en una determinada sociedad el principal método de control social es la inculcación de sentimientos de culpa sobre comportamientos que el individuo considera indeseables (…).[Mientras] las culturas de la vergüenza se basan en los conceptos de honor y orgullo, donde las apariencias son lo que cuenta, las culturas de la culpabilidad se basan en la conciencia individual.

Paul Hiebert caracteriza las sociedades de culpa de la siguiente manera:

La culpabilidad es el sentimiento que surge cuando violamos nuestros estándares absolutos de moralidad. Cuando violamos nuestra conciencia. Una persona puede sufrir de culpa incluso cuando nadie conoce su fechoría. Este sentimiento de culpa se alivia confesando su fechoría y efectuando una compensación [o penitencia]. Las verdaderas culturas de la culpa dependen de una convicción interiorizada del pecado para hacer cumplir el buen comportamiento, y no, como las culturas de la vergüenza, en sanciones externas. Las culturas de la culpa destacan el castigo y el perdón como formas de restaurar el orden moral (…).

¿Podemos clasificar al feminismo entre las culturas de la culpabilidad en el caso de varón (y en ocasiones, de la mujer)? Quizá no al mismo nivel que el catolicismo, la cultura de la culpa por excelencia, pero cuenta con suficientes rasgos como para que podamos hablar de la existencia de una culpabilidad feminista que sirve como mecanismo de control del varón. Por supuesto, al igual que en el caso del catolicismo, para que el individuo sienta culpa debe haber aceptado e interiorizado buena parte de sus conceptos.

Las principales fuentes de culpabilidad suelen encontrarse en dos lugares:

1. El concepto de privilegio masculino. Cuando se conciencia al varón de que tiene ventajas inmerecidas sólo por su sexo y que por tanto ha de ceder sus privilegios para hacer justicia.

Concienciar al varón de que cuenta con ventajas inmerecidas (sin tratar en profundidad la terrible opresión inseparable de estas ventajas), supone una buena forma de activar su sentimiento de culpa para trabajar por los objetivos del movimiento.

2. La categorización del varón como opresor. Resaltar el papel histórico y actual del varón como opresor (sin tratar en profundidad cómo el hombre también ha sido oprimido por serlo).

Incluso cuando un hombre en particular no ha oprimido a nadie, todavía forma parte de la clase opresora por haber nacido varón. Lo único que puede hacer para mitigar su condición natural de opresor es unirse al movimiento feminista y trabajar para lograr sus objetivos. La culpabilidad es buen motor para lograrlo.

También es necesario recordar que el feminismo no se originó en un vacío cultural, sino que se desarrolló en sociedades de corte cristiano. Siendo el cristianismo en general, y el catolicismo en particular, culturas de la culpa, no es de extrañar que ambas ideologías compartan aspectos similares.

Como ya mencionamos en anteriores entradas, el feminismo cuenta con su propia mitología, centrada en lo que yo denominé como el pecado original feminista. Aquella teoría en la que el hombre se rebeló contra el gobierno pacífico de la mujer y la sometió para beneficio propio inventando los roles de género. Supuestamente, la traición original echó raíces y se expandió por todo el mundo mediante la migración o la conquista.

Si en el pecado original cristiano es la mujer (rápidamente seguida por el hombre) quien traiciona a Dios mordiendo la manzana y originando todos los males que hoy nos plagan, en el pecado original feminista es el hombre quien traiciona a la Diosa (la mujer), adueñándose de la reproducción y originando todo el sexismo que hoy nos plaga. Al igual que el pecado original cristiano se hereda de los padres y sólo se limpia mediante el bautismo, el pecado original feminista también se hereda al nacer (si eres varón): el privilegio y la categoría de opresor. Sólo bautizándote en la fe correcta, el feminismo, puede uno mitigar el daño. Y aunque no existe nada parecido al sacramento de la confesión en el feminismo, internet nos muestra numerosos ejemplos donde feministas confiesan sus pecados contra la ideología. La búsqueda “feminist confessions” ofrece una importante cantidad de resultados.

Algunos ejemplos de esta culpabilidad feminista los podemos encontrar en el artículo del feminista Hugo Schwyzer “La culpabilidad es buena, pero la responsabilidad es mejor“. Como su título indica, la culpabilidad sirve como motor para que el hombre medite en su privilegio/opresión, pero la idea no es que se quede en esa fase, pues no sirve al movimiento para nada, sino que reaccione y tome responsabilidad. Que actúe para mejorar las cosas.

Otro ejemplo lo podemos encontrar en el artículo de la masculinista Typhonblue (que me gustaría traducir un día) titulado “Tu hijo, el enemigo”, donde critica a una madre feminista por intentar inculcar a su hijo pequeño que es un privilegiado por ser varón. Typhonblue teme que como los niños no son los mejores pensadores abstractos, lo único que le quede en la mente es la culpabilidad por una parte de sí mismo que no puede cambiar: ser varón. Simplificando: “mi condición de varón es mala”.

También es necesario destacar que si bien esta culpabilidad afecta principalmente a los varones, las mujeres no están exentas. Un ejemplo de ello es la sección (un)feminist guilty pleasures o placer culpable (no) feminista del conocido blog Feministing. En ella se tratan programas de la cultura popular (series, películas, etc.) que no son “políticamente correctos” desde una perspectiva feminista, pero con el que la espectadora disfruta pese a todo. Ese disfrute, sin embargo, va asociado a un sentimiento de culpa, porque como feminista no debería estar viendo un programa que promueve el sexismo. Pero por supuesto hay muchos otros ejemplos.

He dejado para el final este fragmento sobre la cultura de la culpa por tratarse del más controvertido:

Existe una clara oportunidad en estos casos para la figuras de autoridad de obtener poder, dinero y/u otras ventajas, etc. manipulando las condiciones de culpa y el perdón de la culpa.

¿Dónde están las condiciones de la culpa? Cuando el feminismo declara que existe discriminación, suele señalar como prueba los distintos porcentajes de hombres y mujeres en la política, en los cargos directivos de las empresas, en las facultades de ingeniería, puestos en la academia, etc. La culpa consiste en esta desigualdad.

Para el perdón de la culpa o absolución, es necesario que se establezca esta igualdad. Mientras ello no se consiga, será necesario que el gobierno invierta dinero en becas, programas, institutos de la mujer, subvenciones, etc. que pueden servir o no para resolver la discriminación, pero que en todo caso benefician a las figuras de autoridad, a quienes podríamos llamar “feministas de Estado”: aquellos que viven del feminismo institucional.

Mi consejo para los varones que leen este blog es, una vez más, es que no dejen a nadie beneficiarse de su hombría: ni a tradicionalistas ni a feministas. Que sean conscientes de estos mecanismos de control y que definan por sí mismos su masculinidad. Ninguna de estas ideologías tiene sus mejores intereses en mente.

Esta entrada fue publicada en Feminismo, General, Quién se beneficia de tu hombría, Relaciones de poder, Roles de género, Tradicionalismo y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

11 respuestas a El control social del varón: vergüenza tradicionalista y culpabilidad feminista

  1. Enrique dijo:

    Recuerdo que el feminismo no habla de varones a secas, sino de sistema, y que también menciona claramente cómo las mujeres son también reproductoras del sexismo.

    Ahora bien, en cuanto a la culpa de dominar por ser varón… Nadie habla de culpa, sino de privilegio a secas. Si no, el feministmo diría: “Eh, chicos, irresponsables traidores de mierda, ¿por qué no os tiráis por un puente? No. En su lugar, el feminismo dice: “Bueno, nosotras sufrimos esto, vosotros sufrís lo otro. Todo el mundo sufre; pero según hacia dónde camina la sociedad, vosotros lo tenéis mejor. Así pues, repartámonos las tareas y listo”.

    Pero en fin, cuando se presenta un masculinista a hablar de igualdad, resulta que dice: “Oh, no me cogería el permiso por paternidad, que si no tendría represalias por parte de mi jefe”. Vaya, y que sigan haciéndolo las mujeres, ¿no? Y luego, después, nos quejamos y de paso decimos: “Es que yo tuve que aguantar a mi jefe/a”. En fin, verlo para creerlo.

    Pero bueno, pues nada, mañana habrá que dejar de decir también que los chicos y las chicas de familias ricas llegan a tener un mayor nivel académico gracias al dinero de su papá y su mamá, más que por su esfuerzo, como las personas pobres. Si es que… pobrecita la gente privilegiada, que los y las oprimidos/as queremos quitarle el privilegio y uff.

    Y mira, sí, me siento taaaaan culpable por ser varón y feminista, que todos los días me flagelo la espalda para expurgar mi tremendo pecado. Deberías hacerlo tú también, que si no irás al machinfierno o al feministinfierno, o lo que hayamos creado para los que no se sometan ante nuestra tiranía, muajajajaja.

    Voy a coña, ya lo sabes. No te enfades, please. 😛.

  2. Kuxille dijo:

    ¡Hey!
    ¿Qué estás diciendo ?Vaya luego las victimistas somos las feministas , ejem , ejem
    Pues sí , hay gente privilegiada y gente no privilegiada.En cuestiones de género ,de clase , de raza.¿Qué no nos podemos quejar de la falta de equidad en la sociedad porque “controlamos a los privilegiados/as”?¿De qué vas?Por supuesto que hay buscar la igualdad de oportunidades (una de verdad , no la que existe).

    Que mala gente somos .Disculpen los privilegiados/as , no vayan a hacer examen de conciencia y a darse cuenta que están donde están por ser lo que son , que han nacido con ases en la maga , no vayan a darse cuenta que no son ni tan inteligentes, con clase como creían.No vayamos a turbarles , que mientras ellos/as sienten vergüenza (los que la tengan ) y culpa , el resto …¿vergüenza y culpa? les encantaría tenerlas.

    Mira sinceramente , yo seguiría siendo feminista , pero me cambiaba a pelo ser un privilegiado de género.

  3. @Enrique

    Dices: “Recuerdo que el feminismo no habla de varones a secas, sino de sistema, y que también menciona claramente cómo las mujeres son también reproductoras del sexismo.”
    Por eso he dicho que la culpabilidad no afecta únicamente a los varones, sino también a las mujeres feministas (aunque de distinta forma, claro).

    Dices: “Ahora bien, en cuanto a la culpa de dominar por ser varón… Nadie habla de culpa, sino de privilegio a secas.”

    El catolicismo tampoco habla directamente de culpa, pero está implícita igual que ocurre en el feminismo, porque nadie puede ser un opresor y quedarse tan tranquilo salvo que sea un malvado. Si eres buena persona pero te convencen de que eres un opresor, el sentimiento de culpa es inevitable.

    Dices: “Pero en fin, cuando se presenta un masculinista a hablar de igualdad, resulta que dice: “Oh, no me cogería el permiso por paternidad, que si no tendría represalias por parte de mi jefe”. Vaya, y que sigan haciéndolo las mujeres, ¿no? Y luego, después, nos quejamos y de paso decimos: “Es que yo tuve que aguantar a mi jefe/a”. En fin, verlo para creerlo.”

    No sé si ésta es la parte que va de broma, porque se asemeja a lo de inculcar un sentimiento de culpabilidad por no cumplir con los estándares de moralidad de género, como señalé en la entrada. De todas formas clarifico para que no se malinterprete lo que dije.

    Si me siento en una situación de vulnerabilidad donde considero que mi trabajo podría estar en juego sin muchas posibilidades de encontrar otro a corto plazo (o me harían la vida imposible para que me fuera yo) por tomarme más días de lo que otros consideran socialmente aceptable para un hombre, pues no, no me tomaría toda la baja que me corresponde. Mi primera obligación sería con mi esposa e hijos de tener un trabajo y traer un salario, no con un ideal.

    Puedo seguir contribuyendo a esta causa votando a partidos políticos que quieran implantar la obligatoriedad de la baja paternal, por ejemplo. Mi despido no solucionaría mucho.

    Ahora bien, como ya dije en un comentario anterior, si con el salario de mi mujer nos basta para vivir o trabajo en un campo donde no tendría problema en encontrar algo a corto plazo, pues sí, sí me la tomaría. En cualquier caso, yo no voy a decirle a las mujeres lo que tienen que hacer con su baja. Cada uno tendrá que valorar sus circunstancias. Pedirme a mí que sacrifique a mi familia para cumplir con un ideal (cuando hay maneras más efectivas de cumplir los mismos objetivos) es justamente el tipo de dinámica que me parece condenable.

    Dices: “Pero bueno, pues nada, mañana habrá que dejar de decir también que los chicos y las chicas de familias ricas llegan a tener un mayor nivel académico gracias al dinero de su papá y su mamá, más que por su esfuerzo, como las personas pobres. Si es que… pobrecita la gente privilegiada, que los y las oprimidos/as queremos quitarle el privilegio y uff.”

    Las ventajas y desventajas de ser hombre vs ser mujer no son equiparables a las de ser rico vs ser pobre. Los ricos no constituyen la mayoría de las víctimas de homicidio, víctimas de guerra, accidentes laborales, indigencia (obviamente), etc.

  4. @Kuxille

    Como escribí en mi comentario a Enrique, las ventajas y desventajas entre ricos y pobres no pueden compararse con las ventajas y desventajas de hombres y mujeres. Igual pasa con el tema de la raza. ¿Qué desventajas tiene ser blanco en Estados Unidos, por poner un ejemplo? Muy, muy poquitas, y las que hay no te llevan la vida en ello como en el caso de los hombres vs mujeres. En Estados Unidos los blancos no son quienes cuentan con mayores índices de criminalidad, encarcelamiento, uso de drogas, vagabundos, víctimas de homicidio, etc (en proporción a la población que representan). Tampoco imagino en el Titanic a los blancos quedándose para morir y que se salvaran los negros.

    ¿Qué desventajas tiene ser rico? Igual que ser blanco, las que tenga no son muy serias y no te llevan la vida en ello. Con los datos que manejo no me parece que el binomio hombre/mujer sea igual al de rico/pobre o blanco/negro.

    No tengo problema en aceptar que la masculinidad puede llevar consigo ciertos privilegios (la feminidad también tiene los suyos, tema para otra entrada). Pero eso es distinto a decir que todos los hombres son unos privilegiados por haber nacido varones, salvo que estés hablando de una sociedad donde la ley trate de forma diferente a hombres y mujeres, como en Arabia Saudí o Irán. En Occidente, sin embargo, el privilegio no viene de haber nacido varón. Viene de asimilar y proyectar el modelo de masculinidad dominante. Si eres un hombre tímido o vas contra los criterios de la masculinidad dominante, cualquier privilegio que tengas se te va rápido. Como habrás visto en el comentario que hice a Mamisepa, el hombre que toma su permiso de paternidad puede ser despedido por ello: por no ajustarse al modelo de masculinidad que se espera de uno. Sólo tienes que ver quienes son las víctimas del acoso escolar entre los varones para empezar a tener una idea de cómo es la vida de quien rechaza esos modelos. Para obtener esos privilegios tienes que sacrificar una parte esencial de ti mismo.

    Por otra parte, esos privilegios están ligados a terribles cargas y expectativas. Todas las estadísticas que aparecen en la página principal de mi blog son consecuencia de las cargas y expectativas impuestas sobre el rol masculino. Teniendo esto en cuenta, llamar privilegiado al género con mayor número de homicidios, muertes en guerra, muertes laborales, tasa de suicidios, drogadicción y demás, no me parece que sea muy justo. Que existan privilegios asociados a la masculinidad no significa que todos los hombres sean privilegiados por el hecho de ser hombres. Mientras el feminismo no consiga hacer esa distinción y recalcar además que esos privilegios tienen una contrapartida que se traduce en una mayor opresión masculina, lo único que conseguirá será instigar sentimientos de culpa.

    Además, categorizar como opresor a alguien por pertenecer a un sexo en particular, pese a que dicha persona probablemente no haya oprimido a nadie, tampoco es muy constructivo que digamos.

    No me parece mal que un hombre apoye la causa feminista, siempre y cuando lo haga porque piensa que así está haciendo lo justo. Lo que sí me parece mal es cuando el hombre apoya la causa feminista porque, además, siente que es un privilegiado opresor que sólo puede expiar sus pecados cumpliendo la penitencia de luchar por el movimiento. En el segundo caso, el varón pasará de un control social (la vergüenza tradicionalista) a otro (la culpabilidad feminista). Y en términos de liberación masculina eso me parece un fracaso.

  5. Enrique Centelles dijo:

    Sólo para decir que me parece un artículo acertadísimo y muy valiente dado el clima de sometimiento por vergüenza social de los varones a lo políticamente correcto, que hoy es la bandera feminista. Lo grave de esta falta de valentía para decir lo que pensamos por miedo a ser rechazados como machistas o de derechas (fachas) o de rancios tradicionalistas, no es que estemos haciendo una dejación de nuestros derechos a modo de un suicidio social sino que estamos dinamitando la lucha por la igualdad ya que en lugar de reconocer que hombres y mujeres somos iguales aunque diversos, estamos implantando una opresión, la de las mujeres, para equilibrar la supuesta e histórica opresión masculina. Nunca la oscuridad se ha solucionado con otra oscuridad.
    Y de esto, evidentemente, nos acabaremos sintiendo muy culpables, especialmente los hombres que hayan contribuido con su silencio y sus sentimientos de vergüenza.

  6. frank dijo:

    Pareciera que ser varón es una vergüenza; pues los medios de comunicación, el séptimo arte, y el común de la gente se expresa de manera atroz respecto a los hombres; son perros, torpes, abusivos, irrespetuosos, indolentes, infieles, puercos, irresponsables, mal hablados, insensibles, e insoportables entre otras cosas. pues la mayoría tampoco son el prototipo de príncipe azul, o el prototipo de hombre bello y hermoso que la sociedad quiere imponer; a tal punto que hasta los homosexuales se quejan de los hombres y se identifican con la mayoría de las mujeres para denigrar del varón. Son muy pocas, pero muy pocas las mujeres que exaltan al hombre; pues generalmente solo hay insatisfacciones y molestias, ¿que puede pensar un niño o un adolescente, o inclusive un adulto que ve en la hombría solo una gran molestia?; pareciera que ser varón es como si fueran una plaga.
    ¿Ha escuchado hablar bien de algún varón, que reciba honrra, y se afirme su dignidad, y tenga la posibilidad de rectificar de sus errores?; ¿o que se exalte alguna que otra de sus escasas posibles cualidades?.
    Generalmente se ridiculiza al extremo, y se menosprecia al varón a menos que tenga platica para atender los gustos y demandas que le impongan en su entorno; mientras tenga, que gran hombre; y después…… .
    Pues en estas circunstancias, nada mejor para escoger que una alternativa irracional y dañina como elegir cambiarse el sexo. Según las condiciones actuales, ellas si son dignas de toda consideración, respeto, y exaltación; y así si podría alcanzar una mejor aceptación.
    .,

    • Bienvenido al blog, Frank. No creo que la homosexualidad sea un factor a la hora de denigrar al varón. Hay una buena cantidad de heterosexuales varones que hacen lo mismo. Por lo demás, es cierto que la imagen del varón se pisotea sin pudor alguno, y desgraciadamente muchos lo aceptan como algo “normal”.

  7. Alejandra P. Mamone dijo:

    Me parece un artículo particularmente interesante que vuelve sobre la mesa varios puntos tradicionalmente reservados o naturalizados. Por otra parte tanto considero que el feminismo disidente, el enfoque postcolonial y los nuevos estudios de decolonización del pensamiento nos muestran innumerables aspectos desde los que se pueden ver los actos de dominación, acoso, violencia realizados por mujeres en red o como parte de diversos sistemas opresores, desde la familia hasta los ámbitos laborales, a la vez que también se revisan metodologías y procesos de ocultamiento y manipulación de estadísticas de casos para la construcción de ciertos aspectos ideológicos y el mantenimiento del estatu quo de ciertas representaciones sociales. Saludos y gracias por este aporte.
    Alejandra

  8. Pepe dijo:

    “Curiosamente, mientras en las sociedades de la vergüenza las mujeres pueden morir por no obedecer los mandatos sociales,”

    ¿A qué te refieres exactamente? ¿Podrías extender esto un poco más? Gracias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s